Adversus Dualists. (Spanish, english, french)
“Adversus
dualists”
¿Por
qué ese miedo de los científicos a constatar un principio cognitivo
suprasensible para la palabra y el pensamiento?
¿Será porque el hombre se ha acostumbrado a imponer su voluntad en el
ordenamiento del mundo? Se concibe la
naturaleza planetaria como un Todo, sujeto a una dominarte inteligencia humana
apoyada en el paradigma material de la ciencia.
Ninguna preocupación ni responsabilidad moral en un planeta cuaternario
(mineral, vegetal, animal, racional) cuya medida estándar es la materia inerte
misma. Pero resulta que la realidad
universal es triple: física, anímica y espiritual. Que detrás de cada pequeña molécula de vida orgánica
late el aliento cósmico de la Voluntad divina.
Que ya el animal racional, el hombre, no puede aducir la burda ignorancia
para justificar su insensibilidad ante el sufrimiento animal y el deterioro
terminal del equilibrio planetario que soporta la vida de todas las especies
animales. Porque Dios está
silenciosamente presente en el mundo en tanto que principio causal latente
desde lo más orgánicamente ínfimo hasta lo más narcisistamente intelectual: la
mente humana. Porque, si Dios está
presente en la Tierra, ¿cómo no va a hacerse su Voluntad?
La
ciencia materialista actual reafirma la premisa de la ausencia de Dios de este
mundo y sigue un paradigma material/dualista para explicar los fenómenos
naturales y el mundo a partir de una ontogénesis material. Es decir, tomar un principio ontológico
material como núcleo causal de la realidad universal.
Por qué
ese miedo a un umbral del mundo espiritual abierto a todos por igual, puesto
que es el mismo pensamiento y la palabra humana el Principio iniciático único
del universo? Porque el Espíritu cósmico
está por encima de toda acción humana y el sempiterno y actual orden del mundo
en la ciencia, el arte y la religión se basa en premisas estrictamente
materiales impuestas por la siniestra cúpula de poderosos industriales y
vendedores de armas que domina el mundo.
Con el único propósito de sojuzgar mejor a las masas y atarlas al establishment, el programa mental de la
producción de energía rige el pensamiento de la humanidad convertida en esclava
de la economía, de la sociedad de consumo.
El mundo interior del hombre, la Causa primera de la Creación divina ocupa
un lugar secundario en el orden de prioridades de la humanidad. Lo cual es la causa del odio cerval entre las
razas y las naciones que por motivos fútiles se enzarzan en guerras ya no
fratricidas sino de exterminación y genocidio.
Una
cosa es tener un credo religioso, una fe que contextualiza una visión del mundo
y ordena el mundo interior del hombre, y otra dar por sentado el postulado
científico de la presencia de Dios en el mundo.
Porque aceptar esa evidencia implica para los seres racionales un Quantum Leap, una sublimación de la ruda
escuela de la causa y el efecto natural en la vorágine de la
supervivencia. Implica superar la ley
del más fuerte, sobrevivir y encontrar que nada es lo que parece en el cruel
escenario de la existencia. Porque Dios
no es tanto que esté presente en el mundo sino que “es” la mente misma (ratio) de los animales racionales.
La
adoración del Becerro de oro en el desierto del Sinaí concluye con la
destrucción de las Tablas de la Ley. La
lucha de los profetas contra el paganismo termina con la toma de Samaria por
Senaquerib, y la dispersión de las Doce Tribus. La toma de Jerusalén por
Nabucodonosor y la deportación a Babilonia.
La destrucción del Templo de Salomón por Tito. La primera y la segunda guerras
mundiales. La actual amenaza de guerra
nuclear y la triple repartición del mundo entre USA, Rusia y China, etc. La historia humana es cíclica y
recurrente. Porque el hombre es una
bestia tozuda que rechaza el freno. Dios
es su mente misma pero él la utiliza para negarlo e imponer el orden del mundo
que le da la gana. Una prioridad de
acción fundamentada en la adoración de sí mismo y en todos los principios y
valores de las apariencias del sexo, la violencia y el poder. Así, la humanidad no concibe ni lejanamente un
orden cualitativo del mundo cuya clave, paradójicamente, porta en la conciencia
de ella misma.
