AURORA…
¿Por qué es tan importante Platón después de más de 2000 años? Por que enfocó lo UNIVERSAL en el hombre.
Hay que unirse en el momento justo. El hombre unido es invencible. Pero, ¿qué es aquello que permite la unión? La conciencia de su universalidad.
¿Qué distingue a Homero, a Anaxágoras, a Platón, a Goethe, a Beethoven o a Freud del común de los mortales? Que enfocaron y definieron –desde un ángulo particular- lo universal en el hombre.
¿Quienes son Freud, Beethoven, Goethe u Homero por sí mismos? Nadie. El más grande genio es nadie sin el aporte de todos los hombres que los precedieron. La naturaleza universal del hombre es un círculo, un todo de naturaleza espiritual que integra a todos los hombres. Porque el Espíritu es Uno y todos a la vez.
SANCHO PANZAS
Los Sancho Panzas de esta época son incapaces de sentir la sacralidad de la naturaleza. Algo que el más sencillo de los mortales percibe ipso-facto y lo comunica con la divinidad a través de su sentimiento. Pero ese hombre sencillo o ingenuo ya no existe en las ciudades actuales. En su lugar se mueve el predador, perdón, el consumidor urbano, utilizando su emblemático celular y contaminando el aire en su 4x4. Los Sanchos de hoy no sienten la presencia divina en las cosas naturales, como San Anselmo. Son los herederos hipócritas del materialismo nominalista que domina el mundo desde Santo Tomás. Los Sanchos de hoy son el polo opuesto del hombre puro que se arrodilla encandilado ante lo divino implícito en la belleza de la naturaleza. Los Sanchos de hoy son intelectuales. Hombres calcados sobre el patrón intelectual de nuestra época. Una época que perdió la ingenuidad ante el misterio divino de la naturaleza.
SIGNO Y SENTIDO
Es interesante constatar que la época del hombre inmanente heraldada por 'Ulises el astuto' es también la época en la que el signo predomina sobre el sentido, tal como lo vemos prefigurado en el Fedro de Platón por boca de Sócrates:
“¡Pues bien! He oído decir que, cerca de Naucratis en Egipto hay una vieja divinidad cuyo sagrado emblema es un pájaro que llaman como tú sabes, el Ibis; el nombre de esta divinidad es Thot. Es él quien, el primero, descubrió el número, el cálculo, la geometría y la astronomía, y también el trictrac y los dados, y en fin y sobre todo la escritura. Ahora bien, en aquel tiempo reinaba en todo Egipto Tamus, quien residía en esta gran ciudad del Alto Egipto que los Griegos llaman Tebas de Egipto como llaman al dios (Tamus) Amón. Habiendo venido a visitarlo, Thot le hizo una demostración de esas artes y le dijo que era necesario comunicarlas a los otros Egipcios. Pero Tamus le preguntó cual podía ser la utilidad de cada una de esas artes; y mientras Thot daba las explicaciones, Tamus, según su criterio pronunciaba tanto el elogio como la crítica. Numerosas, según se cuenta, fueron las observaciones que sobre cada arte Tamus hizo a Thot en los dos sentidos y de las cuales una relación detallada sería un largo discurso. Pero cuando llegaron a la escritura: ‘‘He aquí, oh rey, dijo Thot, el saber que proveerá a los Egipcios de más saber, más de ciencia y más de memoria; de la ciencia y de la memoria el remedio ha sido encontrado.’’ Pero Tamus replicó: ‘‘Oh Thot, el más grande maestro de las artes, otro es aquel que puede engendrar un arte, otro, aquel quien puede juzgar la parte de perjuicio o de utilidad para aquellos que lo utilizan. Y he aquí entonces que tú, que eres el padre de la escritura, le atribuyes por complacencia un poder contrario a aquel que posee. En efecto, este arte producirá el olvido en el alma de aquellos que lo habrán aprendido porque dejaran de ejercer su memoria: poniendo su confianza en el escrito es del exterior, gracias a los signos extranjeros, y no del interior, gracias a ellos mismos, que harán acto de rememoración; no es entonces de la memoria sino de la rememoración que tu has encontrado el remedio. En cuanto a la ciencia, es sólo su apariencia lo que tu le das a tus discípulos, no la realidad. Cuando, gracias a ti, hayan oído hablar de muchas cosas, sin haber recibido enseñanza, darán la impresión de saber mucho cuando, en la mayor parte de los casos, no sabrán nada; además serán insoportables en su especialidad, porque tendrán la apariencia de los sabios, sin ser sabios.”[1]
¿No es este acaso el drama de occidente cantado una y otra vez por Samuel Beckett, Ionesco y todo el Teatro del Absurdo? Es lógico entonces que seres con una perspectiva espiritual como los genuinos Templarios y toda la ideología realista de Santo Tomás de Aquino y San Anselmo (Principio ontológico) hayan desaparecido de nuestro mapa cultural. En su lugar trona hoy una visión del mundo endemoniada puesto que centrada en la satisfacción de todas las pulsiones que la individualidad egoísta pueda concebir (“jouissons sans entrave!”) . Una visión del mundo absurda (desconoce la noción de espíritu) que degenera el potencial generativo triple de la especie humana. Y lo que es aún peor: una visión del mundo que destruye la tierra. La Tierra: el molde generativo del ‘Hombre’…
LA NATURALEZA MUERE
El hombre actual tiene el raro privilegio de asistir –impasible- a la agonía de la naturaleza. La naturaleza muere porque nuestra sociedad de consumo es un cáncer terminal. El mundo concebido como deposito de materia prima cuyo único fin es la producción de energía, tiene los días contados. En su lugar debe venir una nueva sensibilidad, una nueva conciencia del hombre en tanto que jardinero y no como herrero, fundidor o minero…
PRINCIPIO VITAL
Existe un principio vital, generativo en el aire, en la luz, en la vida elemental (tierra, aire agua y fuego) de la naturaleza mineral, vegetal, animal y racional. El hombre debe respetar y servir este principio generativo. Si no es así su vida se oscurece porque el hombre sin respeto a la vida es sólo un animal feroz, violento y autodestructivo.
BANQUETE
Según Walter Willi, el espíritu ha sido aprehendido y expuesto como auténtico conocimiento cuatro veces: 1) como ‘Aer’ y ‘Pneuma’ por Anaxímenes y los médicos pitagorizantes de Occidente; 2) como ‘Logos’ (fuego puro) por Heráclito de Efeso; 3) como espíritu Número por el orden pitagórico y 4) como ‘nous‘ trascendente por Anaxágoras.
