Tuesday, June 28, 2011

El Fin de Una Época 
Las Ideas tanto señalan el fin como heraldan nuevas épocas. Las Ideas son el umbral a través del cual el hombre realiza su destino. Las Ideas son paridas por algunos hombres sensibles y respetuosos de la presencia divina en lo cotidiano. De lo aparentemente banal el “Hombre Mayeutico” (13) extrae el principio de eternidad que conjura la muerte inminente de la naturaleza terrestre: molde del hombre triple.





Signo de una nueva época 
La misa concluye. La bella voz del cura español me arrulla la mente adormilada. De pronto oigo una voz que me interpela directamente: ¿Qué haces, José?; ¿Quo Vadis? En una milésima de segundo de conciencia integral, que es tan intensa y larga como toda mi vida, me doy cuenta que Nuestro Señor – la estatua del Nazareno en la parte central izquierda de la nave- me interpela con una voz tan clara que varias personas presentes en la iglesia la oyen también (como lo constato claramente al salir de la iglesia). Me pregunta a donde me dirijo en mi peligrosa gesta integral de armonía entre el instinto y el intelecto. Con lagrimas en los ojos y el aliento entrecortado por el drama interior que estoy viviendo le respondo: “Me voy con mi madre” – mi madre es el ánima de una antigua sacerdotisa de antiguos Misterios y mi relación con ella es altamente erótica - “Ya no puedo volverme atrás”. Y Él, sin dejar pasar un instante, con el empeño cariñoso de un padre, me responde inmediatamente: “A donde vayas, estaré contigo”. 24 de junio 2011, misa de 5:30 en la Iglesia de la Inmaculada Concepción, El Recreo, Sabana Grande.





El hombre Fáustico 
Tal como dice Leo Strauss en An Introduction to Political Philosophy: ten essays, en The Decline of the West, al final de la Primera Guerra Mundial, Oswald Spengler tomaba como paradigma humano al Fausto de Goethe y la dicotomía clásico/romántico para enfocar y describir la profunda crisis de valores del hombre moderno.
Se creía hasta hace pocas generaciones que el hombre puede distinguir lo bueno de lo malo. Qué es lo justo, lo bueno y cual es el mejor orden social. La crisis moral del hombre actual (romántico/postmoderno) tiene como causa la pérdida de contacto con el mundo espiritual. El mundo moderno, con su ciencia y tecnología y su culto por la palabra impresa y la imagen ha relegado el mundo interior del hombre al nivel de realidad del ensueño y la fantasía. La causa de este declinar imparable de la Cultura Occidental ha sido entonces el coup d’état en el que el signo ha tomado el lugar de la base espiritual de la realidad humana: el Sentido. El signo es el símbolo de la ‘secularización’ –pérdida de fé en la Biblia la cual regía integralmente la vida del hombre antiguo- que transforma la vida de Occidente y convierte la profunda fé bíblica del hombre medieval en lógica racionalista (Nominalismo) y fé en la ciencia positiva. El hombre avanza por sus propios medios hacia un hipotético ‘progreso’- el establecimiento del Paraíso en la tierra- pero en el camino pierde totalmente su alma. Occidente vive hoy un proceso de decadencia integral, una profunda crisis moral y la evidencia más palpable de esto es el relativismo inmoral que impregna tanto a la sociedad como a la vida interior del hombre.





