La Cultura nace de un drama
La Cultura nace de un
Drama
Hoy 14 de octubre 2013 me acabo de dar cuenta de que
estoy viviendo en la Edad Media. El
hombre de hoy, un eunuco sibarita, es un ser anodino, tibio, estéril e
hipócrita. Todos estos epítetos tienen
un fundamento causal. La cultura global,
el statu quo cultural actual tal como
los medios de comunicación lo difunden a los cuatro vientos día y noche a
través del éter.
Voy a simplificar, yendo al grano. En tanto que individuo libre soy un artista dramático de la Cultura universal. La vida azarosa me ha hecho conocerme a mí
mismo. Para hacer visible aquello que
sin mi sufrimiento permanecería eternamente oculto. Este Blog es un testimonio de experiencias
personales en los límites del conocimiento, razón por la cual me considero un
actor del drama cultural humano.
La edad Media (Dark Ages, Sécoli Buii) fue
supuestamente una época oscura sobre todo en lo social y cultural. No había sino siervos, clero y dominantes señores
feudales. Pero existía una gran fe en
Dios. Hoy la gente se cree superior
porque hay derechos civiles, voto universal y medios de comunicación. La verdad es que la verdadera Edad Media la
estamos viviendo nosotros, se esta desplegando ante nuestras narices. (Porque somos unos completos ignorantes que
adoran al nuevo dios de la banca, la ciencia y la técnica).
Los medievales no pretendían nada y construyeron la
base espiritual de Occidente. Hoy
pretendemos todo, no entendemos nada y contemplamos nuestra propia mediocridad
esencial en la pantalla de la TV
y del PC. Porque la basura que
contemplamos en lo audiovisual es un reflejo íntimo de lo que todos somos. Naturaleza humana.
Es esa naturaleza humana en su violento aspecto
físico, carnal y animal la que gana ratings
atrayendo a las multitudes. Pan y Circo.
Pero la
Cultura humana es el insondable misterio del hombre. Ese gran misterio se decanta también en la
mitología, la filosofía, la teosofía, la astrología, el hermetismo y la
alquimia, la magia del Renacimiento, la aritmosofía, etc. Todos estos temas nacieron del hombre porque
en todos ellos la medida áurea, ‘el Número de Oro’ de la universalidad humana, está
presente.
Entonces, si toda la Cultura es un reflejo del
hombre y en la naturaleza vemos fijadas y dinámicas a la vez las claves ocultas
que articulan el lenguaje eterno de lo
universal, ¿por qué chapotear en el charco de nuestro propio detritus?
Por mera diversión, Por el mero hecho de que la
contracorriente es divertida. Porque
hablar de universalidad o de trascendencia conlleva el compromiso de una toma
de conciencia y una responsabilidad. Una
restricción de nuestros impulsos bestiales, dionisiacos y pánicos. De nuestra sensual animalidad.
Todos queremos gozar sin restricciones, aún más
intensamente en el borde del abismo. Que
se ocupe otro de la injusticia, del hambre, de las tiranías, de las catástrofes
ecológicas y de la destrucción inexorable de nuestro planeta, aunque más tarde
o más temprano el destino nos alcance. ¡Qué
fácilmente nos abstraemos y separamos de millones y millones viviendo en el
horror y la miseria!. Estamos
deshumanizados.
La deshumanización es
l’air du temps que impregna la
cultura globalizada del siglo XXI. Para
corregir esta karma es necesario construir un nuevo humanismo, una nueva
sensibilidad al misterio de nosotros mismos.
La cultura humana nace de un drama cuya fuente es la naturaleza oculta del hombre.(1) Todavía es posible volver a descubrir nuestra
fraterna universalidad en la perennidad del alma inmortal. Todavía es posible volver a las fuentes de la Iniciación.
Para ello es necesario enfocar el fenómeno humano en
su universalidad, o sea, en su condición cósmica. La iniciación antigua enseñaba que el hombre
es un ser mitad terrestre mitad celeste.
Su cuerpo astral posee las mismas características que las estrellas del
firmamento. De hecho, el cuerpo astral
es, en su luminosidad, parte intrínseca de la luz estelar. Lo cual explica por qué el proceso emotivo
mental-verbal es tanatogénico (mata o quema lo físico neuronal en su
manifestación).
Cuando vemos esa luminosidad en el firmamento
nocturno, estamos viendo, como en un océano por encima del tiempo, el alma
humana en su naturaleza primordial.
Aunque nuestra relativista mirada lógica no crea ver sino la luz emitida
hace millones de años por un cuerpo celeste que tomó pareja cantidad de años
luz hasta impactar nuestras retinas.
Es necesario abrir los ojos a nuestra universalidad
-la magnitud cósmica del alma- porque sólo ella hermana a todos los hombres.
Es necesario conocernos a nosotros mismos para no perecer en la desidia terminal
de una libertad corrompida e irresponsable.
Nuestra época es un descenso ad
inferos por exceso de egoísmo.
También podría ser el comienzo de un nuevo humanismo. Porque para la humanidad la diferencia entre
el cielo y el infierno es sólo una cuestión de Libertad.
(1) El 'drama social' es una crisis
terminal entre lo antiguo y lo nuevo, lo
eventual. El nucleo del Drama social es el individuo libre que 'performa' cual Sócrates el misterio de la naturaleza humana. Cf. Victor Turner, The Anthropology of Performance.

