DU CHAUDRON!
Estos son los ingredientes de un guiso, un caldero humeante, un chaudron. Es el guiso cultural que bulle con los ingredientes exóticos que le faltan a nuestra miope, bizca y grosera Civilización Occidental.
En el momento en que escribo estas líneas frente a mi PC, me sitúo en una encrucijada a sabiendas de que la dirección que tome será un one way ticket, un viaje sin retorno.
Todo comenzó cuando olvidé que no soy un Ser sino una dinámica, una voluntad de acción. En efecto, a fuerza de contemplar o más bien de sentir l’air du temps de las almas más allá del Umbral, terminé por creer que en realidad había trascendido mis limitaciones físicas y psíquicas. Pero una frustración amorosa me volvió a colocar en mi lugar. Volví a ser el animal de siempre que cree tener la realidad cogida por las barbas. Cuando la mujer que perseguía tenazmente se distanció de mí fríamente, perdí la paciencia y dejé salir de mi alma toda la amargura que en ella se había acumulado. Deprimido, desesperado, abandonado a mi suerte en este mundo cruel, renegué de nuevo del orden humano del mundo (¡Cuánto tienes, cuánto eres!) y del Supremo Ordenador envuelto en el sempiterno Misterio de su paradójica manifestación. En el fuego intenso de mi rabia existencial, desprecié de nuevo a Dios y su Obra y al Diablo y la suya. Volví a olvidarme de la prudencia y el respeto a las instancias superiores.
Aquella noche mi sueño fue difícil, como una tormenta, un torbellino de sombras que llenan el abismo. Cuando iba emergiendo de ellas, oí: “¡José, la ira de Dios se puede manifestar en tu vida, ten cuidado!” y “Todas esas almas necesitan su tiempo”. Entonces sentí miedo, porque lo que creí que era tierra firme no era sino vacío. Incorporándome de mi cama evoqué en un solo instante la aventura esotérica que cambió mi vida. La aventura inefable que, aún leida en este Blog, no pasa de ser sino un intento literario para la inteligencia relativista del hombre. Aquí en Caracas y en cualquier parte del mundo. Mi experiencia en el Umbral no sólo es verídica, es una revelación para el hombre de esta estúpida época. La época que cambió el Sentido por el significante.
Todo lo que he descrito aquí es verdad. Es esa verdad la que me hizo confiar demasiado en mí mismo y olvidarme que sólo soy un animal racional. Sujeto a altibajos físicos y anímicos.
“Cuando la mujer que perseguía tenazmente se distanció de mí fríamente, perdí la paciencia y dejé salir de mi alma toda la amargura que en ella se había acumulado. “
Entonces me dí cuenta de mi error. He actuado como si yo fuera la pieza maestra que le faltaba al Orden natural. Como si el infinito universo espiritual, la Gran Naturaleza, me hubiera estado esperando para, ¡al fín! sentirse completa y acabada. Craso error que me ha hecho acelerar el ritmo kármico o cósmico de tantas y tantas almas de artistas del Séptimo Arte del siglo XX. Pero no lo he hecho sin sopesar cuidadosamente hasta el último detalle, la menor implicación que semejante acto podría acarrear en mí. Lo he hecho por una buena causa.
Lo que he esbozado escribiendo este Blog no es una apología del espiritismo o de la New Age. No es una banalización de los principios religiosos universales. No. Es sólo un desesperado intento de invocar la conciencia humana. Inconsciente e irresponsable. También he hablado de la existencia de una Cultura universal, un rio subterráneo que fluye silencioso y que terminará por emerger algún día. Pero mi único móvil ha sido la salvación de la Tierra.
