ERES EL HIJO DE ALGUIEN
Introducción
Jerzy Grotowski (JG) es un realizador (performer) en el sentido de Victor Turner: porque, A) va más allá del orden establecido, las fronteras del arte y la cultura (social drama); B) crea 'sentido' mediante el conocimiento de sí mismo.
'Eres el hijo de alguien' (tu es le fils de quelqu'un) es la descripción de un profundo enfoque del arte escénico que no admite sino la genuinidad. JG profundiza en el inconsciente humano cual un Sócrates irónico en busca de la alquimia que convierte un simple espectáculo, una simple exhibición de habilidad escénica (física y psíquica) en una genuina manifestación de humanidad y por lo tanto, en verdadero Arte. Digno ejemplo del principio iniciático del Arte. Según Goethe, sólo el Arte hace visibles los misterios de una naturaleza que sin él permanecerían eternamente ocultos.
JG confronta al artista con su yo creador. La clave de su trabajo es la dialéctica. La armonía entre polos opuestos, entre lo instintivo (corporal, animal, 'orgánico') y lo intelectual (racional, lógico, 'estructurado'). Para ello es esencial "estar de pié en el comienzo". Descender, mediante ciertas técnicas, hacia el arcaico nivel de conciencia reptil que es el cimiento de la racionalidad humana. Para, una vez allí, mantenerse en peligroso equilibrio entre los dos polos de la complejidad humana: el instinto animal y el soberbio intelecto. La síntesis de esta dialéctica es el hombre, en tanto que genuina fuente del Arte.
El arte no concierne la falsedad, el juego de mano, sino la pura realidad. La realidad intrínseca de ese misterio que es el hombre. Según Rudolf Steiner, el verdadero arte se nutre de la realidad profunda del ser humano. Pero para llegar a ese nivel profundo que es la fuente del arte es necesario conocerse a sí mismo. ¿Como? Mediante una prospección, un acto valiente de exploración que podemos llamar realización (Performance). Sócrates es el gran maestro del performance. Su daimon (genio) le indica siempre una vía interior hacia su yo esencial. Con su método ('ironía y mayéutica') ayuda a los hombres a 'parir ideas'. Nietszche, Schiller, Goethe, Steiner, Turner, Grotowski, etc, pertenecen también a la estirpe de los creadores de sentido (performers) porque son capaces de ir más allá en busca de la universalidad, del conocimiento de si mismos.
Jerzy Grotowski es un realizador especializado en el arte escénico. Su trayectoria académica es un modelo de eficiencia. Pero, repetimos, lo que lo separa de cualquier otro director de teatro convencional es su búsqueda de universalidad. Universalidad presente en forma invisible en el hombre cotidiano y que una vez decantada a través de su arte (teknos) unifica la triple realidad cósmica que es el arte, la ciencia y la religión. Que es el hombre.
Descripción
Tal como él mismo lo dice, JG debió hacerle frente a un sistema social extremadamente rígido para poder encontrar su propia libertad. Tuvo que confrontar enemigos y saber como encontrar amigos, aliados, muy a menudo autores del pasado. He aquí como define su vocación social de artista genuino:
"No es para hacer discursos que yo trabajo sino para ampliar la isla de libertad que porto; mi obligación no es hacer declaraciones políticas sino huecos en el muro. Lo que me ha sido prohibido debe ser permitido después de mí; las puertas que han sido cerradas a doble vuelta deben ser abiertas. Debo resolver el problema de la libertad y de la tiranía mediante medidas prácticas; es decir, que mi actividad debe dejar trazas, ejemplos de libertad".[1]
Todo eso está muy bien, afirma Grotowski, pero se debe saltar del plano teórico al práctico:
"Es necesario realizar el hecho; nunca ceder y siempre dar un paso adelante, un paso adelante. Ese es el problema de la actividad social a través la cultura".[2]
Siempre según Jerzy Grotowski, con el desarrollo de la industria y la mecanización de la vida surge la fuerza opuesta del irracionalismo romántico. Los polos opuestos se atraen. Y cuando las máquinas dominan es necesario buscar lo viviente. Porque la vida es un fenómeno complejo de reequilibrio. Debemos confrontar ese estado de cosas y preguntarnos si estamos satisfechos. No. Entonces debemos hacer algo, realizar una acción que responda a esa carencia. Esa carencia que no es abstracta sino vivencial.
