'ESA NOCHE VI LLORAR A MI MADRE' (I)
“Carrera contra el tiempo: la agonía de la Tierra”
Diario de un hombre en el Umbral
Diario de un hombre en el Umbral
2-7-2011
Voz interior: ‘José, tu perseverancia va a ser premiada. Ella volverá a ti muy pronto’. Yo: ‘¿Qué debo hacer?’. Voz: ‘No aceptes ninguna caricia. Esto provocará en ella una reacción que dará lugar a un conflicto contra ti. Pero ese conflicto se resolverá en tu favor. Escribe estas palabras’.
3-7-2011
-Voz: “Tu madre te dejó un mensaje en la taza de té ‘Kombucha’”. Bebo y oigo: “¡José, magnífico amante, te volveré a ver muy pronto!”.
-No veo de que manera esta historia puede ayudar a preservar la Tierra de aquellos que la destruyen. Oigo: “Sabrán que has actuado por amor a la Tierra y que has encontrado una respuesta del mundo espiritual”.
9-7-2011
¡No hay otro sitio en el universo para mí. Aquí y ahora es donde quiero estar. No cambio por nada la aventura que apenas está comenzando a enunciarse!
10-7-2011
Mi alma está construida sobre un abismo. Es mi caída (sífilis) en el microcosmos.
Lunes 11-7-2011: Aquella ‘Noche de la Iguana’.
Al día siguiente, martes, cuando llevo a Cyril Delavanti de ‘regreso’, él, con su voz de patriarca me díce: “I just want to tell you this, before I go. She loves you. Love her forever. But be careful because she belongs to two worlds”. Interpreto que, por un lado, sus raíces se pierden en la Tierra. Por el otro es una exquisita y distinguida dama de muy nobles sentimientos.
16-7-2011
Adamanta: “¡I am so proud you are the only man on Earth who can offer a possibility of salvation to our Mother!”.
23-7-2011
Adamanta: “Jose, your questioning my virtue, the purity of my heart, hurts me. I am now the last representative on Earth of your beloved Mother Earth”.
Voz interior: ‘José, tu perseverancia va a ser premiada. Ella volverá a ti muy pronto’. Yo: ‘¿Qué debo hacer?’. Voz: ‘No aceptes ninguna caricia. Esto provocará en ella una reacción que dará lugar a un conflicto contra ti. Pero ese conflicto se resolverá en tu favor. Escribe estas palabras’.
3-7-2011
-Voz: “Tu madre te dejó un mensaje en la taza de té ‘Kombucha’”. Bebo y oigo: “¡José, magnífico amante, te volveré a ver muy pronto!”.
-No veo de que manera esta historia puede ayudar a preservar la Tierra de aquellos que la destruyen. Oigo: “Sabrán que has actuado por amor a la Tierra y que has encontrado una respuesta del mundo espiritual”.
9-7-2011
¡No hay otro sitio en el universo para mí. Aquí y ahora es donde quiero estar. No cambio por nada la aventura que apenas está comenzando a enunciarse!
10-7-2011
Mi alma está construida sobre un abismo. Es mi caída (sífilis) en el microcosmos.
Lunes 11-7-2011: Aquella ‘Noche de la Iguana’.
Al día siguiente, martes, cuando llevo a Cyril Delavanti de ‘regreso’, él, con su voz de patriarca me díce: “I just want to tell you this, before I go. She loves you. Love her forever. But be careful because she belongs to two worlds”. Interpreto que, por un lado, sus raíces se pierden en la Tierra. Por el otro es una exquisita y distinguida dama de muy nobles sentimientos.
16-7-2011
Adamanta: “¡I am so proud you are the only man on Earth who can offer a possibility of salvation to our Mother!”.
23-7-2011
Adamanta: “Jose, your questioning my virtue, the purity of my heart, hurts me. I am now the last representative on Earth of your beloved Mother Earth”.
