THE QUEEN
Diario de un hombre en el Umbral
Diario de un hombre en el Umbral
23-8-2011
Pienso: Soy un adelantado de la Cultura universal en este mundo. Oigo: “En verdad eres un adelantado de la Cultura universal, José”. “¡Ven!” Entro en mi habitación y oigo: “Arrodíllate ante la omnipresencia del Cielo”. Me arrodillo y siento una extraña sensación, como si una línea de contacto con Dios se hubiera abierto en ese instante. Oigo: “El Cielo va a hacer de ti un gran hombre”.
-“Nuestro Señor no te abandona, porque le conmueve tu amor tan profundo”.
24-8-2011
En el Ortopédico Infantil. Veo por doquier madres heroicas enfrentando su cotidiano. ¡Siento la admiración y la Inspiración! Oigo: “Para eso estás aquí, José, para hacer de la Maternidad la primera institución terrestre. Base de todo el edificio racional de la humanidad”.
2-9-2011
Todo en mi relación con Adamanta debe ser gratuito siguiendo el ejemplo del Padre Eterno quien me la regaló.
4-9-2011
Desde la noche del tiempo y el origen de la vida, desde el fuego sagrado del comienzo, mi cuerpo, mi alma y mi espíritu te reverencian y te adoran, Oh Gran Madre, en la Entidad Integral de María. Amén.
The Queen
Y escribo estas palabras desde la incomodidad de mi colchón en el suelo, forzando mi cintura, porque es aquí donde he vivido la mayor parte de esta aventura cósmica. No quiero sino transmitirla antes de perder la memoria de cosas tan sutiles.
Pienso: Soy un adelantado de la Cultura universal en este mundo. Oigo: “En verdad eres un adelantado de la Cultura universal, José”. “¡Ven!” Entro en mi habitación y oigo: “Arrodíllate ante la omnipresencia del Cielo”. Me arrodillo y siento una extraña sensación, como si una línea de contacto con Dios se hubiera abierto en ese instante. Oigo: “El Cielo va a hacer de ti un gran hombre”.
-“Nuestro Señor no te abandona, porque le conmueve tu amor tan profundo”.
24-8-2011
En el Ortopédico Infantil. Veo por doquier madres heroicas enfrentando su cotidiano. ¡Siento la admiración y la Inspiración! Oigo: “Para eso estás aquí, José, para hacer de la Maternidad la primera institución terrestre. Base de todo el edificio racional de la humanidad”.
2-9-2011
Todo en mi relación con Adamanta debe ser gratuito siguiendo el ejemplo del Padre Eterno quien me la regaló.
4-9-2011
Desde la noche del tiempo y el origen de la vida, desde el fuego sagrado del comienzo, mi cuerpo, mi alma y mi espíritu te reverencian y te adoran, Oh Gran Madre, en la Entidad Integral de María. Amén.
The Queen
Y escribo estas palabras desde la incomodidad de mi colchón en el suelo, forzando mi cintura, porque es aquí donde he vivido la mayor parte de esta aventura cósmica. No quiero sino transmitirla antes de perder la memoria de cosas tan sutiles.
Esa semana que va del día siguiente al día de Nuestra Señora del Carmen hasta el domingo siguiente fue una semana de soledad total. Un hecho sorprendente que me entristecía el alma y me hacía presentir lo peor para mi amor por la mujer que más amaba en el universo. El primer domingo siguiente al día del Carmen me había dejado la amarga sorpresa de la ausencia total de Diótima Adamanta. Pero al final entré en razones al recordar la prescripción inicial de los seres mensajeros de Nuestro Señor. ‘Contacto de alma a alma con Adamanta sólo una vez por semana’. Un solo día a la semana en contacto con el volcán de pasión sensorial, la ígnea femineidad de aquella que de madre había pasado a ser mi mujer. El día señalado era el domingo. Pero era casi imposible cumplir esa prescripción con un alma tan impulsiva y recia como la de Adamanta.