A mediados del siglo V a. C., prosigue Willi, estas formas evolucionaron y se expandieron hasta que, siglos después el estoicismo romano desarrolló las dos primeras formas del espíritu. Las dos últimas influyeron sobre Platón y Aristóteles. Mediante cierta simplificación, el Uno, el Bien y el Divino Espíritu acabaron siendo llamados la trilogía metafísica de Platon. Además Platón dominó las posteriores concepciones del espíritu con dos nociones: 1) el motivo de la generación, 2) la idea del creador del mundo (demiurgos). Walter Willi:
“En un estilo acabadamente órfico habla en el Symposium (210a-212a) de la generación, o el dar a luz, de palabras hermosas, de ideas, de la verdad. En el momento supremo de exaltación hacia lo hermoso, el acto de generar se transfiere al pensador, cuyo intento más elevado pasa a ser el generar pensamientos verdaderos.”[2]
Leemos en el Banquete (Simposio) de Platón que el Amor es la tendencia, anhelo o deseo de la posesión perpetua de lo bueno: “el afán de engendrar [generar] en la belleza según el cuerpo y según el alma.” Ahora bien, la generación es un acto divino sólo realizable en lo bello. Porque hay algo de divino en la Belleza, y algo de inmortal en la fecundidad y la procreación.
Según la sacerdotisa Diótima, existe una vía para llegar a la contemplación de lo ‘Bello mismo’, pero encontrarla exige una ‘iniciación’ pues las cosas superiores del espíritu son un misterio. Esta iniciación amorosa constituye una estricta progresión a través de los siguientes grados: 1) amor a la belleza corporal (amar un cuerpo bello o la belleza corpórea en general); 2) amar la belleza de las almas (la belleza moral que se expresa en acciones y reglas de conducta); 3) amor a los conocimientos, el cual supera ya el ámbito de lo humano; 4) amor a lo bello en sí que surge como una revelación ‘maravillosa’ (‘thaumaston’) sólo al final de esta progresión. Esta Belleza superior es la Idea misma de lo bello.[3]
Para los entendidos, el Fausto de Goethe sería una obra de carácter iniciático comprensible para unos pocos. En el Fausto vemos como el erudito alquimista desengañado que rechaza el ideal de conocimiento que ha marcado su existencia, firma con su propia sangre, un pacto con el diablo. Vende su alma por un momento de supremo éxtasis en la Belleza, es decir, en la ETERNIDAD. Lo bello en sí es de naturaleza espiritual, Platón dixit. Fausto persigue la belleza cuando enamora a Margarita. Fausto desafía la muerte total (descenso a ‘las Madres’) en busca de la belleza de Helena de Troya. Fausto muere en éxtasis y salva su alma de las garras de Mefisto por la intercesión del Eterno Femenino universal: María. Pero el contexto global de esta obra es la noción del ‘pensamiento durable’ la cual nos conecta directamente con la cuarta categoría del amor enunciada por Platón: la idea de la generación en la belleza, en la Idea misma.
Goethe intuye que la dimensión espiritual del hombre comienza precisamente con su muerte física. Porque la fuerza del espíritu es omnipresente. La fuerza de los Templarios (que inspira su hermético cuento de 'la Serpiente verde y la Flor de Lis') de Parzifal, de Don Quijote/Cervantes no reside en ellos mismos, simples máscaras mortales del pensamiento, el sentimiento y la voluntad. Los trasciende. Porque la fuerza que modela el mundo es la Idea. Cuando el hombre la acoge en su alma accede a la eternidad, aquí mismo en este mundo físico hecho con la fibra del arco-iris, entre la luz y la sombra. Esa idea que transforma al hombre en un titán es el pensamiento durable. Es la Idea.
Vemos entonces como Platón señala el camino de la iniciación a través de más de dos milenios de nuestra cultura occidental. Esta noción iniciática es el misterio espiritual del Amor en tanto que primordium divino de la Verdad, la Belleza y el Bien.
Este es el supremo ideal tanto de los (verdaderos) Trovadores occitanos como de la verdadera Caballería Andante. El advenimiento del materialismo y la modernidad en el cauce del nominalismo heredado de la escolástica ‘Querella de los Universales’, define el drama de nuestra época. Es este nominalismo o materialismo el que hace desaparecer el ideal de la Caballería y el que constituye el ambiente racionalista en el que Cervantes crucifica el ideal trascendente en la persona de Don Quijote.
PELADAN
“Si se estudiara el sentido oculto de la literatura medieval el Renacimiento dejaría de parecer una súbita resurrección de la antigüedad.” (…) “Gemisto Platón y Marsilio Ficino son los doctores oficiales del antiguo Albigismo, como Dante es su prodigioso Homero.” (…) “La ficción y la historia a este respecto concuerdan con un paralelismo singular: La Orden del templo no realiza acaso la Orden del Grial, y Monsalvat no tiene un nombre real, Montsegur?” (…) El alma albigense, cualquiera que sea el sentido etéreo de ese nombre, es el alma de Parzifal y manifiesta este esoterismo de la Edad Media del cual surgió el Renacimiento.”[4]
Estas citaciones pertenecen a Josephin Peladan, un artista y un erudito muy especial. Queremos comenzar por ellas porque introducen una serie de ideas esenciales para quien busca las causas del desastre del mundo actual en un simple análisis de la historia reciente.
Está claro que, una gran parte del Catarismo y del Albigismo no significan ´herejía’ sino disensión en el cauce universalista del idealismo platónico. Un idealismo que busca conocer, a través del cristal universal del Amor, el significado de la palabra ‘espíritu’. Algo que nuestro mundo actual ha olvidado por completo. Según Peladan, el Renacimiento sería una consecuencia de la cultura esotérica medieval especialmente la cultura Occitana. El Renacimiento es una repentina toma de conciencia de la magnitud de la triple naturaleza humana tal como podemos inferirlo del Corpus Hermeticum y la Tabla Esmeralda (Tábula Smaragdina). Siempre según Peladan, los Trovadores del Mediodía francés tampoco son cantantes y bohemios de feria sino predicadores errantes del más puro idealismo. Cristianos disidentes. Exponentes de un individualismo idealista, librepensadores y buscadores de sí mismos. Más allá de toda esa inercia comodona que, en todas las épocas, caracteriza siempre a la religión oficial. Son hombres que excavan en el triple enigma de si mismos. Todo hombre que toma esa vía se convierte en enemigo del orden establecido. Porque el espíritu es esencialmente libre. El Orden Vaticano borra del mapa con una Cruzada ese foco de pensamiento independiente del Sur de Francia porque se da cuenta de que el peligro es mortal. Acaba con un Performance (realización, ejecución).