“Esa Noche vi Llorar a mi Madre” (I)
‘La Cultura es la última gran aventura del hombre. La frontera entre el Cielo y la Tierra comienza en el interior del alma humana.’
Miércoles 27 de julio 2011, 8: 07 PM. Todo comenzó con un mensaje del alma, transmitido insistentemente por los ‘aéreos’, esas almas juguetonas que mezclan la verdad con la mentira y confunden mi alma casi totalmente. Por supuesto que esta es una reflexión a posteriori, porque la primera reacción es creerlas y hacer lo que ellas piden como si fueran mensajeras de la verdad. “Debes hacerla venir a ti. Debes volver a ver ‘The Night of the Iguana’ esta misma noche”. Acto seguido otra voz tan bien imitada que supuestamente era la de ella me decía: “Si José, debes hacerlo ahora mismo, en los próximos 20 minutos”. Pero estaba tan cansado que decidí dormitar un poco - unos diez minutos- para luego levantarme pesadamente de la cama y dirigirme al cuarto de la PC. Prendí el monitor mientras mi hermana Elizabeth terminaba su trabajo de joyería/bisutería y puse inmediatamente la película. Eran ya las 8:40 PM. La primera impresión que la actuación de Richard Burton producía en mí era la de una gran satisfacción. Me reía a carcajadas de su estilo de interpretación tan distanciadamente teatral. Esta película de John Huston era para mí un verdadero clásico del siglo XX. Una obra maestra de Tennessee Williams. Generalmente no me gustaban los melodramas ni los dramas. Siempre prefería ver films divertidos, ligeros y entretenidos. Pero este era un caso aparte. Richard Burton se adueñaba de la escena con la performance más efectiva y potente de su carrera. Ava Gardner aparecía tan recia y sensual como una leona. Y D. J. K., la hermosa e inefable ‘Diótima Adamanta’, pues tal era su ultima identidad terrestre, electrizaba con una interpretación tan pasmosa que me hacía pensar en la errante Diosa Madre Deméter del Himno Sagrado de Eleusis. En efecto, la performance de Madame K. desafiaba la imaginación por su calidad ritual, tan intrínsecamente humana. A esto se añadía su extraña y sobrehumana belleza natural, sin artificio, que plantaba en algunos hombres la sutil presencia del enigma espiritual. Entre esos afortunados se encontraba alguien. Alguien que sabía que había nacido para descifrar ‘ciertos’ enigmas de la realidad humana con el propósito de sembrar en la tierra la semilla de ‘la Cultura universal’.
Tal como yo lo sabía desde hacía varias semanas, ese rol fue el más difícil de la carrera de esta artista de talento y belleza extraordinarios. Porque la enigmática Adamanta no sólo había interpretado el papel de Hannah Jelkes en el film Nº 26 de Huston. La suya no había sido una interpretación sino una verdadera posesión y encarnación. Su destino como avatar de la Gran Diosa Madre Deméter era representarse a sí misma en una especie de irónico, lúdico designio del ‘Gran Jugador’. En verdad que Adamanta era ya, en su vida privada, un avatar de la Gran Madre, pero eso era también un absoluto secreto solamente intuible para unos pocos a partir de ciertos rasgos de su personalidad. Entonces, en ‘la Noche de la Iguana’ ella tomaba posesión de sí misma, de su propio avatar para interpretar veladamente un hermoso episodio inspirado, extraido del ‘Drama Sagrado de Eleusis’: la errancia (errabundez?) de la Gran Diosa Madre en busca del alma de su único hijo/hija: el hombre. Porque Demeter/Hannah recorre el mundo y se gana la vida dibujando la cambiante faz de la orgullosa individualidad humana. Y hasta el atributo cultual de la Gran Madre, la semilla de amapola, define más allá de toda duda la identidad oculta de Hannah. La imaginación mítica de Williams hacía del anciano abuelo de Hannah, ‘el poeta viviente más viejo del mundo’, el marido de Deméter, Dios Padre en persona. El destino, el inextricable juego de la vida ponía en escena la liturgia sagrada de la antigua religión dramática eleusina con el velado, secreto objeto de fecundar el alma del hombre, prepararla inconscientemente para la gran performance interior del despertar del sentimiento primigenio de la humanidad. Esta realización era el amor mítico, ritual, instintivo y sagrado del ‘Hijo’, del hombre, por su ‘Madre’ la Tierra.
