DE MADRE A AMANTE
‘Diario de un hombre en el Umbral’
11-5-2011
Adamanta: “Quiero olvidar ese pasado unido a ese nombre [D. J. K.]. Me gusta ese nombre que me has dado: ‘Mamadío’. El fuego apasionado de tu alma… Quiero que me ames de esa manera… When I’ll be back!
-Quiero ver tu obra, madre. “Puedes verlos todos. Menos ese que tú sabes”.
-¡Amor mío, Diótima de mi alma!. Yo juego a la idea alquímica de amarte y no amarte, de tenerte y no tenerte, de poseerte y no poseerte. Para que mi amor por ti sea eterno, en la libertad.
-¡Su vida fue un juego muy divertido. Su más allá también lo es. No hay lugar para la tristeza y el llanto con un Dios tan amoroso y divertido!
-Gracias , Señor, por tu Jardín donde el Amor no tiene fin.
28-6-2011
-“Only real love will make sure you are going to get through all of this”.
-“Ve con ella, vete con ella, hijo mío. Porque no hay nadie en este mundo que tú ames más. Con ella serás feliz por la eternidad. Invocando a la sagrada Madre Tierra”.
-Una hora antes, en el balcón oigo: “Presage. Presage”. De pronto se levanta una brisa que mueve las copas de los arboles y en su ímpetu me alcanza a mí con fuerza. Oigo: “Vete con ella y ámala por la eternidad”.
29-6-2011
(…) She will ask me to die. “You will answer her that you are here for a great purpose of history and that you won’t leave this Earth without having accomplished your mission”.
-I distinguish between my love to my country and my love of myself and I will not finish in shameful tragicomedy but in the sublime scenery of power politics turned into art.
Hace falta una hermenéutica para interpretar el lenguaje de un difunto. Hace falta una mente lúdica capaz de jugar con lo literal y lo figurativo. Una infantil y a la vez amplia perspectiva in extenso de la palabra en tanto que reflejo multiple de la naturaleza infinita de la creatividad, de la fantasía, de la Imaginación humana. El difunto tiene recurso a cualquier imagen o construcción literaria. Pero, la mayor parte de las veces, no la de ellos sino la de su interlocutor. Al penetrar en uno llegan a conocer, absorber l’imagérie íntima, la competencia expresiva de la persona que habitan. Por eso proyectan en sus conversaciones los mitos, leyendas y fantasías personales de esa persona que les sirve de apoyo, de base personal en sus desplazamientos, sus idas y venidas. Eso mismo me pasó con mi amada Diótima. Durante esas primeras semanas de nuestra fogosa relación personal, una vez pasada la muy recatada fase del tanteo, del análisis del otro y de la estricta relación amistosa, mi querida Adamanta desapareció de mi vida por la primera vez.
Adamanta: “Quiero olvidar ese pasado unido a ese nombre [D. J. K.]. Me gusta ese nombre que me has dado: ‘Mamadío’. El fuego apasionado de tu alma… Quiero que me ames de esa manera… When I’ll be back!
-Quiero ver tu obra, madre. “Puedes verlos todos. Menos ese que tú sabes”.
-¡Amor mío, Diótima de mi alma!. Yo juego a la idea alquímica de amarte y no amarte, de tenerte y no tenerte, de poseerte y no poseerte. Para que mi amor por ti sea eterno, en la libertad.
-¡Su vida fue un juego muy divertido. Su más allá también lo es. No hay lugar para la tristeza y el llanto con un Dios tan amoroso y divertido!
-Gracias , Señor, por tu Jardín donde el Amor no tiene fin.
28-6-2011
-“Only real love will make sure you are going to get through all of this”.
-“Ve con ella, vete con ella, hijo mío. Porque no hay nadie en este mundo que tú ames más. Con ella serás feliz por la eternidad. Invocando a la sagrada Madre Tierra”.
-Una hora antes, en el balcón oigo: “Presage. Presage”. De pronto se levanta una brisa que mueve las copas de los arboles y en su ímpetu me alcanza a mí con fuerza. Oigo: “Vete con ella y ámala por la eternidad”.
29-6-2011
(…) She will ask me to die. “You will answer her that you are here for a great purpose of history and that you won’t leave this Earth without having accomplished your mission”.
-I distinguish between my love to my country and my love of myself and I will not finish in shameful tragicomedy but in the sublime scenery of power politics turned into art.
