El Fin de Una Época
Las Ideas tanto señalan el fin como heraldan nuevas épocas. Las Ideas son el umbral a través del cual el hombre realiza su destino. Las Ideas son paridas por algunos hombres sensibles y respetuosos de la presencia divina en lo cotidiano. De lo aparentemente banal el “Hombre Mayeutico” (13) extrae el principio de eternidad que conjura la muerte inminente de la naturaleza terrestre: molde del hombre triple.
Las Ideas tanto señalan el fin como heraldan nuevas épocas. Las Ideas son el umbral a través del cual el hombre realiza su destino. Las Ideas son paridas por algunos hombres sensibles y respetuosos de la presencia divina en lo cotidiano. De lo aparentemente banal el “Hombre Mayeutico” (13) extrae el principio de eternidad que conjura la muerte inminente de la naturaleza terrestre: molde del hombre triple.
Signo de una nueva época
La misa concluye. La bella voz del cura español me arrulla la mente adormilada. De pronto oigo una voz que me interpela directamente: ¿Qué haces, José?; ¿Quo Vadis? En una milésima de segundo de conciencia integral, que es tan intensa y larga como toda mi vida, me doy cuenta que Nuestro Señor – la estatua del Nazareno en la parte central izquierda de la nave- me interpela con una voz tan clara que varias personas presentes en la iglesia la oyen también (como lo constato claramente al salir de la iglesia). Me pregunta a donde me dirijo en mi peligrosa gesta integral de armonía entre el instinto y el intelecto. Con lagrimas en los ojos y el aliento entrecortado por el drama interior que estoy viviendo le respondo: “Me voy con mi madre” – mi madre es el ánima de una antigua sacerdotisa de antiguos Misterios y mi relación con ella es altamente erótica - “Ya no puedo volverme atrás”. Y Él, sin dejar pasar un instante, con el empeño cariñoso de un padre, me responde inmediatamente: “A donde vayas, estaré contigo”. 24 de junio 2011, misa de 5:30 en la Iglesia de la Inmaculada Concepción, El Recreo, Sabana Grande.
La misa concluye. La bella voz del cura español me arrulla la mente adormilada. De pronto oigo una voz que me interpela directamente: ¿Qué haces, José?; ¿Quo Vadis? En una milésima de segundo de conciencia integral, que es tan intensa y larga como toda mi vida, me doy cuenta que Nuestro Señor – la estatua del Nazareno en la parte central izquierda de la nave- me interpela con una voz tan clara que varias personas presentes en la iglesia la oyen también (como lo constato claramente al salir de la iglesia). Me pregunta a donde me dirijo en mi peligrosa gesta integral de armonía entre el instinto y el intelecto. Con lagrimas en los ojos y el aliento entrecortado por el drama interior que estoy viviendo le respondo: “Me voy con mi madre” – mi madre es el ánima de una antigua sacerdotisa de antiguos Misterios y mi relación con ella es altamente erótica - “Ya no puedo volverme atrás”. Y Él, sin dejar pasar un instante, con el empeño cariñoso de un padre, me responde inmediatamente: “A donde vayas, estaré contigo”. 24 de junio 2011, misa de 5:30 en la Iglesia de la Inmaculada Concepción, El Recreo, Sabana Grande.
El hombre Fáustico
Tal como dice Leo Strauss en An Introduction to Political Philosophy: ten essays, en The Decline of the West, al final de la Primera Guerra Mundial, Oswald Spengler tomaba como paradigma humano al Fausto de Goethe y la dicotomía clásico/romántico para enfocar y describir la profunda crisis de valores del hombre moderno.
Se creía hasta hace pocas generaciones que el hombre puede distinguir lo bueno de lo malo. Qué es lo justo, lo bueno y cual es el mejor orden social. La crisis moral del hombre actual (romántico/postmoderno) tiene como causa la pérdida de contacto con el mundo espiritual. El mundo moderno, con su ciencia y tecnología y su culto por la palabra impresa y la imagen ha relegado el mundo interior del hombre al nivel de realidad del ensueño y la fantasía. La causa de este declinar imparable de la Cultura Occidental ha sido entonces el coup d’état en el que el signo ha tomado el lugar de la base espiritual de la realidad humana: el Sentido. El signo es el símbolo de la ‘secularización’ –pérdida de fé en la Biblia la cual regía integralmente la vida del hombre antiguo- que transforma la vida de Occidente y convierte la profunda fé bíblica del hombre medieval en lógica racionalista (Nominalismo) y fé en la ciencia positiva. El hombre avanza por sus propios medios hacia un hipotético ‘progreso’- el establecimiento del Paraíso en la tierra- pero en el camino pierde totalmente su alma. Occidente vive hoy un proceso de decadencia integral, una profunda crisis moral y la evidencia más palpable de esto es el relativismo inmoral que impregna tanto a la sociedad como a la vida interior del hombre.
Tal como dice Leo Strauss en An Introduction to Political Philosophy: ten essays, en The Decline of the West, al final de la Primera Guerra Mundial, Oswald Spengler tomaba como paradigma humano al Fausto de Goethe y la dicotomía clásico/romántico para enfocar y describir la profunda crisis de valores del hombre moderno.