El espíritu humano 
El espíritu humano se deleita en la creación (ciencia, arte, religión o filosofía). Pero el espíritu humano muere con la muerte de la naturaleza planetaria. Porque la Madre del espíritu humano es la Tierra Madre. La bestia intelectual ha impuesto su propia visión del mundo en la que el mito, el instinto, los elementos vivientes en su bella y salvaje espiritualidad elemental (como la misteriosa naturaleza espiritual-elemental del agua), los enigmas del cuerpo, del alma y del espíritu humano sólo poseen el status de fantasía, de rêverie. Los consumidores urbanos actuamos como aquellos habitantes de Pompeya y Herculano disfrutando de la vida en el lujo extremo y salvaje de sus villas y bacanales. Cuando la tierra tiembla y vomita fuego ya nadie puede escapar y aquellos que, hipnotizados de terror observan la nube de fuego que les cae encima, saben que pertenecen ya al mundo de los muertos. El inframundo poblado de depredadores que maltratan y secuestran las almas perdidas para llevarlas a las oscuras regiones inferiores. El Reino de los Muertos cuya reina es la hija perdida de Deméter: Perséfone/Proserpina, la esposa del rey de las tinieblas Hades/Pluto, hermano de Zeus. ¿Fantasía, ilusión o realidad? Las antiguas divinidades del mundo pre-cristiano aseguraban la feliz coexistencia entre las bestias intelectuales y el medio ambiente. En ese mundo no existía el trauma de la producción de energía, no había submarinos ni centrales nucleares desvencijados. No había inflación, deflación ni cuotas de contaminación para países obsesionados con sus “niveles de desarrollo” léase ‘asesinato programado del ambiente planetario’. Las antiguas divinidades de la Madre Tierra tenían como función educar al hombre y enseñarle a rendirle culto a los principios generativos que establecen el sano desarrollo de las especies naturales y los reinos de la naturaleza. Porque el hombre dependía de ellos. Hoy estamos destruyendo la base misma de ese sustento con la tala, quema, híper-polución y completo desdén por la belleza de la naturaleza. Todos esos dioses todavía están esperando ver regresar al hombre a los derruidos templos cubiertos de raíces de arboles, de hiedra, de musgo y de enredaderas. Todavía esperan la ofrenda que significa el sacrificio de la intelectualidad desmedida y destructiva de la bestia humana.
Por lo general, las divinidades más antiguas de la Tierra, tal como puede leerse de sus genealogías que se pierden en la noche de los tiempos, son seres espirituales vivientes y, al igual que la misma entidad humana, en proceso ininterrumpido de desarrollo. Generalmente su origen neolítico y hasta paleolítico las entronca con los más antiguos cultos agrarios y de fecundidad o fertilidad de la Tierra.





Mundo interior
 Conversacion con la entidad terrestre que me dió el alma de mi madre, la sacerdotisa Diótima, como Daïmon socrático: "¿Harán falta Señora dos capillas separadas, una para Vos y otra para María? Y Ella me respondió: Sólo una será necesaria porque yo soy el subconsciente de María."




El hombre debe volver a valorar su mundo interior: ventana abierta hacia el Espíritu. Sólo así puede algún día performar, realizar el Misterio de sí mismo. El Misterio que lleva marcado a fuego desde el principio de su purgatorio evolutivo, desde la animalidad invertebrada hasta la expansión intelectual de su flamante neocortex. Porque el hombre en tanto que animal racional conoce la realidad espiritual y comulga de la universalidad – los principios universales que rigen la vida-, pero a un nivel inconsciente. El Misterio de sí mismo es para el hombre la coronación de una entidad espiritual femenina, la Tierra, personificada en María, como Reina y Madre arquetipal de todo lo creado y 'abogada de los pecadores'(mediadora entre el Cielo y la tierra). Cuando oímos que María fue concebida sin pecado original entendemos que es una entidad terrestre porque está por encima de todo lo humano racional y animal. Cuando oímos que María es la Inmaculada Concepción entendemos que Dios la ha erigido como faro, como horizonte espiritual para un hombre perdido en el océano de la incertidumbre, un hombre que no distingue el Bien del Mal, un ‘hombre masa’ listo a desbocar sus pasiones al primer toque de rebato de las potencias destructivas que rigen el mundo moderno y que lo conducen, a él y a la naturaleza terrestre, a la más absoluta degradación.
María – oh Misterio divino oculto bajo la luz del Sol- es la Madre Tierra en su aspecto más espiritual. Tal como Demeter fue y sigue siendo la Tierra Madre en su aspecto más físico y anímico. En María está asegurado el destino final de la raza humana. El sagrado templo en donde el hombre Fàustico corona a María como Reina Madre del hombre y de todos los principios generativos de la naturaleza terrestre es el fondo más oscuro de su alma. Porque lo que el hombre debe realizar es una expresión de su más oscura naturaleza animal, el instinto, elevado esta vez a las alturas luminosas, centelleantes, de su nueva conciencia espiritual de ser eterno y creador, realizador de su propia realidad espiritual, de su eterna dignidad de hombre libre, creador de sí mismo.

