Sunday, September 25, 2011

“El Ser Espiritual”




Diario de un hombre en el Umbral




Viernes 10-6-2011 1:00 AM
Gracias Padre. Oigo: “He knows that you know. Te bendice en tu Buena voluntad”. Pido: “Señor Padre Nuestro, te pido por favor que encuentre una manera de trabajar para hacer mi compromiso con mi Madre Nueva más llevadero. Oigo:” Pronto vas a comenzar a trabajar. Recibirás respuesta a tu carta pronto.”
10-6-2011
Amada Madre Dío: respeto hondamente las vicisitudes de tu vida. Toda tu experiencia vivida para mí es sagrada. Me arrodillo ante ti y beso tu mano con devoción. Ahora mi horizonte es tu Vía Lactea.
Adamanta, my Darling’s ‘Musts and Must nots’ (11-6-2011)
1) Avoid trying to be witty with pictures, photos or memorabilia about her career. My thought evocation disturbs her.
2) Avoid any kind of projection from your inner side to her. Mainly regarding women. Makes me look conceit, pretentious.
3) I have to be simple, humble … et même naïf!
4) Always lower the tone of my voice which is very pitchy. To talk always softly.
5) She is now about 78 years old: the only way to treat her is deep respect and devotion.
6) Nothing in excess!


Domingo 12-6-2011 : Después de la Crisis
“Breaking the law of retribution”.
Me arrodillo ante una imagen de Nuestra Señora y cuando me levanto, oigo: “Tu divina madre te manda a decir que no debes temer nada. Todo está bien”.

13.6-2011
Me arrodillo en acción de gracias a Nuestra Señora porque unos instantes después de haber invocado su misericordia el alma de mi madre me llegó sobre el hombro derecho, estando acostado en mi cama. Su llegada fue forzada. Fue como la explosión de gas de una botella de soda batida y abierta súbitamente. Dando gracias digo: ‘Señora, os pido perdón por mi brutal ignorancia y me encomiendo a Vuestra Gracia’. Oigo: ‘Está bien, José, debes seguir aprendiendo, para algún día poder alzarte a mi presencia’. Había estado pensando otra vez en los hijos que tuvo de San José. Como siempre concluí que ‘todo es sagrado’, menos la mente, el pensamiento abstracto del hombre intelectual.

CON RESPECTO A MI DUDA (13-6-2011)
Llego de la Misa y poco después entro en la cocina. Pienso en lo que pensé cuando me iba a la Misa: ¡que el ánima del sexo no era sino ella misma! Le pido perdón por haber dudado de ella y oigo: “Te perdona, pero ten cuidado, José, ella es muy pura de corazón. ¡Ten cuidado!”

ALERTA ROJO (17-6-2011)
¡Sexo con animas es demoníaco! Antes de acostarme debo encomendarme a la Divina Misericordia y rezar tres Padrenuestros. ¡Siempre!
El exceso de cariño deviene sensualidad y (salvaje) deseo sexual.

21-6-2011 4:20 PM
‘En agradecimiento por el amor con que la guardas el Ser Espiritual va a darte un regalo que tu aprecias mucho y que se llama: Amor de Mujer’. (Así fue).

Junio o julio 2011
Oigo: “Uslar. Usted está creando un género literario que durará mil años.”