Para JG el arte es rebeldía. Los malos artistas hablan de la rebelión. Los verdaderos artistas la realizan respondiendo al orden establecido mediante un acto. Pero el camino de la rebelión lleva a muchos a la anarquía, la irresponsabilidad. En el dominio del arte esta anarquía toma la forma del amateurismo (dilettantisme). El amateur no es creíble en su labor porque no posee la técnica, la capacidad. El arte como rebelión es crear el hecho real que hace retroceder los límites impuestos por la sociedad, o, en los sistemas tiránicos impuestos por el poder. Pero para vencer esos límites es necesario ser genuino, creíble. La acción realizada no es sino falsificación, engaño, si no es un hecho competente. El artista rebelde puede haber elaborado su trabajo con maestría pero el resultado puede ser nulo si no posee la mística de la competencia. Grotowski:
"La verdadera rebelión en el arte es persistente, manejada, nunca amateur. El arte siempre ha sido el esfuerzo de confrontarse con la insuficiencia y por eso mismo es complementario de la realidad social. No se debe focalizar sólo sobre algo tan limitado como el teatro. El teatro son todos los fenómenos a su alrededor, toda la cultura. Podemos utilizar la palabra teatro tanto como podemos abolirla".[3]
Con respecto a la improvisación en grupo se plantea el problema de la conexión y la desconexión. Porque la tendencia es a imponerse a los demás. Para lograr la conexión hay que comenzar por la desconexión: no busco el contacto contigo sino utilizar el espacio común. Para que cada uno pueda actuar separadamente sin molestar al otro.
Trabajar la desconexión (improvisación) exige una gran competencia: estar bien entrenado en el movimiento, el canto, el ritmo, etc. Pero entonces, cuando se alcanza la maestría técnica se plantea la cuestión del corazón. Comenzar por el corazón no conduce a nada. Es a partir de la competencia técnica que se debe enfrentar el problema del corazón y del espíritu.
JG quiere penetrar en el 'grado humano', la parte animal del ser racional. Encuentra huellas inequívocas de esa condición animal entre los cazadores de la tierra. En todas partes los cazadores inclinan la columna vertebral, flexionan un poco las rodillas y tensan el torso (complejo sacro-pelviano). Esta posición determina un solo tipo de movimiento rítmico y permite desplazarse lentamente y sin hacer ruido. Es la posición primaria del cuerpo humano y según él es tan arcaica que va más allá del homo sapiens hasta el homo erectus. Esta posición, ligada a la aparición de la especie humana, tiene relación con lo que los tibetanos llaman nuestro aspecto 'reptil'. En la cultura afro-caribeña esta posición tiene relación con la culebra y en la cultura hindú derivada del Tantra todo hombre posee la serpiente dormida en la base de la columna vertebral. También en Europa hay tradiciones similares. Un neurólogo actual podría mencionar el 'cerebro reptil', el más viejo y que comienza en la base del cráneo descendiendo a lo largo de la columna vertebral. El hombre posee entonces un cuerpo arcaico, un cuerpo reptil. Es el pequeño reptil visible en las fases primarias del desarrollo del embrión humano.