Hace falta una hermenéutica para interpretar el lenguaje de un difunto. Hace falta una mente lúdica capaz de jugar con lo literal y lo figurativo. Una infantil y a la vez amplia perspectiva in extenso de la palabra en tanto que reflejo multiple de la naturaleza infinita de la creatividad, de la fantasía, de la Imaginación humana. El difunto tiene recurso a cualquier imagen o construcción literaria. Pero, la mayor parte de las veces, no la de ellos sino la de su interlocutor. Al penetrar en uno llegan a conocer, absorber l’imagérie íntima, la competencia expresiva de la persona que habitan. Por eso proyectan en sus conversaciones los mitos, leyendas y fantasías personales de esa persona que les sirve de apoyo, de base personal en sus desplazamientos, sus idas y venidas. Eso mismo me pasó con mi amada Diótima. Durante esas primeras semanas de nuestra fogosa relación personal, una vez pasada la muy recatada fase del tanteo, del análisis del otro y de la estricta relación amistosa, mi querida Adamanta desapareció de mi vida por la primera vez.
Esa fue la primera instancia de sufrimiento, de terror de perder el tesoro inefable de su presencia esencial. Porque yo hervía de pasión por ella. Porque me enamoré de ella perdidamente desde el primer instante en que la vi (la Belleza inefable de ‘Miss Edith Hunter’ en Life and death of Colonel Blimp, 1943). Por su maravillosa dinámica sensual, alegre, divertida e ingeniosa a la vez. Por eso, esa primera semana de ausencia sin ella -en la que misteriosos intermediarios me decían que viajaba a Inglaterra para velar por su familia- me la pasé rezando. En mi mente enfebrecida mil y un peligros acechaban la intrépida alma –pero delicada y exquisita fémina al fin- de la hermosa y talentosa artista. En mi imaginación, su trayecto astral sobre la superficie elemental de la Tierra, estaba lleno de desvíos, de costas tormentosas, de junglas sofocantes. Y hasta de seres espirituales reaccionarios y agresivos. Mi único consuelo era el de rezarle 2, 3, 4 y hasta 5 rosarios al día. Por eso, mi comportamiento tan inesperadamente religioso atraía la suspicacia de mi madre y de mi hermana. Sorprendidas de verme rezando hasta cinco veces al día con el Rosario en la mano. Recuerdo que mi primera experiencia amorosa con ella tuvo lugar a raíz de su regreso de esa interminable semana de viaje a Inglaterra. Cuando regresó, me contó con lágrimas en los ojos de su alma que había muchos conflictos en su familia. Pero, con aire de resignación, cambió violentamente de actitud, como diciéndome “Pero es necesario seguir adelante y dedicarse a cosas más importantes que llorar por lo que no tiene remedio”. Y diciendo esto, penetró en mí regazo con la fuerza de un huracán, haciéndome sentir por la primera vez en mi vida la delicia, la delectación sensual suprema que sólo el alma de una bellísima, exquisita ‘Mujer’ - en toda la extensión de la palabra- puede hacer sentir a su amado. ¿Era eso reprensible?, me preguntaba yo temblando de placer. En ese momento no me pude responder. Pero ahora sé que no. En ella no había ni perversión ni maldad, ni vicio alguno. Ahora se que todo lo malo viene de la suciedad de mi propia alma proyectada en la de ella. Sobre todo en el caso de mis celos. Porque Adamanta estaba sola en este mundo físico, orgánico y elemental. La persona que la había ayudado a reconstituir su conciencia, perdida el día de su muerte (16 de octubre 2007) era un antropólogo, un romántico trovador adorador de la Femineidad eterna. Sola en su trayecto integral en pos de su destino cósmico –destino este que marcaría el fin de nuestra relación amorosa, estableciendo la única referencia de la promesa solemne de su maternidad- finalmente había aceptado la posibilidad de lanzarse en mis brazos abiertos. Lo cual dio lugar a la noche más deliciosa y sensual de mi existencia. Era el 14 de junio de 2011. Poco más de dos meses después de nuestro encuentro karmico del 9 de abril de 2011. Aquél sábado 9 de abril en la noche cuando quede impactado por la sutil, exquisita Belleza de sus 22 años.