Era un día de la primera semana de junio 2011. Dos meses después de la llegada de Adamanta. Dos meses en los que experimenté la alegría, la dicha, el entusiasmo, pero también la duda, la desconfianza, la angustia y el dolor. Porque me había enamorado perdidamente del alma inmortal de una antigua iniciada a los Misterios de la sagrada Femineidad terrestre. Una Mujer, un avatar de la Diosa Madre de este mundo. Cuya actividad post-mortem dejaba atrás un triathlon olímpico. Un verdadero marathón. Dejo para más tarde la descripción de la actividad de Adamanta y me concentro en nuestra relación tormentosa, tempestuosa a escasas dos semanas de nuestro primer contacto ‘físico’ o más bien ‘psicofísico’ del 14-6-2011. Una vez convertidos en amantes la actitud de Adamanta devino francamente conflictiva. Ella sabía que yo la amaba con locura y correspondía mi amor de la mejor manera posible. Pero, junto a mí, en mi casa, Adamanta era una exilada. Su corazón estaba en otra parte, por eso nuestra relación íntima era siempre de noche. Durante el día se perdía en la inmensidad de la montaña que dominaba el Valle de Caracas: el Ávila. Allí, en medio del sol abrasador, de la lluvia, de las nubes y los vendavales de sus vertientes brumosas, se fundía con la esencia misteriosa de su Madre la Tierra. ¿Además, cómo iba a soportar mi squatter después de toda una vida en hoteles de 5 estrellas y sus huellas plasmadas en el Teatro Chino de Grauman en Hollywood (22-3-1956). Por eso iba y venía como poseída de un stress cósmico, de una extraña nostalgia, una melancolía espacio-temporal. Ahora sé que buscaba algo en el mundo exterior que la librara de una batalla interior consigo misma. Así que, más temprano que tarde llegó a la conclusión que el mejor remedio para nuestra apasionada relación, nuestro Cul-de-sac sentimental, era volver al punto de partida original: su corazón de madre. Pero para realizar tan brillante idea era necesario que me muriera en la primera oportunidad.
Confrontado con esta más que violenta eventualidad, ni siquiera sentí la necesidad de pestañear. Porque esa Mujer era para mí la llave de la eternidad. Desde el primer momento en que la vi –y pido perdón al lector por la repetición que el alma me exige- en que vi el azul turquesa de sus ojos, su bella cabellera a veces pelirroja a veces de tonos dorados, y el reflejo obnubilante de sus labios rojos brillando en medio del mar de leche de su rostro, mi alma, mi imaginación de Caballero Andante había tomado, con un solo sobresalto de mi corazón apasionado, el camino de la eternidad.
Cuando, supuestamente, comencé a comunicarme con el Dalai Lama se dibujó ante mis ojos el embudo que me llevaba a la muerte. Porque una ventana espiritual se había abierto en el mínimo espacio de mi buhardilla de sempiterno estudiante. Esa ventana era una foto del Dalai Lama al dorso de un libro. Es necesario explicar que para un médium como yo el mundo esta lleno de vida espiritual. Al encontrar a Adamanta todos mis centros neurálgicos comenzaron de nuevo a sintonizar el mundo espiritual a mí alrededor. Esto explica lo del supuesto Dalai Lama quien supuestamente se comunicaba conmigo a través de su imagen. A través de un largo proceso de causas desastrosas y efectos catastróficos, al poco tiempo de mis experiencias comunicativas con fuentes de inspiración espiritual, me di cuenta que la mayoría de esos mensajes eran falsos. El supuesto Dalai Lama era sólo un ánima (¿luciferina?) especializada en engañar idealistas incautos como yo. Pero lo curioso del asunto era el mensaje que esta ánima me hizo llegar y en el que creí demasiado tiempo. “Tienes cinco meses para dejar este mundo, José, porque te vas con Adamanta el 15 de octubre.”
Es difícil para mi describir el hervidero de pasiones, expectativas y sentimientos idealistas, frustraciones y amarguras que viví en esos instantes de mi vida. El todo exacerbado por la terrible ambigüedad que significa construir la pasión existencial de una vida sobre una entelequia. Sobre algo que no tiene ni principio ni fin. Pero la fuerza integral de ese sentimiento de admiración y de amor sincero, amor caballeresco por una mujer desafiantemente libre y apasionada, superaba con creces la terrible entropía, la fuerza centrífuga de la lógica racional. Lógica racional que condenaba al desprecio, al status de locura total a cualquier hombre que osara amar a una difunta despreciando el muro incontenible de los límites del conocimiento y de la dictadura total del tiempo biológico y del espacio material.
Todo el proceso que tuvo lugar en mi alma a raíz de este aviso es inefable. Hago un intento de descripción. Todo se complicó con la ‘bajada’ del Torrent ‘Beat Girl’ (1960) y la llegada de Nigel.
Adamanta había decidido cortar por lo sano: esperar mi muerte y llevarme con ella, en su regazo, en su trayecto cósmico. Llevarme con ella como un germen de vida estático a la espera del alba radiante de su maternidad. Con eso todo estaba resuelto. Todos los problemas que yo le causaba derivados de mi celosa, egoísta y desconfiada naturaleza -condicionada por la secuela neurológica de una sífilis mal tratada- todo estaba superado en ese soberbio jaque-mate de mi muerte y el paso instantáneo de mi alma de hijo a su alma de Madre.