JG busca la manera de acceder al cuerpo reptil humano. Entre las tribus del desierto del Kalahari, en Etiopía y en la India encuentra arcaicas danzas rituales canalizadoras de la energía del cuerpo reptil pero no puede manejarlas, descifrarlas por ser muy complejas. Pero en el Caribe, en derivados de estas tradiciones la relación con el cuerpo reptil es más simple. La danza ritual 'Yanvalú' o 'danza de la penitencia' de Haiti posee pasos precisos, un tempo-ritmo y oleadas corporales. En los cantos llamados de la 'Serpiente Dambhala' la manera de cantar y de emitir las vibraciones de la voz ayuda los movimientos corporales.
Confrontarse a algo así exige competencia. Es necesario saber cantar y bailar en forma orgánica y al mismo tiempo estructurada. Esto concierne la cuestión esencial del canto y de la danza. Los Occidentales tienden a confundir el canto con la melodía y son incapaces de comprender lo relativo a la calidad de la vibración, a la resonancia del espacio y las cajas de resonancia del cuerpo. A la manera en la que la exhalación afecta la vibración. Esto una vez resuelto se puede comenzar a trabajar sobre el ritmo, las oleadas del arcaico cuerpo reptil en el cuerpo actual. Hasta es posible una escapada hacia el primitivismo trabajando los elementos instintivos corporales al perder el control de sí mismo.
En las sociedades tradicionales la estructura del ritual contextualiza la acción, impide la pérdida de control. En las sociedades modernas no existe una estructura ritual y cada uno debe resolver su problema individualmente. El problema del naufragio, de una inundación de contenido inconsciente en el cual la psique individual puede 'ahogarse'. Por eso es necesario mantener nuestra calidad de hombre, la cual, en diversos lenguajes tradicionales está ligada al eje vertical, a la posición erecta. En ciertas lenguas para decir 'hombre' dicen 'lo que está de pié'. En la psicología moderna se habla del 'hombre axial'. Ahí hay algo que observa, que vigila, una calidad de vigilancia. En los Evangelios oímos que repiten ¡Vigilad! ¡Vigilad! Observad lo que pasa. ¡Vigilaos! Cerebro reptil o cuerpo reptil, es tu animal. Te pertenece, pero la cuestión del hombre está por verse. ¡Observa lo que está pasando! ¡Vigílense! Entonces percibimos como la presencia de dos polos diferentes en las dos extremidades de un mismo registro. El polo del instinto y el de la conciencia. Normalmente la tibieza de la vida cotidiana nos ubica entre los dos. No somos ni plenamente animales ni plenamente humanos, nos movemos de manera confusa entre los dos. Pero en las genuinas técnicas tradicionales y en las verdaderas artes del espectáculo se manejan los dos polos al mismo tiempo. Lo cual significa estar en el comienzo,'estar de pié en el comienzo'. El comienzo es toda nuestra naturaleza original que se hace presente ahora, aquí. Nuestra naturaleza original con todos sus aspectos divinos o animales, instintivos o pasionales. Pero al mismo tiempo debemos vigilar con nuestra conciencia. Y mientras más estamos 'en el comienzo' más todavía debemos 'estar de pié'. Es la conciencia vigilante la que hace al hombre. Esta tensión entre los dos extremos otorga una plenitud contradictoria y misteriosa.
Les he hablado, prosigue Grotowski, de un elemento de trabajo -entre muchos otros- ligado al problema del cuerpo arcaico y de la conciencia. La solución a este problema está en la maestría de los medios técnicos y artísticos y no en el amateurismo. Cuando se supera el nivel del aficionado se abre el abismo de lo arcaico (arché) y de la conciencia. A este nivel existe el instrumento de trabajo llamado organon o yantra. Yantra en sánskrito y organon en griego significan ambos 'el instrumento'. Un instrumento muy sutil. Un yantra puede ser un bisturí o un telescopio. Es algo que nos puede relacionar con las leyes del universo., de la naturaleza al igual que un instrumento de observación astronómica. Antiguamente, en la India se construían los templos como yantras. Es decir, que el edificio, la ordenación del espacio debía ser un instrumento que nos condujera de la excitación sensual a la vacuidad afectiva. De las esculturas eróticas al exterior del edificio hacia el centro vacío que nos vacía, que nos hace vomitar todo nuestro contenido. El mismo fin fue llevado a cabo en la construcción de las catedrales medievales (en este caso se enfatizaban la luz y la sonoridad). En el campo de las artes escénicas (performing arts) y en las artes rituales rige el mismo principio: el organon o yantra. Estos instrumentos son el resultado de muy largas prácticas. No sólo hace falta saber construirlos -como algunas danzas y cantos con efectos reales y particulares- sino también saber manejarlos para no degradarlos y poder alcanzar una totalidad, una plenitud.