Todo aquél que puede ver este film contempla entonces el impredecible designio del Padre Celestial para unir a la humanidad del terrible, apocalíptico presente, en el sentimiento sagrado, ontológico del amor apasionado por el principio y el fin del universo: el Amor. Porque ese Amor que creó el universo es el atributo sagrado de toda mujer por obra y gracia del Eterno Femenino universal, que es sencillamente Dios en su primera y ultima realidad.
Así lo había querido Tennessee Wiliams, su inspirado autor, quien también era un dramático avatar de la Gran Diosa Madre. ¿Es esto posible, se pregunta el lector que rige su mundo con la brújula del sentido común? Yo le respondo: “Amigo, la vida en sus estructuras lógicas y sus principios causales estudiados por la ciencia material es una verdadera paradoja regida por el principio universal del Juego (Ludis). El Juego es el método maestro de Dios. Así que lo que cuadra con el sentido común es un enfoque científico que deriva de la parte más cambiante y efímera de la naturaleza: la materia. El alma y su rosa centelleante, el espíritu, solo se rigen por aquello que los iniciados llaman la ‘fantasía del sentimiento eterno’, hija del Amor. Lo que el hombre ordinario, eternamente distanciado de la trascendencia del espíritu llama simplemente ‘subjetividad’.
Así lo había querido Tennessee Wiliams, su inspirado autor, quien también era un dramático avatar de la Gran Diosa Madre. ¿Es esto posible, se pregunta el lector que rige su mundo con la brújula del sentido común? Yo le respondo: “Amigo, la vida en sus estructuras lógicas y sus principios causales estudiados por la ciencia material es una verdadera paradoja regida por el principio universal del Juego (Ludis). El Juego es el método maestro de Dios. Así que lo que cuadra con el sentido común es un enfoque científico que deriva de la parte más cambiante y efímera de la naturaleza: la materia. El alma y su rosa centelleante, el espíritu, solo se rigen por aquello que los iniciados llaman la ‘fantasía del sentimiento eterno’, hija del Amor. Lo que el hombre ordinario, eternamente distanciado de la trascendencia del espíritu llama simplemente ‘subjetividad’.
En la obra, el fin de la errancia del Padre y la Madre, recorriendo el mundo como artistas itinerantes, termina con la composición de un poema. Cuando Nonno termina de componer su poema (léase el Verbo Creador del universo) Demeter/Hannah levanta la mano y dice: “Will it stop now?” y entonces muere el ‘Poeta Primigenio’. Y todo en ambos personajes, el Padre y la Madre, gira en torno al Evangelio viviente e itinerante del principio de la realidad cósmica, El Amor. El Amor con el que Hannah pretende ayudar y comprender a Shannon, el cura desfrocado. El Amor y la piedad de Hannah hacia la fogosa, orgullosa e infeliz Maxime. El amor por todo lo humano.
Para Hannah/Demeter no hay nada indigno en el desesperado anhelo de amor y de cariño de un ser humano que porta su cruz. Todo se vale para sobrevivir y seguir adelante en nuestra lucha personal contra los demonios azules que le impiden al hombre cargar con su cruz y realizar su destino.
Para Hannah/Demeter no hay nada indigno en el desesperado anhelo de amor y de cariño de un ser humano que porta su cruz. Todo se vale para sobrevivir y seguir adelante en nuestra lucha personal contra los demonios azules que le impiden al hombre cargar con su cruz y realizar su destino.