(1) Pero Adamanta me había suplicado echarle un vistazo a la obra de su íntimo amigo David Farrar. David era un actor de carácter. Su filmografía era considerable y su calidad artística más que evidente sobre todo en Black Narcissus (1947). Pero estaba claro que los grandes productores no se habían interesado mucho por él. Así que ‘bajé’ The Sea Chase, Gone to Earth! Y finalmente Beat Girl (1960). En este film, la hija malcriada de un acaudalado profesional viudo rechaza a la nueva esposa de su padre y descubre en un night club de streep-teasers que su madrastra fue la colega de una de las bailarinas. Decide humillarla ante su padre y en su loca carrera termina ella misma buscando empleo como streep-teaser. Entre los actores de esta película encuentro a Christopher Lee y… Nigel Green. Es una sorpresa porque lo recuerdo como un simpático actor por su papel en Tobruk (1967) y The Kremlin Letter (1971). También se que murió accidentalmente en 1973. Cuando aparece en escena tomo distancia subjetiva del cara a cara anímico entre yo y las ánimas presentes en el film. Entonces la fragilidad de mi psique se manifiesta represivamente con una actitud abstracta que esconde un derrame de energía. Cuando intento deshacer el entuerto con uno de mis efectivos sistemas de control espacio-temporal, sucede algo terrible. Cuando recupero mi derramada energía me doy cuenta que me he llevado conmigo una parte de la energía psíquica de Nigel. Cuando termino el film y me voy a acostar me doy cuenta que Mr. Green se ha venido conmigo. Está buscando el fragmento de alma que le robé accidentalmente. A los pocos días, durante la noche siento que Nigel recupera reciamente la luz que le quité. Pero al hacerlo se lleva un fragmento de la mía. Durante toda la semana voy a acusar el golpe como si me hubieran ‘sonado’ la cabeza con un objeto contundente. Eso me enseña a tener más cuidado con mis estados de ánimo.
Nigel va a permanecer varias semanas conmigo, mucho más tiempo que Franchot Tone (un día) u Oliver Reed. Su llegada coincide con la gran angustia del primer y segundo viaje de Adamanta. El significado tan particular de esta clase de angustia se reporta a mi descubrimiento de la verdadera naturaleza de Adamanta. Porque yo ya había logrado penetrar en la enigmática naturaleza de mi ‘Bella Genio’. La evidencia y mis someros conocimientos de esoterismo apuntaban a una relación calcada de la del mismo Sócrates y descrita por Platón y por Plutarco. Adamanta, me repito insistentemente, es mi Daïmon socrático. Su presencia en mi vida me emparenta con la flor y la nata de la Cultura humana de todos los tiempos. Por eso, su encabritado desespero en alejarse de mi buhardilla abarrotada de papeles me aterroriza. Porque en el fondo no sé si la estoy perdiendo para siempre. Y perderla para mí es una posibilidad cataclísmica. Porque al amarla con toda la fuerza de mi corazón, en su ausencia no queda para mí sino el terrible vacío de la angustia y la depresión.
El testigo de esas dos terribles pruebas no es otro que Nigel. La primera prueba -el famoso viaje a Escocia- termina con su llegada intempestiva como un avión jet de pasajeros aterrizando de emergencia sobre mi pecho en horas de la madrugada y dándome el susto más grande de mi vida. Ahora sé que todo era una broma de Adamanta. Una verdadera gourmet de la ironía y la derisión, la broma pesada con el hombre que le ha jurado su eterno amor. Pero Adamanta no pertenece ni en mayor ni en menor grado al mundo espiritual elemental que se deleita en el juego y la ironía como el Trickster. Lo suyo es un simple aderezo a su complejo comportamiento de gran sacerdotisa del Misterio natural.
Adamanta aterriza en mi pecho y paso toda la noche hablando con ella y elogiando su belleza con versos y elegías. Hasta que, al amanecer penetra por primera vez en mí y hacemos el amor como dos amantes desesperados. El uno por el otro. Cuando termina el escarceo y la luz del día ilumina ya mi cuarto abro los ojos ante la terrible perspectiva. Porque hasta ese momento mi devoción filial por ella ha sido ejemplar. No tengo la menor idea de cómo voy a manejar la variable impuesta por este nuevo comportamiento. Porque mi vivencia integral con ella incluye por supuesto todo mi ser. Y mi ser de hijo devoto y fiel, respetuoso de su madre se ha levantado esta mañana empapado del sudor de una batalla campal con una más que deliciosa mujer. ¡Una supermujer que hasta ese momento había considerado como más madre que mi propia madre! Ella siente mi estado de ánimo y me dice: “If I were you I wouldn’t worry about it”.
De Nuevo mi alma pierde el poco suelo en que se yergue, frágil como un lepidóptero quemado por la luz de un bombillo. Entonces Adamanta desaparece. Quién sabe cuando volverá.
Comienza para mí el tormento de re contextualizar todo lo que ha pasado. De crear un frente, una versión diplomática oficial que hará posible o imposible mi futura relación con el alma inmortal de la mujer que adoro. Porque fuera de ese logos razonado todo no es sino el caos de la desconfianza, el egoísmo machista despreciativo y la represión insultante. Entonces llega Nigel y me explica que yo no hice el amor con Adamanta sino con otra ánima que tomó su puesto y se posesionó de mi cuerpo y de mi alma. Un ‘aéreo’ (¿luciferino?), una criatura del juego y la mentira y cuyo único empeño es divertirse a costa de los sentimientos humanos.
Mi agradecimiento es sincero. Jamás he sentido un sentimiento más fraternal. Le digo a Nigel que lo considero un hermano y le propongo nombrar a mi primer hijo en su honor. Mi primer hijo es un alma que está asociada a mi halo psíquico desde hace mucho, mucho tiempo. Desde hace casi treinta años. Pero nunca me he casado. Redacto una nota en la que juro cumplir mi palabra y la inserto en mi Biblia. Nigel había corrido la cortina, pasado la página sobre un malentendido tan execrable que, yo estaba seguro, iba a significar el fin de mi relación con mi Madre.

