Monday, February 23, 2026

El re-descubrimiento del Paradigma Perdido (y el Grano de Mostaza). Spanish, english, french

 

El re-descubrimiento del Paradigma Perdido (y el Grano de Mostaza).

El Paradigma Perdido yace dormido en la conciencia humana y es un tesoro cósmico.

El Paradigma se perdió totalmente  en la “Inflexión Semántica”.  Esta inflexión -tan efectiva como el cambio de agujas en una red ferroviaria- depende de la autoridad total que el hombre le confirió a una entidad legal llamada “la Ciencia”.  Autoridad legal para determinar los parámetros de la realidad en la que el hombre vive y se desarrolla y muere.  En la conciencia humana conviven dos visiones del mundo que son dos dimensiones y dos universos opuestos.  La Ciencia se encarga de simplificar cosas importantes tales como la complejidad de la integración psicofísica y social del animal racional en su entorno planetario y cósmico.

Pero “la Ciencia” cometió un grave error de cálculo hace más de dos mil años.  Este error de orientación cósmica condenó a la humanidad a vagar en el desierto de su propia naturaleza animal y a construir una visión del mundo artificial que hace del error y de la esterilidad la base de las relaciones humanas.  Todo lo cual se declina en el marco materialista de las relaciones cuantitativas que hoy llamamos “Sociedad de Consumo Global”. 

Como es natural, el mundo del arte, tan cercano al espíritu universal, transcribió esta tragedia en muchos mitos y leyendas.  Entre ellos, el mito de Osiris, el de la Esfinge, y la leyenda de la Torre de Babel. 

Tal es la influencia de “la Ciencia” que el hombre no se atreve a sentir (intuición, inspiración, percepción) o pensar por sí mismo (autocrítica), más allá de su fantasía y subjetividad, porque “la Ciencia” se reserva exclusivamente la objetividad científica mediante sus extensiones legales (las universidades e institutos), y editoriales (revistas especializadas) y los medios de comunicación. 

Pero la terrible verdad es que el hombre convive íntimamente con el Paradigma Perdido.  Porque es su propia naturaleza racional. 

Estimado lector, si te parece prosopopéyico el estilo de estas palabras, te equivocas.  Porque el mundo en el que vives es tan inestable e inseguro como una sentencia de muerte.  Los individuos lidian agónicamente entre ellos para  delimitar sus territorios y derechos personales y las naciones sólo coexisten entre ellas compitiendo mediante la coacción (deterrence) y la ventaja de medios de destrucción masivos cada día más rápidos y mortíferos.  Todo esto es el legado, el fruto que cosecha el hombre por delegar su derecho a sentir y pensar, en brujos y sofistas que conocen la realidad mucho menos que él. 

El Paradigma Perdido es el pensamiento y la palabra humanos en su naturaleza primordial.  Se perdió por el engaño y la acción perversa de unos demonios que han extraviado a la humanidad durante mucho más de dos mil años.  Porque para esos demonios, la materia es un fin en sí mismo y no les interesa saber, conocer nada más de la realidad universal. 

El Paradigma Perdido es la naturaleza divina -el tesoro cósmico- del pensamiento y de la palabra.  Superar el fenómeno de la “incorporación” animal (antropocentrismo) es un problema universal para todos los animales racionales en el universo.  Porque se puede obviar la naturaleza triple del universo llevándola, reduciéndola a la  mera manifestación material.  A la manera de esos seres mitológicos, los cíclopes, que sólo tienen un ojo.  Esto simplifica la compleja realidad. Pero a la larga lleva a un mundo cruel y despiadado como el nuestro, pendiente y obsesionado con la destrucción total.  Porque no hay un arquetipo esencial, una razón para la Concordia universal entre los hombres sino intereses materiales y el orgullo intelectual de la segregación nacionalista, lingüista y racista.  La “Inflexión Semántica” refrendada por la Ciencia positiva que surgió del Dualismo nos ha llevado al “cul de sac” atómico del destino.  Pero todavía el hombre puede volver atrás y situarse respetuosamente en ese umbral de los mundos que es el pensamiento y la palabra cuyo núcleo ontológico es el Ser Supremo Universal.  Este umbral da acceso a una concepción del mundo completamente diferente puesto que fundada sobre la realidad de la presencia activa de Dios en el mundo.  Una concepción del mundo, una dimensión, un universo totalmente diferentes puesto que construidos no sobre la materia inerte sino sobre el sentimiento supremo del Ser Omnipotente que ordena todos los procesos y fenómenos materiales en el universo de acuerdo a su preeminencia ontológica.  De su presencia generativa intrínseca tanto en los misterios de la materia como en las fibras etericas invisibles de la vida interior del alma, de la metafísica humana.  Todo en el universo es obra de Dios y si la vida y la conciencia aparecen en el  aquí y allá cósmico es porque Él le dio vida y sentido a la materia universal.  El mundo humano construido sobre la plena conciencia de la realidad es un mundo cualitativo, un mundo de sentimientos refinados en donde todo viene de Dios y todo vuelve a Él.  

