Tuesday, July 17, 2007

Recapitulando:

Cuando hablamos de “realización” queremos decir elevarnos a un nivel cultural universal. Porque la entidad femenina con su naturaleza inherente de fecundidad y generación es la única capaz de detener el impulso agresivo destructivo de la inteligencia manifestado en la técnica y el desarrollo industrial de la sociedad de consumo. Esto es igual en todas partes del universo. Si logramos parir la ‘Idea Madre’ a partir de nosotros mismos estamos salvados. Nosotros, la especie humana. Si no lo logramos pasaremos a engrosar la larga lista de inteligencias abortadas del cosmos en un lapso de tiempo relativamente corto.

Elementos de una ‘Culturosofía’

1) La naturaleza es la fuente vital de la entidad humana en cuerpo, alma y espíritu.
2) Una naturaleza sana es la condición esencial del desarrollo del espíritu humano.
3) La sociedad humana está obligada a proteger la naturaleza puesto que un sano entorno para el desarrollo no es la exclusiva necesidad de una sola generación sino el derecho del ‘Hombre’, es decir, de toda la especie humana.
4) Es necesario restringir el deterioro del ambiente. Este es el deber permanente de toda la humanidad pasada, presente y futura desde el principio hasta el fin.
5) El sentido común establece que el principio generador de la vida terrestre es femenino. A lo largo de un penoso purgatorio evolutivo, la sociedad humana nació en los primeros asentamientos urbanos en torno a centros religiosos que adoraban entidades femeninas, diosas de la fecundidad protectoras de la familia y de los campos labrados. Hoy el rol de la diosa madre es proteger al hombre de sí mismo: las tendencias destructivas que amenazan destruir a la raza humana.
6) La divinidad femenina protectora de la naturaleza y del hombre es, para Occidente y también para Oriente, María. La Madre de Dios hecho hombre. Para el hombre este es sólo un hecho cultural trascendente. Porque la supervivencia del género humano no puede estar subordinada a dogmas religiosos sino a la escueta praxis. La sociedad humana nace en el impulso cultural agrario de la entidad femenina y sobrevive a su obsesión destructiva al reactualizar, reciclar lo instintivo en lo intelectual.
7) La escueta praxis de este hecho cultural realizado por el hombre libre es el umbral de una cultura universal.
8) El espíritu de esta época apocalíptica de la humanidad exige incorporar la Naturaleza como atributo intrínseco de lo humano y lo divino en María.


Libertad, universalidad y dialéctica

¿Quien puede decir que conoce la naturaleza universal del hombre como para establecer los fundamentos de una cultura humana universal? ¿Nadie? No. Lo universal en el hombre es inferible. Es el abecedario del sentido común. Es a partir de lo elemental en el ser humano que nace la Cultura del hombre con categoría universal.
Solo conociéndose a sí mismo puede el hombre conocer el valor de la Libertad; para así hacer contrapeso al lado oscuro de su naturaleza con sus vicios y pasiones de sexo, poder, ambición y gloria.
Libertad, universalidad y dialéctica son tres pilares que soportan el desarrollo del espíritu humano y de la sociedad libre.
Sólo la conciencia de la universalidad, que es el hombre mismo, puede hacer posible la igualdad y la fraternidad humana.
Solo la plena libertad permite el desarrollo integral del hombre.
Sólo la dialéctica (entendida como armonía de contrarios, en el caso del hombre el instinto y el intelecto) abre el camino hacia la Libertad y la universalidad.
La libertad, el hombre y el universo en sus doce partes (zodiaco) son una sola y misma cosa.

Cuando el hombre destruye la naturaleza se destruye a sí mismo porque la naturaleza es su propio molde, su propio potencial integral.


