Saturday, March 27, 2021

Poemas de la serie Bramido del intelecto: Canto del instinto. (No hay que buscar entenderlos desde un ángulo lógico. Sirven de vehículo al tema recurrente de la oposición entre una inteligencia del sentimiento y la lógica intelectual. I-. Espejo roto De las entrañas de la Tierra Surge el magma volcánico Del sentimiento terrestre Cual un río subterráneo Que irriga las llanuras Del frío intelecto. Todo es metamorfosis Pero sólo en apariencia Porque la inteligencia es pura ilusión. La más alta verdad es un sentimiento. El agua deviene fuego Porque el intelecto quema el éter. Por eso el alma de Edipo Se estremece entre el amor y el odio. El más bello arco iris Es sólo un pequeño reflejo Del Sol irradiante de un sentimiento. Porque mi razón es solo un bramido. Prisionera de su terrible naturaleza El alma sueña con su Patria celeste Eterna quimera de su contradicción Pues la fibra de sus sueños es la luz de la Luna. El hombre es un sueño despierto Un juego de niños eternos. El mundo es la ilusión cruel De un espejo roto. II.- Titán (mirando a la Tierra) Más allá de las mil erupciones En el seno de mi madre majestuosa Ya vislumbro el fin de mi tormento Y acaricio sus cimas borrascosas. Mi aliento brota del fuego, del lamento, Bañado de sudor, de sangre y de sabiduría. Soy el eco doloroso de la Tierra, Madre amada de mi instinto Y de mi salvaje alegría. ¿Y donde está tu amor que alivia mis heridas? Tus labios adorados que insuflan la vida, El botín voluptuoso de tu piel y de tu aliento Éxtasis supremo de la suprema fantasía. ¡Si tengo que morir para sentir tu cuerpo, Renaceré otra vez, Fénix, de la hoguera del tiempo, Y celaré tu aurora en esta noche oscura, Para volverte a amar, eterna es mi locura! III.- Titán (Mirando al cielo) No pretendas alejarme de mi madre bonita, De la cálida materia que me excita, Fuente viva de todas las pasiones, Su cabello es la noche y su sonrisa bendita. Tu designio es la fuente de todos mis males Caja de Pandora que vino del Olimpo De mis plantas caídas creaste a Edipo Quien te divierte noche y día con sus azares. Tiemblo de rabia cada vez que abro los ojos, Portando una carga que no es mía, Entre el temor, el deseo y la desdicha, Y la pérfida ilusión de cada día. Díces que la naturaleza me decora, En el eterno escenario de mi suerte, Y yo te digo aquí y ahora ¡Vete! Eterna fuente de todos mis pesares. Corta de una vez el lazo que nos une, Déjame libre de tu vital aliento, Libre en la vida y la muerte de los tiempos, Lejos de ti, causa y efecto que me guía. Déjame ser no más que el polvo de tus astros, Durmiendo la noche eterna de la Vía, Libérame de tu yugo, alba luminosa, Eterna noche en Láctea compañía. Nosotros fuimos los feroces titanes, Que hicimos frente a tu horda bravía, Defendiendo el cuerpo de la Madre, Que nos parió del fuego que la hería. Y no mandes a los aureos mensajeros, Del terrible peso de tu alma, Herencia del eterno sufrimiento, Que declina la tortura que me embarga. Bastante sufrí ya en esta herrería, Del día y de la noche de tu rosa impía, Creyéndome feliz en tus jardines Hasta morder la fruta prohibida, Y despertar al ciclo eterno de tus fines. Aléjame de tu huella sofocante, Libre para surcar el océano infinito, Poder soñar feliz e irresponsable, Sin súplicas ni cuentas de hito en hito. Y si oyes un bramido en tu jardín finito, Sabrás que soy yo que sufro mi agonía, Con rabia voluptuosa y gesto altivo, Muriendo en la noche y renaciendo el día. IV. ‘Código’ Hoy logré descifrar el código salvaje de la Tierra Materia tierna maternal y dulce A la vez que la cárcel absoluta Del deseo, del orgullo, del genio que refulge. Menester fue sufrir lo insufrible Para contemplar tu faz impasible Paradoja final pues te odio y te deseo Porque me diste alas y me hiciste un reo. Sólo muriendo en cuerpo y alma Dejaste caer el velo que te cubre. Detrás de ti, la más bella mujer, Se alza majestuosa – Gioconda universal – La fuente de la humana incertidumbre. Por eso ahora te grito, vestal despiadada, Madre ilustre, Que yo nací para forjarme en el horno de tus fuentes Para gemir día y noche golpeado en la fragua impenitente Hasta un día erguirme y volar lejos de ti Eterna mariposa que se aleja En el océano infinito de la mente. V. ‘Hijos de la Luz’ (Cf. Goethe: ‘Si el ojo no fuera de esencia solar...’) Vástagos de la luz son tus dos ojos Que escrutan como el alma el infinito Uniendo el alfa al omega entre el azul y el rojo Como hijos del color y del amor bendito. Reflejos de tragedia, Escilas y Caribdis Espejos de la luz surcan los tiempos Como un Ulises que escucha a las sirenas En noche de luna de pasión y viento. Y cuando el mundo y sus empeños Velan de la luz del Sol su amor profundo Fenezco ahogado en un pantano infecto Me sueño alegre en la caricia de mi cuerpo. Noche y realidad, iris, arte primigenio Te hacen, razón humana, un color negro Que se nutre y medra del Amor Eterno Oscureciendo, egoísta, el alba de tus sueños. VI. ‘Eterno femenino’ ¡Mujer!, ¡oh puente de vida! Oh extraño silencio que viene de afuera, Desde la frontera del amor eterno, do vibra la esfera, Y un coro de ángeles vuelan en un sueño. Mujer, eterna diadema que tejió mi cuerpo, En la noche eterna de todas las almas, Fuente de pasión, vida y esperanza, Puente de la aurora en la noche santa. Oh dulce misterio que como Dionisos Me haces ascender en el éter áureo, Para aprisionarme en el magma ardiente, De tu cuerpo ígneo y tu amor volcánico. Cual niña celeste te ornas de aire, De fuego, de tierra, de colores falsos, Y un vano deseo se esboza en tus gestos, Y un rayo de luna te besa en los labios. Bóveda celeste de mil paradojas Do baila Demeter en su azul horario Las doce estaciones del zodiaco fausto Brilla tu lucero en el seno lácteo. La madre, la hermana, la hija y el alma, Son del universo la sutil fragancia Que irradia la vida en el Jardín de infancia Tejiendo la fibra del cuerpo y del alma. Oh luz de consuelo, oh puente de Rosas Que ilumina el suelo de los caminantes De aquellos que buscan el alba radiante En el Puente eterno de Fausto y de Dante. VII.- Espíritu. ¿De donde vienes y... a donde vas? Nadie lo sabe ni lo sabrá. Soy como el viento libre y fugaz Buscando el alma en la inmensidad. El horizonte es sólo un bosquejo Sólo un fragmento de esa Verdad. Quiero ser libre como las aves Alzando el vuelo en la inmensidad. Cada mañana cuando despierto El Sol alumbra mi oscuridad Despierto sueño, sueño despierto En el jardín de mi Libertad. No siento miedo de esa quimera En este mundo sucio y falaz Contigo sueño, bella doncella, En cuerpo y alma y más allá. Es la Palabra que da la vida Dulce esperanza de humanidad Es como un trueno sobre las aguas El bello canto de la humildad. Dulce consuelo, puente de rosas, Divina luz que ilumina el Cielo, Es la esperanza ¿Levantar vuelo? De donde vienes y a donde vas. Soy como el viento, dulce destello Casa celeste, divino altar, De la otra ribera estoy exilado Buscando el alma en la Libertad. VIII.- El amor no tiene edad El amor no tiene edad, No hay edad para el amor, Tu no tienes quince años Y yo soy de la Legión. El amor no tiene edad, No hay edad para el amor, Sólo debes respirar Para sentir la pasión. De entregar tu corazón A aquel ser que te rechaza Para subir a las cimas Y hundirte en la depresión. Amar y no ser amado Es la gesta del Amor Que transforma el corazón En diamante acrisolado. El Amor no tiene edad Amar y no ser amado Caminante fatigado Tienes roto el corazón. No hay edad para el amor Amar y ser despreciado Es el viento huracanado Que ha arrancado tu ilusión. Ese era mi destino: Amar y no ser amado Por quemar en el camino Las alas de la pasión. Así voy enamorado Mientras me dura la vida Evocarte es un pecado Un acto de alta traición. Porque al evocarte muero, El corazón traspasado, Con el pecho congelado, Desterrado de tu Amor.