Mr. Deeds is Kidding me
‘Mr. Deeds is Kidding me’.
Encontré en un viejo ejemplar de Le Nouvel Observateur una reseña de programas de la TV francesa sobre un ciclo de películas de Gary Cooper. Un artista con carisma y mucha simpatía. Entre esas películas estaba Beau Geste (1939) y Design for Living (1933), de Ernst Lubitsch. Deseaba conocer la obra de este director, maestro de Billy Wilder. Así que bajé el torrent de Design for living. La primera secuencia del film (dos hombres y una mujer en la cabina de un tren) me tomó por sorpresa porque los actores se expresaban en un perfecto francés. Cuando descubren que todos son americanos cambian el francés por el inglés. La película me sorprende por lo ingeniosa, divertida y ágil. Extremadamente actual para un film de 1933. Desde las primeras secuencias siento que Gary desea comunicarse conmigo. Lo cual me extraña. Porque en varios de sus films no ha manifestado ningún interés en venir conmigo a la Santa Misa. He visto The wreck of the Mary Deare (1959), Man from the West (1958), Beau Geste (1939), Ball of Fire (1941), Mr Deeds goes to Town (1936), y For whom the Bells toll (1943). En Ball of Fire llevé a casi todo el elenco a misa -sus nombres están inscritos en la lista del Blog- pero él no quiso venir. En Design for living el ambiente es jovial y desenfadado. Quizás es por este ambiente ‘abalanzado’ que me contacta claramente para decirme que los tres (Friedric March, Gary Cooper y Miriam Hopkins) están interesados en venirse (hitch a ride) conmigo a la Iglesia franciscana. Tres almas de artistas quieren ir a una iglesia para oír una misa y acercarse al altar del sacramento cristiano. ¿Por qué? He aquí un límite del conocimiento que es necesario iluminar. Porque, si les es tan necesario en el ‘más allá’, ¿por qué no hacer algo en el ‘más acá’?. Me digo que el universo es un teatro sin fin y que la cortina que abre y cierra el espectáculo es el Misterio de la Libertad.
Hecho manos a la obra y todo se desarrolla sin el menor contratiempo porque los lapsos son cortos. 48 horas después de nuestra conversación los recojo y los llevo al sacramento de la Comunión en la iglesia. La misa es a las 6 PM en La Florida. He llegado a ellos, es decir a la pantalla de mi PC como a las 5:30 Pm. Al sentarme en la silla de mi escritorio me he persignado, consciente de ese acuerdo mutuo, de esa extraña complicidad entre las almas de estos excelentes artistas y la mía. Porque sé que ellos tienen medios de percepción extraordinarios. Se que en el momento en que la imagen congelada del medio fílmico comience a moverse la puerta misteriosa se abrirá de nuevo y tres seres vivientes vendrán desde el más allá del arte y penetrarán en el misterio de mi propia alma. ¡Así es!. Una tras otra, las almas entran en mí. Es un breve, seco golpe de viento al que ya me he acostumbrado.
Durante el trayecto siento esa ‘presencia’ en mi. Cerrando los ojos acierto a ver algo. Sus gestos visuales lejanamente percibidos en el fondo de mi mente se diluyen en la oscuridad, se desvanecen en el momento de la Comunión. Salgo de la Iglesia y pienso que los más grandes misterios de la vida humana están ocultos en su propia manifestación. Porque el alma humana es un gran misterio manifiesto. Todo el tiempo convivo con seres vivientes dotados de una esencia maravillosa por encima del tiempo y del espacio. Un alma eterna. Pero el racionalismo nos hace negar estúpidamente la alegría de existir, de fraternizar los unos con los otros como niños ingenuos fascinados por la Belleza, la obra de Dios. Me digo que es necesario expresar esa fascinación, esa alegría ingenua por la Naturaleza cósmica so pena de convertirme en otro gran hipócrita. Bramido del intelecto…
Al cabo de unos días pienso en Alan Ladd. Él había sido compañero de trabajo de mi madre. Yo sabía que ella lo apreciaba mucho, tanto o más que a Dirk Bogarde. Ambos me transmitieron mensajes de mi ‘Dulcinea’ Adamanta. Dirk en ‘Appointment in London’ (1953) me hizo saber que: ‘She doesn’t want you to pray for her anymore’. El efecto que este mensaje tuvo en mi fue devastador. Porque el único lazo activo que yo sentía que me unía a la gran dama de mi alma era el Rosario. El Rosario que devotamente le rezaba día tras día. Ese Rosario era para mí como una línea directa a su corazón. Porque había un lazo anímico invisible que me unía íntimamente a ella. Lamentablemente una serie de eventos habían alterado la pureza de mis oraciones. A altas horas de la noche demasiadas veces me había quedado dormido rezando por ella. Porque rezar debía ser un acto de vigilia. Al dormirme rezando, una nube de espectros y de figuras vaporosas grises y azules surgían del abismo de mi conciencia vencida. Sentía que se apoderaban de mi supuesta piedad y llevaban mis oraciones al lado oscuro de mi alma. Allá veía a seres de muy mala catadura, siempre calvos, envueltos en un halo pestilente de sexo y violencia. Al despertar trataba de continuar con el hilo perdido de la oración, pero me daba cuenta de que algo muy malo estaba pasando. Una y otra vez me decía que no debía dormirme. Pero el trasnocho crónico –lado oscuro, caballo negro- de mi vida me ganaba la delantera. Aún así, cuando ella me lo hizo saber, el shock fue tan grande que la sensible Adamanta, al verme desesperado y con lágrimas en los ojos, cambió de opinión. Le rogué que no cortara el único lazo que me daba la plena seguridad de que todo aquello que viví con ella no había sido un sueño, un fantástico