EPÍLOGO
El hombre es un animal racional. Macho y hembra. La división de géneros es cualitativa y la selección natural establece los rasgos del uno y de la otra. La inteligencia lineal, la superior fuerza física y rudeza del macho lo condicionan a la violencia y la muerte súbita. La versátil inteligencia, delicadeza física y finura interior de la hembra la abren a la empatía y el entendimiento con el otro. A la armonía social y a la protección maternal de la vida. Cuando una sociedad de machos entra en conflicto con otra el resultado es casi siempre la guerra. Con sus secuelas inevitables de injusticia criminal, hambre, desolación y horror, como la sistemática violación de mujeres por los soldados embrutecidos. Si alguna facción posee medios de destrucción masivos no vacilará en utilizarlos. Porque el honor de una nación de machos se antepone a la salud del medio ambiente o a la sana evolución de una especie. Bípeda. El resultado es casi siempre la aniquilación total de la vida planetaria y la degradación genética de los supervivientes. En nuestro mundo eso puede ocurrir en cualquier momento.
Para evitar este desenlace automático de la cuestión de la división de géneros en el universo, es inferible que los seres conscientes de sí mismos establezcan mecanismos de seguridad que los protejan de la súbita extinción. El mecanismo más poderoso -puesto que integrado a su entidad física en tanto que regulador de las funciones más arcaicas y esenciales para la preservación de la vida- es afín a la misma naturaleza de la hembra. El principio instintivo maternal. Este es el pilar fundamental de una Cultura de grado universal. Las grandes civilizaciones extraterrestres, de alcances tecnológicos inefables que les permiten el control del espacio-tiempo pueden y deben ser sociedades regidas por principios físicos, culturales y religiosos de fondo feminista. Probablemente de estructura social matrilineal y regidas por videntes, sibilas, profetisas, o sacerdotisas representantes del Eterno Femenino cósmico. Sociedades que han sobrevivido a su cita con la extinción armadas de la fe en la Maternidad sagrada, el principio generativo y protector de la vida en el universo.


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