Se creía hasta hace pocas generaciones que el hombre puede distinguir lo bueno de lo malo. Qué es lo justo, lo bueno y cual es el mejor orden social. La crisis moral del hombre actual (romántico/postmoderno) tiene como causa la pérdida de contacto con el mundo espiritual. El mundo moderno, con su ciencia y tecnología y su culto por la palabra impresa y la imagen ha relegado el mundo interior del hombre al nivel de realidad del ensueño y la fantasía. La causa de este declinar imparable de la Cultura Occidental ha sido entonces el coup d’état en el que el signo ha tomado el lugar de la base espiritual de la realidad humana: el Sentido. El signo es el símbolo de la ‘secularización’ –pérdida de fé en la Biblia la cual regía integralmente la vida del hombre antiguo- que transforma la vida de Occidente y convierte la profunda fé bíblica del hombre medieval en lógica racionalista (Nominalismo) y fé en la ciencia positiva. El hombre avanza por sus propios medios hacia un hipotético ‘progreso’- el establecimiento del Paraíso en la tierra- pero en el camino pierde totalmente su alma. Occidente vive hoy un proceso de decadencia integral, una profunda crisis moral y la evidencia más palpable de esto es el relativismo inmoral que impregna tanto a la sociedad como a la vida interior del hombre.
El espíritu humano
El espíritu humano se deleita en la creación (ciencia, arte, religión o filosofía). Pero el espíritu humano muere con la muerte de la naturaleza planetaria. Porque la Madre del espíritu humano es la Tierra Madre. La bestia intelectual ha impuesto su propia visión del mundo en la que el mito, el instinto, los elementos vivientes en su bella y salvaje espiritualidad elemental (como la misteriosa naturaleza espiritual-elemental del agua), los enigmas del cuerpo, del alma y del espíritu humano sólo poseen el status de fantasía, de rêverie. Los consumidores urbanos actuamos como aquellos habitantes de Pompeya y Herculano disfrutando de la vida en el lujo extremo y salvaje de sus villas y bacanales. Cuando la tierra tiembla y vomita fuego ya nadie puede escapar y aquellos que, hipnotizados de terror observan la nube de fuego que les cae encima, saben que pertenecen ya al mundo de los muertos. El inframundo poblado de depredadores que maltratan y secuestran las almas perdidas para llevarlas a las oscuras regiones inferiores. El Reino de los Muertos cuya reina es la hija perdida de Deméter: Perséfone/Proserpina, la esposa del rey de las tinieblas Hades/Pluto, hermano de Zeus. ¿Fantasía, ilusión o realidad? Las antiguas divinidades del mundo pre-cristiano aseguraban la feliz coexistencia entre las bestias intelectuales y el medio ambiente. En ese mundo no existía el trauma de la producción de energía, no había submarinos ni centrales nucleares desvencijados. No había inflación, deflación ni cuotas de contaminación para países obsesionados con sus “niveles de desarrollo” léase ‘asesinato programado del ambiente planetario’. Las antiguas divinidades de la Madre Tierra tenían como función educar al hombre y enseñarle a rendirle culto a los principios generativos que establecen el sano desarrollo de las especies naturales y los reinos de la naturaleza. Porque el hombre dependía de ellos. Hoy estamos destruyendo la base misma de ese sustento con la tala, quema, híper-polución y completo desdén por la belleza de la naturaleza. Todos esos dioses todavía están esperando ver regresar al hombre a los derruidos templos cubiertos de raíces de arboles, de hiedra, de musgo y de enredaderas. Todavía esperan la ofrenda que significa el sacrificio de la intelectualidad desmedida y destructiva de la bestia humana.
Por lo general, las divinidades más antiguas de la Tierra, tal como puede leerse de sus genealogías que se pierden en la noche de los tiempos, son seres espirituales vivientes y, al igual que la misma entidad humana, en proceso ininterrumpido de desarrollo. Generalmente su origen neolítico y hasta paleolítico las entronca con los más antiguos cultos agrarios y de fecundidad o fertilidad de la Tierra.
