La noción del Eterno femenino en el Fausto y el Cuento de la Serpiente Verde de Goethe (II)
La cultura esotérica de Goethe impregna toda su obra y especialmente su poema Los Misterios, el Fausto y el Cuento de la Serpiente Verde y la Flor de Lis. Siendo un estudiante en Estrasburgo conoció la obra de filósofos como Swedenborg y también fue iniciado a un ritual masónico. Más tarde, en la época en la que trabajaba el grabado al agua fuerte en Francfort cayó gravemente enfermo debido a una hemoptisis. Una vez curado por el Dr. Metz, Goethe aprovechó su convalecencia para leer obras de introducción a la alquimia de Paracelso, de Basilius Valentinus y de Van Helmont.[1]
El Fausto de Goethe es una obra de categoría universal. Dante Alighieri decía a propósito de su Commedía que aspiraba a la categoría de volume, o sea, de una obra de arte universal que establece el fundamento espiritual de una civilización como la Biblia, o de una cultura como la Eneida de Virgilio. Su obra reflejaba un simbolismo esotérico ternario (cuerpo, alma, espíritu) fundamentado en una perfecta simetría entre la forma y el sentido del Misterio Cristiano en el contexto de la cultura de la Edad Media.
Desde esta perspectiva se podría considerar al Fausto como inspirado por las entidades espirituales encargadas de introducir el contexto ideológico de nuestra época: el pensamiento durable.
Fruto de toda la vida creativa de Goethe, el Fausto es una obra de arte que muestra al hombre torturado entre la trascendencia de su espíritu por un lado, y por su sensualidad y su supervivencia física por el otro. Goethe deseaba ilustrar la importancia de la dinámica valerosa que se lanza sin reservas a la arena grandiosa de la lucha universal entre el Bien y el Mal. En este sentido el Fausto sería la expresión artística de los antiguos Misterios así como el desenlace, la resolución del drama dionisiaco de la individuación.[2]
La evolución de la cultura depende de la coexistencia de corrientes adversas, de las buenas fuerzas y de las otras. Así lo establece Goethe en el ‘Prólogo en el Cielo’ del primer Fausto. He aquí lo que el Señor le dice a los ‘verdaderos hijos de Dios’:
“Pero vosotros, verdaderos hijos de la divinidad
Recrearos en el esplendor de la belleza viviente
Que el devenir, eternamente eficaz y viviente
Os encierre en los dulces límites del amor,
Y que en vuestra mente el fenómeno fugitivo y flotante
Se fije en una forma durable! [3]
Una apuesta entre Dios y Satán contextualiza toda la acción del drama. El pacto entre Fausto y Mefistófeles se inscribe en el contexto del pensamiento durable. Fausto a Mefistófeles:
“Et sans retour.
Si je dis a l’instant qui passe:
Arrête toi, tu es si beau,
Alors que ta chaine m’enlace,
Alors que s’ouvre mon tombeau,
Que le glass des morts retentisse,
Que s’acheve aussi ton service,
Que l’aiguille retombe a l’heure du trépas
Et que le temps pour moi s’anéantisse.” [4]
Cuando Fausto acceda a la Belleza le entregará su alma a Mefistófeles. El drama del Fausto está construido sobre la paradoja de lo bello trascendente que se esconde aquí abajo en el mundo terrestre y que forma parte del ritmo natural cotidiano. Pero que el hombre, por insensible, no reconoce como eterno. Porque forma parte de su entorno natural, del banal ritmo del día y de la noche. Fausto busca ese ‘fugaz’ momento de eternidad hasta el punto de venderle su alma al diablo. Lo cual plantea una especie de aporía: ¿Cómo puede Mefisto cobrar una deuda escrita con sangre si la condición sine qua non de ese pacto concierne el acceso a un instante de eternidad (el arquetipo platónico de la Belleza)? Cómo explicar también que un protestante escriba un drama cuya resolución no es otra que el Misterio de la Inmaculada Concepción.[5] Goethe apunta siempre hacia lo universal en el hombre. Su erudita universalidad lo dirige en línea recta hacia el pensamiento mítico y de ahí a la grandeza inefable del Eterno Femenino universal encarnado en la Madre del Dios hecho hombre. [6]
El ‘pensamiento durable’ y el Eterno Femenino universal son los dos pilares sobre los que se asienta esta monumental obra del ingenio humano: el mito del hombre fáustico,[7] el hombre que genera, realiza la gran idea del Milenio, el séptimo día de la Creación. Goethe hace del verdadero arte la clave de la cultura humana cuando afirma que sólo el Arte hace visibles los grandes misterios de una naturaleza que sin él permanecerían eternamente ocultos. Esta afirmación es ilustrada en la relación intrínseca entre la esencia del Fausto y la esencia del Cuento de la serpiente verde, dos obras netamente paralelas.