La historia nos muestra entonces este interesante caso de realización, de performance en los Trovadores que hablaban la ‘lengua de Oc’. Un performance es el acto - casi siempre espectacular- mediante el cual el hombre se conoce a sí mismo y actúa en consecuencia.
DON QUIJOTE
Siempre según Peladan, la idea generalmente aceptada es que Cervantes escribió el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha para ridiculizar las novelas de Caballería, la literatura de los trovadores que floreció en Europa como el género literario más importante durante cinco siglos. Para ‘dispersar al aliento del sentido común la fantasmagoría idealista’. Este estereotipo se ha convertido en la versión oficial. La verdad es que Cervantes escribió Don Quijote para burlarse de sí mismo y renegar del idealismo de su juventud. En 1615, en la dedicatoria de la segunda parte del Quijote al Conde de Lemos, Cervantes anuncia Persiles y Segismunda. Esta obra, considerada como la más clásica de la literatura española es sencillamente una novela de Caballerías ‘tan extravagante como aquellas quemadas por la nieta, el cura y el barbero, y digna de ocupar su lugar al lado de los Amadís’ (p. 82). Persiles y Segismunda demuestra que Cervantes pensaba como Don Quijote y no como Sancho. Peladan hablando de Cervantes:
“Su vida real, heroica y miserable fue la de un aventurero entusiasta aplastado por el destino. Ayuda de cámara del cardenal Aquaviva, simple soldado después de tres campañas, lisiado a los veintiocho años [en la batalla de Lepanto], cautivo en Argel, Cervantes conoció todas las miserias y el Don quijote que vemos como una colosal y radiante carcajada no es sino el sarcasmo de un desesperado, la queja más sorprendente que el individualismo abrumado haya expresado.”[5]
Pero detrás del Caballero de la Triste Figura se perciben las siluetas de Tristán de Leonois y de Amadís de Gaula, gnosticos occitanos, trovadores. Montesquieu, prosigue Peladan, para quien ‘los españoles sólo tienen un buen libro, aquél que mostró la ridiculez de todos los otros’ ignoraba el sentido oculto de las obras de los trovadores. Peladan:
“No se trata, como parece en las viñetas del libro, de una concepción caduca de la caballería, de un hombre que se equivoca de época y quiere revivir, en el siglo XVI, gestos muy anteriores y en desacuerdo con el tiempo y las costumbres. El conflicto se eleva mucho más alto; plantea la antinomia del idealismo individual y del colectivo social.”[6]
El mensaje aparente de Don Quijote es que el ideal individual es necio y perjudicial. El noble caballero del más alto ideal es abucheado. Su noble acción no produce sino desastres en un medio ambiente donde rige la escueta praxis de la más grosera mediocridad.
Miguel de Cervantes, añade Peladan, fue Don Quijote en carne y hueso.[7] En vez de contar su historia, las peripecias de su vida, prefirió encarnar el conflicto entre el ideal espiritual y la praxis del interés colectivo tras la máscara de un anciano visionario. Así camufló el más violento panfleto contra la Providencia tras la apariencia de una comedia. Peladan:
“¡Que amarga es esta caricatura del héroe, esta figura del caballero burlesco y cuantas lágrimas el cautivo de Argel debió derramar para escribir una diatriba tan rabiosa contra su propio ideal! Su vida nos prueba que soñó con la gloria y la justicia: fue realmente caballeresco y muy desgraciado.”[8]
El bien es una labor difícil de realizar, concluye el autor. El ideal no se realiza sino con la complicidad de las circunstancias y el deseo no implica la capacidad que sólo surge de una proporción entre la voluntad y la potencia.
Pero si Don Quijote, el hombre, hace reír y finalmente muere, su ideal permanece en el corazón de aquellos mismos que se ríen de él. Porque el ideal caballeresco señala el más alto nivel de conciencia que un simple mortal pueda alcanzar.
CABALLEROS DE LA AURORA
La gesta de Don Quijote, la gesta del hombre triple es una gesta ganada de antemano por la Idea. La Idea es un todo, causa creadora del cosmos, potencia creadora de Dios. Pero esa fuerza suprahumana por encima del tiempo y del espacio está en manos de un ser muy complejo. Un ser a mitad de camino de todos y de todo. De ahí el carácter dramático de la gesta. El drama no es el de la Idea que viene de arriba. El drama es el pensamiento, el sentimiento y la voluntad del hombre que asciende desde el abismo de sí mismo. El hueco sin fondo de su evolución. Esa sima insondable, ese purgatorio evolutivo es la fuente de su competencia (Cf. competence/performance: Lingüística de Noah Chomsky).[9]
El idealismo no es fantasía sino percepción de una alta realidad: el principio generativo del universo. Pero los tiempos cambian. El hombre evoluciona y se modela de un extremo a otro de sí mismo. Ese es el contexto cíclico de la historia. Nuestra época es la de Ulises y de Edipo: separados del Todo por su intelecto. El mundo inmanente que ya no cree en Dios. El mundo del Bramido del intelecto, de la contaminación y de la sociedad de consumo. El mundo patogénico de la imagen electrónica. Pero hoy debe renacer la Caballería Andante. Porque el hombre ha encontrado el Ideal de Belleza que conduce a la eternidad. La gesta de la Realización (Performance) del Eterno Femenino universal, de quien depende la supervivencia de la Tierra.
Esta es la época de la caballería Andante. La otra no era sino su prefiguración. Porque hoy el hombre está confrontado con la mayor amenaza que jamás hubiera podido imaginar. No con su muerte súbita y repentina sino con la extinción de toda la raza humana. El fin del individuo libre, la muerte de la cultura, de las sociedades, del medio ambiente… la muerte de la sensibilidad suplantada poco a poco por la concepción del mundo más grosera y materialista jamás imaginada: el deseo de consumo global e ilimitado. El hombre ordinario de hoy es como una bestia, un cuadrúpedo incapaz de sentir su propio almizcle porque en su celular, en su PC, en su automóvil ve la imagen de un dios sibarita. Imagen. Su realidad le pertenece a la etología.
