TO DO SOMETHING!
Llevaba a Adamanta en el pecho como pude constatarlo por la forma en que este reverberaba al influjo de ciertas emociones. Era la Misa de Nuestra Señora del Carmen, a la que asistí por casualidad. En efecto, sólo voy a misa los sábados. Cuando me coloqué en mi ángulo favorito de la Iglesia y vi la imagen de la Virgen del Carmen en el lado izquierdo de la nave, sentí que algo extraordinario podía ocurrir (como el 1-7-2011 pasado). Una voz interior que no era la mía me dijo: “Se dirigirá a ti en su momento”. En realidad Nuestra Señora no se dirigió a mí sino a mi Hada británica. Esto es lo que ella me refirió de su conversación con la Virgen al amanecer del día siguiente: “I am very glad you came here together with your lover because you are witnessing the final agony of our planet. Anything you can do will be very appreciated.” Iglesia de la Inmaculada Concepción de Sábana Grande; 5:10 PM, 16-7-2011.
Llevaba a Adamanta en el pecho como pude constatarlo por la forma en que este reverberaba al influjo de ciertas emociones. Era la Misa de Nuestra Señora del Carmen, a la que asistí por casualidad. En efecto, sólo voy a misa los sábados. Cuando me coloqué en mi ángulo favorito de la Iglesia y vi la imagen de la Virgen del Carmen en el lado izquierdo de la nave, sentí que algo extraordinario podía ocurrir (como el 1-7-2011 pasado). Una voz interior que no era la mía me dijo: “Se dirigirá a ti en su momento”. En realidad Nuestra Señora no se dirigió a mí sino a mi Hada británica. Esto es lo que ella me refirió de su conversación con la Virgen al amanecer del día siguiente: “I am very glad you came here together with your lover because you are witnessing the final agony of our planet. Anything you can do will be very appreciated.” Iglesia de la Inmaculada Concepción de Sábana Grande; 5:10 PM, 16-7-2011.
Toda una civilización de la muerte que atenta contra…la vida eterna que nace del amor divino: el espíritu humano. Toda una idiosincrasia, una visión del mundo individual y colectiva basada en la libertad individual, la independencia tanto de la sociedad como de las leyes naturales. El ego, el amor propio de la ‘persona’ no conoce ni lealtades ni compromisos que no sean con su propia satisfacción y se ríe de las vicisitudes que atañen la salud del medio ambiente en el que nació y se desarrolló su terrible egoísmo, su corrosiva intelectualidad y su conciencia de ser cruelmente independiente.
Este drama terrible lo tienen que vivir -avatares del Drama Cósmico- un puñado de hombres y mujeres conscientes de la agonía de la Tierra. La Tierra en tanto que entidad espiritual, no un bloque de materia estelar flotando en el cosmos. Un ser espiritual, una hermosa doncella celeste, una criatura divina invisible a los ojos de los soberbios racionalistas pero sensible al mero tacto de aquellos que guardan intacta la ingenuidad de su espíritu. Mientras el común, el Sancho Panza Hi-Tech disfruta su insensible, embrutecido letargo pensándose a sí mismo como la cima y el tope de la Creación.
¡Oh, diosesº, clama el hombre de pensamiento mítico, que cruel es para mí ocupar el puesto reservado al testigo impotente de la muerte del espíritu humano, en la desidia terminal y homicida de la conciencia extraviada de esta humanidad descarriada y suicida!
Pero todavía yo puedo hacer algo. Contar mi historia, mi experiencia personal de ingenuo buscador de oro. Mi aventura personal en este mundo mágico en el que nací, me desarrollé y tomé conciencia 1) de mi máscara social, mi ‘persona’: la terrible intelectualidad que me separa del afecto por los demás, a quienes de facto considero como sustituibles, desechables, y 2) de la naturaleza planetaria como generoso, gratuito molde integral de esa oscura máscara.