RECAPITULANDO
La primera película que vi de alias ‘Adamanta’, fue como ya he dicho, Powell y Pressburger’s Life and death of Colonel Blimp (1943). No creo que haya habido ni habrá jamás una personificación de la naturaleza femenina comparable a aquella Miss Hunter parodiando a Henry Morton Stanley. En efecto, he ahí una referencia para la eternidad. Mi alma quedó marcada a fuego eternamente con la triple llamarada del enigma estético y formal que se insinuaba detrás de esta mujer. Ella era para mí como la muerte de Fausto: un cara a cara con la Belleza Femenina que abre el umbral de la eternidad. La segunda película que vi fue Black Narcissus (1947), cuando tuve el gusto de encontrar la delicada gentileza del alma inmortal de Sabú. Así como la fuerte y muy masculina personalidad de David Farrar: uno de los verdaderos ‘buenos amigos’ de Adamanta. Era tanta la simpatía de Adamanta por ‘David’ que me pidió que visionara cuantas películas quisiera de su extensa filmografía (supongo que con el objeto de refrescar con mi presencia su vida psíquica). Así lo hice con Down to earth! Lo cual me dio la oportunidad de llevar al primer escalón a la delicadamente femenina y exquisita Jennifer Jones de The song of Bernadette (1948). Y lo hice portando una bella rosa en la mano durante las cinco misas por su eterno ‘descanso’ que siempre le ofrecía a todas las ánimas que se comunicaban conmigo.
Cada vez que veía una película diferente de esta gran artista notaba que ella se metamorfoseaba en su personaje. Eso me pasó con la Sister Clodagh de Black Narcissus. La vestimenta formal y psíquica de Adamanta pasaba a ser integralmente la de una bella monja de férreo carácter empeñada en alejarse del mundo. Cuando comunicaba con Adamanta por cualquier razón veía el severo rictus de Sister Clodagh. Al principio pensé que era un juego y después supe que era un determinismo emocional muy poderoso. Porque los artistas de la talla de Adamanta poseían integralmente a sus personajes en cuerpo y alma. Es por esto que Adamanta odiaba que utilizara su nombre y apellido. Para ella su vida en el arte había sido plena tanto de satisfacciones como de amarguras y cuando le inventé ese nombre de Diótima (Adamanta) a partir de el Banquete de Platón, exultaba de satisfacción. Su viejo nombre terrestre era para ella una etapa quemada; de todo aquello no quedaba sino una gran experiencia vivida, una esencia triple deslastrada del compromiso corporal y material y el deseo indescriptible de adentrarse en las fronteras infinitas del triple universo para recrear libremente el personaje que iba a encarnar en su siguiente reencarnación. Por lo demás, Adamanta me prohibió terminantemente seguir viendo las numerosas obras de su extensa filmografía. Ante mi airada protesta ella sentenciaba: “Jose, you got the real thing”.
RECAPITULANDO
La primera película que vi de alias ‘Adamanta’, fue como ya he dicho, Powell y Pressburger’s Life and death of Colonel Blimp (1943). No creo que haya habido ni habrá jamás una personificación de la naturaleza femenina comparable a aquella Miss Hunter parodiando a Henry Morton Stanley. En efecto, he ahí una referencia para la eternidad. Mi alma quedó marcada a fuego eternamente con la triple llamarada del enigma estético y formal que se insinuaba detrás de esta mujer. Ella era para mí como la muerte de Fausto: un cara a cara con la Belleza Femenina que abre el umbral de la eternidad. La segunda película que vi fue Black Narcissus (1947), cuando tuve el gusto de encontrar la delicada gentileza del alma inmortal de Sabú. Así como la fuerte y muy masculina personalidad de David Farrar: uno de los verdaderos ‘buenos amigos’ de Adamanta. Era tanta la simpatía de Adamanta por ‘David’ que me pidió que visionara cuantas películas quisiera de su extensa filmografía (supongo que con el objeto de refrescar con mi presencia su vida psíquica). Así lo hice con Down to earth! Lo cual me dio la oportunidad de llevar al primer escalón a la delicadamente femenina y exquisita Jennifer Jones de The song of Bernadette (1948). Y lo hice portando una bella rosa en la mano durante las cinco misas por su eterno ‘descanso’ que siempre le ofrecía a todas las ánimas que se comunicaban conmigo.