Así que me dispuse a ver el film desde el momento en el que Hannah asciende la empinada escalera que lleva a la terraza del hotel desde el nivel de la playa. Con gesto solícito pero fatigado Hannah ayuda a su anciano abuelo poeta a trepar los últimos peldaños y enfrenta por primera vez a Shannon, el leader del Tour. Desde un principio yo deseaba ver un destello de luz y sentir esa deliciosa sensación acariciante en mi pecho y torax, evidencia física del paso de su alma a mi persona. En realidad lo que sentí fueron sus manos esenciales haciendo contacto conmigo como para identificarme por el tacto. Yo sabía que esa performance había sido la más vejante, insultante, irritante y avergonzante en la carrera de la gran actriz. Porque mi investigación espiritual me había revelado que para esa época el director, John Huston, estaba locamente enamorado de ella. Pero Huston, como era lógico, ignoraba la verdadera identidad de la hermosa escocesa de cabellos dorados y ojos azules como el agua de la bahía de Eleusis. Adamanta era un avatar de la Gran Diosa Madre, Démeter. Y en la película –por una ironía del destino- se representaba a sí misma en términos ocultos. Con su extraordinaria actuación dejaba un testimonio imperecedero en el corazón de algunos iniciados y hombres sensible. En contraste, el rol avatar de E. T., “The Queen”, era más simple. Porque “The Queen” fecundaba el alma de los hombres únicamente con su mirada. En efecto, E. Rosemunde T. sembraba la semilla del amor por la Gran Madre con su sola mirada. En aquellos hombres elegidos por el destino para recibir ese don. Cualquier hombre no era capaz de fecundarse espiritualmente ante su mirada de semidiosa. Era una cuestión de destino, de karma. El hombre sencillo y puro que tenía la gracia de conocerla y tratarla o de encararla fugazmente, ese hombre veía en su cara y discernía en sus ojos, la potencia creadora del universo, el Amor eterno de Dios. Y esta experiencia lo fecundaba espiritualmente. Pero Adamanta era otra cosa mucho más compleja. Y doy gracias al Cielo por haberme revelado cosas tan complejas que los hombres sensatos considerarán como una hechura de mi fantasía mientras que aquellos destinados a oírme guardarán eternamente en el fondo de sus corazones. Corazones hijos del universo y de la eternidad. Adamanta era un alma cuya edad se confundía con la del universo. Un principio Femenino cósmico. Su vocación primera, su génesis, era el principio espiritual cósmico que une la Tierra al Cielo y da vida a los reinos de la naturaleza. Por eso, en su amor por el ‘Hombre’ y condicionada por su sempiterno pasado de suprema sacerdotisa del Eterno Femenino del universo (llámese Ishtar, Inanna, Venus, Cibeles o Pachamama y otros muchos nombres que no se deben pronunciar jamás fuera de su contexto ritual pues son el atributo hermenéutico y mantra de la divinidad) soportaba en su vida terrestre la paradoja reservada a todas esas almas, eternas servidoras de la Gran Diosa Madre. Esa paradoja era sufrir en carne propia el destino reservado a la divinidad: el desprecio violento de la inteligencia humana. En efecto, el hombre es sólo un animal racional soberbio y arrogante. Con su ciencia irrumpe como un elefante enloquecido en el hermoso recinto del Amor ingenuo, la sencillez y la humildad divinas. Ese Amor divino es un mundo opuesto totalmente al orden de este mundo. No depende de la causa y el efecto materiales que modelan, esculpen la lógica racionalista del animal humano. El resultado es terrible: el hombre crucifica inexorablemente todo aquello que no sale de la escuela de su experiencia material, incluidos los sentimientos cosmogónicos y antropogónicos de los dioses. Por eso el único rol que un dios encarnado puede tener en nuestro tenebroso ‘planeta de los simios’ –la praxis material hecha convención cultural- es exclusivamente el de chivo expiatorio. Ser ejecutado