Mi aventura personal en este mundo mágico –sí, mágico por el simple hecho de ser triple: físico, anímico y espiritual como todo en el infinito universo- se llama Diótima Adamanta, el alma de una mujer, una gran artista dramática que nació en el siglo XX y murió en Inglaterra en el siglo XXI . Desde que ella llegó a mi vida a través de las inextricables vías que manifiestan la incognoscible voluntad de Dios, mi vida cambió. Como la tormenta de verano que de la más oscura sombra hace surgir el esplendor vital del arco-iris. Nunca volví a ser el mismo. Gracias a ella.
Recuerdo como comenzó todo, aquella noche de abril de este año 2011 cuando finalmente –después de terminar de arreglar la cocina de mi casa, lavando platos y ollas, etc- me dispuse a ver el Torrent que había acabado de bajar unos días antes. Estaba muy contento porque se había completado en un tiempo aceptable para ese tipo de película. Unas 4 o 6 horas. La película poseía varios atractivos para mí y entre ellos el más importante era su mensaje: el hombre libre nunca debe renunciar a su dignidad. Entonces me acomodé en mi silla de asiento de madera –oh cuan dura- y en medio de la penumbra de la habitación a oscuras, yo como único espectador comencé a ver un maravilloso testimonio de época, ajeno a la filosofía comercial actual: libre de sexo, violencia, crueldad gratuita y culto por la gráfica estupidez humana. Pronto vi aparecer a la mujer de mis más profundos sueños. Su belleza era propiamente extraterrestre. Al observarla por primera vez en mi vida no me di cuenta de que, desde ese preciso instante en que mis pupilas se clavaron en su humanidad, me enamoré perdidamente de ella. Era como una droga que penetraba en mi ser lentamente, como si sólo fuera agua. No sabía todavía el volcán de pasión, el Krakatoa y Santorín que se me venía encima y que me iba a llevar de la exultación a la más oscura depresión a lo largo de los tres meses siguientes. Sólo mi formación, mi cultura religiosa, mi devoción mariana iba a salvarme del más paradójico conflicto que un hombre pueda imaginarse. Porque, me decía, exaltado como Don Quijote por su impactante belleza, no podía haber en el ancho mundo una mujer más hermosa que ella. Su belleza transportándome ipso facto a la eternidad, el Caballero Andante que latía en mí sabía que había encontrado a la Dulcinea eterna, la hermosísima doncella universal capaz de transmutarme con un solo parpadeo de sus ojos hechiceros en un Fausto en busca de la eternidad, en la Belleza de Helena de Troya.
A las 3 de la mañana acabé de verlo todo. El aire fuera de esa habitación estaba muy frio. Apagué la computadora y me abrigué antes de salir del cuarto. Aseguré la piedra en la puerta del pasillo, apagué las luces de la cocina y me dirigí a mi cuarto, el cuarto de servicio de la casa, contiguo a la cocina.