Después de tanto tiempo perdidos en el desierto y hartos de las orgías rituales de adoración a los Baales de madera y de piedra,  ya el hombre no puede siquiera imaginar un mundo diferente al de los valores materiales.  Después de esos “40 años en el desierto” una nueva generación atisba, discierne un nuevo amanecer de la conciencia humana.  Esa intuición se hará realidad porque detrás de ella trona la omnipotencia del Espíritu.  Ese amanecer es la Idea perdida de la misteriosa integración divina en el mundo.  Cual una ínfima semilla de mostaza plantada en el corazón de la humanidad,  la Idea crece y deviene un frondoso árbol que protege en sus ramas y da sombra a las aves del cielo que vienen y anidan en sus ramas (Mateo 13:31-58). 

 

The Rediscovery of the Lost Paradigm (and the Mustard Seed).

The Lost Paradigm lies dormant in human consciousness and is a cosmic treasure.

The Paradigm was completely lost in the “Semantic Turn.” This turn—as effective as changing points on a railway network—depends on the total authority that humanity conferred upon a legal entity called “Science.” Legal authority to determine the parameters of the reality in which humanity lives, develops, and dies. In human consciousness, two worldviews coexist, representing two opposing dimensions and universes. Science is responsible for simplifying important things, such as the complexity of the psychophysical and social integration of the rational animal within its planetary and cosmic environment. But “Science” made a serious miscalculation more than two thousand years ago. This cosmic misguided orientation condemned humanity to wander in the desert of its own animal nature and to construct an artificial worldview that makes error and sterility the basis of human relations. All of this unfolds within the materialistic framework of quantitative relations that we now call the “Global Consumer Society.” Naturally, the world of art, so close to the universal spirit, transcribed this tragedy in many myths and legends. Among them are the myth of Osiris, the Sphinx, and the legend of the Tower of Babel. Such is the influence of “Science” that humankind does not dare to feel (intuition, inspiration, perception) or think for itself (self-criticism), beyond its fantasy and subjectivity, because “Science” reserves scientific objectivity exclusively for itself through its legal extensions (universities and institutes), publishing houses (specialized journals), and the media. But the terrible truth is that humanity lives intimately with the Lost Paradigm. Because it is its very rational nature. Dear reader, if you find the style of these words grandiose, you are mistaken. Because the world you live in is as unstable and insecure as a death sentence. Individuals struggle agonizingly among themselves to define their territories and personal rights, and nations only coexist by competing through coercion and the advantage of increasingly rapid and deadly means of mass destruction. All this is the legacy, the fruit that humanity reaps for delegating its right to feel and think to sorcerers and sophists who know far less of reality than it does. The Lost Paradigm is human thought and speech in its primordial nature. It was lost through the deception and perverse actions of demons who have led humanity astray for well over two thousand years. Because for those demons, matter is an end in itself, and they have no interest in knowing anything more about universal reality. The Lost Paradigm is the divine nature—the cosmic treasure—of thought and word. Overcoming the phenomenon of animal “incorporation” (anthropocentrism) is a universal problem for all rational beings in the universe. Because the threefold nature of the universe can be ignored by reducing it to mere material manifestation, like those mythological beings, the Cyclopes, who only have one eye. This simplifies complex reality, but in the long run, it leads to a cruel and merciless world like ours, preoccupied and obsessed with total destruction. Because there is no essential archetype, no reason for universal harmony among humankind, only material interests and the intellectual pride of nationalist, linguistic, and racist segregation. The “Semantic Inflection,” endorsed by the positive science that arose from dualism, has led us to the atomic “cul de cul” of destiny. But humanity can still return and respectfully stand on that threshold of worlds which is thought and word, whose ontological core is the Supreme Universal Being. This threshold grants access to a completely different conception of the world, founded on the reality of God's active presence in the world. A completely different conception of the world, a different dimension, a completely different universe, built not on inert matter but on the supreme feeling of the Omnipotent Being who orders all material processes and phenomena in the universe according to His ontological preeminence. This is His intrinsic generative presence both in the mysteries of matter and in the invisible etheric fibers of the soul's inner life, of human metaphysics. Everything in the universe is the work of God, and if life and consciousness appear in the cosmic here and there, it is because He gave life and meaning to universal matter. The human world, built on the full awareness of reality, is a qualitative world, a world of refined feelings where everything comes from God and everything returns to Him.