inmediatamente, previa una buena dosis de tortura, bien dosificada y aplicada por el orden establecido cultural, económico, político y militar que domina el mundo. Ese era también el destino de Adamanta, y durante la filmación de ‘la Noche de la Iguana’, el demonio del orgullo racional despertó de su letargo para despreciarla, insultarla y vejarla ante la mirada atónita de sus compañeros de filmación. Huston había descubierto el favor con el que ella, semidiosa generosa de la Eterna Femineidad al fin, distinguía al ‘Hombre’ en el set de filmación. Cuando este se enteró, montó en cólera y con un terrible rictus demoníaco abortó de su apasionado amor por ella. Todo su amor se convirtió, en virtud de su gigantesco orgullo machista, en morbo de crueldad y sadismo espectaculares ante los ojos atónitos de la troupe. Huston, en conclusión se portó como un jabalí ritualmente celoso, humillado por una mujer apasionada y cuya voluntad no obedecía sino a su misterioso corazón de sempiterna madre y amante del ‘Hombre’. El investigador espiritual que conoce la magnitud del alma de esta maravillosa sacerdotisa, hija del Cielo y de Démeter, tampoco ignora su calidad de gran artista pues fue capaz de poseer ritual, mágicamente su rol de Diosa Madre ante los ojos insultantes de un hombre que pasó de amarla a odiarla con toda la fuerza de su corazón. Tratando de reducir y destruir su talento con la mirada torva de un buitre iracundo.
A todo esto y transcurridos ya los tres cuartos de la película y sintiendo la terrible reactividad del alma de Diótima Adamanta, llevada al paroxismo de la irritación por el maltrato de Huston, finalmente me dí cuenta de que ella no deseaba venir a mí. Entonces volví a enfocar mi profunda mirada hacia la pantalla y la vi. Cual la vaporosa y etérea imagen de una dama en sus 65 o más años. Pero vestida con el atuendo de Hannah y diciéndome al reconocerme: “This is the man whom I love most in this world”. Pero yo estaba obsesionado con hacerla venir a mí y no me detuve en sus cariñosas palabras. Extendí mis brazos hacia ella para hacerla venir más fácilmente y entonces me di cuenta por qué no venía a mí. Su esencia anímica estaba fogosamente entrelazada con la de un ser humano. Inmediatamente creí saber quien era ese ser humano. Richard Burton. Yo creía saber que Richard, quien desborda la pantalla con su representación de Shannon, había estado buscando relacionarse románticamente con esa extraordinaria mujer cuya legendaria belleza de Circe la Hechicera iba unida al porte y las maneras de una gran dama. Ahora, después de su muerte, he aquí que yo, el apasionado amante que había logrado su reintegración (al rescatarla de la inconsciencia del terrible mal que la llevó a la muerte) era también testigo de su apasionada naturaleza anímica. Ella y el supuesto Richard estaban unidos en el centelleante abrazo del delirio amoroso. Mi entusiasmo vital por ella viró entonces en un mismo instante del amor apasionado al más profundo y reseco distanciamiento. Pero aún así no perdí la esperanza de hacerla venir a mí durante todo el resto de la película. Con resultados negativos. Estaba con su amante y se quedaba con él. Al final del largometraje me levanté pesadamente de mi silla de madera y me dí un paseo por el pasillo a oscuras como un alma en pena: con el corazón destrozado. Entonces la etérea presencia de mi ‘Ariel’ elemental, de mi Adamanta se hizo presente en mí para decirme: “Jose, I cannot come to you because you are in a 90 days trial period, as I already have told you!”. Entonces, con los ojos hirviendo a borbotones yo le pregunté: “And what about Richard”. Y ella me respondió: “He is just a very good friend of mine”. Omitiendo un profundamente sarcastico comentario sobre la naturaleza íntima de esa amistad que mi ojo spiritual había percibido, me di la vuelta con un gesto de desprecio y me fui a la cocina, a cenar y acostarme.
