SACERDOCIO DE LA VIDA
La naturaleza humana es la
confluencia, el ‘network’ del gran misterio cósmico. Mineral, vegetal, animal y racional. El hombre es un ser triple. El hombre transcribe el cosmos cuando crea
mitos. El mayor mito, el mito viviente,
es él mismo.
La entidad femenina cósmica cuya
manifestación física es la Tierra rige los cuatro reinos de la naturaleza. Rige el microcosmos humano. Por eso, yo, en tanto que miembro de la especie
humana, puedo decir que la Gran Madre está en mí y yo en Ella. El hombre forma parte de su esencia
espiritual. Todos somos Ella, y Ella
somos todos.
La realidad mítica, el dialogo íntimo
entre el microcosmos humano y el macrocosmos triple está integrada a la vida de
la especie. Cuando pensamos en la Gran
Madre, proyectamos.
Las mujeres comparten aún más que el
hombre esta esencia fundamental de la vida terrestre. Ellas son sus ojos y su conciencia. Todo lo que concierne la fibra y la
inteligencia femenina del mundo está envuelto en un gran misterio. Ayer, hoy y siempre, como en la época de los grandes misterios
egipcios y griegos.
Lo único que podemos inferir es que
algunas mujeres son representaciones directas, íntimas, avatares de la Gran
Madre. Son sacerdotisas que se pasean
por un mundo relativista y agnóstico ocultando el misterio de su naturaleza en
su propia manifestación.
La Civilización Occidental es
imperfecta y está enferma. Porque se
separó de su propia naturaleza mediante una pretensión, una abstracta pretensión
de intelectualidad. Ahora que poseemos
medios de destrucción masivos, fruto de esa sesgada intelectualidad, todavía no
es muy tarde para comenzar desde el principio.
El ingenuo respeto al orden cósmico y a la fuente de la vida.
Para un verdadero Caballero, El ‘eterno
Femenino’ es el fundamento cósmico de la vida, la original fuente de la
vida. La ‘Mujer’. El hombre debe respetarla, venerarla y hasta
adorarla. Esa adoración no sería sino el
último suspiro del alma humana que harmoniza su conflicto animal y
racional. El suspiro del alma que
encuentra a su Madre, al principio generador de la vida sobre cuya paradójica
preeminencia se erige el fenómeno humano.
Principio generador en tanto que
fuerza de desarrollo. Como la abeja
reina en una colmena. La mujer es un
poder de desarrollo, un poder cultural.
Su responsabilidad es la supervivencia del género humano. La mujer debe tomar conciencia de su rol : la
representación viviente del Eterno Femenino (Sacred Feminine). Su vocación es sacerdotal. Su sacerdocio es la vida misma.