 

La redécouverte du paradigme perdu (et de la graine de moutarde).

Le paradigme perdu, latent dans la conscience humaine, est un trésor cosmique.

Ce paradigme a été complètement perdu lors du « tournant sémantique ». Ce tournant, aussi anodin qu'un changement d'aiguillage sur un réseau ferroviaire, repose sur l'autorité absolue que l'humanité a conférée à une entité juridique nommée « Science ». L'autorité légale de déterminer les paramètres de la réalité dans laquelle l'humanité vit, évolue et meurt. Dans la conscience humaine, deux visions du monde coexistent, représentant deux dimensions et deux univers opposés. La Science a pour mission de simplifier des choses importantes, comme la complexité de l'intégration psychophysique et sociale de l'être rationnel au sein de son environnement planétaire et cosmique. Mais la « Science » a commis une grave erreur d'appréciation il y a plus de deux mille ans. Cette orientation cosmique erronée a condamné l'humanité à errer dans le désert de sa propre nature animale et à construire une vision du monde artificielle qui fait de l'erreur et de la stérilité le fondement des relations humaines. Tout ceci se déroule dans le cadre matérialiste des relations quantitatives que nous appelons aujourd'hui la « société de consommation mondiale ». Naturellement, le monde de l'art, si proche de l'esprit universel, a transcrit cette tragédie dans de nombreux mythes et légendes. Parmi eux figurent le mythe d'Osiris, le Sphinx et la légende de la Tour de Babel. Telle est l'influence de la « science » que l'humanité n'ose plus ressentir (intuition, inspiration, perception) ni penser par elle-même (autocritique), au-delà de son fantasme et de sa subjectivité, car la « science » se réserve l'objectivité scientifique exclusivement à travers ses extensions légales (universités et instituts), ses maisons d'édition (revues spécialisées) et les médias. Mais la terrible vérité est que l'humanité vit intimement avec le paradigme perdu. Car il est dans sa nature même, rationnelle. Cher lecteur, si vous trouvez le style de ces mots grandiloquent, vous vous trompez. Car le monde dans lequel vous vivez est aussi instable et précaire qu'une condamnation à mort. Les individus se livrent à des luttes acharnées pour définir leurs territoires et leurs droits personnels, et les nations ne coexistent que par la compétition, la coercition et l'avantage de moyens de destruction massive toujours plus rapides et meurtriers. Tel est l'héritage, le fruit que l'humanité récolte pour avoir délégué son droit de ressentir et de penser à des sorciers et des sophistes qui connaissent la réalité bien moins qu'elle. Le Paradigme Perdu est la pensée et la parole humaines dans leur nature primordiale. Il a été perdu par la tromperie et les agissements pervers de démons qui ont égaré l'humanité pendant plus de deux mille ans. Car pour ces démons, la matière est une fin en soi, et ils ne cherchent nullement à connaître la réalité universelle. Le Paradigme Perdu est la nature divine – le trésor cosmique – de la pensée et de la parole. Surmonter le phénomène d'« incorporation » animale (l'anthropocentrisme) est un problème universel pour tous les êtres rationnels de l'univers. Car la nature trinitaire de l'univers peut être ignorée en la réduisant à une simple manifestation matérielle, à l'instar des Cyclopes, ces êtres mythologiques à l'œil unique. Cette simplification de la réalité complexe conduit, à terme, à un monde cruel et impitoyable comme le nôtre, obsédé par la destruction totale. Car il n'existe aucun archétype essentiel, aucune raison d'harmoniser l'humanité, seulement des intérêts matériels et l'orgueil intellectuel d'une ségrégation nationaliste, linguistique et raciste. L'« inflexion sémantique », cautionnée par la science positive issue du dualisme, nous a menés à l'impasse atomique du destin. Mais l'humanité peut encore revenir et se tenir respectueusement sur le seuil des mondes qu'est la pensée et la parole, dont le noyau ontologique est l'Être Suprême Universel. Ce seuil ouvre l'accès à une conception du monde radicalement différente, fondée sur la réalité de la présence active de Dieu dans le monde. Une conception du monde radicalement différente, une autre dimension, un univers radicalement différent, bâti non sur la matière inerte mais sur le sentiment suprême de l'Être Omnipotent qui ordonne tous les processus et phénomènes matériels de l'univers selon Sa prééminence ontologique. C'est Sa présence génératrice intrinsèque, tant dans les mystères de la matière que dans les fibres éthériques invisibles de la vie intérieure de l'âme, de la métaphysique humaine. Tout dans l'univers est l'œuvre de Dieu, et si la vie et la conscience apparaissent ici et là dans le cosmos, c'est parce qu'Il a donné vie et sens à la matière universelle. Le monde humain, bâti sur la pleine conscience de la réalité, est un monde qualitatif, un monde de sentiments raffinés où tout vient de Dieu et tout retourne à Lui.

