Tuesday, May 17, 2011

AMANTES DE LA TIERRA



AMANTES DE LA TIERRA

Amantes de la Tierra, hijos de la Gran Madre: un torrente de pasión desbordada guía mi corazón al encuentro de la realidad mítica. ¿Ilusión o realidad? ¿Dónde está la verdad, el hecho real, concreto? ¿Es acaso el hombre un ser neto, acabado, cuya visión del mundo lo haga partícipe, lo una a la realidad del universo? Hermanos, vivimos en la profunda y oscura ilusión de realidad de nuestra imperfecta Civilización Occidental. Ignoramos todo de nosotros mismos y de nuestra naturaleza cósmica. Sí, quizás todo lo que podamos saber es que el universo es un enorme reloj y que nosotros debemos transitar, como el segundero, por ese hermoso cuadrante. Somos seres dobles como aquél Dionisos injertado en el muslo de Zeus. Por eso quizás la realidad nos elude y preferimos la banal seguridad de la palabra impresa, la cacofonía urbana, la confianza en la ciencia que inventó la TV, los aviones jets y los celulares. Pero la realidad, hermanos, es el hilo etérico que une nuestras almas a los confines, los orígenes del universo triple. Es nuestro mundo interior, nuestro sentimiento más noble e ingenuo de amor per se el único garante de nuestra condición de seres reales. Porque Dios, la Última Realidad universal, es el Amor que creó el Cosmos. Por eso la realidad no puede ser impuesta al hombre desde el mundo exterior a su mundo interior. ¡Es el hombre de sentimientos puros, el hombre que ama, el único que conoce y establece la realidad!
Amantes de la Tierra, hijos de la Gran Madre. Debemos despertar del sueño profundo de la ilusión de la más egoísta individualidad. Para ir al encuentro de nuestro sentimiento instintivo más profundo: el de ser hijos de nuestra Madre. La paradoja entre las paradojas es esa duda que nos envuelve cuando oímos hablar de Ella. Ella. Ella es el molde primigenio que formó al hombre en su matriz sagrada a través de la larga noche del tiempo. Cuando el hombre era sólo una bestia recién bajada de las copas de los árboles, su amor materno lo encauzaba poco a poco hacia el amanecer de la conciencia de sí mismo. Desde esa oscura noche el hombre aprendió a adorar el Eterno Femenino pues le daba forma a la misteriosa forma femenina pintándola en la oscuridad de las cavernas y moldeándola con barro y arcilla. Miles de años después aparecieron los cultos de la fecundidad y de pasaje y las entidades femeninas protectoras. Después vinieron los cultos de Misterios hasta que por fin en Egipto amaneció el horizonte luminoso del culto de Ceres Actea. El devoto de Ceres sabía que detrás de ella estaba la realidad espiritual femenina de la Tierra. Por eso se consagraba a ella con la alegría del hijo que adora a su madre.
Pero con el paso del tiempo el hombre cambió. Dejó de comunicar con el espíritu del Universo y su enfoque de la realidad se volvió material, rígido y ciclópeo. Se le olvidó que la realidad universal sólo tiene por hilo conductor el interior de su alma. Engañado por el canto de sirena de la ciencia material y el racionalismo el hombre devino una bestia letal, devoradora insaciable, cortada de la influencia espiritual del universo. Una bestia intelectual que invirtió el orden ontológico del universo triple y que, destruyendo la Tierra, pretende imponer cual demonio su propia pretenciosa ‘realidad’.
Hoy, el atributo físico de esa entidad espiritual femenina, la Tierra, está agonizando. El ser racional a quien ella dio vida la viola y la destruye sin piedad. Pero algunos de sus hijos, aquellos con más sensibilidad, todavía la encuentran en las profundidades de su psique. ¿Quién se levantará para defenderla? ¿Quién rascará las costras de sus ojos, las costras de su vanidad intelectual pseudo-racional? Porque aquello que el hombre llamó mito es el lenguaje más bello jamás creado para comunicar directamente con Dios.