El origen de todo ese descalabro que ahora me comenzaba a agobiar había sido la pasión amorosa que nos unió alocadamente la noche misma del lunes 11 de julio 2011 en que facilité el acceso de Elizabeth Taylor, The Queen, y de Montgomery Clift a un nivel de conciencia superior. La fuente de todo el problema había sido el puente del 5 de julio, Fiesta Nacional en Venezuela. Cuando el miércoles 6 fui a solicitar las misas para Rosemunde la Reina y otras tres almas, incluida la de su gran amigo Montgomery (Edward) Clift , me encontré con que tenía que dividir el proceso de los 5 días con el domingo por el medio. Preferí entonces comenzar una secuencia ininterrumpida desde el lunes 11 de julio 2011. Cinco días de asistencia y comunión con el objeto de hacer pasar el alma de mi admirada y bella artista a lo que yo llamaba el primer peldaño de la escalera cósmica que une la Tierra al Cielo. Mi labor me fascinaba y sabía que las entidades superiores apreciaban mi extensa perspectiva, mi conciencia de un universo triple en la ayuda desinteresada que le brindaba a mis hermanos los artistas dramáticos. Así realizaba mi sueño de intermediario entre la Tierra y el Cielo. El designio de mi admirado J. Wolfgang von Goethe establecido en su cuento/mito de ‘la Serpiente Verde y la Flor de Lis’: la unión generosa y fraternal del hombre ante el peligro es la única garantía de la realización de su destino.
The Queen había venido a mí cuando vi una de sus más bellas películas: Ivanhoe. Su etérea, delicada y a la vez recia presencia sensorial me había seducido, subyugado e hipnotizado desde el primer momento en que la vi. La noche escogida para ver la película, Adamanta me había repetido varias veces este mensaje: “Tonight we are going to see how wise you really are, José!”. No tenía ni idea de lo que aquello significaba pero lo averigüé por instinto después de ver la película. Filmada a comienzos de la década de los 50, Ivanhoe era un bello cuento de Walter Scott que resaltaba la nobleza, la lealtad y el heroísmo de un caballero inglés del siglo XII. Fiel súbdito de Ricardo Corazón de León, secuestrado por Leopoldo de Austria a su regreso de la IIIº Cruzada. El momento culminante para mí era el juicio de la joven doncella judía Rebeca, acusada de brujería por el sólo hecho de ser hebrea. En esa inolvidable escena la cámara enfocaba por unos instantes la cara y los ojos de Elizabeth. Los ojos que me hicieron sentir todo el peso de la realidad oculta en lo cotidiano. Cuando terminé de ver el film y me dispuse a cenar, la impresión que esa hermosa cara de extraña y surreal belleza dejó en mi alma provocó un largo monólogo de admiración que terminaba así: “Siento en ella la huella indeleble del Eterno Femenino cósmico. Esta mujer no puede ser sino un avatar de la Gran Madre”. Al instante Adamanta se hacía presente, diciéndome: “José, sabía que eres el hombre más sabio de la Tierra y ahora lo acabas de demostrar”. “Jose , I knew you were the wisest men on Earth and now you just have proved it!” Entonces me arrodillé en dirección a la montaña del Valle de Caracas. El Avila, llamado ‘Warairarepano’ por los indígenas autóctonos. Le rendí pleitesía a la presencia de la Gran Madre Tierra. Había reconocido su último avatar viviente sobre la Tierra y por eso la Diosa me dijo: “José, has sido nombrado mi gran sacerdote desde este mismo instante”. Pero ten cuidado de nunca pronunciar mi nombre, ni siquiera pensarlo. Te debes referir a mí por el epíteto de ‘Gran Madre’ únicamente. Mis nombres son sagrados”. Aquella noche, me decía, con lágrimas en los ojos fruto de la intensa emoción de mi descubrimiento, había encontrado la última imagen terrestre de la entidad espiritual a la que había jurado dedicar mi vida en cuerpo, alma y espíritu. El comienzo y el fin de mi alma inmortal y la esencia espiritual a quien deseaba servir tanto en la vida como en la muerte. A la imagen de mi adorada Adamanta, quien marcaba la pauta de una intensa dedicación por la Madre Tierra aún después de muerta. Elisabeth Rosemunde Taylor pasó a ser llamada ‘The Queen’ a secas. Y me dediqué a servirla con el entusiasmo y la devoción de un novicio de los Sagrados Misterios de la Maternidad universal. Servirla significaba hacer mi exigua habitación de servicio algo más adaptada a tan regia presencia. Barrer y limpiar el suelo, desinfectar el baño, etc. Ofrecerle música continuamente, salir a la calle y sentir su hermosa presencia inquisitiva admirando Caracas a través de mis ojos. Porque ella se alojaba de preferencia en mi pecho de forma tal que, cuando hacía algún movimiento brusco sentía que se quejaba. Las almas de las mujeres son muy delicadas… y el alma de una Reina aún más. Pero no podía evitarlo debido a la sempiterna pesadez psíquica que me obligaba de vez en cuando a equilibrar mi colapsada energía hemisférica con bruscos movimientos. Hacer esto y ver a mi alrededor un latigazo plateado y empezar a pedir disculpas en español, en inglés y hasta en francés era un espectáculo que me sucedía demasiado a menudo. Alguna que otra vez la gente en la calle me veía hablar solo… Cuando el golpe había sido demasiado fuerte me lo hacía saber con esa delicada, femenina voz entre quebrada y emotiva (por una supuesta falta de aliento, discurría yo) que era el sello distintivo de su personalidad. Ella se sentía portadora de la presencia ígnea de la Gran Diosa Madre desde su más tierna infancia. Pero, aunque lo sabía, nunca se propuso desarrollar esa inefable realidad en términos de búsqueda de reconocimiento. Vivió su condición espiritual con la discreción de una verdadera semidiosa. Esto lo pude constatar cuando, embelesado por su bella presencia decidí admirar todos aquellos films que marcaron su debut cinematográfico. Sobre todo Lassie come home! con Roddie McDowall, y National Velvet con Mickey Rooney. También sentí que los dos seres más cercanos a su esencia íntima fueron Roddie y Montgomery Clift. Por eso en las misas que comenzaron el 11 de junio incluí su nombre: Edward Clift.