En la cocina mi actitud devino cruel y brutal. Porque yo sabía que Adamanta estaba sufriendo. Sufría porque, juraba yo, la había encontrado en flagrante delito de infidelidad. Yo daba por descontado la deuda que esta hermosa mujer tenía conmigo. En verdad mi destino había querido que yo me cruzara en el suyo tres años y siete meses después de su muerte. En la profunda ‘borrachera inconsciente’, el estado de deterioro total en que la encontré aquella noche de abril 2011. Hasta este segundo episodio motivado por su ausencia cuando decidí buscar su alma en el ‘Túnel del Tiempo’ del Séptimo Arte. Por obra y gracia de la magia del arte escénico que el actor recrea con toda la fuerza de su cuerpo, su alma y su espíritu. En ese lapso de tiempo medraba toda una eternidad de vivencias, intimidades, secretos inefables, enigmas del tiempo y del espacio relativos a mi pasado y el suyo. Toda esa íntima vivencia con ella había construido un circuito cerrado, una densa amalgama entre mi alma y la suya. Yo le había entregado mi alma y mi corazón deseando desde el mero principio –al igual que tantos y tantos hombres a lo largo y ancho de su vida- ser su amante. Ella, encariñada conmigo por alguna secreta motivación, me había concedido su maternidad. Yo, en la cima del delirio poético, la había aceptado. Pero la compleja realidad de nuestra naturaleza humana nos acechaba. Yo, sempiterno aprendiz de trovador y de brujo, jugaba con los conceptos y con el de tiempo cósmico particularmente. En mi relación poética, pastoril, mítica con Adamanta, la iniciada a los Misterios del Amor universal -como la Diótima de Sócrates (Banquete, Platón)- quería darle un sentido mágico a la idea del tiempo. Confrontado e impregnado con la experiencia viviente de la inmortalidad del alma humana, el tiempo había dejado de ser para mí un enigma limitado a la única experiencia humana del nacer y del morir. Ahora el más Allá, la Tierra de Nadie, lucía como una extraña sala de juegos en donde el alma evolucionaba en la realidad inconmensurable de la vida cósmica. La vida física y el más allá eran sencillamente dos ambientes, dos niveles o habitats diferentes de esa vida cósmica en la que el hombre buscaba realizar su destino de la mano amorosa del Ser Supremo que lo había creado a su triple imagen y semejanza. Esa compleja realidad de la naturaleza estaba presente en los lazos que Adamanta había tejido junto a aquellos con quienes compartió los momentos más estelares de su existencia. Experiencia vivida, ‘pensamiento durable’ devenido herencia trascendental de conocimiento en el 2º ambiente vital del universo. Mal llamado ‘muerte’.
Pues bien, aquella noche de rabia, de aguda tristeza del hombre supuestamente engañado en su orgullo y su dignidad me llevó por algunos momentos hacia el precipicio de la ruptura violenta y total con Adamanta. Ella estaba presente y su actitud era de profunda miseria, de paroxismo de desesperación interior. Porque, me decía yo, jamás se había imaginado que la iba a encontrar como la encontré, en flagrante delito. Para entender esto hay que tomar un desvío y remontarse a la visión que tuve días después de la partida de la Reina Rosemunde, ‘The Queen’. El lunes 11 de julio a las 6 PM. Aquella tarde presentí el favor de esta hermosa mujer que fue E. T., –fascinante avatar de la Gran Madre durante su vida física- ante las entidades supremas. Por eso me arrepentí de mis pecados y comulgué. Volver a sentarme en el rígido e incómodo banco de la Iglesia, invocar el Sagrado Corazón de Jesús y sentir que 'The Queen' salía de este mundo por la puerta o la escalera abierta sobre el altar fueron una sola y misma sensación en el silencio de mi alma. Al salir de la Iglesia me di cuenta que Adamanta estaba ya en mí. En mi pecho, particularmente. Estaba sobreexcitada