John Huston
Diario de un hombre en el Umbral
27-7-2011
-“Esa pasión por el Hombre es sagrada, José”.
-“El Cielo perdona tu pecado y te pide una sola cosa: que cumplas tu destino”.
-La mujer no es de quien cree poseerla sino de quien la necesita y tiene la suerte de poseer su gratuito amor.
-Debo reaccionar para superar este lagrimeo. ¡Salir del círculo vicioso de mi sentimentalismo, de mi auto-compasión, de mi lirismo!
-Ahora rige solemnemente su corazón de buena mujer sobre mi orgullo y mi egoísmo. Dios hizo todo en el mundo simple, sencillo. Por eso el corazón de una buena mujer es el principio más alto del Espíritu del universo: el Amor.
-¡Sí, mi amor, tu eres ahora el Sol que ilumina mi vida!
El ser intermediario sirviente de mi madre estaba dentro de mí, moviendo con lentitud las corrientes electromagnéticas de mi cuerpo y sincronizándose al ritmo de mi corazón, de mi respiración y de mi mente. Una vez instalada en mi regazo empezó a hablarme del conflicto entre John y Adamanta. Yo sabía, por la terrible reactividad de la imagen de Hanna Jelkes/Adamanta (Night of the Iguana, 1964), que algo terrible había pasado en el set de filmación de esa película. Lili, la mano derecha de Adamanta, me explicó lo que pasó. La apasionada y a la vez distanciadamente refinada actitud de D. J. K., se había ya manifestado. En su abierta simpatía y cariño por el hombre. ¿Por un hombre? No, por dos: Pepe y Pedro. El porte, la clase y la inflexible fuerza de voluntad de una reina -misterio espiritual del Eterno Femenino- se conjugaban en su enigmática naturaleza. Pero las cosas tornaron mal en Puerto Vallarta aquella tarde de [julio de 1964?]. Lili me dibujó con lujo de detalles la magnitud de la violencia desencadenada por John Huston al verse supuestamente engañado por aquella a quien él consideraba una mujer común y corriente.
Diario de un hombre en el Umbral
27-7-2011
-“Esa pasión por el Hombre es sagrada, José”.
-“El Cielo perdona tu pecado y te pide una sola cosa: que cumplas tu destino”.
-La mujer no es de quien cree poseerla sino de quien la necesita y tiene la suerte de poseer su gratuito amor.
-Debo reaccionar para superar este lagrimeo. ¡Salir del círculo vicioso de mi sentimentalismo, de mi auto-compasión, de mi lirismo!
-Ahora rige solemnemente su corazón de buena mujer sobre mi orgullo y mi egoísmo. Dios hizo todo en el mundo simple, sencillo. Por eso el corazón de una buena mujer es el principio más alto del Espíritu del universo: el Amor.
-¡Sí, mi amor, tu eres ahora el Sol que ilumina mi vida!
El ser intermediario sirviente de mi madre estaba dentro de mí, moviendo con lentitud las corrientes electromagnéticas de mi cuerpo y sincronizándose al ritmo de mi corazón, de mi respiración y de mi mente. Una vez instalada en mi regazo empezó a hablarme del conflicto entre John y Adamanta. Yo sabía, por la terrible reactividad de la imagen de Hanna Jelkes/Adamanta (Night of the Iguana, 1964), que algo terrible había pasado en el set de filmación de esa película. Lili, la mano derecha de Adamanta, me explicó lo que pasó. La apasionada y a la vez distanciadamente refinada actitud de D. J. K., se había ya manifestado. En su abierta simpatía y cariño por el hombre. ¿Por un hombre? No, por dos: Pepe y Pedro. El porte, la clase y la inflexible fuerza de voluntad de una reina -misterio espiritual del Eterno Femenino- se conjugaban en su enigmática naturaleza. Pero las cosas tornaron mal en Puerto Vallarta aquella tarde de [julio de 1964?]. Lili me dibujó con lujo de detalles la magnitud de la violencia desencadenada por John Huston al verse supuestamente engañado por aquella a quien él consideraba una mujer común y corriente.
Adamanta no era una mujer común y corriente. Detrás de ella se escondía el enigma de una antediluviana devoción sacerdotal al Misterio cósmico del Eterno Femenino en su acepción terrestre de la Gran Madre. Una entrega absoluta al servicio integral de la naturaleza planetaria. Su vida de gran artista mostraba únicamente a través de su sublime belleza -signo distintivo inequívoco de las criaturas destinadas a la Gran Madre- la extraña paradoja de una vestal, de una sacerdotisa de Afrodita, el extraño signo de un acertijo espiritual.