Pero la Idea, el espíritu del hombre noble y decente nunca muere. La historia es como una cuna de bebé que arrulla con su bamboleo. Cada bamboleo es una época, un ciclo, una revolución, una configuración diferente del espíritu del universo. El hombre consciente de su naturaleza sintética despierta hoy en medio de la noche más oscura y sin Luna. Noche aciaga. Pero ya busca la batalla contra los acólitos del lado oscuro de la realidad. Porque sabe que su alma, su batalla, en tanto que línea vertical que une la Tierra al Cielo, está ya ganada por las fuerzas de la Luz. Sólo queda su ejecución física, su Realización. Su propia responsabilidad ante la historia y ante Dios. Porque el hombre es un ser complejo. Un Amfortas herido.[10] Su carne es debil pero su alma y su espíritu son una avalancha. Sube el telón: el pensamiento, el sentimiento y la voluntad del hombre épico, del héroe de la conciencia cósmica toman el escenario de la historia al son de las siete trompetas. Amadís, Don Quijote, Parzifal, Tristán, Don Juan de Austria, despiertan y contemplan el abismo de la noche sin fondo. El abismo de la ignorancia de si mismo…
La mayor batalla del Caballero de la aurora es la que libra contra sí mismo, contra el bramido de su intelecto. Contra su orgullo intelectual que a cada momento le proyecta una imagen falsa de sí mismo. Una cáscara declarada deseable y admirable por la convención del momento. Porque todo a su alrededor no es sino imagen. Él mismo no distingue entre su Yo esencial y su imagen. Pero la imagen no es la verdad sino su apariencia. Y todo, hasta la estructura moral del mundo no es sino un escenario de cartón piedra, feria, verbena y Falla valenciana. Porque no está construida sobre la experiencia vivida del alma que enfrenta la realidad sin prejuicios teóricos. Está construida sobre la autoridad de la letra impresa, la imagen video electrónica y la calculadora.
¡DESPIERTA, OH HOMBRE!
Despierta, oh hombre, y conócete a ti mismo. Aprende que eres el hijo del Sol y de la Luna. Del Cielo y de la Tierra. De Zeus y de Demeter. Aprende que tu mismo eres la historia porque Dios te hízo síntesis de lo de arriba y lo de abajo. Aprende que la llegada de la aurora que ilumina la oscuridad que esta época ha plasmado en ti, depende sólo de ti. En medio de esta batalla entre la luz y la oscuridad está en juego la dignidad esencial de toda la raza humana. Porque esta batalla es el juicio de una época. El futuro de la Tierra como Jardín o como desierto depende de la conciencia de ti mismo. De tu batalla interior. De tu Realización.
¡Despierta! Te han hecho creer que el hombre íntegro, el hombre triple, el Caballero Andante es cosa del pasado. Un detalle histórico que tuvo su momento y que pasó de largo en el cauce incontenible de la historia. En la estampida de los cavernícolas hacia la comodidad y el progreso de la sociedad de consumo actual. ¡Mentira! Te han engañado. La antigua Caballería Andante fue un juego de niños eternos. El verdadero conflicto, la verdadera guerra, la verdadera amenaza total y terminal contra tu integridad triple se yergue ante ti y te hipnotiza como una cobra cazando a un ratón. La gran amenaza contra el Hombre, es la imagen de ti mismo que proyecta la sociedad de consumo, la industria hi-tech. Los que te hacen creer que ya todo está consumado y ya no te resta sino consumir… y gozar.
Somos Caballeros de la Aurora. Pero no vanidosos hilanderos de bellas imágenes, soberbios de a caballo que miran desde arriba a los de a pié… No. Somos Aristócratas del Sentimiento capaces de doblegar nuestro orgullo por una causa común. La realización del más profundo anhelo del Hombre: la elevación de María como Reina y Señora de toda la Creación. Madre protectora del Hombre de la era atómica y de la Naturaleza (molde integral). Desde lo mineral y vegetal hasta lo animal y lo racional. Desde el aire y la tierra hasta el agua y el fuego. Madre del arco-iris y de todos los procesos que declinan la vida sobre la Tierra. Madre del Hombre de hoy y del Hombre del mañana. Madre de la evolución espiritual del Hombre simbolizada misteriosamente en el morir y renacer de la naturaleza. Somos los Caballeros Cruzados de la Gran Madre. Los Caballeros de la Aurora.
El PRIMER DEBER
El primer deber del Caballero de la Aurora es devenir un artista escultor de la historia. Debe esculpir la historia a partir de sí mismo. Sócrates repetía la máxima délfica: ‘Oh hombre, conócete a ti mismo’. El músico plasma la materia en el tiempo. El escultor modela la piedra, la madera. El pintor crea lo triple en lo binario. Pero el artista de la historia realiza aquello que es el destino cósmico del hombre, inscrito a sangre y fuego en su código genético. Es el artista que modela el espacio y el tiempo tridimensionales al generar el Sentido que ubica al hombre en el universo de cara a la eternidad.
Es un verdadero creador, un genuino artista porque la Cultura es el Arte y el Arte es la Cultura. Genuino arte generado por el juego ritual mediante el cual el Caballero se conoce a sí mismo en tanto que genuina síntesis de la Naturaleza planetaria y cósmica. La historia cósmica de sí mismo.
LA ÚNICA VERDAD
Todas las ideas en el universo son relativas. La única verdad es una Realización (Performance) en cuerpo, alma y espíritu.
EL PENSAMIENTO DIVINO
El pensamiento divino prefiere la subjetividad eterna, el silencio total de las ideas, la no manifestación. Sólo el Hombre, sólo el Arte pueden hacerlo surgir de la noche del alma humana.
EL HOMBRE
El hombre, síntesis de la Gran Naturaleza es el protagonista de un drama cósmico: la creación de sentido.
The Captain
Bananeriano1@gmail.com
¿Por qué es tan importante Platón después de más de 2000 años? Por que enfocó lo UNIVERSAL en el hombre.
Hay que unirse en el momento justo. El hombre unido es invencible. Pero, ¿qué es aquello que permite la unión? La conciencia de su universalidad.
¿Qué distingue a Homero, a Anaxágoras, a Platón, a Goethe, a Beethoven o a Freud del común de los mortales? Que enfocaron y definieron –desde un ángulo particular- lo universal en el hombre.