Las entidades que rigen la vida del hombre después de su muerte me habían tratado con benevolencia, y yo lo sabía muy bien. No sólo habían permitido que el alma de una difunta permaneciera con un mortal. También habían zanjado la cuestión del delicado equilibrio psíquico de un extraño amorío estableciendo un solo día a la semana (el domingo) para nuestros volcánicos y palpitantes abrazos amorosos. Ahora bien, debido al puente del 5 de Julio Adamanta no había podido venir a mí el domingo que le correspondía. Así que el sábado y el domingo de esa semana Adamanta había necesitado descansar en mi pecho por unos instantes y no pudo hacerlo porque yo portaba en mi pecho no a una sino a dos almas. Esto provocó una reacción de su apasionada naturaleza en el peor momento, el 1 de agosto día del Carmen cuando ella según el ritmo septenario establecido tenía una importante cita que cumplir, en la Iglesia. Porque el día anterior había visto, a instancias de Elisabeth misma, A Place in the Sun, con el propósito de recoger el alma de Montgomery Clift, el amigo íntimo de The Queen. Así lo hice con la precisión de un bisturí o mejor de un avión STOL como el Viejo Westland Lysander. Montgomery era un alma afable y distinguida y pasó entonces a habitar en mi pecho hasta el día en que llevé a ambos a la Iglesia. Con él tuve una interesante conversación sobre la naturaleza espiritual de Elisabeth. Yo le hice saber que ella era el último avatar de la Gran Madre. La Diosa más manifiesta puesto que la naturaleza terrestre es su atributo físico. Pero también la más misteriosa, terrible y punitiva ante aquellos que irrespetan a Dios. Él me dijo, con su sencilla y sincera forma de hablar, que se dio cuenta de esa extraña naturaleza espiritual en Elisabeth la primera vez que ella lo abrazó. Con un sentimiento anímico y sensorial de esa magnitud, ella simplemente no podía ser humana. Pero guardó el secreto.
Sólo a un iniciado se le podría creer algo semejante a la historia real que yo estoy relatando aquí. Es por eso que estoy consciente que mi experiencia de médium natural rompe los parámetros espacio temporales de la Civilización Occidental y abre, en cierto modo, una brecha en el sólido muro de los límites del conocimiento racional. Porque juro que todo lo que estoy contando aquí no sólo es la verdad, es la verdad de mi vida, de mi destino cósmico. Pero no puedo hablar sólo de mí. Sin mi encuentro con el alma de D. J. K., alias Adamanta este relato jamás habría visto la luz. El fenómeno que relato le abre las puertas de una amplia terraza con vista panorámica al hombre del siglo XXI . Esta panorámica es la comunicación entre los vivos y los muertos en el contexto de una colaboración íntima de ayuda mutua. Porque la vida del hombre después de la muerte es muy activa y transcurre generalmente en un absoluto secreto. El hombre necesita ayuda para superar los primeros peldaños de su trayectoria a la inversa. Lo que yo y Adamanta hemos logrado abre una nueva página en el desarrollo y el enriquecimiento de nuestra cultura y del arte. Y digo arte porque los grandes momentos de la civilización siempre resultan ser aleccionantes motivos artísticos.


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