efluvio de mi imaginación. Tan graciosamente humana como siempre, Adamanta accedió. Así que durante unos 7 u 8 meses más continué rezando por ella. Hasta que sobrevino otra crisis sentimental en mi vida afectiva con resultados nefastos. Me volví a dormir rezando y vi que una nube de demonios infernales se desataban y hasta devoraban mi supuesta devoción espiritual. Así que cuando me interesé por la obra de Alan Ladd a sabiendas de que fue un buen amigo de Adamanta ya ella había decidido cortar con esa oleada de sombras surgidas del abismo de mi alma. El primer film que bajé de Ladd fue The Blue Daliah (1946), con él y Verónica Lake. Después hice lo mismo con una vieja película que había visto en Madrid a mis 12 años y que llevaba por título en español ‘Raices Profundas’. Su título en inglés era Shane (1953). Fue durante la presentación de este ‘Western’ tan arquetípico que el alma de Ladd me expresó claramente que: ’She doesn’t want you to pray for her anymore’. Esta vez, aunque triste, asentí y desde ese día, el 24 de abril 2013 no volví a rezar por ella. Pero aún así llevé a misa al alma de Brandon deWilde, ‘Joey’, el joven hijo de Joe Starret (Van Heflin) y además saludé al alma, siempre deliciosamente femenina, de Jean Arthur. Tambien es posible que haya llevado al alma de Walter Jack Palance, pero no estoy seguro. No lo recuerdo a ciencia cierta (han pasado cuatro meses), aunque él sí se comunicó conmigo. Para elogiarme efusivamente por mi iniciativa de proteger la Tierra uniendo las dos orillas del río.
Pero mi experiencia con Gary Cooper resalta en sus matices. Al igual que con John Wayne. El punto de fuga de lo que de otra manera sería una relación gentil y serena entre el alma de un artista y mi alma de médium cinéfilo viene dada por cierta represión mental atribuible a la sífilis que padecí a los 19 años. Mi energía mental no es normal y mis hermanos artistas no lo ignoran. Cuando vi The Sea Chase con ‘The Duke’, Lana Turner y David Farrar mi lado infantil, mi ‘tic nervioso’ se derrama de nuevo y John permanece a mi alrededor durante varios días. Antes de desaparecer de mi percepción inmediata me dice: “We were all children like you are now”. Es un sarcasmo que me hace reir y que nunca olvido.
Gary es un hombre que ha sabido conservar la fuerza de su infancia del principio al fin de su vida. Y más allá. Más de una vez al ver sus obras y acostarme tarde encontraba en medio de la noche que me hacía compañía. Porque quería bromear conmigo. ¡Qué sentido del humor! La razón de esta actitud creo conocerla. Cuando por primera vez me encontré ‘cara a cara’ con su alma mi satisfacción fue tan grande que le dije: “I respect you very much as an artist and as a gentleman”. Y llevándome las manos al corazón añadí: “You are my brother”. Desde ese entonces mi relación con él fue tan fraterna que a veces me despertaba en medio de la noche por nimiedades como si en verdad fuese mi hermano. Queriendo compartir conmigo, por ejemplo, la imagen de un automóvil que cae por un precipicio. Porque aquella noche cambíé de idea en el último momento y no ví Mr Deed goes to Town. Pero me despertó zarandeándome y buen susto que me llevé. De acuerdo a la experiencia acumulada en la mediación existe un determinismo psíquico, un ambiente anímico específico en cada film. Una alquimia entre ese momento particular de la vida del artista y la huella emocional del rol que está viviendo en ese performance. Esto explica el cambio de actitud que experimento de un film al otro de su extensa filmografía. Porque unas veces me observa impávido y otras veces promueve peleas a almohadazos. Otro ejemplo es el de Akim Tamiroff a quien ‘encuentro’ por primera vez en Five Graves to Cairo (1943) de Billy Wilder. Allí, modelado por su rol de gentil propietario del hotel, su actitud es suave y muy gentil, mientras que en For whom the bells toll (1943), deviene agresivo y amenazante. No me refiero, repito, a la actitud del personaje a quien allí dan vida sino a la actitud del alma del actor difunto. El film es, entonces, una ventana espacio-temporal que se abre a un momento único, irrepetible, en la vida del artista.
Poco tiempo después me intereso por la obra de los ‘maestros’. Buster Keaton, y Harold Lloyd. Me divierto enormemente con The Cameraman (1928), de Keaton y con Safety Last (1923) de Lloyd. Después, como casi siempre, aceptan mi invitación y los llevo a la Misa sin el menor problema. Nadine Trintignant y Winston Churchill son las dos últimas almas a las que llevo, en abril-mayo 2013. Me intereso a la primera por una reseña de su muerte a manos de su novio que leo en una revista francesa. Me acerco a Sir Winston por pura inspiración via Youtube. Nadine pasa el umbral pero me parece que Sir Winston se atasca. Quizás por mi culpa. Despues me vuelvo a salir del sendero recto de los mediadores entre lo visible y lo invisible. Porque quiero vivir ‘my own prívate life’ como cualquier otra persona libre. Ya han pasado cinco meses y es poco probable que vuelva a retomar mi rol por muy diversas razones. Quizás Telly Savalas tenía razón cuando se me apareció en la pantalla panorámica de mi alma de médium y me dijo con gesto airado que dejara de llevar a todas esas almas a la Iglesia. No supe qué contestarle, pero en el fondo de mi corazón sentí que Dios es la Misericordia misma y que los caminos pedagógicos de la existencia cósmica de los seres humanos no tienen fronteras.


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