Ya hemos visto, continua el autor, un ejemplo de yantra: el 'cuerpo reptil', la danza y el canto que hay que ejecutar de manera estructurada y orgánica y al mismo tiempo observar con la conciencia vigilante. En las artes del espectáculo existe una cantidad extraordinaria de yantras. El problema no es la carencia sino el exceso. Estos instrumentos son tan sutiles que es necesario superar el amateurismo y al alcanzar la competencia comprender cuales son los peligros y contrarrestarlos. Pero, atención, el yantra no es un truco. El yantra no es afín al espectáculo comercial. Es un instrumento muy sutil para el desarrollo interior del individuo. Es decir que el nivel de competencia confronta al artista con la cuestión esencial y humana del desarrollo personal. Este tipo de cosas no se puede manipular porque el resultado sería algo falso o, peor aún, numerosos efectos secundarios patológicos. Porque desde el punto de vista de la circulación de la energía, los yantras son instrumentos muy poderosos.
Estamos frente a instrumentos, continua el autor, que en un primer tiempo concentran en ellos todo el aspecto técnico y artístico del trabajo. Sólo en un primer tiempo. Pero este comienzo es indispensable porque sin él nada puede funcionar. Esta fase exige una gran cantidad de tiempo. Vemos así la diferencia entre la improvisación en tanto que desorden y la improvisación como readaptación a una estructura, o sea, la improvisación armónica. Nuestro enfoque es parcial porque todo esto es muy complejo, sin embargo es necesario enfatizar que no se puede ser competente si tenemos la actitud de un turista. Es decir, que remplazamos una proposición por otra sin nunca acabar nada.
Un test en este dominio es una especie de etnodrama individual cuyo punto de partida es una vieja canción ligada a la tradición étnico-religiosa de la persona que la canta. Se comienza a trabajar en esta canción como si en ella estuviera codificada en potencia (movimiento, acción ritmo) una totalidad. Es como un etnodrama en el sentido tradicional colectivo pero aquí el sujeto y el objeto de la canción es una sola persona. Entonces el problema con los artistas actuales es la tendencia al trabajo horizontal y superficial en oposición al trabajo vertical (como cavar un pozo) y profundo. Es la diferencia entre el amateur y el profesional.
El amateur puede hacer algo bonito más o menos superficialmente mediante la excitación nerviosa de la primera improvisación. Pero es como querer esculpir el humo. Siempre desaparece. El amateur busca lo que está al lado. Desarrollo horizontal. Nada que ver con la construcción de catedrales que poseen siempre una clave de bóveda. La concepción axial determina siempre su valor. Pero el etnodrama individual es difícil de realizar porque es un trabajo vertical que se entierra profundamente y que va hacia arriba. Es necesario progresar en él mediante conflictos y crisis. Una vez establecida la primera proposición hay que decantarla y eliminar lo superfluo para reconstruirla de una manera más compacta. Esto implica fases de trabajo sin vitalidad, como una especie de crisis, de angustia. Se deben resolver problemas técnicos, como el montaje final de un film. Acto seguido reconstruir y rememorizar la primera proposición (la línea de pequeñas acciones físicas) pero eliminando siempre lo superfluo. Entonces cortar y saber unir los diferentes fragmentos sin que haya sobresaltos, discontinuidades. Hay que saber qué es el río y qué es el barco. Si el río es la canción y las acciones físicas son el barco entonces la canción debe modelar las acciones físicas, y viceversa.