¿Quienes son Freud, Beethoven, Goethe u Homero por sí mismos? Nadie. El más grande genio es nadie sin el aporte de todos los hombres que los precedieron. La naturaleza universal del hombre es un círculo, un todo de naturaleza espiritual que integra a todos los hombres. Porque el Espíritu es Uno y todos a la vez.
SANCHO PANZAS
Los Sancho Panzas de esta época son incapaces de sentir la sacralidad de la naturaleza. Algo que el más sencillo de los mortales percibe ipso-facto y lo comunica con la divinidad a través de su sentimiento. Pero ese hombre sencillo o ingenuo ya no existe en las ciudades actuales. En su lugar se mueve el predador, perdón, el consumidor urbano, utilizando su emblemático celular y contaminando el aire en su 4x4. Los Sanchos de hoy no sienten la presencia divina en las cosas naturales, como San Anselmo. Son los herederos hipócritas del materialismo nominalista que domina el mundo desde Santo Tomás. Los Sanchos de hoy son el polo opuesto del hombre puro que se arrodilla encandilado ante lo divino implícito en la belleza de la naturaleza. Los Sanchos de hoy son intelectuales. Hombres calcados sobre el patrón intelectual de nuestra época. Una época que perdió la ingenuidad ante el misterio divino de la naturaleza.
SIGNO Y SENTIDO
Es interesante constatar que la época del hombre inmanente heraldada por 'Ulises el astuto' es también la época en la que el signo predomina sobre el sentido, tal como lo vemos prefigurado en el Fedro de Platón por boca de Sócrates:
“¡Pues bien! He oído decir que, cerca de Naucratis en Egipto hay una vieja divinidad cuyo sagrado emblema es un pájaro que llaman como tú sabes, el Ibis; el nombre de esta divinidad es Thot. Es él quien, el primero, descubrió el número, el cálculo, la geometría y la astronomía, y también el trictrac y los dados, y en fin y sobre todo la escritura. Ahora bien, en aquel tiempo reinaba en todo Egipto Tamus, quien residía en esta gran ciudad del Alto Egipto que los Griegos llaman Tebas de Egipto como llaman al dios (Tamus) Amón. Habiendo venido a visitarlo, Thot le hizo una demostración de esas artes y le dijo que era necesario comunicarlas a los otros Egipcios. Pero Tamus le preguntó cual podía ser la utilidad de cada una de esas artes; y mientras Thot daba las explicaciones, Tamus, según su criterio pronunciaba tanto el elogio como la crítica. Numerosas, según se cuenta, fueron las observaciones que sobre cada arte Tamus hizo a Thot en los dos sentidos y de las cuales una relación detallada sería un largo discurso. Pero cuando llegaron a la escritura: ‘‘He aquí, oh rey, dijo Thot, el saber que proveerá a los Egipcios de más saber, más de ciencia y más de memoria; de la ciencia y de la memoria el remedio ha sido encontrado.’’ Pero Tamus replicó: ‘‘Oh Thot, el más grande maestro de las artes, otro es aquel que puede engendrar un arte, otro, aquel quien puede juzgar la parte de perjuicio o de utilidad para aquellos que lo utilizan. Y he aquí entonces que tú, que eres el padre de la escritura, le atribuyes por complacencia un poder contrario a aquel que posee. En efecto, este arte producirá el olvido en el alma de aquellos que lo habrán aprendido porque dejaran de ejercer su memoria: poniendo su confianza en el escrito es del exterior, gracias a los signos extranjeros, y no del interior, gracias a ellos mismos, que harán acto de rememoración; no es entonces de la memoria sino de la rememoración que tu has encontrado el remedio. En cuanto a la ciencia, es sólo su apariencia lo que tu le das a tus discípulos, no la realidad. Cuando, gracias a ti, hayan oído hablar de muchas cosas, sin haber recibido enseñanza, darán la impresión de saber mucho cuando, en la mayor parte de los casos, no sabrán nada; además serán insoportables en su especialidad, porque tendrán la apariencia de los sabios, sin ser sabios.”[1]
¿No es este acaso el drama de occidente cantado una y otra vez por Samuel Beckett, Ionesco y todo el Teatro del Absurdo? Es lógico entonces que seres con una perspectiva espiritual como los genuinos Templarios y toda la ideología realista de Santo Tomás de Aquino y San Anselmo (Principio ontológico) hayan desaparecido de nuestro mapa cultural. En su lugar trona hoy una visión del mundo endemoniada puesto que centrada en la satisfacción de todas las pulsiones que la individualidad egoísta pueda concebir (“jouissons sans entrave!”) . Una visión del mundo absurda (desconoce la noción de espíritu) que degenera el potencial generativo triple de la especie humana. Y lo que es aún peor: una visión del mundo que destruye la tierra. La Tierra: el molde generativo del ‘Hombre’…
LA NATURALEZA MUERE
El hombre actual tiene el raro privilegio de asistir –impasible- a la agonía de la naturaleza. La naturaleza muere porque nuestra sociedad de consumo es un cáncer terminal. El mundo concebido como deposito de materia prima cuyo único fin es la producción de energía, tiene los días contados. En su lugar debe venir una nueva sensibilidad, una nueva conciencia del hombre en tanto que jardinero y no como herrero, fundidor o minero…
PRINCIPIO VITAL
Existe un principio vital, generativo en el aire, en la luz, en la vida elemental (tierra, aire agua y fuego) de la naturaleza mineral, vegetal, animal y racional. El hombre debe respetar y servir este principio generativo. Si no es así su vida se oscurece porque el hombre sin respeto a la vida es sólo un animal feroz, violento y autodestructivo.
BANQUETE
Según Walter Willi, el espíritu ha sido aprehendido y expuesto como auténtico conocimiento cuatro veces: 1) como ‘Aer’ y ‘Pneuma’ por Anaxímenes y los médicos pitagorizantes de Occidente; 2) como ‘Logos’ (fuego puro) por Heráclito de Efeso; 3) como espíritu Número por el orden pitagórico y 4) como ‘nous‘ trascendente por Anaxágoras.