El argumento central de Bramido del intelecto canto del instinto es simple. El eje de la historia es el hombre mismo en tanto que genuina síntesis de la naturaleza planetaria. El más grave problema de nuestra época es el consumerismo irresponsable que destruye la Tierra. El consumidor es un ser irresponsable que consume todo su patrimonio sin importarle lo que pasará después que el haya saciado su gula. Como las langostas… Pero ese consumidor también puede revertir el proceso destructivo e imponer una nueva visión del mundo que proteja a la naturaleza de su inminente destrucción. Esa nueva visión del mundo nace de él mismo: es la realización, la ejecución (Performance) de su ser más intrínseco. Es devolverle a la naturaleza la categoría espiritual que el pensamiento racionalista occidental le arrebató. La certeza de que la magia de la vida –ergo la semilla que se convierte en planta o en árbol- es un atributo natural, es el hermoso ropaje irisado de la Gran Diosa Madre. María es esa Gran Madre del hombre. Pero su Reino no es de este mundo en la medida en la que el hombre ignora que la realidad espiritual sólo puede nacer de él mismo. Precisamente porque él es la genuina síntesis en cuerpo, alma y espíritu de la naturaleza planetaria y cósmica (Zeus y Demeter).
Recapitulamos de nuevo: ¿Cuando Jesucristo le dice a Juan ‘Ahí tienes a tu madre’ le está diciendo acaso ‘Esta es la Madre, la Gran Madre’? No. Su actitud no es literal sino parabólica. Pero el sentido de esa parábola engloba todos los sentidos posibles por obra y gracia del Amor. Sí. En la palabra ‘madre’ el hombre puede encontrar el sentido oculto o implícito de aquellas últimas palabras de Jesucristo en este mundo. Sentido que va desde lo más superficial hasta lo más profundo e intrínseco en esa síntesis del Cielo y de la Tierra que es el hombre. Esos significado están entrelazados pero el entendimiento puede llegar al núcleo oculto de esa ‘cebolla’. En un abrir y cerrar de ojos. Pasar de una dimensión a otra, de un universo material a otro supra espacial y temporal. Por obra y gracia del Eterno Femenino. La prueba de que lo que afirmamos es la realidad que sólo el hombre libre puede parir de lo más profundo de sí mismo es Juan mismo. San Juan el Evangelista es el hombre que oyó aquellas últimas palabras de Cristo. Pero Juan también es el hombre a través de quien el Espíritu expresó en el Apocalipsis que el hombre no debe destruir la Tierra. Que una entidad espiritual femenina cósmica –de pié sobre la Luna y coronada por las doce constelaciones del zodiaco- vela como una madre por el destino de su único hijo: el Hombre.

Por todo lo ya expuesto podemos comprender esta nueva alocución mariana: Reina de la Flores. Reina de la magia de la vida, reina del arco iris mineral, vegetal y animal.


Método socrático: hombre microcosmos

Dios hizo al hombre como verdadera síntesis del Cielo y de la tierra. El microcosmos es la imagen fiel del macrocosmos. En el hombre esta todo. Por eso él es la solución misma de todos los conflictos del mundo. Su Performance (realización, ejecución) saca a la luz del día todo lo necesario para la supervivencia a partir de sí mismo. Es decir, en tanto que síntesis del universo triple (cuerpo, alma y espíritu) el hombre es un pozo sin fondo de pura competencia (Cf. N. Chomsky) de capacidad nata e innata que él mismo debe desentrañar. Como un minero en la oscuridad de una mina, o como un iniciado que desciende a las oscuridades abisales de sí mismo. Todo está en él, en el hombre microcosmos.
Sócrates lo sabía muy bien. Cuando el hombre microcosmos se ‘performa’ o ejecuta a sí mismo rompe los moldes de lo establecido para una época y establece los nuevos parámetros exigidos por el presente. Porque es un ser en evolución, imagen fiel del universo en expansión.
Por supuesto que su realización es una aventura peligrosa. Por eso está obligado a conocerse a sí mismo y devenir sabio. A navegar entre el tiempo y el espacio en el marco grandioso de su voluntad libre y del Bien y del Mal.
Por esto es tan importante despejar los escombros que obstruyen la entrada al recinto del conocimiento de si mismo. Relativismo y sociedad de consumo salvaje y feroz. Esta quiere hacer creer al hombre que ya todo esta visto. Que ahora solo es posible consumir. No. El hombre todavía no se conoce a sí mismo y está en peligro de extinción. Es necesario descender al misterio de sí mismo para que la humanidad pueda sobrevivir a su talón de Aquiles: su amor por su imagen, es decir, la ignorancia de sí mismo. La discontinuidad entre el yo interior y el yo exterior. Para no terminar como Narciso. Más allá de una buena educación lo que el mundo actual exige es la posibilidad de la iniciación.

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