Adversus Dualists. (Spanish, english, french)

 

Adversus dualists

¿Por qué ese miedo de los científicos a constatar un principio cognitivo suprasensible para la palabra y el pensamiento?  ¿Será porque el hombre se ha acostumbrado a imponer su voluntad en el ordenamiento del mundo?  Se concibe la naturaleza planetaria como un Todo, sujeto a una dominarte inteligencia humana apoyada en el paradigma material de la ciencia.  Ninguna preocupación ni responsabilidad moral en un planeta cuaternario (mineral, vegetal, animal, racional) cuya medida estándar es la materia inerte misma.  Pero resulta que la realidad universal es triple: física, anímica y espiritual.  Que detrás de cada pequeña molécula de vida orgánica late el aliento cósmico de la Voluntad divina.  Que ya el animal racional, el hombre, no puede aducir la burda ignorancia para justificar su insensibilidad ante el sufrimiento animal y el deterioro terminal del equilibrio planetario que soporta la vida de todas las especies animales.  Porque Dios está silenciosamente presente en el mundo en tanto que principio causal latente desde lo más orgánicamente ínfimo hasta lo más narcisistamente intelectual: la mente humana.  Porque, si Dios está presente en la Tierra, ¿cómo no va a hacerse su Voluntad? 

La ciencia materialista actual reafirma la premisa de la ausencia de Dios de este mundo y sigue un paradigma material/dualista para explicar los fenómenos naturales y el mundo a partir de una ontogénesis material.  Es decir, tomar un principio ontológico material como núcleo causal de la realidad universal. 

Por qué ese miedo a un umbral del mundo espiritual abierto a todos por igual, puesto que es el mismo pensamiento y la palabra humana el Principio iniciático único del universo?  Porque el Espíritu cósmico está por encima de toda acción humana y el sempiterno y actual orden del mundo en la ciencia, el arte y la religión se basa en premisas estrictamente materiales impuestas por la siniestra cúpula de poderosos industriales y vendedores de armas que domina el mundo.  Con el único propósito de sojuzgar mejor a las masas y atarlas al establishment, el programa mental de la producción de energía rige el pensamiento de la humanidad convertida en esclava de la economía, de la sociedad de consumo.  El mundo interior del hombre, la Causa primera de la Creación divina ocupa un lugar secundario en el orden de prioridades de la humanidad.  Lo cual es la causa del odio cerval entre las razas y las naciones que por motivos fútiles se enzarzan en guerras ya no fratricidas sino de exterminación y genocidio. 

Una cosa es tener un credo religioso, una fe que contextualiza una visión del mundo y ordena el mundo interior del hombre, y otra dar por sentado el postulado científico de la presencia de Dios en el mundo.  Porque aceptar esa evidencia implica para los seres racionales un Quantum Leap, una sublimación de la ruda escuela de la causa y el efecto natural en la vorágine de la supervivencia.  Implica superar la ley del más fuerte, sobrevivir y encontrar que nada es lo que parece en el cruel escenario de la existencia.  Porque Dios no es tanto que esté presente en el mundo sino que “es” la mente misma (ratio) de los animales racionales. 