A mediados del siglo V a. C., prosigue Willi, estas formas evolucionaron y se expandieron hasta que, siglos después el estoicismo romano desarrolló las dos primeras formas del espíritu. Las dos últimas influyeron sobre Platón y Aristóteles. Mediante cierta simplificación, el Uno, el Bien y el Divino Espíritu acabaron siendo llamados la trilogía metafísica de Platon. Además Platón dominó las posteriores concepciones del espíritu con dos nociones: 1) el motivo de la generación, 2) la idea del creador del mundo (demiurgos). Walter Willi:
“En un estilo acabadamente órfico habla en el Symposium (210a-212a) de la generación, o el dar a luz, de palabras hermosas, de ideas, de la verdad. En el momento supremo de exaltación hacia lo hermoso, el acto de generar se transfiere al pensador, cuyo intento más elevado pasa a ser el generar pensamientos verdaderos.”[2]
Leemos en el Banquete (Simposio) de Platón que el Amor es la tendencia, anhelo o deseo de la posesión perpetua de lo bueno: “el afán de engendrar [generar] en la belleza según el cuerpo y según el alma.” Ahora bien, la generación es un acto divino sólo realizable en lo bello. Porque hay algo de divino en la Belleza, y algo de inmortal en la fecundidad y la procreación.
Según la sacerdotisa Diótima, existe una vía para llegar a la contemplación de lo ‘Bello mismo’, pero encontrarla exige una ‘iniciación’ pues las cosas superiores del espíritu son un misterio. Esta iniciación amorosa constituye una estricta progresión a través de los siguientes grados: 1) amor a la belleza corporal (amar un cuerpo bello o la belleza corpórea en general); 2) amar la belleza de las almas (la belleza moral que se expresa en acciones y reglas de conducta); 3) amor a los conocimientos, el cual supera ya el ámbito de lo humano; 4) amor a lo bello en sí que surge como una revelación ‘maravillosa’ (‘thaumaston’) sólo al final de esta progresión. Esta Belleza superior es la Idea misma de lo bello.[3]
Para los entendidos, el Fausto de Goethe sería una obra de carácter iniciático comprensible para unos pocos. En el Fausto vemos como el erudito alquimista desengañado que rechaza el ideal de conocimiento que ha marcado su existencia, firma con su propia sangre, un pacto con el diablo. Vende su alma por un momento de supremo éxtasis en la Belleza, es decir, en la ETERNIDAD. Lo bello en sí es de naturaleza espiritual, Platón dixit. Fausto persigue la belleza cuando enamora a Margarita. Fausto desafía la muerte total (descenso a ‘las Madres’) en busca de la belleza de Helena de Troya. Fausto muere en éxtasis y salva su alma de las garras de Mefisto por la intercesión del Eterno Femenino universal: María. Pero el contexto global de esta obra es la noción del ‘pensamiento durable’ la cual nos conecta directamente con la cuarta categoría del amor enunciada por Platón: la idea de la generación en la belleza, en la Idea misma.
Goethe intuye que la dimensión espiritual del hombre comienza precisamente con su muerte física. Porque la fuerza del espíritu es omnipresente. La fuerza de los Templarios (que inspira su hermético cuento de 'la Serpiente verde y la Flor de Lis') de Parzifal, de Don Quijote/Cervantes no reside en ellos mismos, simples máscaras mortales del pensamiento, el sentimiento y la voluntad. Los trasciende. Porque la fuerza que modela el mundo es la Idea. Cuando el hombre la acoge en su alma accede a la eternidad, aquí mismo en este mundo físico hecho con la fibra del arco-iris, entre la luz y la sombra. Esa idea que transforma al hombre en un titán es el pensamiento durable. Es la Idea.
Vemos entonces como Platón señala el camino de la iniciación a través de más de dos milenios de nuestra cultura occidental. Esta noción iniciática es el misterio espiritual del Amor en tanto que primordium divino de la Verdad, la Belleza y el Bien.
Este es el supremo ideal tanto de los (verdaderos) Trovadores occitanos como de la verdadera Caballería Andante. El advenimiento del materialismo y la modernidad en el cauce del nominalismo heredado de la escolástica ‘Querella de los Universales’, define el drama de nuestra época. Es este nominalismo o materialismo el que hace desaparecer el ideal de la Caballería y el que constituye el ambiente racionalista en el que Cervantes crucifica el ideal trascendente en la persona de Don Quijote.
PELADAN
“Si se estudiara el sentido oculto de la literatura medieval el Renacimiento dejaría de parecer una súbita resurrección de la antigüedad.” (…) “Gemisto Platón y Marsilio Ficino son los doctores oficiales del antiguo Albigismo, como Dante es su prodigioso Homero.” (…) “La ficción y la historia a este respecto concuerdan con un paralelismo singular: La Orden del templo no realiza acaso la Orden del Grial, y Monsalvat no tiene un nombre real, Montsegur?” (…) El alma albigense, cualquiera que sea el sentido etéreo de ese nombre, es el alma de Parzifal y manifiesta este esoterismo de la Edad Media del cual surgió el Renacimiento.”[4]
Estas citaciones pertenecen a Josephin Peladan, un artista y un erudito muy especial. Queremos comenzar por ellas porque introducen una serie de ideas esenciales para quien busca las causas del desastre del mundo actual en un simple análisis de la historia reciente.
Está claro que, una gran parte del Catarismo y del Albigismo no significan ´herejía’ sino disensión en el cauce universalista del idealismo platónico. Un idealismo que busca conocer, a través del cristal universal del Amor, el significado de la palabra ‘espíritu’. Algo que nuestro mundo actual ha olvidado por completo. Según Peladan, el Renacimiento sería una consecuencia de la cultura esotérica medieval especialmente la cultura Occitana. El Renacimiento es una repentina toma de conciencia de la magnitud de la triple naturaleza humana tal como podemos inferirlo del Corpus Hermeticum y la Tabla Esmeralda (Tábula Smaragdina). Siempre según Peladan, los Trovadores del Mediodía francés tampoco son cantantes y bohemios de feria sino predicadores errantes del más puro idealismo. Cristianos disidentes. Exponentes de un individualismo idealista, librepensadores y buscadores de sí mismos. Más allá de toda esa inercia comodona que, en todas las épocas, caracteriza siempre a la religión oficial. Son hombres que excavan en el triple enigma de si mismos. Todo hombre que toma esa vía se convierte en enemigo del orden establecido. Porque el espíritu es esencialmente libre. El Orden Vaticano borra del mapa con una Cruzada ese foco de pensamiento independiente del Sur de Francia porque se da cuenta de que el peligro es mortal. Acaba con un Performance (realización, ejecución).
La historia nos muestra entonces este interesante caso de realización, de performance en los Trovadores que hablaban la ‘lengua de Oc’. Un performance es el acto - casi siempre espectacular- mediante el cual el hombre se conoce a sí mismo y actúa en consecuencia.