El Cuento comienza con el paso en barca de los Fuegos Fatuos de una orilla del río a la otra. Los lleva el Barquero y buscan a la Bella Lilia (la Flor de Lis). Cuando aprenden que deben volver sobre sus pasos para encontrarla encuentran que no hay manera de regresar a la otra orilla. El Barquero transporta a los viajeros en un solo sentido. Pero los Fuegos Fatuos encuentran a una simpática Serpiente Verde que los orienta y que siente hacia ellos una gran afinidad. Ellas les dice que el retorno sólo es posible en la sombra del Gigante o a través de ella misma al tenderse sobre el río cada mediodía. Finalmente, ellos y otros viajeros cruzan el puente y encuentran a la Bella Lilia y realizan una serie de eventos que heraldan una nueva época para la humanidad.
Según Rudolf Steiner, la Serpiente Verde sería el hombre que al unir la Idea a la percepción mediante la intuición reintegra la unidad de la naturaleza.[8] Detrás de esta palabra, unidad, palpita todo el drama de nuestra Civilización Occidental. Desde el Conflicto de los Universales (Escolástica) y el Cisma de Occidente pasando por Bacon, Locke, Hume, Kant y La Mettrie hasta el frío relativismo actual. En el Fausto el trayecto es similar. Porque Fausto es, a su manera, otra Serpiente Verde. Su objetivo es también la Belleza trascendente (Margarita, la Bella Helena de Troya). Al final, el Eterno femenino universal salva su alma del Infierno. Vemos entonces claramente la íntima relación entre 1) la Serpiente Verde (el hombre que busca la huella de lo eterno en el mundo); 2) el pensamiento durable (lo eterno oculto en lo efímero) y 3) el Eterno Femenino universal (el espíritu de la naturaleza cósmica integrado a lo efímero cotidiano). Arte, pensamiento durable y Eterno Femenino son tres nociones encerradas en un mismo círculo semántico. Como puentes entre lo visible y lo invisible. Es el hombre libre, la serpiente Verde, quien, apoyado en ese círculo semántico, debe realizar la unión de las dos orillas del río. Porque él mismo es la clave de esa unión. Pero para realizar aquello que porta en lo más profundo de su compleja naturaleza le es necesario conocerse a sí mismo... como animal y ángel a la vez.
En la introducción de este trabajo hacemos alusión al pensamiento durable cuando hablamos de besar a nuestra Madre durante un instante que cala en lo eterno. Esos instantes de intensa vivencia interior (de ese algo misterioso que es la certeza del instinto) son pensamientos durables pues atañen al Eterno Femenino universal que duerme la larga noche de los sentidos del alma humana en evolución. Nosotros, humildemente, hacemos el papel de partero socrático, de paridor de ideas, de resonador en el sentido que Steiner le atribuye a Goethe cuando dice que su arte hace resonar el espíritu dormido en el alma del hombre. Según Steiner, ciertos momentos de la historia están destinados a ser testigos de grandes descubrimientos y realizaciones. Estas hazañas no serían sino el trazo final que cierra un círculo – una revolución del gran cuadrante cósmico – esbozado hace millones de años desde la oscura noche de los tiempos. La humanidad libre, añade Steiner, debe comprender que para no caer en decadencia ella también debe transponer en el momento justo el ‘fenómeno fugitivo’ en pensamiento durable. Comprender que debe pasar por el próximo punto del cuadrante cósmico que cambiará el materialismo en su contrario.
El Fausto de Goethe es una obra de categoría universal. Dante Alighieri decía a propósito de su Commedía que aspiraba a la categoría de volume, o sea, de una obra de arte universal que establece el fundamento espiritual de una civilización como la Biblia, o de una cultura como la Eneida de Virgilio. Su obra reflejaba un simbolismo esotérico ternario (cuerpo, alma, espíritu) fundamentado en una perfecta simetría entre la forma y el sentido del Misterio Cristiano en el contexto de la cultura de la Edad Media.