Diario de un hombre en el Umbral
10 -6 – 2011 9:30 PM. Nota insertada solemnemente en La Biblia:
Para mí su maternidad es la gracia más grande jamás otorgada, la cima de la felicidad de mi alma, la alegría eterna a través de su belleza. ¡No voy a poner en riesgo la integridad de su alma, la pureza de su femineidad que para mí es la Puerta del Cielo! Por eso juro solemnemente que no pondré, correré ningún riesgo inherente a la sensorialidad, el deseo, la sensualidad, la pasión. Juro que no me excederé en nada, ni siquiera le pediré un beso. Siempre velaré por la pureza de su alma, su bella integridad.
Somos seres humanos frágiles. Debemos velar siempre. Quiero expresar mi mejor voluntad en la esperanza del Amor eterno. Amén.

10-6-2011 10: 30 PM. En la Biblia.
Oigo: “Entre tú y ella hay un juramento que no puede ser deshecho porque ha sido aceptado por las Altas Entidades del universo.” “Pero debes ser muy cuidadoso porque de tí depende la pureza de su alma”.

11-6-2011 sábado. En la Biblia.
Si el Cielo, Nuestro Padre Eterno, se digna concedérmelo, mi hijo se llamará R. J. Nigel.
Promesa hecha a Nigel Green.


Siguió un breve interludio, intermezzo entre dos largas ausencias. La primera había concluido con lo que yo consideraba el intento de engaño sexual de un ánima burlona. Pero mi mente no descansaba aún después de la revelación de Nigel. Porque en todo aquello había algo que no cuadraba perfectamente con mi aguda percepción sensorial y mental. Porque la voz “If I were you I wouldn’t worry about it” era sin duda la de Adamanta. No había manera de equivocarme. Pero entonces, ¿por qué iba a mentirme Nigel? La respuesta a esta interrogante que me quemaba el alma y producía violentos espasmos en mi pensamiento, mi sentimiento y mi voluntad, iba imponiéndose inexorablemente ante mis ojos.
Toda el infierno de la duda desapareció en un santiamén. Porque entonces comenzó la etapa de la convulsión, el espasmo pasional en nuestra relación. Ella llegaba y, sin darle vueltas al asunto, quería hacerme el amor toda la noche. Para describir esto es necesario poseer dotes de alquimista. Porque como todos sabemos, la relación íntima entre dos seres que se aman le pertenece a los Arcanos del Amor universal. Dos seres que de verdad se aman mutuamente, representan, reactivan el sagrado principio original del universo. Por eso, el secreto es un atributo inherente a la sagrada naturaleza del amor. Y ay del que traicione ese secreto porque se hace odioso ante el Dios del Amor (Cf. Stewart Granger). Pero en este caso especial yo voy a relatar, a describir esquemáticamente el proceso que me convirtió en un iniciado a los Misterios de la Femineidad cósmica. Baste decir que Adamanta era una sacerdotisa de la Madre Tierra. El hijo predilecto de la Gran Madre es el Hombre. Por eso Adamanta, al posesionarse de mí me convertía en un instrumento musical. Una Lira de Apolo. ¡Jamás la idea de la vibración había alcanzado en mi alma semejante magnitud! Porque todos los hilos luminosos e invisibles de mi ser vibraban al unísono cuando la hermosa iniciada iniciaba su Toccatta en Fuga. Al cabo de varias noches de este tratamiento, unido al stress emocional de mi labor de médium transportador por un lado y mi quehacer diario por el otro, calculo que había adelgazado unos 3 o 4 kilos. Porque la tensión nerviosa de todo aquello me consumía. Y en la mañana mi mamá me llamaba la atención ante mis cambios de ritmo y de horario. Mis frecuentes y fervorosos Rosarios a toda hora del día y de la noche. Mis encerronas diurnas en mi habitación supuestamente para dormir. “¡A ti te picó la mosca Tse-Tsé!, me ironizaba constantemente. Al cabo de dos semanas de este tratamiento ya Adamanta me había convertido en una especie de Fakir. Completamente insensible, inmutable al estímulo sensorial y capaz de permanecer como una roca durante toda la noche. El tratamiento me había templado como una hoja de acero toledano.

