Friday, October 20, 2006

Trilogía de Esquilo: la importancia del Oráculo de Apolo en Delfos

Su significado: la armonía entre el intelecto y el instinto, momento cumbre tanto de la historia de la religión en Occidente como de la historia de la cultura humana. ¿Por qué esa síntesis de Dionisos, el dios oscuro y ambiguo de las oscuras profundidades del alma humana, con Apolo, el dios del perdón y de la expiación, de la música, de la poesía, del juego olímpico y del arquetipo de la belleza? [1] Esta unión de contrarios representa el amanecer luminoso de la universalidad de la cultura helénica.
Delfos es un monumento que señala en el espacio y el tiempo de la cultura humana un fenómeno clave de la cultura universal. Algo que sucedió, existió para no ser olvidado por el hombre de todas las épocas pues sería una prefiguración del destino de la humanidad. Un signo que señala el camino de la salvación. De esa humanidad que, cual los sátiros y bacantes (ménades) acompaña hoy todavía desnuda e imperfecta ya no al dios del vino en sus sensuales correrías tramontanas sino al falso dios de la ciencia moderna que señala el camino de lo físico aparente y descuida la cultura del mundo interior del alma. Porque Delfos es un paradigma, una señal inequívoca de la inteligencia universal dejada a propósito sobre la superficie de la Tierra y en el interior del alma de algunos hombres para ayudar a la humanidad a descifrar la clave - diseminada en el pasado como un rompecabezas - oculta de la historia. ¿Acaso no fue ahí donde Apolo venció al dragón Pitón, símbolo de las potencias elementales de las profundidades de la Tierra? Porque si Delfos fue la llama que despertó el genio de la cultura helénica, Sais y Eleusis son la clave del mundo del futuro, la llave de la Cultura universal creada por la raza humana. La Cultura que el hombre del futuro está llamado a difundir en esta parte del infinito universo. Con la expansión a través del espacio-tiempo de la Civilización humana universal.
Para comprender esta afirmación es necesario echarle un vistazo al movimiento de los planetas y sus satélites, al Sol, diapasón soberano que rige el Sistema Solar. Debemos evocar a grandes sabios como Kepler, Newton, Goethe y Rudolf Steiner. Los grandes principios, las grandes ideas que ayudan al hombre a interpretarse a sí mismo como ser histórico están ya integradas al ritmo natural. Los paradigmas de la naturaleza son paradójicos porque están camuflados en lo cotidiano. Para comprenderlos es necesario volver al pasado, al enfoque ingenuo de la infancia pues no se trata de aprender sino de desaprender (eliminar el prejuicio lógico). Es el caso de la lemniscata, un círculo alargado en forma de elíptica el cual es el patrón de movimiento de los planetas alrededor del Sol. Una lemniscata es simplemente un ocho (8), un circulo cuya convección ha formado dos lóbulos. Esta figura representa el movimiento que los planetas ejecutan alrededor del Sol. Esas curiosidades matemáticas que son los cuadrados mágicos planetarios del Renacimiento serían en realidad una definición del movimiento vital o sea del alma (o del espíritu) del planeta. Pero lo que nos concierne no es la magia simpática operativa sino el código oculto de la historia humana. La lemniscata es sencillamente un movimiento hacia delante y hacia atrás. Un impulso de expansión seguido de otro impulso de contracción. Una acción dinámica seguida de un movimiento reflexivo. En esto estriba su importancia: es un modelo para surcar el tiempo en el espacio. ¿Qué significa para el hombre surcar el tiempo en el espacio? Implica simplemente que para el hombre el mundo, el universo es la confluencia de dos dimensiones opuestas entre las cuales debe nadar como un pez. La una concierne la configuración material y concreta. La otra no por ser invisible le es inferior a la primera. Al contrario, es su causa primera y vive, ignorada por la mayor parte de los hombres en el pensamiento y el mundo interior del alma. Para surcar un medio bidimensional es necesario avanzar y retroceder. Alternar la acción con la reflexión. Solo así puede sobrevivir el hombre en el universo. Debe él también crear una lemniscata en torno a su núcleo más íntimo, el ‘Sol de su conciencia individual, su ‘Yo’. Este principio cíclico no sólo concierne al individuo sino también a la historia de la cultura y del espíritu humano. La historia es un proceso dialéctico, una progresión desde el nivel más bajo hasta el más alto. Para realizar su destino cósmico el hombre no debe apartarse del sendero de la dialéctica, es decir, de la búsqueda de armonía entre polos opuestos. El intelecto y el instinto. El pasado y el presente.

[1] Los mitos que manifiestan la naturaleza violenta de este dios de origen asiático simbolizarían ciertas etapas de la introducción de su culto en Grecia. Cf, Mircea Eliade, Histoire des croyances et des idées religieuses / I De l’âge de pierre aux Mysteres d’Eleusis, Bibliotheque historique Payot, Paris, 1976, p. 281. Cf. W. K. Guthrie, Les Grecs et leurs dieux, Payot, Paris, 1956.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home