Friday, October 20, 2006

La noción del Eterno Femenino en el Fausto y el Cuento de la Serpiente Verde de Goethe

Tal como Steiner lo dice en Berlín en 1911, los cuentos comparten la misma fuente que los mitos de las antiguas religiones de Misterios. Los cuentos verdaderos nunca son elaborados por el pensamiento humano. Los cuentos serían los últimos vestigios de una antigua clarividencia y su contenido sería vivido inconscientemente por los hombres dotados de las facultades necesarias.
Siempre según Steiner, un cuento genuino no puede nacer a menos que el principio espiritual de la ‘Imaginación’ esté presente en el alma del artista narrador.[1] En su cuento, Goethe integra una síntesis de los fundamentos de la corriente de pensamiento esotérica y predice una nueva época de sabiduría en la que las riquezas de los antiguos Misterios estarán al alcance de todos.[2]
El argumento del cuento es el siguiente. Una noche de tormenta dos fuegos fatuos llegan al borde de un gran río. Allí encuentran a un barquero que los pasa al otro lado del río. El barquero rechaza el oro que le ofrecen como pago: exige ser pagado con repollos, alcachofas y cebollas. Una vez solo, el barquero se desembaraza del oro lanzándolo por una grieta en la tierra. Pero en la grieta vive la serpiente verde quien al verlo se lo come y deviene luminosa y transparente. Gracias a la serpiente, los fuegos fatuos aprenden que el objeto de su búsqueda, la flor de lis se encuentra precisamente del otro lado del río. Después que la serpiente verde se ofrece a llevarlos al mediodía de regreso al otro lado, se desliza en una gruta en la que se encuentran cuatro estatuas reales. Las tres primeras están hechas respectivamente de oro, plata y bronce. La cuarta tiene una apariencia desagradable porque está hecha de una mezcla de los tres metales. En ese momento llega a la cueva un anciano que lleva una lámpara. El anciano conoce tres secretos de los cuales el más importante es el que se manifiesta. Pero no puede revelarlos hasta el momento en que habrá conocido el cuarto secreto. La serpiente conoce el cuarto secreto y se lo susurra al oído al anciano quien al oírlo exclama: ‘¡El momento ha llegado!’ (The time is at hand!).
Después de muchas peripecias una compañía formada por la esposa del anciano, los dos fuegos fatuos, un joven caballero y la serpiente verde llegan al jardín de la flor de lis. Allí, en un arrebato de pasión, el caballero trata de abrazar a la flor de lis y muere instantáneamente al tocarla. Para salvar su cuerpo de la corrupción la serpiente verde decide inmolarse. Su sacrificio da lugar a una serie de eventos que culminan con la instalación de un templo al lado del puente que une las dos orillas del gran río. El caballero resucitado se une en matrimonio a la flor de lis y juntos devienen el rey y la reina de un pueblo que transita libremente de un lado al otro del gran río.
Steiner enfatiza que el objeto de su interpretación del cuento de Goethe es permitirnos apropiarnos de los órganos que permiten respirar el mismo ambiente espiritual que el autor y no de hacer una alegoría de doctrinas abstractas. Lo que cuenta para Goethe es el mundo del alma humana que le inspira figuras espirituales vivientes y no ideas filosóficas.[3]
Según la exégesis de Steiner, Goethe habría tomado el modelo ternario propuesto por Schiller para luego transformar esta teoría filosófica en un lenguaje totalmente opuesto: el lenguaje del arte. En sus ‘Cartas’, Schiller dice que el juego es la interfase en la cual la razón desciende hasta los sentidos (la naturaleza física) y en donde los sentidos se elevan hasta la razón. Pero este enunciado era para Goethe una fría abstracción si no venía acompañado de la vivencia humana. Schiller hablaba de filosofía en términos abstractos mientras que Goethe quería transformar esta teoría en imágenes, en mito.[4]
‘No hay un solo trazo en el cuento que no tenga un significado’. Aunque siempre reacio a fijar alegóricamente el significado infinito del arte, Steiner accede aquí a dar una guía, una referencia del significado simbólico de los personajes del cuento. Así vemos que la imagen artística de los Fuegos Fatuos evocaría la abstracción intelectual. La imagen de una ciencia que domina el proceso cognoscitivo pero es incapaz de armonizar la idea abstracta con la realidad sensible. La imagen de la Serpiente verde evocaría al hombre que extrae “luz y sabiduría del oro abstracto sin perder, al elevarse a la posición vertical, su relación con la horizontal de la realidad. La sabiduría le pertenece a aquel que de la idea pasa a la experiencia misma” (p. 135). [5]
Los reyes evocarían las tres fuerzas del conocimiento, las tres vías de la iniciación por el pensamiento, el sentimiento y la voluntad. Al ser purificadas por el espíritu humano devienen respectivamente la Sabiduría, la Belleza y la Fuerza. El barquero evoca las fuerzas ocultas de la psique humana, ligadas a la naturaleza cósmica y en relación con la vida y la muerte. El caballero sería la imagen de la búsqueda del conocimiento total. La Flor de Lis sería la imagen del Eterno Femenino universal. La unión con ella significa para el hombre la armonía de los contrarios (la solución de la aporía) y la eternidad. El Anciano de la Lámpara evocaría la imagen de la devoción y de la religión. Su esposa es la razón, el sentido común que no ve más allá del lado práctico de la vida. El Gigante evoca las fuerzas inferiores del alma como la mancia y la antigua clarividencia atávica.
Los secretos del Anciano se refieren a los tres reinos de la naturaleza: el mineral, el vegetal y el animal. El más importante es aquel que se manifiesta: el pensamiento humano. Este cuarto reino es el misterio que debe revelarse en el alma humana. Pero la única forma de realizarlo es el sacrificio de la Serpiente Verde. El sacrificio de la fuerza humana que se adhiere exclusivamente a la realidad física exterior tomándola como un fin en si mismo. Es necesario renunciar a la referencia sensorial, a la representación abstracta, intelectualista del mundo para así poder acceder a la visión integral de la iniciación. Es necesario que el hombre se transforme en sentimiento puro en el sentido de estos versos del ‘Diván occidental-oriental’:

“¡Muere y renace! Mientras que tu corazón
No reconozca la ley,
No serás más que un triste huésped
Sobre esta sombría tierra.”
[6]

El sacrificio de la Serpiente Verde da lugar al desarrollo de una nueva facultad del alma cuya imagen es el Templo subterráneo que emerge sobre la superficie de la tierra y el Puente a través del cual el hombre futuro transita libremente entre el mundo físico y el mundo espiritual.
Hablando del contexto general del Cuento, la oposición entre las dos orillas del río, Steiner dice que el hombre posee energías secretas que lo acercan a la esencia de las cosas.[7] Esas energías se aparentan a las potencias creadoras del universo. Todo viene del Eterno Femenino universal y tiende a volver a él. Pero las fuerzas ocultas en el inconsciente humano son incapaces de llevarlo más allá del río de regreso con la Flor de Lis.[8] Steiner:

“Son necesarias otras fuerzas. Goethe no lo ignora y le indica al hombre dos vías para cruzar el Río y alcanzar la unión con Lilia. El cuerpo de la Serpiente y la sombra del Gigante. Quien quiere pasar de día, con la conciencia clara, recurrirá a la Serpiente; quien prefiere la media luz del crepúsculo tomará la sombra del Gigante. (...) Si el camino del conocimiento todavía os es vedado o su longitud os disgusta, os queda, dice Goethe, la sombra del Gigante. El Gigante es débil, pero su sombra es poderosa. En efecto, el hipnotismo, el sonambulismo, el sueño (en ciertos casos) son fuerzas, pero fuerzas inferiores a la conciencia normal; el alma que toma esa vía pierde su energía propia. A veces logra alcanzar la realidad suprasensible, pero lejos de poderla alcanzar por sí mismo se deja conducir en la inconsciencia y la debilidad.
La segunda manera de pasar el Río supone entonces un descenso de la conciencia hasta un estado crepuscular: la sombra del Gigante se compone de todo lo que es inconsciencia y hábito.”
[9]

Al final del cuento, cuando el Caballero ha realizado la iniciación, se ve llegar al Gigante tambaleante y metamorfosearse en una estatua que marca la hora.[10] Steiner:

“Cuando el hombre ha realizado la armonía, los elementos inferiores encuentran su lugar en el reino del orden y del método: deben convertirse en hábitos y hasta lo inconsciente adquiere sentido y valor. También el Gigante, en cierta forma, cumple la función de un reloj.” [11]