He gritado en silencio que la salvación de la Tierra es una responsabilidad de los vivos y de los muertos. Todos ellos lo saben y me agradecen mi empeño por construir un puente que una las dos orillas del río. Porque, muy seguramente, la mayoría de los seres humanos estamos destinados a volver a nacer. Entonces, ¿qué razón tiene taparnos los ojos como avestruces ante la realidad del terrible crimen que la individualidad libre, hoy, está cometiendo? El crimen terrible del que convierte un vergel en un basurero contaminado, un valle en un desierto, un rio y un océano en un pantano pestilente. Porque cree y jura que esa degradación no lo va a alcanzar a él. Al menos no en esta vida. Y en su egoísmo no ignora que los que van a llenar sus pulmones de la pestilencia y del hedor, los que vivirán degradados en su calidad de vida no son ellos sino sus hijos y sus nietos. Ese es el crimen de la indolente individualidad libre en este mismo instante. Realizado por obra acción y omisión de mil y una maneras diferentes. Por el ser egoísta –ser urbano- que se cree verdaderamente separado, independiente y autónomo del Orden natural.
Ahora no me queda sino bajar el telón. Se ha acabado la función. El hombre en el Umbral, el hombre que ha abierto los ojos como un iniciado al misterio del destino del alma humana en su relación intrínseca con los elementos del universo –elementos que la hacen un ser tanto celeste como terrestre- se retira a la paradoja de su existencia. A la humilde grandeza de la 'Docta Ignorancia'. Seguiré luchando mientras viva para proteger a mi divina Madre, la Tierra. Mantendré viva la llama de su culto sin ignorarme de nuevo como animal y como ángel. Porque es necesario el sacrificio de la individualidad libre para que la fiera soberbia intelectual –bramido del intelecto- no se apodere de nuestras almas haciéndonos creer que somos algo más que polvo, barro y cenizas.
Esta es, finalmente, la lista de casi todas las almas que he llevado al Umbral, a la Gran ventana del universo. Todos ellos me han agradecido personalmente la gracia de llevarlos a esa Gran Atalaya. Cada uno de estos nombres ha sido para mí una gran aventura, un gran privilegio, una gran satisfacción. Porque me ha abierto los ojos con fascinación al gran enigma del universo. El Espíritu eterno.
Deborah Jane Kerr-Trimmer
Cary Grant (Archibald Alexander Leach)
Elizabeth Rosemund Taylor
Montgomery Clift
Rock Hudson (Harold Scherer)
Jack Lemmon
Cary Grant (Archibald Alexander Leach)
Elizabeth Rosemund Taylor
Montgomery Clift
Rock Hudson (Harold Scherer)
Jack Lemmon
Oliver Reed
Finlay Curry
Nigel Green
Elizabeth Fell
Franchot Ton
Steve McQueen
Jennifer Jones
Audrey Hepburn
Ginger Rogers
Ray Milland (Alfred Reginald Jones )
Priscilla Lane
Vivian Leigh
Grace Patricia Kelly
Prince Rainier (Louis Henry Maxence Bertrand Grimaldi)
Jill Ireland
Charles Bronson
Peter van Eyck
Michael Jackson
James Maitland Stewart
Lana Turner
John Wayne
Shelley Winter
Tim Holt
Finlay Curry
Nigel Green
Elizabeth Fell
Franchot Ton
Steve McQueen
Jennifer Jones
Audrey Hepburn
Ginger Rogers
Ray Milland (Alfred Reginald Jones )
Priscilla Lane
Vivian Leigh
Grace Patricia Kelly
Prince Rainier (Louis Henry Maxence Bertrand Grimaldi)
Jill Ireland
Charles Bronson
Peter van Eyck
Michael Jackson
James Maitland Stewart
Lana Turner
John Wayne
Shelley Winter
Tim Holt
Luis Alvarez
Paul Newman (Paul Fetsko)
Fortunio Bonanova
Erich von Stroheim
Akim Tamiroff
Miles Mander