La adoración del Becerro de oro en el desierto del Sinaí concluye con la destrucción de las Tablas de la Ley.  La lucha de los profetas contra el paganismo termina con la toma de Samaria por Senaquerib, y la dispersión de las Doce Tribus. La toma de Jerusalén por Nabucodonosor y la deportación a Babilonia.  La destrucción del Templo de Salomón por Tito.  La primera y la segunda guerras mundiales.  La actual amenaza de guerra nuclear y la triple repartición del mundo entre USA, Rusia y China, etc.  La historia humana es cíclica y recurrente.  Porque el hombre es una bestia tozuda que rechaza el freno.  Dios es su mente misma pero él la utiliza para negarlo e imponer el orden del mundo que le da la gana.  Una prioridad de acción fundamentada en la adoración de sí mismo y en todos los principios y valores de las apariencias del sexo, la violencia y el poder.  Así, la humanidad no concibe ni lejanamente un orden cualitativo del mundo cuya clave, paradójicamente, porta en la conciencia de ella misma. 

 

Adversus Dualists

Why this fear among scientists of acknowledging a cognitive principle beyond the realm of words and thoughts? Is it because humanity has become accustomed to imposing its will on the ordering of the world? Planetary nature is conceived as a Whole, subject to a dominant human intelligence supported by the material paradigm of science. There is no concern or moral responsibility on a quaternary planet (mineral, vegetable, animal, rational) whose standard measure is inert matter itself. But it turns out that universal reality is threefold: physical, psychic, and spiritual. That behind every tiny molecule of organic life beats the cosmic breath of the divine Will. That the rational animal, humanity, can no longer plead blatant ignorance to justify its insensitivity to animal suffering and the terminal deterioration of the planetary balance that sustains the life of all animal species. Because God is silently present in the world as a latent causal principle, from the most organically minute to the most narcissistically intellectual: the human mind. Because, if God is present on Earth, how can His Will not be done? Current materialist science reaffirms the premise of God's absence from this world and follows a materialist/dualist paradigm to explain natural phenomena and the world based on a material ontogenesis. That is, it takes a material ontological principle as the causal core of universal reality. Why this fear of a threshold to the spiritual world open to all equally, since human thought and language are the sole initiatory Principle of the universe? Because the cosmic Spirit is above all human action, and the eternal and current world order in science, art, and religion is based on strictly material premises imposed by the sinister cabal of powerful industrialists and arms dealers who dominate the world. With the sole purpose of better subjugating the masses and binding them to the establishment, the mental program of energy production governs the thinking of humanity, which has become a slave to the economy and the consumer society. The inner world of man, the First Cause of divine Creation, occupies a secondary place in humanity's order of priorities. This is the cause of the visceral hatred between races and nations that, for futile reasons, engage in wars that are no longer fratricidal but of extermination and genocide. It is one thing to have a religious creed, a faith that contextualizes a worldview and orders man's inner world, and quite another to take for granted the scientific postulate of God's presence in the world. Because accepting this evidence implies for rational beings a Quantum Leap, a sublimation of the harsh school of natural cause and effect in the maelstrom of survival. It implies overcoming the law of the strongest, surviving, and discovering that nothing is what it seems in the cruel arena of existence. Because God is not so much present in the world as He "is" the very mind (ratio) of rational beings. The worship of the golden calf in the Sinai desert concludes with the destruction of the Tablets of the Law. The prophets' struggle against paganism ends with Sennacherib's capture of Samaria and the scattering of the Twelve Tribes. Nebuchadnezzar's capture of Jerusalem and the deportation to Babylon. Titus's destruction of Solomon's Temple. The First and Second World Wars. The current threat of nuclear war and the three-way division of the world between the USA, Russia, and China, etc. Human history is cyclical and recurrent. Because humankind is a stubborn beast that rejects restraint. God is its own mind, but it uses it to deny Him and impose the world order it desires. A priority of action based on self-worship and all the principles and values ​​of the superficial aspects of sex, violence, and power. Thus, humanity cannot even remotely conceive of a qualitative world order, the key to which, paradoxically, lies within its own consciousness.