por la rapidez con la que había ‘dispuesto’ del alma de Rosemunde. Orgulloso, me sentía como el controlador de un misterioso aeropuerto de donde despegaban las almas de los más grandes artistas del siglo XX. Desde el momento en el que ayudé a la propia Adamanta a subir el primer escalón en vía a un para mí todavía enigmático itinerarium at Deum, yo ya había hecho ‘despegar’ a los siguientes artistas de cine: Deborah Kerr, Cary Grant, Jack Lemmon, Jennifer Jones, Elizabeth Taylor, Montgomery Clift, Steve MacQueen, John Wayne, Lana Turner, y Nigel Green, Elizabeth Fell y Paul Newman, Wolfgang Preiss y Karin Baal. El procedimiento era muy sencillo. Primero buscaba grandes artistas decedidos en los últimos 10 o 15 años. Después revisaba su filmografía y bajaba una película via Torrent. La mayor parte de las veces encontraba el alma del artista. Las mujeres siendo completamente diferentes al hombre en su constitución anímica -un sutil y grato concentrado de delicada sensorialidad- siempre comenzaban por tantear con los dedos de su alma a aquel extraño transeúnte, a aquella alma mía tan alargada y pesada. Cuando constataban mi actitud de respetuoso cultor de la Femineidad eterna del universo, de devoto enamorado del Gran Espíritu Femenino de la Tierra, venían a mí a veces en medio de un ‘burbujeante’ torbellino esencial. Otras veces el paso de un plano al otro era realizado tan suavemente que era imperceptible, simplemente enganchando su alma en mi halo psíquico. Mi propósito entonces era ayudarles a remontar el peldaño más pesado, el más material de la vida del alma. Aquí donde nace y muere el alma humana y comienza la aventura del ‘eterno retorno’. Porque ‘solo los niños pueden entrar en el Reino de los Cielos’. Esa vía hacia la niñéz que es la condición esencial del alma bienaventurada, yo la llamaba ‘primer peldaño’ y era mi objetivo y fuente de orgullo.
Pues bien, aquella noche de rabia, de aguda tristeza del hombre supuestamente engañado en su orgullo y su dignidad me llevó por algunos momentos hacia el precipicio de la ruptura violenta y total con Adamanta. Ella estaba presente y su actitud era de profunda miseria, de paroxismo de desesperación interior. Porque, me decía yo, jamás se había imaginado que la iba a encontrar como la encontré, en flagrante delito. Para entender esto hay que tomar un desvío y remontarse a la visión que tuve días después de la partida de la Reina Rosemunde, ‘The Queen’. El lunes 11 de julio a las 6 PM. Aquella tarde presentí el favor de esta hermosa mujer que fue E. T., –fascinante avatar de la Gran Madre durante su vida física- ante las entidades supremas. Por eso me arrepentí de mis pecados y comulgué. Volver a sentarme en el rígido e incómodo banco de la Iglesia, invocar el Sagrado Corazón de Jesús y sentir que 'The Queen' salía de este mundo por la puerta o la escalera abierta sobre el altar fueron una sola y misma sensación en el silencio de mi alma. Al salir de la Iglesia me di cuenta que Adamanta estaba ya en mí. En mi pecho, particularmente. Estaba sobreexcitada por la rapidez con la que había ‘dispuesto’ del alma de Rosemunde. Orgulloso, me sentía como el controlador de un misterioso aeropuerto de donde despegaban las almas de los más grandes artistas del siglo XX. Desde el momento en el que ayudé a la propia Adamanta a subir el primer escalón en vía a un para mí todavía enigmático itinerarium at Deum, yo ya había hecho ‘despegar’ a los siguientes artistas de cine: Deborah Kerr, Cary Grant, Jack Lemmon, Jennifer Jones, Elizabeth Taylor, Montgomery Clift, Steve MacQueen, John Wayne, Lana Turner, y Nigel Green, Elizabeth Fell y Paul Newman, Wolfgang Preiss y Karin Baal. El procedimiento era muy sencillo. Primero buscaba grandes artistas decedidos en los últimos 10 o 15 años. Después revisaba