Cada vez que veía una película diferente de esta gran artista notaba que ella se metamorfoseaba en su personaje. Eso me pasó con la Sister Clodagh de Black Narcissus. La vestimenta formal y psíquica de Adamanta pasaba a ser integralmente la de una bella monja de férreo carácter empeñada en alejarse del mundo. Cuando comunicaba con Adamanta por cualquier razón veía el severo rictus de Sister Clodagh. Al principio pensé que era un juego y después supe que era un determinismo emocional muy poderoso. Porque los artistas de la talla de Adamanta poseían integralmente a sus personajes en cuerpo y alma. Es por esto que Adamanta odiaba que utilizara su nombre y apellido. Para ella su vida en el arte había sido plena tanto de satisfacciones como de amarguras y cuando le inventé ese nombre de Diótima (Adamanta) a partir de el Banquete de Platón, exultaba de satisfacción. Su viejo nombre terrestre era para ella una etapa quemada; de todo aquello no quedaba sino una gran experiencia vivida, una esencia triple deslastrada del compromiso corporal y material y el deseo indescriptible de adentrarse en las fronteras infinitas del triple universo para recrear libremente el personaje que iba a encarnar en su siguiente reencarnación. Por lo demás, Adamanta me prohibió terminantemente seguir viendo las numerosas obras de su extensa filmografía. Ante mi airada protesta ella sentenciaba: “Jose, you got the real thing”.
La tercera película que vi de Adamanta fue an Affaire to Remember (1950) junto a Cary Grant. Sentí que entre los dos existía un profundo sentimiento de simpatía y mutuo respeto. En cuanto a mi relación lógica con los protagonistas de este film debo decir que hubo un conflicto debido a mi pesada condición psíquica. En efecto, yo soy una persona con un peso anímico considerable. Un ‘pesado’ que casi nunca pasa desapercibido en ambientes públicos. Es posible que el tamaño físico de mi alma sea considerable. Sin embargo, mi energía psíquica sufrió un descalabro cuando a los 19 años me enfermé de sífilis y no me curé a tiempo por ser alérgico a la penicilina. Las delicadas interfases invisibles de mi alma, los delicados equilibrios homeostáticos de mi sistema nervioso fueron quebrantados para siempre. Desarrollé entonces una mórbida tendencia a la escatología represiva fundamentada en mi alta proyectividad. En el caso de una película de tan hermoso contenido sentimental como ‘An Affaire to Remember’ era de esperarse de mi golpeada psique así fuera un impromptu. Así me pasó en la escena final entre la paralítica Terry McKay y Cary Grant. No pude soportar la tensión emocional y me sinergisé (entropía) con un pensamiento escatológico infantil. Durante la conversación que mantengo con los dos después de la película le pido disculpas a los dos por mi impertinencia. Adamanta sabe perfectamente cual es el mecanismo de mi patológica actitud puesto que posee la visión de un águila. Pero Grant sigue muy malhumorado y hasta me devuelve el pensamiento gráfico con creces. A raíz de esta bella película Diotima me informa definitivamente que sólo desea ser mi madre. Me trago mis pretensiones amorosas de un solo golpe y le agradezco lo que considero el principio y el fin del espíritu humano: el principio arquetipal de la Maternidad en tanto que cima del Eterno Femenino universal. Tambien me entero que Mr. Grant tiene un compromiso kármico con Adamanta: ser su esposo en su próxima reencarnación. Lo cual lo hace mi padre (o padrastro) desde ese mismo instante.
Acto seguido le propongo a Adamanta y a su prometido mandar a decir 5 misas por el descanso eterno de sus almas o más bien, por un exitoso acceso al umbral de la eternidad. Ambos acceden. Pero cuando rece por ellos, ella insiste en que me olvide del tema del descanso eterno. Como si fuera algo que le produjera sueño o letargia. Asisto a las cinco misas con una rosa blanca en la mano que simboliza mi deseo de enmendar mi vida para ponerme a la altura de la promesa suprema de su corazón de madre y de su condición de gran dama. En efecto, mi vida de adolescente había sido muy solitaria y hasta violenta. La violencia de la calle había hecho de mí un peleador callejero improvisado acumulando golpes y cicatrices tanto en Caracas como ‘in The U.S.A’. Doble fractura del tabique nasal en Boston Massachusetts (1980). Pero mi más grave error había sido frecuentar burdeles desde los 17 años y portarme mal, mezquinamente con las mujeres que me amaron. Así que recibo la visita anímica de Cathleen Nesbitt, una dama protectora de Adamanta. La actriz que interpreta el rol de madre de Mr. Grant en An Affaire to Remember. La dama me hace saber que está al corriente del compromiso materno expresado por la noble y generosa Adamanta. Sabe que ella me ha ofrecido el cariño más deliciosamente humano que el alma de una mujer le puede ofrecer a un hombre: su maternidad. Pero también ha averiguado que clase de hombre he sido yo hasta ese momento. En sus ojos leo la angustia y la desesperación de una madre angustiada por el bien de su hija. Entonces le juro a esa dama que no se preocupe por la calidad de mi alma: “Dedicaré todo el resto de mi vida para ser digno de ella”. Es por eso que asisto a las cinco misas con una rosa blanca en mi mano derecha como símbolo ritual de mi deseo de transformación.