Diario de un hombre en el Umbral.
28-6-2011 8:20 AM
Yo: ‘Buenos días, querido Padre’
Dalai Lama: “José, hoy te van a venir a buscar para llevarte al infierno. Te has comprometido con una mujer que tiene raíces en lo más profundo de la Tierra. Es posible que no vuelvas y que te mueras. Te recomiendo que pienses mucho en tu madre Margarita. El amor de una madre es muy poderoso. Sólo ella te puede salvar”.
Estoy en el Umbral de la dimensión ritual. Debo tener mucho cuidado con lo que pienso, digo, hago y siento.
Estoy en el Umbral del mundo espiritual.
Con el amor tengo fe. Sin el amor estoy perdido.

A los pocos días Adamanta volvió a desaparecer. Supe por los mensajes de las ánimas que estaba ocupada con la labor de los seres elementales. Ellos se ocupan de todos los procesos naturales, generativos que expresan la íntima relación de la naturaleza planetaria con el macrocosmos, con el espíritu del universo. ¡Pero yo odiaba la idea que tan hermosa mujer, tan bella y talentosa artista se viera confinada –como por una especie de sortilegio de Circe la hechicera- a la esclavizante y arcaica, perenne tarea de los seres elementales! Porque Adamanta era una semidiosa con una abismal genealogía de devoción total a la Reina de todas las hechiceras: la Madre Tierra. Desde hacía miles y miles de años estaba condenada, en parte de su trayecto post-mortem (o vida entre la muerte y un nuevo renacer) a la labor espiritual elemental. Por eso desapareció de mi vista por segunda vez durante el infierno interminable de 10 días.
Todo se remontaba a su revelación de nuestra kármica relación. Ella me había revelado que nuestras almas poseían el mismo tipo de llama. El origen común de nuestras almas era una estrella en la constelación de Sagitario. Era nuestro destino el encontrarnos fortuitamente en medio del camino de la vida. También era nuestro destino amarnos eternamente. La gran garante de nuestro destino espiritual era la Diosa Madre terrestre. Juntos seriamos capaces de todo porque éramos luz de una misma fuente separada por procesos cosmogónicos. Al reunirnos en este mundo nos acercábamos a la reconstitución de nuestra unidad original. Pero nuestra pasión nocturna, nuestra hierogamia inefable había llegado ya a un límite. Tanto la Gran Madre como las Entidades Superiores trataban por todos los medios de apagar la llamarada volcánica inextinguible de nuestro Amor. La primera en demostrarlo fue la mismísima Gran Madre quien me prohibió terminantemente volver a utilizar ¡Jamás! ninguno de sus nombres históricos y sagrados. Me obligó a quemarme la lengua ritualmente con una hoja de navaja calentada al fuego. Así lo hice y las heridas en la lengua y en la boca me duraron muchos días. Jamás volví a pronunciar ninguno de sus nombres. La razón de este castigo se explica por mi desaforada tendencia a componerle poemas a Adamanta. Como si ella fuera la Diosa Madre en persona. Una noche me inspiré en un Himno sagrado griego para mi habitual elogio poético. El resultado fue blasfemante porque el Himno era sagrado de verdad y no había lugar para él en el lecho, la batalla campal de dos apasionados amantes.