Sunday, June 19, 2011

Eterno Femenino espiritual
La vida con sus manifestaciones en los reinos de la Naturaleza es un círculo donde lo espiritual, lo Único, se une a lo material, lo multiple. Por eso todas las mujeres (mundo racional) son los reflejos inconscientes e inefables, en su diversidad y belleza individuales, del Eterno Femenino, el cual a un nivel mayor de complejidad es la Tierra misma. La Gran Madre. La Madre Tierra. Este poema es para Ella.


Mujer, oh puente de vida
Oh extraño silencio que viene de afuera
Desde la frontera del Amor eterno, do vibra la esfera
Y un coro de ángeles vuelan en un sueño.

Mujer, eterna diadema que tejió mi cuerpo
En la noche eterna de todas las almas
Fuente de pasión, vida y de esperanza
Puente de la Aurora en la noche santa.

Oh dulce misterio que como Dionisos
Me haces ascender en el éter aureo
Para aprisionarme en el magma ardiente
De tu cuerpo ígneo y tu amor volcánico.

Cual niña celeste te ornas de Aire,
De Fuego, de Tierra, de colores falsos,
Y un vano deseo se esboza en tus gestos
Y un rayo de Luna te besa en los labios.

Bóveda celeste de mil paradojas
Do baila Demeter en su azul horario
Las doce estaciones del zodiaco fausto
¡Brilla tu lucero en el Seno Lácteo!

Mi madre, mi amante, mi hija y tu alma
Son del universo la sutil fragancia
Radiación de vida en el Jardín de Infancia
Que teje la fibra del cuerpo y las almas.

Oh luz de consuelo, oh Jardín de Rosas
Que ilumina el suelo de los caminantes
De aquellos que buscan un alba radiante
En el Puente Eterno de Fausto y del Dante.

Wednesday, June 01, 2011

La Gesta contra los Destructores de la Tierra
El hombre es capaz de todo por sobrevivir

ENERGÍA y PROGRESO
Para el racionalista comodón que es el hombre de hoy no existe una relación intrínseca con la naturaleza. Su mirada se centra en el devenir y en el futuro inmediato: de la mano de ese 'progreso' que nace del horno llameante en donde se consume la energía limitada de la Tierra.
Pero una simple mirada a su propio cuerpo le muestra la evidencia. Su cuerpo es un complejo edificio habitado por un solo inquilino: su alma. Ese edificio tan especial no siempre fue la suite que hoy es. Cima del iceberg de un proceso evolutivo que comenzó hace cientos de millones de años, en medio de cataclismos de hornos primigenios, mares sulfurosas y supertormentas eléctricas. La larga metamorfosis comenzó en una lucha salvaje por la supervivencia del más fuerte. [A través de diferentes niveles de complejidad celular y de adaptación al medio ambiente.]
Esa puesta a punto del instrumento del alma humana apenas comienza ahora porque el destino del hombre es como el del universo: unir el principio al fin. Para eso es necesario que la Tierra continúe jugando el rol del molde original del fenómeno humano. Ahora, cuando la inteligencia desarrollada por el animal racional pone en peligro el gran designio cósmico que es el destino de la entidad humana. Cegado por la inexorable lógica de los sentidos y de la materia, el hombre de hoy desdeña la naturaleza espiritual de los elementos que originaron la vida de los reinos naturales. En la noche de los tiempos. Ese hombre ha perdido la sensibilidad ante lo esencial y sólo percibe lo material. Detrás de todo fenómeno físico se esconde una causalidad espiritual a la cual la lógica racional no tiene acceso en línea recta. Por eso la sociedad humana, la sociedad de consumo global apuesta hoy por la destrucción del planeta. Para su visión de cíclope soberbio la Tierra no es sino un saco lleno de materia inerte esperando por ser convertido en energía.
Energía y progreso humano. Progreso que no salva a nuestro mundo del deterioro y la degradación terminal. Todos los mecanismos homeostáticos que preservan la vida de los delicados eslabones de la gran cadena dependen del equilibrio climático. El aliento de la Tierra.
Hoy sabemos que las superpotencias, en su ciego deseo de lograr el utópico desarrollo en lo exterior material y no en el interior del hombre, continuamente defecan cientos de miles de toneladas de sustancias contaminantes en la atmósfera terrestre. Ella son las grandes responsables de los desastres climáticos que expresan la agonía de la naturaleza. Desastres que están cambiando la faz de la Tierra.
Al hombre respetuoso de Dios sólo le queda unirse en un solo bloque de inamovible oposición contra los destructores de la Tierra.