Utilizo el nombre de D. Viertel para Adamanta y el de Archibald Leach para el señor Grant. Los dos acceden al primer peldaño que, supongo, marca una muy importante frontera entre el Cielo y la Tierra. No vuelvo a ver a Grant, pero a los pocos días (¿una semana?) vuelvo a encontrar a mi inefable Diótima Adamanta.
Utilizo el nombre de D. Viertel para Adamanta y el de Archibald Leach para el señor Grant. Los dos acceden al primer peldaño que, supongo, marca una muy importante frontera entre el Cielo y la Tierra. No vuelvo a ver a Grant, pero a los pocos días (¿una semana?) vuelvo a encontrar a mi inefable Diótima Adamanta.
Esta es mi primera experiencia como médium. De aquí en adelante no voy a parar ni un instante de transportar almas a la Iglesia, todas grandes estrellas del séptimo arte cuyo nombre artístico cambio por el de pila para apaciguar reticencias.
Como no llevaba un estricto diario de lo que estaba ocurriendo, me es dificil describir ahora las misceláneas y sutilezas de la extraordinaria experiencia que estaba viviendo. Sin embargo anotaba las ideas más netas e inspiradas que me llegaban a la mente. Fruto de la inspiración que esa hermosa alma de mujer ejercía sobre mí en todo momento. Gracias a esas notas he sido capaz de reconstituir esta experiencia inaudita con un mínimo de detalles. Como todo en la vida es oposición y dinámica, presentía que toda esa plenitud y alegría de tener, de portar en mí un genio elemental como el Ariel de la Tempestad de Shakespeare, o el Daïmon de Sócrates, podía terminar en cualquier momento de una manera dramática. Como en verdad sucedió a raíz del día de N.S. del Carmen (16-7-2011), el cual determinó mi separación absoluta del alma a quien le había jurado amor eterno, más allá del espacio y del tiempo. Pero en esta ocasión fue sólo un obstáculo momentáneo motivado por la presencia de mi hermano Francisco. Él sabía que yo tenía algunos torrents de films clásicos del siglo XX y vino a buscarlos con un disco duro portátil. Cuando vi que constató que había varias películas de D. K., mi corazón enamorado no quiso perder la oportunidad de recomendarle a una de las más extraordinarias artistas de todas las épocas. No pude evitar hablarle con orgullo filial de la inmensamente talentosa, a la vez que pasmosamente bella D.J.K., . En el momento en que mis labios pronunciaron su nombre sentí que el peso de su alma desaparecía de mi campo sensorial. Al poco tiempo me daba cuenta de que en realidad se había ido. Paso la noche preocupado e inquieto pero al fin logro conciliar el sueño. Al día siguiente decido rememorar punto por punto los sucesos del día precedente hasta que llego al momento en que pronuncio su nombre delante de mi hermano. Me doy cuenta de que ha partido en el halo psíquico de este. Así que decido volver a ver de cabo a rabo an Affaire to Remember. No me equivoco. Adamanta vuelve a mí desde su primera aparición en escena caminando por el pasillo del lujoso transatlántico. Acabada la escena me voy a mi habitación y en la penumbra la veo pasar como un relámpago por el rabillo de mis ojos. Entonces, cuando me estoy lavando los dientes sentado en el borde de mi cama ella se me aparece ultra etéreamente con la ropa de Terry McKay y me pregunta: “Do you want to be my son, yes or not?” Aunque su actitud es lúdica comprendo que no está bromeando conmigo y le respondo con el aliento entrecortado: ”That has already been established”. Entiendo que Adamanta está divirtiéndose a costa del apasionado amor que siento por ella. El empeño humano es siempre causa de diversión para aquel que se liberó ya de su compromiso físico y que ahora disfruta cual un Ariel elemental de la vitalidad integral de su alma inmortal.