 

« Adversus Dualistes »

Pourquoi cette crainte, chez les scientifiques, de reconnaître un principe cognitif au-delà du domaine des mots et des pensées ? Est-ce parce que l’humanité s’est habituée à imposer sa volonté à l’ordre du monde ? La nature planétaire est conçue comme un Tout, soumis à une intelligence humaine dominante, soutenue par le paradigme matérialiste de la science. Il n’y a ni préoccupation ni responsabilité morale sur une planète quaternaire (minérale, végétale, animale, rationnelle) dont la mesure standard est la matière inerte elle-même. Mais il s’avère que la réalité universelle est triple : physique, psychique et spirituelle. Que derrière chaque infime molécule de vie organique bat le souffle cosmique de la Volonté divine. Que l’animal rationnel, l’humanité, ne peut plus invoquer une ignorance flagrante pour justifier son insensibilité à la souffrance animale et à la dégradation irrémédiable de l’équilibre planétaire qui soutient la vie de toutes les espèces animales. Car Dieu est silencieusement présent dans le monde comme un principe causal latent, du plus infime organique au plus narcissiquement intellectuel : l’esprit humain. Car si Dieu est présent sur Terre, comment Sa Volonté pourrait-elle ne pas s'accomplir ? La science matérialiste actuelle réaffirme l'absence de Dieu de ce monde et suit un paradigme matérialiste/dualiste pour expliquer les phénomènes naturels et le monde, fondé sur une ontogenèse matérielle. Autrement dit, elle considère un principe ontologique matériel comme le noyau causal de la réalité universelle. Pourquoi cette crainte d'un seuil vers le monde spirituel ouvert à tous, puisque la pensée et le langage humains sont le seul Principe initiatique de l'univers ? Parce que l'Esprit cosmique transcende toute action humaine, et que l'ordre mondial, éternel et actuel, en science, en art et en religion, repose sur des prémisses strictement matérielles imposées par la sinistre cabale des puissants industriels et marchands d'armes qui dominent le monde. Dans le seul but de mieux subjuguer les masses et de les asservir à l'ordre établi, le programme mental de production d'énergie gouverne la pensée humaine, devenue esclave de l'économie et de la société de consommation. Le monde intérieur de l'homme, Cause Première de la Création divine, occupe une place secondaire dans l'ordre des priorités de l'humanité. Voilà la cause de la haine viscérale entre les races et les nations qui, pour des raisons futiles, s'engagent dans des guerres qui ne sont plus fratricides, mais d'extermination et de génocide. Avoir une croyance religieuse, une foi qui contextualise une vision du monde et structure le monde intérieur de l'homme, est une chose ; tenir pour acquis le postulat scientifique de la présence de Dieu dans le monde en est une autre. Car accepter cette évidence implique pour les êtres rationnels un saut quantique, une sublimation de la dure loi de cause à effet dans le tourbillon de la survie. Cela implique de surmonter la loi du plus fort, de survivre et de découvrir que rien n'est ce qu'il paraît dans l'arène cruelle de l'existence. Car Dieu n'est pas tant présent dans le monde qu'il « est » l'esprit même (la raison) des êtres rationnels. Le culte du veau d'or dans le désert du Sinaï s'achève avec la destruction des Tables de la Loi. La lutte des prophètes contre le paganisme s'achève avec la prise de Samarie par Sennachérib et la dispersion des Douze Tribus. La prise de Jérusalem par Nabuchodonosor et la déportation à Babylone. La destruction du Temple de Salomon par Titus. Les Première et Seconde Guerres mondiales. La menace actuelle de guerre nucléaire et le partage du monde entre les États-Unis, la Russie et la Chine, etc. L'histoire humaine est cyclique et se répète. Car l'humanité est une bête obstinée qui refuse toute contrainte. Dieu est sa propre conscience, mais elle l'utilise pour le nier et imposer l'ordre mondial qu'elle désire. Une priorité d'action fondée sur le culte de soi et sur tous les principes et valeurs superficiels du sexe, de la violence et du pouvoir. Ainsi, l'humanité est incapable de concevoir, même de loin, un ordre mondial qualitatif, dont la clé réside paradoxalement au sein de sa propre conscience.