Un mundo despiadado
Y que tan inminente es ese peligro? Entre la agresión ambiental y la corrosión final hay un lapso de tiempo de varios quinquenios o decenios. Entre la causa y su efecto media un espacio de tiempo que hace posible el sofisma y la ambigüedad. Pero el destino final al que todos seremos confrontados más temprano que tarde es tan horrible como una pesadilla de sádico. Porque las costas desaparecerán, las cosechas serán destruidas, el hambre la sed y la irracionalidad se apoderarán de la vida humana, la lógica del más fuerte, la lógica de la guerra volverá a ocupar su trono perdido. Ese es el mundo que le estamos preparando a la siguiente generación. Un mundo violento y despiadado que nunca debió existir pero que es el destino inexorable de nuestros hijos y nuestros nietos.
Pero todavía el hombre puede hacer abortar el proceso que lleva a la raza humana al determinismo de la violencia cerval en el deterioro terminal del ambiente. Como siempre no es algo nuevo, no es progreso Hi-Tech sino algo inscrito en su código genético, algo innato.

EXISTIÓ UNA ÉPOCA
Existió una época en la que el misterio manifiesto de la naturaleza, el cotidiano del día y de la noche y de la fibra irisada de los elementos, era para el hombre como la presencia inmediata de Dios. El hombre adoraba la naturaleza en sus múltiples, impredecibles y salvajes manifestaciones. Como si ese despliegue gigantesco de belleza inefable fuera la expresión de su divina voluntad y de su misteriosa presencia.
Durante grandes espacios de tiempo el hombre vivió con ese sentimiento instintivo dando por cierto aquello que para una inteligencia racional sería motivo de desdén. Pero el alba neblinoso de la Razón al fin llegó. La ingenuidad instintiva de aquellos hombres del Paleolítico y del Neolítico fue desapareciendo poco a poco hasta que fue confinada y segregada en una sola categoría humana: la de los Piaches y bardos, los poetas y sacerdotes. Mientras el común del pueblo llano era modelado formalmente por un riguroso racionalismo en la ardua forja de la causa y del efecto, los piaches y los bardos guardaban celosamente los últimos fragmentos de la sabiduría instintiva del animal racional. De ese acervo cultural mítico –la experiencia vivida del alma humana en el limes (frontera) del instinto puro y la conciencia racional- surgieron las grandes leyendas, mitos fundadores y síntesis cosmológicas de la humanidad. Entre esas leyendas destaca el mito de Isis y Osiris, el cual deviene posteriormente mito de Deméter cuando es llevado a Grecia.

¿Por qué los cristianos deben proteger la Tierra?
Los católicos están obligados a velar y proteger la fuente de vida que es la naturaleza. María, Madre de Dios preside sobre ella mucho más que simbólicamente. Porque la Madre del Espíritu es la raíz misma del Árbol de la Vida. María es integración armónica de la vida desde el origen de los elementos hasta la eterna trascendencia en el espíritu cósmico que es la herencia prometida a todos sus hijos. Por eso preside sobre la naturaleza generativa de la Tierra. Una naturaleza generativa cuya cúspide esencial es Jesucristo. Dicho en otras palabras, el espíritu de Jesucristo es la síntesis de esa materia cósmica -supuestamente inerte- llamada Tierra. A través del Misterio cristiano una nueva vía que conduce a la eternidad se le ha abierto al hombre. La Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo es como una flor que adorna la planta misteriosa de todos los simbolismos que nacen de la vida y resurrección de los reinos naturales. Simbolismo triple que en su perenne belleza ha fecundado el alma y la imaginación creadora de todos los hombres. Todo ese simbolismo que habla de dos mundos unidos y opuestos a la vez, sólo ha podido surgir de una naturaleza sana.
Ahora los cristianos desdeñan la fuente misma del Misterio cristiano cuando con gesto desdeñoso bostezan ante la degradación terminal de océanos, ríos, bosques y selvas. Ante la extinción de animales salvajes cuyo hábitat ya no existe, destruido por la gula codiciosa de los grandes industriales de la madera y de la construcción. Pero ya no es posible alegar confusión o falta de información. Todos sabemos que nosotros, la sociedad de consumo global, somos complices en el deterioro terminal de la naturaleza planetaria. La estamos convirtiendo en humo y polvo en el altar de nuestra idólatra obsesión por el placer, el confort, el 'progreso'.