Roger Livesey
Richard Widmark
Peter Ustinov (Peter Alexander Freiherr von Ustinov)
Lino Ventura (Angelino Giuseppe Pasquale Ventura)
John Winston Lennon
Janeth Leigh
Robert Bushnell RyanFortunio Bonanova
Erich von Stroheim
Akim Tamiroff
Miles Mander
Roger Livesey
Richard Widmark
Peter Ustinov (Peter Alexander Freiherr von Ustinov)
Lino Ventura (Angelino Giuseppe Pasquale Ventura)
John Winston Lennon
Janeth Leigh
Ralph Meeker
Vera Gibson Amado
Paul Gustave Pierre Meurisse
Michel Lucien Serrault
Wolfgang Preiss
Karin Baal
Norman Rossington
Percy Herbert
Arlington Brugh
Benny Hill (Alfred Hill)
Ferdy Mayne (Ferdinad Philip Mayer-Horckel)
Sharon Marie Tate
Gert Fröbe (Karl Gerhart Fröbe)
Jack McGowran
Alfie Bass
Jessie Robins
Raymond Burr
Lee Marvin
George C. Scott
Donna Reed (Donna Belle Mullinger)
Virginia Mayo (Virginia Clara Jones)
Anton Diffring
Barbara Stanwyck (Ruby Catherine Stevens)
Paul Gustave Pierre Meurisse
Michel Lucien Serrault
Wolfgang Preiss
Karin Baal
Norman Rossington
Percy Herbert
Arlington Brugh
Benny Hill (Alfred Hill)
Ferdy Mayne (Ferdinad Philip Mayer-Horckel)
Sharon Marie Tate
Gert Fröbe (Karl Gerhart Fröbe)
Jack McGowran
Alfie Bass
Jessie Robins
Raymond Burr
Lee Marvin
George C. Scott
Donna Reed (Donna Belle Mullinger)
Virginia Mayo (Virginia Clara Jones)
Anton Diffring
Barbara Stanwyck (Ruby Catherine Stevens)
Mary Field
Kathleen Howard
Oskar Homolka
Henry Travers
S. Z. Sakall
Tully Marshall
Leonid Kinskey
Richard Haydn
Aubrey Mather
Allen Jenkins
Myrna Loy (Myrna Adelle Williams)
Friedrich March (Ernest Frederick McYntire Bickel)
Maurice Ronet
Rita Hayworth (Margarita Mercedes Cansino)
Vincent Price (Vincent Leonard Price)
George Orson Welles
Entre ellos y yo existe ahora un bello lazo de amor y respeto. La fraternidad humana en acción. Entre ellos y yo crece ahora el sentimiento consciente que el hombre es capáz de entender y formar parte conscientemente del enigma anímico del universo. La Madre de ese Sentimiento eterno es el Ser espiritual -que une la cosmogonía a la antropogonía- llamado ‘Madre Tierra’.
Kathleen Howard
Oskar Homolka
Henry Travers
S. Z. Sakall
Tully Marshall
Leonid Kinskey
Richard Haydn
Aubrey Mather
Allen Jenkins
Myrna Loy (Myrna Adelle Williams)
Friedrich March (Ernest Frederick McYntire Bickel)
Maurice Ronet
Rita Hayworth (Margarita Mercedes Cansino)
Vincent Price (Vincent Leonard Price)
George Orson Welles
Entre ellos y yo existe ahora un bello lazo de amor y respeto. La fraternidad humana en acción. Entre ellos y yo crece ahora el sentimiento consciente que el hombre es capáz de entender y formar parte conscientemente del enigma anímico del universo. La Madre de ese Sentimiento eterno es el Ser espiritual -que une la cosmogonía a la antropogonía- llamado ‘Madre Tierra’.
Titán (mirando a la Tierra) [1987]
Más allá de las mil erupciones
En el seno de mi Madre majestuosa
Ya vislumbro el fín de mi tormento
Y acaricio sus cimas borrascosas.
Mi aliento brota del fuego, del lamento,
Bañado de sudor, de sangre y de sabiduría,
Soy el eco doloroso de la Tierra,
Madre amada de mi instinto
Y de mi salvaje alegría.
¿Y donde está tu amor que alivia mis heridas?
Tus labios adorados que insuflan la vida,
El botín voluptuoso de tu piel y de tu aliento,
Éxtasis supremo de la suprema fantasía.
¡Si tengo que morir para sentir tu cuerpo
Renaceré otra vez, Fénix, de la hoguera del Tiempo
Y celaré tu aurora en esta noche oscura
Para volverte a amar, eterna es mi locura!