Pero John era una referencia establecida de prestigio masculino y estaba decidido a castigar públicamente a esa impulsiva y valerosa mujer libre. Cuando Lili terminó su relato me levanté de la cama y comencé a destilar el veneno de la rabia que me inundaba el alma. Por haberla despreciado e insultado públicamente ante la troupe (incluida Elisabeth Taylor: The Queen) y el equipo técnico del film. Así que, enloquecido de la indignación por el sufrimiento de mi amada Adamanta, castigada y obligada a terminar su trabajo en esas condiciones ignominiosas, invoqué el alma de John Huston y le dije estas palabras: “Old bastard, you think you are a real man because you humiliated a simple woman. But you must know that Adamanta is not the plain woman that you despised with the mocking, sluggish contempt of a brothel’s porter, she is an spiritual sign of the goddess of this world”. “Now well, sort of a wild pig, I challenge you to prove your great strength against me ‘cause I consider myself the eternal son of that woman, the demi-goddess that had to stand your shameful punishment!” Huston, es decir, su alma, acusaba claramente su edad. Era un anciano septagenario, por decir lo menos. Pero todavía se discernía en él al viejo zorro, fuerte como una vara de hierro, capaz de darle la sorpresa a cualquiera más joven que él.
Aceptó mi reto y desapareció. Yo ya sabía que esa pelea entre él y yo tendría lugar en el momento menos pensado. Así que me preparé de la mejor manera que pude. Como soy una persona con un handicapp neurológico mi experiencia de toma de conciencia de mis procesos internos me ayudó mucho. Diseñé inmediatamente un simple sistema de control y defensa neurológico tomando conciencia de mis dos hemisferios cerebrales como dos electrodos quemadores bipolares, o sea de polaridad libre, con el objeto de utilizar todo el poder destructivo de mi mente en el mismo instante de la percepción de mi enemigo. No me faltaron, por supuesto, los consejos de los ‘aereos’ luciferinos metiéndome todo el miedo posible ante un hombre que en vida fue un temible boxeador. Pero no me amilané.
Fue al final del día, cuando me acostaba en la oscuridad de mi cuarto que la pelea tuvo lugar. Sentí una terrible presión en la cabeza como si estuviera en un avión jet de pasajeros descendiendo para aterrizar y la presión me lastimara los oídos. Era un conjunto de personas vivas que me atacaban a la vez. Porque mi conversación con John, como toda fuente de humana emoción, había sido escuchada por seres vivientes. La mayoría eran adolescentes que siempre bregaban conmigo de mil y una maneras por poseer una parte de mi excedente neurológico energético. Entonces llegó John dispuesto a todo. En lo que me di cuenta que la pelea en sí era un sistema sinérgico de energía entré en mi modo de conciencia sinérgica diacrónica y con la potencia plástica de mi mente diseñé gráficamente un sistema de afiladas aspas de titanio en la base y madera muy dura en la punta. Un ‘picatodo’ mental con el que convertí mi percepción sensorial en un terrible torbellino, un triturador de almas. El espectáculo fue dantesco porque luces de todos los colores, gritos de dolor –la mayoría de los adolescentes- y fragmentos psíquicos oscuros y luminosos salieron eyectados en todas direcciones. Inmediatamente oí a John que decía: “Ok, you win!” “You are the winner, I give up!”
El día siguiente lo pasé invectivando a John en la calle, tratando de humillarlo y hacerle sentir el escarnio y la tristeza que él causó en mi madre. Y no crea el lector que estas son cosas de la imaginación, sin ningún asidero real. Para un hombre que conoce el alfabeto cósmico y la naturaleza del alma humana, la comunicación directa con esa triple condición es posible. En ciertas circunstancias emocionales. Esta era una de ellas. La cuestión contra John era una pelea entre hombres por el honor de una gran dama. Incomprendida para John y respetada con religiosa devoción por mí.
Al final del día tuve la infinita satisfacción de recibir la visita del alma de John Huston pidiéndome perdón. Y también recibí a mi madre, tan orgullosa de la defensa con que la honré, diciéndome que ella –noble corazón de madre al fin- ya lo había perdonado. Ya había aceptado su arrepentimiento. Yo no cabía en mí de la emoción. Mi fe en un mundo invisible a los ojos de la razón lógica había sido determinante en la solución de un terrible conflicto entre dos grandes amantes. Porque yo sabía que John había amado locamente a Adamanta. Y viceversa. Ahora la vía estaba libre para que los dos amantes reunidos le hicieran frente a su destino cósmico en un viaje retrospectivo sin retorno. Un viaje al infinito Amor de Dios.
Al final del día tuve la infinita satisfacción de recibir la visita del alma de John Huston pidiéndome perdón. Y también recibí a mi madre, tan orgullosa de la defensa con que la honré, diciéndome que ella –noble corazón de madre al fin- ya lo había perdonado. Ya había aceptado su arrepentimiento. Yo no cabía en mí de la emoción. Mi fe en un mundo invisible a los ojos de la razón lógica había sido determinante en la solución de un terrible conflicto entre dos grandes amantes. Porque yo sabía que John había amado locamente a Adamanta. Y viceversa. Ahora la vía estaba libre para que los dos amantes reunidos le hicieran frente a su destino cósmico en un viaje retrospectivo sin retorno. Un viaje al infinito Amor de Dios.


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