Este trabajo, concluye el autor, pasa por diferentes crisis y resulta en una obra más compacta. Después se absorbe todo eso con el cuerpo para reencontrar las reacciones orgánicas. Entonces se regresa hacia el grano, el mero comienzo del trabajo para aislar aquella primera motivación que exige una nueva reestructuración de la totalidad. De esta manera el trabajo no es horizontal sino axial y siempre mediante fases de organicidad, de crisis, de organicidad, etc. Porque a cada fase de espontaneidad de la vida le sigue otra fase de absorción técnica.
Es necesario confrontar todos los problemas clásicos de las artes del espectáculo. Por ejemplo: ¿quién es la persona que canta la canción? ¿Eres tú? ¿Pero si es una canción de tu abuela, sigues siendo tú? Si tu exploras a tu abuela con las impulsiones de tu propio cuerpo, entonces no eres ni tú ni tu abuela quien ha cantado. Eres tú explorando a tu abuela cantando.
Pero quizás tú vas más lejos, hacia algún lugar, hacia tiempos difíciles de imaginar cuando por vez primera se ha cantado esta canción. Se trata de la canción tradicional original que es anónima. Pensamos: es el pueblo el que la ha cantado. Pero en este pueblo hay alguien que ha comenzado. Tienes la canción pero debes preguntarte dónde ha comenzado. Quizás en el momento de alimentar el fuego en la montaña en la que alguien guardaba los animales. Para calentarse con este fuego alguien ha comenzado a repetir las primeras palabras. Todavía no era la canción sino una encantación, como un mantra. Una encantación primaria que alguien ha repetido. Observas la canción y te preguntas donde está esta encantación primaria. ¿En qué palabras? Quizás esas palabras ya no están. Quizás la persona en cuestión cantó otras palabras o una frase diferente a la tuya. Pero si eres capaz de ir con esta canción hacia el comienzo, ya no es tu abuela quien canta sino alguien de tu linaje, de tu país, de tu pueblo, del lugar donde se encontraba el pueblo de tus parientes, de tus ancestros. El espacio está codificado en la manera misma de cantar. Se canta diferente en la montaña o en la llanura. En la montaña se canta de un lugar elevado hacia otro lugar elevado, por eso la voz es lanzada como un arco. Vas encontrando lentamente las primeras encantaciones. Encuentras el paisaje, el fuego, los animales. Quizás comenzaste a cantar porque tuviste miedo de la soledad. ¿Buscaste compañía? ¿Fue en la montaña? Si fue en una montaña los otros estaban en otra montaña. ¿Quién era esa persona que cantó así? ¿Era joven o vieja? Finalmente vas a descubrir que eres de alguna parte. Como dice una expresión francesa: "eres el hijo de alguien" (tu es le fils de quelqu'un). No eres un vagabundo, eres de alguna parte, de alguna región, de algún lugar, de algún paisaje. Había personas reales a tu alrededor, cerca o lejos. Eres tú hace doscientos, trescientos, cuatrocientos o mil años, pero eres tú. Porque el que había comenzado a cantar las primeras palabras era el hijo de alguien, de algún lugar, de algún sitio, entonces, si encuentras eso, eres el hijo de alguien. Si no lo encuentras, no eres el hijo de alguien, estás cortado, estéril, infecundo.
Comentario
Este discurso de Jerzy Grotowski contiene elementos paradigmáticos de la cultura humana. Específicamente la búsqueda de nuevo sentido que renueva el arte y la cultura. Porque 'el arte siempre es complementario de la realidad social'. El arte siempre ha sido el esfuerzo de confrontarse con la insuficiencia.