DON QUIJOTE
Siempre según Peladan, la idea generalmente aceptada es que Cervantes escribió el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha para ridiculizar las novelas de Caballería, la literatura de los trovadores que floreció en Europa como el género literario más importante durante cinco siglos. Para ‘dispersar al aliento del sentido común la fantasmagoría idealista’. Este estereotipo se ha convertido en la versión oficial. La verdad es que Cervantes escribió Don Quijote para burlarse de sí mismo y renegar del idealismo de su juventud. En 1615, en la dedicatoria de la segunda parte del Quijote al Conde de Lemos, Cervantes anuncia Persiles y Segismunda. Esta obra, considerada como la más clásica de la literatura española es sencillamente una novela de Caballerías ‘tan extravagante como aquellas quemadas por la nieta, el cura y el barbero, y digna de ocupar su lugar al lado de los Amadís’ (p. 82). Persiles y Segismunda demuestra que Cervantes pensaba como Don Quijote y no como Sancho. Peladan hablando de Cervantes:
“Su vida real, heroica y miserable fue la de un aventurero entusiasta aplastado por el destino. Ayuda de cámara del cardenal Aquaviva, simple soldado después de tres campañas, lisiado a los veintiocho años [en la batalla de Lepanto], cautivo en Argel, Cervantes conoció todas las miserias y el Don quijote que vemos como una colosal y radiante carcajada no es sino el sarcasmo de un desesperado, la queja más sorprendente que el individualismo abrumado haya expresado.”[5]
Pero detrás del Caballero de la Triste Figura se perciben las siluetas de Tristán de Leonois y de Amadís de Gaula, gnosticos occitanos, trovadores. Montesquieu, prosigue Peladan, para quien ‘los españoles sólo tienen un buen libro, aquél que mostró la ridiculez de todos los otros’ ignoraba el sentido oculto de las obras de los trovadores. Peladan:
“No se trata, como parece en las viñetas del libro, de una concepción caduca de la caballería, de un hombre que se equivoca de época y quiere revivir, en el siglo XVI, gestos muy anteriores y en desacuerdo con el tiempo y las costumbres. El conflicto se eleva mucho más alto; plantea la antinomia del idealismo individual y del colectivo social.”[6]
El mensaje aparente de Don Quijote es que el ideal individual es necio y perjudicial. El noble caballero del más alto ideal es abucheado. Su noble acción no produce sino desastres en un medio ambiente donde rige la escueta praxis de la más grosera mediocridad.
Miguel de Cervantes, añade Peladan, fue Don Quijote en carne y hueso.[7] En vez de contar su historia, las peripecias de su vida, prefirió encarnar el conflicto entre el ideal espiritual y la praxis del interés colectivo tras la máscara de un anciano visionario. Así camufló el más violento panfleto contra la Providencia tras la apariencia de una comedia. Peladan:
“¡Que amarga es esta caricatura del héroe, esta figura del caballero burlesco y cuantas lágrimas el cautivo de Argel debió derramar para escribir una diatriba tan rabiosa contra su propio ideal! Su vida nos prueba que soñó con la gloria y la justicia: fue realmente caballeresco y muy desgraciado.”[8]
El bien es una labor difícil de realizar, concluye el autor. El ideal no se realiza sino con la complicidad de las circunstancias y el deseo no implica la capacidad que sólo surge de una proporción entre la voluntad y la potencia.
Pero si Don Quijote, el hombre, hace reír y finalmente muere, su ideal permanece en el corazón de aquellos mismos que se ríen de él. Porque el ideal caballeresco señala el más alto nivel de conciencia que un simple mortal pueda alcanzar.
CABALLEROS DE LA AURORA
La gesta de Don Quijote, la gesta del hombre triple es una gesta ganada de antemano por la Idea. La Idea es un todo, causa creadora del cosmos, potencia creadora de Dios. Pero esa fuerza suprahumana por encima del tiempo y del espacio está en manos de un ser muy complejo. Un ser a mitad de camino de todos y de todo. De ahí el carácter dramático de la gesta. El drama no es el de la Idea que viene de arriba. El drama es el pensamiento, el sentimiento y la voluntad del hombre que asciende desde el abismo de sí mismo. El hueco sin fondo de su evolución. Esa sima insondable, ese purgatorio evolutivo es la fuente de su competencia (Cf. competence/performance: Lingüística de Noah Chomsky).[9]
El idealismo no es fantasía sino percepción de una alta realidad: el principio generativo del universo. Pero los tiempos cambian. El hombre evoluciona y se modela de un extremo a otro de sí mismo. Ese es el contexto cíclico de la historia. Nuestra época es la de Ulises y de Edipo: separados del Todo por su intelecto. El mundo inmanente que ya no cree en Dios. El mundo del Bramido del intelecto, de la contaminación y de la sociedad de consumo. El mundo patogénico de la imagen electrónica. Pero hoy debe renacer la Caballería Andante. Porque el hombre ha encontrado el Ideal de Belleza que conduce a la eternidad. La gesta de la Realización (Performance) del Eterno Femenino universal, de quien depende la supervivencia de la Tierra.
Esta es la época de la caballería Andante. La otra no era sino su prefiguración. Porque hoy el hombre está confrontado con la mayor amenaza que jamás hubiera podido imaginar. No con su muerte súbita y repentina sino con la extinción de toda la raza humana. El fin del individuo libre, la muerte de la cultura, de las sociedades, del medio ambiente… la muerte de la sensibilidad suplantada poco a poco por la concepción del mundo más grosera y materialista jamás imaginada: el deseo de consumo global e ilimitado. El hombre ordinario de hoy es como una bestia, un cuadrúpedo incapaz de sentir su propio almizcle porque en su celular, en su PC, en su automóvil ve la imagen de un dios sibarita. Imagen. Su realidad le pertenece a la etología.