Así Habla el Hombre de Delfos (spanish, english, french)

 

Así habla el hombre de Delfos
“El gran descubrimiento del siglo XXI es la gran paradoja del animal racional mismo” 

El gran descubrimiento del siglo XXI es un fenómeno osmótico. Entendiendo la osmosis en tanto que polaridad. Polo Norte: Dios y sus emanaciones. Polo Sur: el hombre y su naturaleza animal. El hombre antropomorfiza, banaliza el fenómeno de su integración en el universo. Porque está integrado, es decir, confunde su naturaleza física con el medio cósmico que lo rodea desde que nace hasta que se muere. Es una gota de agua que no se distingue netamente a sí misma, en el flujo inefable del océano cósmico. ¿Y cuáles son esas aguas que el hombre desconoce, por no tener, aparentemente, ni principio ni fin? Esas aguas misteriosas son el Pensamiento y la Palabra cuyo origen se pierde en el más profundo abismo espacio-temporal del Universo. El hombre convive con el Gran Misterio cósmico del Verbo divino y oculta ese hecho trascendental mediante la osmosis. Adscribiendo tontamente el Pensamiento y la Palabra a su propia naturaleza física y animal. Pero esa actitud no lo exime de su responsabilidad espiritual con el Juez Supremo. Porque en el mundo físico, todo tiene un principio y un fin. Porque Dios está presente en el mundo mediante el pensamiento y la Palabra. Esto implica que la medida estándar de la conciencia es cualitativa, y no cuantitativa. Como pretenden aquellos que rechazan a Dios. Desde el mismo amanecer de la conciencia de ellos mismos. 

 Thus speaks the man of Delphi 
 “The great discovery of the 21st century is the great paradox of the rational animal itself.” 

 The great discovery of the 21st century is an osmotic phenomenon. Understanding osmosis as polarity. North Pole: God and his emanations. South Pole: man and his animal nature. Man anthropomorphizes, trivializes the phenomenon of his integration into the universe. Because he is integrated, that is, he confuses his physical nature with the cosmic environment that surrounds him from birth to death. He is a drop of water that cannot clearly distinguish itself in the ineffable flow of the cosmic ocean. And what are these waters that man does not know, because they apparently have neither beginning nor end? These mysterious waters are Thought and the Word, whose origin is lost in the deepest space-time abyss of the Universe. Man lives with the Great Cosmic Mystery of the divine Word and conceals this transcendental fact through osmosis. Foolishly attributing Thought and Word to their own physical and animal nature. But that attitude does not absolve them of their spiritual responsibility to the Supreme Judge. For in the physical world, everything has a beginning and an end. For God is present in the world through Thought and Word. This implies that the standard measure of consciousness is qualitative, not quantitative, as those who reject God claim, from the very dawn of their own consciousness. 

 Ainsi parle l'homme de Delphes 
 « La grande découverte du XXIe siècle est le grand paradoxe de l'animal rationnel lui-même. » 

 La grande découverte du XXIe siècle est un phénomène d'osmose. Comprendre l'osmose comme une polarité. Pôle Nord : Dieu et ses émanations. Pôle Sud : l'homme et sa nature animale. L'homme anthropomorphise, banalise le phénomène de son intégration à l'univers. Parce qu'il est intégré, c'est-à-dire qu'il confond sa nature physique avec l'environnement cosmique qui l'entoure de la naissance à la mort. Il est une goutte d'eau qui ne peut se distinguer clairement dans le flux ineffable de l'océan cosmique. Et que sont ces eaux que l'homme ignore, car elles semblent n'avoir ni commencement ni fin ? Ces eaux mystérieuses sont la Pensée et le Verbe, dont l'origine se perd dans l'abîme spatio-temporel le plus profond de l'Univers. L'homme vit avec le Grand Mystère Cosmique du Verbe divin et dissimule ce fait transcendantal par osmose. Ils attribuent naïvement la Pensée et la Parole à leur propre nature physique et animale. Mais cette attitude ne les dégage pas de leur responsabilité spirituelle devant le Juge suprême. Car dans le monde physique, toute chose a un commencement et une fin. Dieu est présent dans le monde par la Pensée et la Parole. Cela implique que la mesure de la conscience est qualitative, et non quantitative, comme le prétendent ceux qui rejettent Dieu, et ce, dès l'aube de leur propre conscience.