El espíritu humano se deleita en la creación (ciencia, arte, religión o filosofía). Pero el espíritu humano muere con la muerte de la naturaleza planetaria. Porque la Madre del espíritu humano es la Tierra Madre. La bestia intelectual ha impuesto su propia visión del mundo en la que el mito, el instinto, los elementos vivientes en su bella y salvaje espiritualidad elemental (como la misteriosa naturaleza espiritual-elemental del agua), los enigmas del cuerpo, del alma y del espíritu humano sólo poseen el status de fantasía, de rêverie. Los consumidores urbanos actuamos como aquellos habitantes de Pompeya y Herculano disfrutando de la vida en el lujo extremo y salvaje de sus villas y bacanales. Cuando la tierra tiembla y vomita fuego ya nadie puede escapar y aquellos que, hipnotizados de terror observan la nube de fuego que les cae encima, saben que pertenecen ya al mundo de los muertos. El inframundo poblado de depredadores que maltratan y secuestran las almas perdidas para llevarlas a las oscuras regiones inferiores. El Reino de los Muertos cuya reina es la hija perdida de Deméter: Perséfone/Proserpina, la esposa del rey de las tinieblas Hades/Pluto, hermano de Zeus. ¿Fantasía, ilusión o realidad? Las antiguas divinidades del mundo pre-cristiano aseguraban la feliz coexistencia entre las bestias intelectuales y el medio ambiente. En ese mundo no existía el trauma de la producción de energía, no había submarinos ni centrales nucleares desvencijados. No había inflación, deflación ni cuotas de contaminación para países obsesionados con sus “niveles de desarrollo” léase ‘asesinato programado del ambiente planetario’. Las antiguas divinidades de la Madre Tierra tenían como función educar al hombre y enseñarle a rendirle culto a los principios generativos que establecen el sano desarrollo de las especies naturales y los reinos de la naturaleza. Porque el hombre dependía de ellos. Hoy estamos destruyendo la base misma de ese sustento con la tala, quema, híper-polución y completo desdén por la belleza de la naturaleza. Todos esos dioses todavía están esperando ver regresar al hombre a los derruidos templos cubiertos de raíces de arboles, de hiedra, de musgo y de enredaderas. Todavía esperan la ofrenda que significa el sacrificio de la intelectualidad desmedida y destructiva de la bestia humana.
Por lo general, las divinidades más antiguas de la Tierra, tal como puede leerse de sus genealogías que se pierden en la noche de los tiempos, son seres espirituales vivientes y, al igual que la misma entidad humana, en proceso ininterrumpido de desarrollo. Generalmente su origen neolítico y hasta paleolítico las entronca con los más antiguos cultos agrarios y de fecundidad o fertilidad de la Tierra.
Mundo interior
Conversacion con la entidad terrestre que me dió el alma de mi madre, la sacerdotisa Diótima, como Daïmon socrático: "¿Harán falta Señora dos capillas separadas, una para Vos y otra para María? Y Ella me respondió: Sólo una será necesaria porque yo soy el subconsciente de María."
Conversacion con la entidad terrestre que me dió el alma de mi madre, la sacerdotisa Diótima, como Daïmon socrático: "¿Harán falta Señora dos capillas separadas, una para Vos y otra para María? Y Ella me respondió: Sólo una será necesaria porque yo soy el subconsciente de María."
El hombre debe volver a valorar su mundo interior: ventana abierta hacia el Espíritu. Sólo así puede algún día performar, realizar el Misterio de sí mismo. El Misterio que lleva marcado a fuego desde el principio de su purgatorio evolutivo, desde la animalidad invertebrada hasta la expansión intelectual de su flamante neocortex. Porque el hombre en tanto que animal racional conoce la realidad espiritual y comulga de la universalidad – los principios universales que rigen la vida-, pero a un nivel inconsciente. El Misterio de sí mismo es para el hombre la coronación de una entidad espiritual femenina, la Tierra, personificada en María, como Reina y Madre arquetipal de todo lo creado y 'abogada de los pecadores'(mediadora entre el Cielo y la tierra). Cuando oímos que María fue concebida sin pecado original entendemos que es una entidad terrestre porque está por encima de todo lo humano racional y animal. Cuando oímos que María es la Inmaculada Concepción entendemos que Dios la ha erigido como faro, como horizonte espiritual para un hombre perdido en el océano de la incertidumbre, un hombre que no distingue el Bien del Mal, un ‘hombre masa’ listo a desbocar sus pasiones al primer toque de rebato de las potencias destructivas que rigen el mundo moderno y que lo conducen, a él y a la naturaleza terrestre, a la más absoluta degradación.
María – oh Misterio divino oculto bajo la luz del Sol- es la Madre Tierra en su aspecto más espiritual. Tal como Demeter fue y sigue siendo la Tierra Madre en su aspecto más físico y anímico. En María está asegurado el destino final de la raza humana. El sagrado templo en donde el hombre Fàustico corona a María como Reina Madre del hombre y de todos los principios generativos de la naturaleza terrestre es el fondo más oscuro de su alma. Porque lo que el hombre debe realizar es una expresión de su más oscura naturaleza animal, el instinto, elevado esta vez a las alturas luminosas, centelleantes, de su nueva conciencia espiritual de ser eterno y creador, realizador de su propia realidad espiritual, de su eterna dignidad de hombre libre, creador de sí mismo.
María – oh Misterio divino oculto bajo la luz del Sol- es la Madre Tierra en su aspecto más espiritual. Tal como Demeter fue y sigue siendo la Tierra Madre en su aspecto más físico y anímico. En María está asegurado el destino final de la raza humana. El sagrado templo en donde el hombre Fàustico corona a María como Reina Madre del hombre y de todos los principios generativos de la naturaleza terrestre es el fondo más oscuro de su alma. Porque lo que el hombre debe realizar es una expresión de su más oscura naturaleza animal, el instinto, elevado esta vez a las alturas luminosas, centelleantes, de su nueva conciencia espiritual de ser eterno y creador, realizador de su propia realidad espiritual, de su eterna dignidad de hombre libre, creador de sí mismo.