“Adversus Dualists”
Why this fear among
scientists of acknowledging a cognitive principle beyond the realm of words and
thoughts? Is it because humanity has become accustomed to
imposing its will on the ordering of the world? Planetary nature is
conceived as a Whole, subject to a dominant human intelligence supported by the
material paradigm of science. There is no concern or moral responsibility on a
quaternary planet (mineral, vegetable, animal, rational) whose standard measure
is inert matter itself. But it turns out that universal reality is
threefold: physical, psychic, and spiritual. That behind every tiny
molecule of organic life beats the cosmic breath of the divine Will. That
the rational animal, humanity, can no longer plead blatant ignorance to justify
its insensitivity to animal suffering and the terminal deterioration of the
planetary balance that sustains the life of all animal species. Because
God is silently present in the world as a latent causal principle, from the
most organically minute to the most narcissistically intellectual: the human
mind. Because, if God is present on Earth, how can His
Will not be done? Current materialist science reaffirms the premise of God's
absence from this world and follows a materialist/dualist paradigm to explain
natural phenomena and the world based on a material ontogenesis. That
is, it takes a material ontological principle as the causal core of universal
reality. Why this fear of a threshold to the spiritual world open to all
equally, since human thought and language are the sole initiatory Principle of
the universe? Because the cosmic Spirit is above all human action,
and the eternal and current world order in science, art, and religion is based
on strictly material premises imposed by the sinister cabal of powerful
industrialists and arms dealers who dominate the world. With
the sole purpose of better subjugating the masses and binding them to the
establishment, the mental program of energy production governs the thinking of
humanity, which has become a slave to the economy and the consumer society. The
inner world of man, the First Cause of divine Creation, occupies a secondary
place in humanity's order of priorities. This is the cause of
the visceral hatred between races and nations that, for futile reasons, engage
in wars that are no longer fratricidal but of extermination and genocide. It is
one thing to have a religious creed, a faith that contextualizes a worldview
and orders man's inner world, and quite another to take for granted the
scientific postulate of God's presence in the world. Because
accepting this evidence implies for rational beings a Quantum Leap, a
sublimation of the harsh school of natural cause and effect in the maelstrom of
survival. It implies overcoming the law of the strongest,
surviving, and discovering that nothing is what it seems in the cruel arena of
existence. Because God is not so much present in the world as
He "is" the very mind (ratio) of rational beings. The
worship of the golden calf in the Sinai desert concludes with the destruction
of the Tablets of the Law. The prophets' struggle against paganism ends with
Sennacherib's capture of Samaria and the scattering of the Twelve Tribes. Nebuchadnezzar's
capture of Jerusalem and the deportation to Babylon. Titus's
destruction of Solomon's Temple. The First and Second World Wars. The
current threat of nuclear war and the three-way division of the world between
the USA, Russia, and China, etc. Human history is cyclical and recurrent. Because
humankind is a stubborn beast that rejects restraint. God
is its own mind, but it uses it to deny Him and impose the world order it
desires. A priority of action based on self-worship and all
the principles and values of the superficial aspects of sex,
violence, and power. Thus, humanity cannot
even remotely conceive of a qualitative world order, the key to which,
paradoxically, lies within its own consciousness.