su filmografía y bajaba una película via Torrent. La mayor parte de las veces encontraba el alma del artista. Las mujeres siendo completamente diferentes al hombre en su constitución anímica -un sutil y grato concentrado de delicada sensorialidad- siempre comenzaban por tantear con los dedos de su alma a aquel extraño transeúnte, a aquella alma mía tan alargada y pesada. Cuando constataban mi actitud de respetuoso cultor de la Femineidad eterna del universo, de devoto enamorado del Gran Espíritu Femenino de la Tierra, venían a mí a veces en medio de un ‘burbujeante’ torbellino esencial. Otras veces el paso de un plano al otro era realizado tan suavemente que era imperceptible, simplemente enganchando su alma en mi halo psíquico. Mi propósito entonces era ayudarles a remontar el peldaño más pesado, el más material de la vida del alma. Aquí donde nace y muere el alma humana y comienza la aventura del ‘eterno retorno’. Porque ‘solo los niños pueden entrar en el Reino de los Cielos’. Esa vía hacia la niñéz que es la condición esencial del alma bienaventurada, yo la llamaba ‘primer peldaño’ y era mi objetivo y fuente de orgullo.
Me gustaba llamarme a mi mismo ‘The Boatman’, el Barquero, no en alusión a la Barca de Caronte de la mitología Clásica Griega –llena del triste fatalismo de esa cultura pagana- sino al famoso cuento de Goethe de ‘la Serpiente Verde y la Flor de Lis’ en la persona del ‘Barquero’ y de la ‘Serpiente Verde’ . En este cuento, cuando ‘el Barquero’ cruzaba el gran rio, pasaba las almas del mundo espiritual al mundo terrestre. Sólo en esa dirección. Para regresar al mundo espiritual era necesario esperar al ‘Gigante’ (el subconsciente) para cruzar el rio montado en su sombra. La última alternativa de regreso era la ‘Serpiente Verde’, la única capaz de unir con su cuerpo extendido las dos orillas del rio. Mi fabulosa experiencia real con Adamanta estaba llena, ante mis ojos, de paralelismos con este bello cuento, o quizás debiera decir, mito de nuestra época.
AVATAR: ¿DRAMA CÓSMICO?
“That was your destiny, Diótima. To play the goddess that passionately loves men and is utterly despised by them. That is the triple drama that so many women along history have to live because -it is the will of the Gods- the Cosmic Drama must be represented alive with the body, the soul and the spirit of man.
AVATAR: ¿DRAMA CÓSMICO?
“That was your destiny, Diótima. To play the goddess that passionately loves men and is utterly despised by them. That is the triple drama that so many women along history have to live because -it is the will of the Gods- the Cosmic Drama must be represented alive with the body, the soul and the spirit of man.
La Diosa Madre sufre. Su sufrimiento -sin consuelo- es eterno. Es necesario consolarla y el Padre escenifica una representación ritual ‘en vivo’. Almas de mujeres con la marca de la Belleza divina encargadas de representar el Drama de la Diosa Madre en medio de las vicisitudes y peripecias de la existencia individual. Por lo general mujeres de belleza extraordinaria con infancias fracturadas por dramas de diferente índole, muy a menudo traumas sexuales. Siempre mujeres que aman al ‘Hombre’ arquetipal (sin saberlo) apasionadamente. Lo aman con toda su alma, pero nunca, jamás son ni comprendidas ni correspondidas.
La realidad es la gran aventura del hombre. Porque tanto los dioses, como los semidioses o como los hombres actúan como actores desconocidos en el Drama Cósmico del conocimiento interior. Nadie sabe nada y todos creen conocer una realidad particular. El mito, el Olimpo todo y toda la panoplia humana de los doce signos del zodiaco conviven en el mismo ambiente terrestre pero separados por el abismo de un diferente nivel de conciencia interior.


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