Desde esta perspectiva se podría considerar al Fausto como inspirado por las entidades espirituales encargadas de introducir el contexto ideológico de nuestra época: el pensamiento durable.
Fruto de toda la vida creativa de Goethe, el Fausto es una obra de arte que muestra al hombre torturado entre la trascendencia de su espíritu por un lado, y por su sensualidad y su supervivencia física por el otro. Goethe deseaba ilustrar la importancia de la dinámica valerosa que se lanza sin reservas a la arena grandiosa de la lucha universal entre el Bien y el Mal. En este sentido el Fausto sería la expresión artística de los antiguos Misterios así como el desenlace, la resolución del drama dionisiaco de la individuación.[2]
La evolución de la cultura depende de la coexistencia de corrientes adversas, de las buenas fuerzas y de las otras. Así lo establece Goethe en el ‘Prólogo en el Cielo’ del primer Fausto. He aquí lo que el Señor le dice a los ‘verdaderos hijos de Dios’:
“Pero vosotros, verdaderos hijos de la divinidad
Recrearos en el esplendor de la belleza viviente
Que el devenir, eternamente eficaz y viviente
Os encierre en los dulces límites del amor,
Y que en vuestra mente el fenómeno fugitivo y flotante
Se fije en una forma durable! [3]
Una apuesta entre Dios y Satán contextualiza toda la acción del drama. El pacto entre Fausto y Mefistófeles se inscribe en el contexto del pensamiento durable. Fausto a Mefistófeles:
“Et sans retour.
Si je dis a l’instant qui passe:
Arrête toi, tu es si beau,
Alors que ta chaine m’enlace,
Alors que s’ouvre mon tombeau,
Que le glass des morts retentisse,
Que s’acheve aussi ton service,
Que l’aiguille retombe a l’heure du trépas
Et que le temps pour moi s’anéantisse.” [4]
Cuando Fausto acceda a la Belleza le entregará su alma a Mefistófeles. El drama del Fausto está construido sobre la paradoja de lo bello trascendente que se esconde aquí abajo en el mundo terrestre y que forma parte del ritmo natural cotidiano. Pero que el hombre, por insensible, no reconoce como eterno. Porque forma parte de su entorno natural, del banal ritmo del día y de la noche. Fausto busca ese ‘fugaz’ momento de eternidad hasta el punto de venderle su alma al diablo. Lo cual plantea una especie de aporía: ¿Cómo puede Mefisto cobrar una deuda escrita con sangre si la condición sine qua non de ese pacto concierne el acceso a un instante de eternidad (el arquetipo platónico de la Belleza)? Cómo explicar también que un protestante escriba un drama cuya resolución no es otra que el Misterio de la Inmaculada Concepción.[5] Goethe apunta siempre hacia lo universal en el hombre. Su erudita universalidad lo dirige en línea recta hacia el pensamiento mítico y de ahí a la grandeza inefable del Eterno Femenino universal encarnado en la Madre del Dios hecho hombre. [6]
El ‘pensamiento durable’ y el Eterno Femenino universal son los dos pilares sobre los que se asienta esta monumental obra del ingenio humano: el mito del hombre fáustico,[7] el hombre que genera, realiza la gran idea del Milenio, el séptimo día de la Creación. Goethe hace del verdadero arte la clave de la cultura humana cuando afirma que sólo el Arte hace visibles los grandes misterios de una naturaleza que sin él permanecerían eternamente ocultos. Esta afirmación es ilustrada en la relación intrínseca entre la esencia del Fausto y la esencia del Cuento de la serpiente verde, dos obras netamente paralelas.
El Cuento comienza con el paso en barca de los Fuegos Fatuos de una orilla del río a la otra. Los lleva el Barquero y buscan a la Bella Lilia (la Flor de Lis). Cuando aprenden que deben volver sobre sus pasos para encontrarla encuentran que no hay manera de regresar a la otra orilla. El Barquero transporta a los viajeros en un solo sentido. Pero los Fuegos Fatuos encuentran a una simpática Serpiente Verde que los orienta y que siente hacia ellos una gran afinidad. Ellas les dice que el retorno sólo es posible en la sombra del Gigante o a través de ella misma al tenderse sobre el río cada mediodía. Finalmente, ellos y otros viajeros cruzan el puente y encuentran a la Bella Lilia y realizan una serie de eventos que heraldan una nueva época para la humanidad.