La cuarta película que veo de ella es la joya de Quo Vadis dirigida por Mankiewitz. La quinta y última película que logro ver de Adamanta es The Night of the Iguana (1964) la cual me permite acceder a la parte más compleja de su existencia. Porque el alma de Diótima Adamanta sufrió una gran conmoción durante la filmación de esa película como voy a relatar a continuación.
Al cabo de tres meses de esta inefable experiencia con el alma de Adamanta, poco a poco vi surgir en mi la necesidad de describirla y de rendirle tributo a lo mejor de la cultura de Occidente. Al oírlo se opuso totalmente por el uso de su nombre y apellido. Temía el escándalo y el irrespeto a su nombre y a su vida privada. Esta actitud dura hasta el 25 de julio cuando me refiere que le ha sido mostrado su destino cósmico, destino este marcado por su amor a la Madre Tierra. Entonces y sólo entonces accede a que yo utilice su nombre. Es con un placer inefable, bordeando la conmoción metabólica que mi alma de animal racional pronuncia ese nombre que me hace envidiado y admirado en el alma de mil y una generaciones de hombres libres después de la mía:
La cuarta película que veo de ella es la joya de Quo Vadis dirigida por Mankiewitz. La quinta y última película que logro ver de Adamanta es The Night of the Iguana (1964) la cual me permite acceder a la parte más compleja de su existencia. Porque el alma de Diótima Adamanta sufrió una gran conmoción durante la filmación de esa película como voy a relatar a continuación.
Al cabo de tres meses de esta inefable experiencia con el alma de Adamanta, poco a poco vi surgir en mi la necesidad de describirla y de rendirle tributo a lo mejor de la cultura de Occidente. Al oírlo se opuso totalmente por el uso de su nombre y apellido. Temía el escándalo y el irrespeto a su nombre y a su vida privada. Esta actitud dura hasta el 25 de julio cuando me refiere que le ha sido mostrado su destino cósmico, destino este marcado por su amor a la Madre Tierra. Entonces y sólo entonces accede a que yo utilice su nombre. Es con un placer inefable, bordeando la conmoción metabólica que mi alma de animal racional pronuncia ese nombre que me hace envidiado y admirado en el alma de mil y una generaciones de hombres libres después de la mía:
( D. J. K.)
DEBORAH JANE KERR (1)
DEBORAH JANE KERR (1)
El alma de la mujer que fecundó mi vida, le dio un sentido, una dirección y un rumbo definido para, 1) abrir el puente que une las ‘dos orillas del rio’, 2) entronizar a María como Reina y Madre de todo lo creado, la protectora suprema de la naturaleza planetaria con el objeto de asegurar el destino espiritual del hombre.
Siendo una criatura de la Gran Madre, Diótima Adamanta me hizo comprender que en la Entidad Integral de María está incorporada la espiritualidad, la esencia de los cuatro reinos de la naturaleza. El mensaje esencial, como poco después iba a descubrir, es que Deméter, ese complejo cultural primordial que es la raíz de todo sentimiento instintivo de adoración y culto por la Madre Tierra, es ahora el subconsciente de María.
1) El nombre de un difunto debe ser respetado y acompañado siempre de la fórmula “Descanse en paz. Amén.” En el caso de celebridades, se comprende –es casi siempre inevitable- que ese nombre se banalice, en perjuicio del alma del difunto. Le ruego a los cultos y sensibles amantes de la Tierra que lean esta mi biografía que utilicen el pseudónimo de ‘Diótima’ o el de’ Adamanta’ para referirse a D. J. K. Mil gracias.
1) El nombre de un difunto debe ser respetado y acompañado siempre de la fórmula “Descanse en paz. Amén.” En el caso de celebridades, se comprende –es casi siempre inevitable- que ese nombre se banalice, en perjuicio del alma del difunto. Le ruego a los cultos y sensibles amantes de la Tierra que lean esta mi biografía que utilicen el pseudónimo de ‘Diótima’ o el de’ Adamanta’ para referirse a D. J. K. Mil gracias.


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