« Adversus
Dualistes »
Pourquoi cette crainte, chez les scientifiques, de reconnaître un principe
cognitif au-delà du domaine des mots et des pensées ? Est-ce parce que
l’humanité s’est habituée à imposer sa volonté à l’ordre du monde ? La nature planétaire
est conçue comme un Tout, soumis à une intelligence humaine dominante, soutenue
par le paradigme matérialiste de la science. Il n’y a ni préoccupation ni
responsabilité morale sur une planète quaternaire (minérale, végétale, animale,
rationnelle) dont la mesure standard est la matière inerte elle-même. Mais il s’avère que la
réalité universelle est triple : physique, psychique et spirituelle. Que derrière chaque
infime molécule de vie organique bat le souffle cosmique de la Volonté divine. Que l’animal rationnel,
l’humanité, ne peut plus invoquer une ignorance flagrante pour justifier son
insensibilité à la souffrance animale et à la dégradation irrémédiable de
l’équilibre planétaire qui soutient la vie de toutes les espèces animales. Car Dieu est silencieusement
présent dans le monde comme un principe causal latent, du plus infime organique
au plus narcissiquement intellectuel : l’esprit humain. Car si Dieu est présent
sur Terre, comment Sa Volonté pourrait-elle ne pas s'accomplir ? La science
matérialiste actuelle réaffirme l'absence de Dieu de ce monde et suit un
paradigme matérialiste/dualiste pour expliquer les phénomènes naturels et le
monde, fondé sur une ontogenèse matérielle. Autrement dit, elle considère un principe
ontologique matériel comme le noyau causal de la réalité universelle. Pourquoi
cette crainte d'un seuil vers le monde spirituel ouvert à tous, puisque la
pensée et le langage humains sont le seul Principe initiatique de l'univers ? Parce que l'Esprit
cosmique transcende toute action humaine, et que l'ordre mondial, éternel et
actuel, en science, en art et en religion, repose sur des prémisses strictement
matérielles imposées par la sinistre cabale des puissants industriels et
marchands d'armes qui dominent le monde. Dans le seul but de mieux subjuguer les
masses et de les asservir à l'ordre établi, le programme mental de production
d'énergie gouverne la pensée humaine, devenue esclave de l'économie et de la
société de consommation. Le monde intérieur de l'homme, Cause Première de
la Création divine, occupe une place secondaire dans l'ordre des priorités de
l'humanité. Voilà la cause de la haine viscérale entre les races et les nations qui,
pour des raisons futiles, s'engagent dans des guerres qui ne sont plus
fratricides, mais d'extermination et de génocide. Avoir une croyance
religieuse, une foi qui contextualise une vision du monde et structure le monde
intérieur de l'homme, est une chose ; tenir pour acquis le postulat
scientifique de la présence de Dieu dans le monde en est une autre. Car accepter cette
évidence implique pour les êtres rationnels un saut quantique, une sublimation
de la dure loi de cause à effet dans le tourbillon de la survie. Cela implique de
surmonter la loi du plus fort, de survivre et de découvrir que rien n'est ce qu'il
paraît dans l'arène cruelle de l'existence. Car Dieu n'est pas tant présent dans le
monde qu'il « est » l'esprit même (la raison) des êtres rationnels. Le culte du veau d'or
dans le désert du Sinaï s'achève avec la destruction des Tables de la Loi. La
lutte des prophètes contre le paganisme s'achève avec la prise de Samarie par
Sennachérib et la dispersion des Douze Tribus. La prise de Jérusalem par Nabuchodonosor
et la déportation à Babylone. La destruction du Temple de Salomon par Titus. Les Première et Seconde
Guerres mondiales. La menace actuelle de guerre nucléaire et le
partage du monde entre les États-Unis, la Russie et la Chine, etc. L'histoire humaine est
cyclique et se répète. Car l'humanité est une bête obstinée qui refuse
toute contrainte. Dieu est sa propre conscience, mais elle l'utilise
pour le nier et imposer l'ordre mondial qu'elle désire. Une priorité d'action
fondée sur le culte de soi et sur tous les principes et valeurs superficiels du
sexe, de la violence et du pouvoir. Ainsi, l'humanité est incapable de
concevoir, même de loin, un ordre mondial qualitatif, dont la clé réside
paradoxalement au sein de sa propre conscience.


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