Según Rudolf Steiner, la Serpiente Verde sería el hombre que al unir la Idea a la percepción mediante la intuición reintegra la unidad de la naturaleza.[8] Detrás de esta palabra, unidad, palpita todo el drama de nuestra Civilización Occidental. Desde el Conflicto de los Universales (Escolástica) y el Cisma de Occidente pasando por Bacon, Locke, Hume, Kant y La Mettrie hasta el frío relativismo actual. En el Fausto el trayecto es similar. Porque Fausto es, a su manera, otra Serpiente Verde. Su objetivo es también la Belleza trascendente (Margarita, la Bella Helena de Troya). Al final, el Eterno femenino universal salva su alma del Infierno. Vemos entonces claramente la íntima relación entre 1) la Serpiente Verde (el hombre que busca la huella de lo eterno en el mundo); 2) el pensamiento durable (lo eterno oculto en lo efímero) y 3) el Eterno Femenino universal (el espíritu de la naturaleza cósmica integrado a lo efímero cotidiano). Arte, pensamiento durable y Eterno Femenino son tres nociones encerradas en un mismo círculo semántico. Como puentes entre lo visible y lo invisible. Es el hombre libre, la serpiente Verde, quien, apoyado en ese círculo semántico, debe realizar la unión de las dos orillas del río. Porque él mismo es la clave de esa unión. Pero para realizar aquello que porta en lo más profundo de su compleja naturaleza le es necesario conocerse a sí mismo... como animal y ángel a la vez.
En la introducción de este trabajo hacemos alusión al pensamiento durable cuando hablamos de besar a nuestra Madre durante un instante que cala en lo eterno. Esos instantes de intensa vivencia interior (de ese algo misterioso que es la certeza del instinto) son pensamientos durables pues atañen al Eterno Femenino universal que duerme la larga noche de los sentidos del alma humana en evolución. Nosotros, humildemente, hacemos el papel de partero socrático, de paridor de ideas, de resonador en el sentido que Steiner le atribuye a Goethe cuando dice que su arte hace resonar el espíritu dormido en el alma del hombre. Según Steiner, ciertos momentos de la historia están destinados a ser testigos de grandes descubrimientos y realizaciones. Estas hazañas no serían sino el trazo final que cierra un círculo – una revolución del gran cuadrante cósmico – esbozado hace millones de años desde la oscura noche de los tiempos. La humanidad libre, añade Steiner, debe comprender que para no caer en decadencia ella también debe transponer en el momento justo el ‘fenómeno fugitivo’ en pensamiento durable. Comprender que debe pasar por el próximo punto del cuadrante cósmico que cambiará el materialismo en su contrario.
[1] Cf. Gabrielle Koumchatsky. Cf. Paul-Henry Bideau.
[2] Cf. el mito del primer Dionisos, devorado por los Titanes.
[3] Rudolf Steiner, Les arriere-plans spirituels de l’histoire contemporaine, (Dornach 16-9 al 30-10 1916) Geneve, Editions Anthroposophiques Romandes, 1994, p. 283.
[4] Goethe, Faust I et II, Traduction de Jean Malaplate. Préface et notes de Bernard Lortholary. Flammarion, Paris, 1984, p. 79.
[5] Hé aquí el comentario de Bernard Lortholary: “Toujours est-il que le fils de patriciens francfortois, protestant d’éducation, mais chrétien fort tiede et sans doute peu disposé a souscrire a des dogmes comme le péché originel ou l’incarnation, n’hésite pas, au grand embarras des interpretes, a recourir, pour évoquer l’histoire du salut de Faust, a des références insistantes au dogme et a la liturgie catholiques, au point de couronner l’ouvrage par des hymnes grandioses placant la rédemption du titan sous le signe de la dévotion a la Vierge... “ Op. cit., p. 18.
[6] La idea del Eterno Femenino Universal es otra noción importante de Goethe presente tanto en su hermético ‘Cuento de la serpiente verde’ como en la gran obra de toda su vida: el Fausto. La fuerza del amor cósmico, el omnipresente Eterno Femenino universal sobre el que está construido el fenómeno humano es una fuerza universal capaz de transformar al hombre. Una fuerza por encima del espacio y del tiempo pero integrada al inconsciente, el cuerpo y el alma del animal humano.
[7] Término que nos viene de Oswald Spengler.
[8] Cf. Rudolf Steiner, Goethe et sa conception du monde (1897), Geneve, EAR, 1985.


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