Esta alocución de JG no sólo concierne un proceso artístico genuino por lo puramente dialéctico (oposición instinto-intelecto). Concierne también -en su retro-introspección- la vía universal del hombre que busca conocerse a sí mismo. Ser el hijo de alguien quiere decir formar parte intrínseca del paisaje terrestre en tanto que la chispa de razón que corona la naturaleza. Porque el mundo es mineral, vegetal y animal. El hombre, con su pensamiento y su sentir, le añade a la naturaleza un cuarto reino. La clave del ensayo es la identificación intrínseca entre la persona que creó la encantación o mantra primario original (que con el paso del tiempo dio lugar a la canción actual) y la persona que hoy lo canta. Son una sola y misma persona unidas a través de un sentimiento común. Ser el hijo de alguien es heredar en cuerpo, alma y espíritu la naturaleza integral planetaria. Porque no se trata de la identificación con una pequeña región o con un paisaje local. Se trata del cuarto reino de la naturaleza: el pensamiento racional. Algo así como un grado universal, cósmico. Es coronar el paisaje mineral, vegetal y animal con la guirlanda del pensamiento que es la síntesis de la naturaleza: la voz y el pensar de la Tierra. Voz y pensar que no son fría abstracción sino sentimiento respetuoso y síntesis.
Si enfocáramos con un poderoso telescopio este enfoque dialéctico del arte seríamos capaces de retroceder ya no siglos y milenios como propone JG, sino cientos de miles de años. Hacia esa frontera difusa entre el animal y el hombre. Porque, ¿que significa en verdad ser el "hijo de alguien"? Significa formar parte de un cordón umbilical que se pierde en la noche de los tiempos: el 'Sentido' que viene de lo más profundo de la Tierra. 'Pero', dice JG, 'quizás tú vas más lejos'. Quizás tú alcanzas la encantación primaria. Porque más allá del mantra original se encuentra el sentido primigenio, el impulso original del sentido el cual es una vivencia integral. Esta vivencia nació del espasmo agonizante del hombre luchando por sobrevivir. Esfuerzo agónico que da a luz la esencia del lenguaje. Las palabras originales nacieron de la boca y del alma de seres muy primitivos en tanto que definiciones esenciales. Las vocales y consonantes de esas palabras serían una transcripción viviente del fenómeno en sí mismo. Por eso esas palabras serían verdaderas fronteras entre el oscuro abismo de la animalidad y el alba de la conciencia humana. Grotowski quiso encontrar este limes ('cuerpo reptil') en la tradición folklórica vocal y musical de ciertos pueblos. Porque es la frontera entre el mundo desconocido de la 'conciencia animal', del instinto, y el alba del pensamiento, con su terrible tendencia a la abstracción (separación de todo proceso natural). Buscando el equilibrio entre el instinto y el intelecto Grotowski apuntaba al Arte propiamente dicho. El lazo más intrínseco entre el hombre y la Madre Tierra. ¿Y por qué un 'hijo de alguien'? Por que a través de la vivencia intrínseca del 'Sentido' en medio del impulso por la supervivencia el hombre se definía a sí mismo, esculpía finalmente su identidad. Identidad unida al lazo ontológico que une la Tierra al Cielo. El hombre, animal racional, a su Creador. El hijo, al Padre. La Cultura, el Arte es la transmisión de padres a hijos de ese 'Sentido' que salvó al primer hombre de la muerte.
[1] Jerzy Grotowski, Tu es le fils de quelqu'un, in, Europe, año 67 - #726, octubre 1989, p. 14. No traducido. Este artículo esta basado en la conferencia dada en el cabinete Vieusseux de Florencia el 15 de julio de 1985 y publicada en 1986 en Linea d'Ombra en Italia y en The Drama Review en 1987 en USA.
[2] Idem., p. 14.
[3] Ibid., p. 15.


1 Comments:
Hola:
Acabo de encontrar tu blog y está muy interesante.
Yo me estoy interiorizando en temas de Antroposofía y educación Waldorf.
Sigue escribiendo, la verdad es que he disfrutado lo que escibes.
See you next post...
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