Tal como Steiner lo dice con respecto al carácter unitario de la obra de Goethe, al final del segundo Fausto encontramos el principio fundamental del pensamiento goetheano expresado en el Cuento. En el chorus mysticus aparecen las tres etapas del conocimiento: ‘purificación del pensamiento, iluminación del sentimiento y elaboración de la voluntad hasta el acto puro.’ El pensamiento purificado reconoce lo espiritual en la naturaleza. La forma sensible es su símbolo. Al final de la triple vía de la iniciación ( en donde supera los límites de la representación intelectual) el hombre alcanza la realización a la cual Goethe llama ‘lo Inefable’. Y una vez más esto no es sino la unión con la bella Flor de Lis del Cuento. Steiner citando el final del primer Fausto:

“Todo lo que pasa
No es sino símbolo
Lo Imperfecto
Aquí alcanza la perfección;
Lo Inefable
Aquí deviene acto;
La Feminidad Eterna
Nos conduce a los Cielos.”
[12]


[1] Rudolf Steiner, Symboles et imagination créatrice en rapport avec le Drame-Mystere ‘L’épreuve de l’âme’, (Berlin 19-12-1911). Revue Triades, Hiver 1981, T. XXVIII, No 4, pp. 3-17.
[2] El Cuento de la Serpiente Verde y la Flor de Lis aparece al final de la obra de Goethe Conversaciones de los emigrados alemanes (Goncourt, Buenos Aires, 1979). Rudolf Steiner dice en su Autobiografía que el camino recorrido por Goethe desde la observación de la naturaleza hasta la observación del alma humana había sido para él más una sucesión de imágenes que de conceptos: “Él había encontrado en las Cartas sobre la educación estética una tentativa de Schiller de conceptuar esta experiencia viviente y activa. Schiller se había esforzado para mostrar cómo la existencia humana está determinada en dos casos: en la dimensión corporal sufre las leyes inevitables de la naturaleza, en el campo de la razón obedece a las leyes del espíritu. La vida del alma, según él, debía constituir un estado de equilibrio interior entre estos dos polos. Gracias a este equilibrio el hombre puede vivir en la libertad y acceder a la dignidad humana. Esta teoría tan ingeniosa es demasiado simple para ser aplicada a la verdadera vida del alma. (...) Goethe sabía todo esto instintivamente; en su cuento opone su ciencia de las imágenes a la ciencia de los conceptos de Schiller.” Rudolf Steiner, Autobiographie vol. II, Editions Anthroposophiques Romandes, Geneve, 1979, pp. 158-163.
[3] Rudolf Steiner, L’Esprit de Goethe, Geneve, Editions Anthroposophiques Romandes, 1979, p. 92-94.
[4] Steiner a su vez transformará esas imágenes en experiencia de la vida en sus Dramas-Misterio.
[5] En otras palabras, aquel que une la observación sensible a la idea mediante la intuición, Tal como Steiner lo afirma al hablar del método goetheano en Une théorie de la connaissance chez Goethe (1886), así como en Goethe et sa conception du monde (1897). Steiner profundiza esta noción en La philosophie de la liberté (1894).
[6] “¡Meurs et renaît! Tant que ton coeur/ N’e reconnaît la loi,/ Tu ne seras qu’un hôte morne/ Sur cette sombre terre.” Goethe, Le Serpent..., op. cit., p. 144.
[7] “El Barquero no pasa a los viajeros sino en un solo sentido: de la orilla de la Flor de Lis a la orilla de la Serpiente, nunca en sentido inverso.” Op. cit., p. 138.
[8] “Para vencer el imperio que las condiciones de la vida ejercen sobre él, y que constituyen la pérdida de toda libertad, le es necesario pagar se deuda en’ frutos de la tierra’ es decir, en sabiduría adquirida individualmente, en sabiduría viviente.” Rudolf Steiner, L’Esprit de..., op. cit., p. 108.
[9] Goethe, Le Serpent..., op. cit., p. 138-140.
[10] El Gigante sería la imagen de la clarividencia atávica, del sibilismo que juega un papel tan importante en la concepción de la historia de Rudolf Steiner.
[11] Op. cit., p. 147-148.
[12] “Tout ce qui passe/N’est que symbole/ L’imparfait/ Ici touche l’achevement;/ L’Ineffable/ Ici devient acte;/ La Feminité Eternelle/ Nous entraîne vers les Cieux.” Op. cit., p. 151.

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