Pero la Idea, el espíritu del hombre noble y decente nunca muere. La historia es como una cuna de bebé que arrulla con su bamboleo. Cada bamboleo es una época, un ciclo, una revolución, una configuración diferente del espíritu del universo. El hombre consciente de su naturaleza sintética despierta hoy en medio de la noche más oscura y sin Luna. Noche aciaga. Pero ya busca la batalla contra los acólitos del lado oscuro de la realidad. Porque sabe que su alma, su batalla, en tanto que línea vertical que une la Tierra al Cielo, está ya ganada por las fuerzas de la Luz. Sólo queda su ejecución física, su Realización. Su propia responsabilidad ante la historia y ante Dios. Porque el hombre es un ser complejo. Un Amfortas herido.[10] Su carne es debil pero su alma y su espíritu son una avalancha. Sube el telón: el pensamiento, el sentimiento y la voluntad del hombre épico, del héroe de la conciencia cósmica toman el escenario de la historia al son de las siete trompetas. Amadís, Don Quijote, Parzifal, Tristán, Don Juan de Austria, despiertan y contemplan el abismo de la noche sin fondo. El abismo de la ignorancia de si mismo…
La mayor batalla del Caballero de la aurora es la que libra contra sí mismo, contra el bramido de su intelecto. Contra su orgullo intelectual que a cada momento le proyecta una imagen falsa de sí mismo. Una cáscara declarada deseable y admirable por la convención del momento. Porque todo a su alrededor no es sino imagen. Él mismo no distingue entre su Yo esencial y su imagen. Pero la imagen no es la verdad sino su apariencia. Y todo, hasta la estructura moral del mundo no es sino un escenario de cartón piedra, feria, verbena y Falla valenciana. Porque no está construida sobre la experiencia vivida del alma que enfrenta la realidad sin prejuicios teóricos. Está construida sobre la autoridad de la letra impresa, la imagen video electrónica y la calculadora.
¡DESPIERTA, OH HOMBRE!
Despierta, oh hombre, y conócete a ti mismo. Aprende que eres el hijo del Sol y de la Luna. Del Cielo y de la Tierra. De Zeus y de Demeter. Aprende que tu mismo eres la historia porque Dios te hízo síntesis de lo de arriba y lo de abajo. Aprende que la llegada de la aurora que ilumina la oscuridad que esta época ha plasmado en ti, depende sólo de ti. En medio de esta batalla entre la luz y la oscuridad está en juego la dignidad esencial de toda la raza humana. Porque esta batalla es el juicio de una época. El futuro de la Tierra como Jardín o como desierto depende de la conciencia de ti mismo. De tu batalla interior. De tu Realización.
¡Despierta! Te han hecho creer que el hombre íntegro, el hombre triple, el Caballero Andante es cosa del pasado. Un detalle histórico que tuvo su momento y que pasó de largo en el cauce incontenible de la historia. En la estampida de los cavernícolas hacia la comodidad y el progreso de la sociedad de consumo actual. ¡Mentira! Te han engañado. La antigua Caballería Andante fue un juego de niños eternos. El verdadero conflicto, la verdadera guerra, la verdadera amenaza total y terminal contra tu integridad triple se yergue ante ti y te hipnotiza como una cobra cazando a un ratón. La gran amenaza contra el Hombre, es la imagen de ti mismo que proyecta la sociedad de consumo, la industria hi-tech. Los que te hacen creer que ya todo está consumado y ya no te resta sino consumir… y gozar.
Somos Caballeros de la Aurora. Pero no vanidosos hilanderos de bellas imágenes, soberbios de a caballo que miran desde arriba a los de a pié… No. Somos Aristócratas del Sentimiento capaces de doblegar nuestro orgullo por una causa común. La realización del más profundo anhelo del Hombre: la elevación de María como Reina y Señora de toda la Creación. Madre protectora del Hombre de la era atómica y de la Naturaleza (molde integral). Desde lo mineral y vegetal hasta lo animal y lo racional. Desde el aire y la tierra hasta el agua y el fuego. Madre del arco-iris y de todos los procesos que declinan la vida sobre la Tierra. Madre del Hombre de hoy y del Hombre del mañana. Madre de la evolución espiritual del Hombre simbolizada misteriosamente en el morir y renacer de la naturaleza. Somos los Caballeros Cruzados de la Gran Madre. Los Caballeros de la Aurora.
El PRIMER DEBER
El primer deber del Caballero de la Aurora es devenir un artista escultor de la historia. Debe esculpir la historia a partir de sí mismo. Sócrates repetía la máxima délfica: ‘Oh hombre, conócete a ti mismo’. El músico plasma la materia en el tiempo. El escultor modela la piedra, la madera. El pintor crea lo triple en lo binario. Pero el artista de la historia realiza aquello que es el destino cósmico del hombre, inscrito a sangre y fuego en su código genético. Es el artista que modela el espacio y el tiempo tridimensionales al generar el Sentido que ubica al hombre en el universo de cara a la eternidad.
Es un verdadero creador, un genuino artista porque la Cultura es el Arte y el Arte es la Cultura. Genuino arte generado por el juego ritual mediante el cual el Caballero se conoce a sí mismo en tanto que genuina síntesis de la Naturaleza planetaria y cósmica. La historia cósmica de sí mismo.
LA ÚNICA VERDAD
Todas las ideas en el universo son relativas. La única verdad es una Realización (Performance) en cuerpo, alma y espíritu.
EL PENSAMIENTO DIVINO
El pensamiento divino prefiere la subjetividad eterna, el silencio total de las ideas, la no manifestación. Sólo el Hombre, sólo el Arte pueden hacerlo surgir de la noche del alma humana.
EL HOMBRE
El hombre, síntesis de la Gran Naturaleza es el protagonista de un drama cósmico: la creación de sentido.
The Captain
Bananeriano1@gmail.com
[1] Platon, Phédre, Traduction inédite, introduction et notes par Luc Brisson, , Flammarion, Paris, 1992, p. 177-178. Traducción personal al castellano.
[2] Walter Willi, Historia del espíritu en la antigüedad, in, El anhelo fáustico- ensayos, Monte Ávila, Caracas, 1974, p. 25.
[3] Platon, Banquete, Traducción de J. D. García Bacca. Editorial Mediterránea, Madrid, 1968, p. 46-59.
[4] Josephin Peladan, Le secret des troubadours – De Parzifal a Don Quichotte , Caen, KER-YS, 1989, p. 76. Sin traducción al español..
[5] Ibid., p. 83.
[6] Ibid., p. 86.
[7] Prólogo de Cervantes: “Sí, para mí sólo nació Don Quijote, y yo para él. El supo actuar, y yo escribir. Los dos hacemos uno”. Op. Cit., p. 72.
[8] Op. Cit., p. 93.
[9] Su capacidad innata para conjurar con la magia del lenguaje y de la realización (performance) todos los enigmas que la Esfinge le plantee. Esfinge: la eventualidad impredecible.
[10] El Rey Amfortas del Parzifal de Wolfram von Eschembach.