Para ese entonces, todas las reticencias, las incertidumbres relativas a nuestro supuesta relación madre-hijo habían sido ya erradicadas absolutamente por nuestro actual rapport esencial de amantes. Atrás quedaba para siempre una antigua sensibilidad idealista fundamentada en la devoción religiosa por la esencia maternal del Eterno Femenino. El ritmo diario de nuestra pasión, de nuestra fundición cotidiana en el fogoso magma de la entrega total había relegado esa Maternidad ideal a la condición de anacronismo. Nuestro destino se jugaba aquí, en este mundo, declinado por mi empeño y devoción total a la Madre Tierra en agonía. Y ella era mi Daïmon socrático, el ser invisible que me iba a guiar a la realización de mi destino de salvación de la Tierra.

Después de todo esto, repito, Adamanta volvió a desaparecer y supe que el Ser Espiritual que rige el mundo sublunar, la Luna y todos los procesos generativos, reproductivos de las especies animales, se la había llevado con muy enigmáticos propósitos. Porque era evidente que para ese Ser ese primer encuentro con ella a las pocas semanas de la reintegración de su conciencia dañada por la enfermedad que la consumió en los últimos años de su vida, era muy importante. Y, tal como iba a hacérmelo saber en persona, me estaba supremamente agradecido por haberla recuperado y llevado a la plena conciencia de si misma. En tan poco tiempo. Todo lo cual dio lugar a otro proceso iniciático terrible. Proceso iniciático debido a la magnitud catártica de mi desesperación. Porque lo que yo había logrado alcanzar, lo que yo había logrado pescar en el océano infinito de las aguas microcósmicas, lo que yo había logrado descifrar del insondable enigma del pasado, el presente y el futuro de la vida del alma humana en la vida física y su enigmático Más Allá: ¿Por qué tenía que perderlo de un solo golpe, sin mediar palabra, sin la más mínima esperanza de retorno? ¡Ni siquiera tenía derecho a saber por qué! Ese momento fue terrible, porque la vida de mi alma estaba en juego integralmente. Mi conciencia de la realidad cósmica se había alzado a un nivel paradójico. Desde la más alta sabiduría me codeaba con la más crasa, y peligrosa, ignorancia. Me había convertido en un peligro para el mundo espiritual, porque no le pertenecía ni a la Luz ni a la Oscuridad. Entonces mi alma se convirtió en un campo de batalla. Las almas lúdico-sarcásticas (¿luciferinas?) se frotaban las manos porque sabían que se iban a divertir a expensas de un hombre en el Umbral. Y el mismo Nigel se sumaba también a la puesta en escena que se me venía encima.
La primera broma pesada que esas ánimas bromistas, aparentemente lideradas por el mismo Nigel, me gastaron fue hacerme rezar 5 Rosarios al día durante 5 días seguidos. Por una necia razón de la cual no me acuerdo. Allí fue cuando volví a llamar la atención de mi madre y de mi hermana. Porque me encontraban rezando el Rosario en el día y en la noche.
Entonces, una noche, se me apareció el Ser Espiritual. Lo veo llegar. ¿Estoy dormido o estoy despierto? Estoy dormido, pero creo estar despierto, porque lo que veo en la visión es sencillamente el espacio-tiempo actual del sitio en el que me encuentro durmiendo. Es de noche, todo está a oscuras cuando de pronto aparece por la izquierda, tripulante en una esfera luminosa como una burbuja. Una burbuja delineada por unos contornos etereos dibujados por el más sublime de los artistas. Las imágenes que veo son misteriosamente bellas porque los colores están atenuados y llevados a la luminosidad espectral. Pero aún así son bellos colores pastel que me hacen evocar inmediatamente la película Tron que vi en los años 80 del pasado siglo XX. Veo a un hombre extraño porque no es occidental sino oriental con el pelo muy corto (¿o calvo?) y vestido con un sutil mono que me hace recordar los sweaters de Star Trek. Pero aquí todo es marrón y ocre claros. Montado en el interior de su burbuja se acerca a mí con suprema curiosidad porque hace ademán de querer tocarme u olerme la cara. A escasos milímetros de distancia me dice: “¡Quieres ser un buen hijo! ¡Quieres ser un buen amante! Gracias por habérmela traído porque ella es una de las más importantes servidoras que jamás he tenido”. En ese mismo instante me despierto violentamente con la imagen del Ser Espiritual delante de mí. Lo veo retroceder sorprendido por la extraordinaria velocidad de mi conciencia. Lo veo hacer un gesto de sorpresa y desaparecer en su vehículo astral por la misma dirección en la que llegó: el pasillo que lleva a la cocina. Concluyo que he sido visitado por un Ser Espiritual cuyo nombre no quiero ni siquiera imaginar. Tan potente como para proyectar su presencia simultanea, su imagen real en el fondo abismal de mi inconsciente mundo onírico. Pero la reactividad violenta de mi psique me lo ha hecho ver también, por unos instantes milagrosos, en el mundo físico. Comprendo al instante que me ha hablado de Adamanta. Ha venido a verme porque, tal como sospechaba a partir de mi análisis de su comportamiento y de su extraordinaria capacidad de movimiento comparable a un genio elemental, Adamanta es una iniciada a los Misterios sagrados de la Tierra Madre. Acaba para mí el tormento de la clasificación de esta alma extraordinaria. Tormento por la terrible ambigüedad que proyecta su apasionado comportamiento. Desde ese momento ya se que no es una mujer normal, sino una semidiosa.