En medio del desorden de mi pequeña chambre de bonne, con las paredes abarrotadas de cajas de modelos a escala (de tanques de guerra, aviones, vehículos, etc) libros polvorientos y cantidad de papeles y notas por el suelo, logré despejar mi cama/mesa de todos esos objetos y poniéndolos en el suelo me quité la ropa y me acosté. Con un largo suspiro de satisfacción. Como a eso de las 4 de la mañana un extraño ruido de gas a presión y peculiares trepidaciones gastrointestinales ajenas a mi humanidad, me despertó. Tanto que me quité el paño verde que aseguraba la total penumbra de mis ojos para ver que estaba pasando. En verdad algo estaba literalmente pasando y posando a la altura de mi estómago y frente a mi cara. Veo una extraña nube de humo blanco con algunos tonos grises como si ahí mismito acabara de explotar un petardo chino. Jamás había visto algo parecido. Me recuerda al instante las fotografías de los restos de novas o supernovas tomadas por grandes telescopios, estrellas cuyos últimos vestigios son sendas cáscaras de humo y largas volutas despelucadas flotando en la noche eterna del infinito universo. Tambien me hace recordar las ilustraciones del origen cosmogónico de la Tierra: su fase primigenia de aglutinación del remolino primordial. Pero inmediatamente me doy cuenta de que estoy viendo el alma de un ser humano. En el extremo superior derecho de esa masa esferoide de humo acierto a discernir la cara de una persona presa de la mas paralizante enfermedad, inmóvil, vulnerable, con la boca abierta en un rictus de total inconsciencia; con los ojos cerrados. Sus rasgos están de alguna manera como comprimidos y simplificados como los de un feto. Me doy cuenta de que es el alma de algún artista de la película que acabo de ver. El alma de alguna persona frívola y de vida disipada –tipo Hollywood- de esas que terminan sus vidas en una más que eterna borrachera, me digo con un gesto de reproche. La veo y la reveo, hasta que me canso. Decido abstraerme de este extraño suceso que flota sobre el espacio-tiempo de mi vida nocturna y frente a mis narices. ¿Porque no tengo a nadie con quien comentarlo? ¿Porque estoy solo conmigo mismo y puede ser una ilusión? Porque estoy cansado, tengo sueño y no quiero saber más nada del asunto.
A las 3 de la mañana acabé de verlo todo. El aire fuera de esa habitación estaba muy frio. Apagué la computadora y me abrigué antes de salir del cuarto. Aseguré la piedra en la puerta del pasillo, apagué las luces de la cocina y me dirigí a mi cuarto, el cuarto de servicio de la casa, contiguo a la cocina.
En medio del desorden de mi pequeña chambre de bonne, con las paredes abarrotadas de cajas de modelos a escala (de tanques de guerra, aviones, vehículos, etc) libros polvorientos y cantidad de papeles y notas por el suelo, logré despejar mi cama/mesa de todos esos objetos y poniéndolos en el suelo me quité la ropa y me acosté. Con un largo suspiro de satisfacción. Como a eso de las 4 de la mañana un extraño ruido de gas a presión y peculiares trepidaciones gastrointestinales ajenas a mi humanidad, me despertó. Tanto que me quité el paño verde que aseguraba la total penumbra de mis ojos para ver que estaba pasando. En verdad algo estaba literalmente pasando y posando a la altura de mi estómago y frente a mi cara. Veo una extraña nube de humo blanco con algunos tonos grises como si ahí mismito acabara de explotar un petardo chino. Jamás había visto algo parecido. Me recuerda al instante las fotografías de los restos de novas o supernovas tomadas por grandes telescopios, estrellas cuyos últimos vestigios son sendas cáscaras de humo y largas volutas despelucadas flotando en la noche eterna del infinito universo. Tambien me hace recordar las ilustraciones del origen cosmogónico de la Tierra: su fase primigenia de aglutinación del remolino primordial. Pero inmediatamente me doy cuenta de que estoy viendo el alma de un ser humano. En el extremo superior derecho de esa masa esferoide de humo acierto a discernir la cara de una persona presa de la mas paralizante enfermedad, inmóvil, vulnerable, con la boca abierta en un rictus de total inconsciencia; con los ojos cerrados. Sus rasgos están de alguna manera como comprimidos y simplificados como los de un feto. Me doy cuenta de que es el alma de algún artista de la película que acabo de ver. El alma de alguna persona frívola y de vida disipada –tipo Hollywood- de esas que terminan sus vidas en una más que eterna borrachera, me digo con un gesto de reproche. La veo y la reveo, hasta que me canso. Decido abstraerme de este extraño suceso que flota sobre el espacio-tiempo de mi vida nocturna y frente a mis narices. ¿Porque no tengo a nadie con quien comentarlo? ¿Porque estoy solo conmigo mismo y puede ser una ilusión? Porque estoy cansado, tengo sueño y no quiero saber más nada del asunto.
º - Dios está en todas partes, hasta en su plural.


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