Cuando un hombre penetra en el Umbral por obra y gracia de su destino que es la fibra lúdica, infantil, poética de su alma, el mundo espiritual lo confronta con un panorama conflictivo. Por un lado hay un universo luminoso, el de la trascendencia de su ser superior que sólo nace del desprecio a la muerte física. Desprecio al sentimentalismo profundo erigido sobre el amor al mundo, con sus signos artificiales de plenitud. Poder, prestigio o imagen, placer, belleza y fuerza. Por el otro aparece el bello edificio de la Naturaleza planetaria. Obra maestra de la vida con su hermosa fibra, tejido de arco-iris. El hombre forma parte de ambos mundos. El hecho de tomar conciencia de la compleja naturaleza humana y de erguirse valientemente, ponerse de pié en el comienzo instintivo, animal de nuestra entidad humana, con la cabeza erecta y apuntando al firmamento estelar, le confiere el hombre su carácter distintivo de ser doble. Un ser habitante de dos mundos opuestos.
Mantenerse en medio de esa cuerda floja, de esa balanza como un equilibrista es el objeto y el fin de la vida humana. Porque la dinámica que ayuda al mundo, a la Cultura reflexiva de la epopeya humana es la de aquél que se mantiene en el medio y sirve de intermediario entre las dos orillas del rio.

Hago este preámbulo porque mi primera experiencia en el Umbral fue la ‘huella’ violenta, poderosa que la divina Belleza de una mujer imprimió eternamente en la sensibilidad de mi alma. Como Fausto, sabía que había encontrado ‘mi eternidad’. Esta experiencia moldeó, recreó en un solo instante mi existencia de hombre sin sentido, sin rumbo, sin horizonte. Había vuelto a nacer.
Porque encontré a aquella a quien buscaba eternamente. Pero estaba destinado a encontrarla como imagen etérea, como alguien que fue y se fue. Una reina que vivió y desapareció de la faz de la Tierra.
Esa era la manera con la que el mundo espiritual me confrontaba con la paradoja del amor eterno en medio de un mundo pasajero de la muerte. Porque mi extraordinaria experiencia de supermedium con el alma de esta mujer que yo mismo había rescatado de los mas bajos niveles de conciencia (ligados a la muerte por procesos degenerativos del tejido cerebral), me demostraba claramente la inmortalidad del alma humana. ¡Me demostraba que es el hombre mismo quien crea la Cultura a partir de su mundo interior!
¿Por qué y para qué este proceso iniciático? Ante mis ojos se desplegaba un escenario enigmático, el del Misterio mismo de la Naturaleza. Con sus oposiciones irreductibles, su comunión de contrarios, sus paradojas. Y la simbología de la eternidad, escondida en la banalidad de la belleza vital cotidiana, hermana de la muerte.
La Naturaleza significa: espíritu del Hombre. Cuando la Naturaleza muere, agoniza el espíritu humano.





(1) La mente de un hombre sifilítico está construida sobre el vacío. Sin punto de apoyo, merma la confianza en sí mismo, lo cual se proyecta como desconfianza en los demás.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home