El re-descubrimiento del Paradigma Perdido (y el Grano de Mostaza). Spanish, english, french
El
re-descubrimiento del Paradigma Perdido (y el Grano de Mostaza).
El
Paradigma Perdido yace dormido en la conciencia humana y es un tesoro cósmico.
El
Paradigma se perdió totalmente en la “Inflexión
Semántica”. Esta inflexión -tan efectiva
como el cambio de agujas en una red ferroviaria- depende de la autoridad total
que el hombre le confirió a una entidad legal llamada “la Ciencia”. Autoridad legal para determinar los
parámetros de la realidad en la que el hombre vive y se desarrolla y
muere. En la conciencia humana conviven
dos visiones del mundo que son dos dimensiones y dos universos opuestos. La Ciencia se encarga de simplificar cosas
importantes tales como la complejidad de la integración psicofísica y social del
animal racional en su entorno planetario y cósmico.
Pero “la
Ciencia” cometió un grave error de cálculo hace más de dos mil años. Este error de orientación cósmica condenó a
la humanidad a vagar en el desierto de su propia naturaleza animal y a construir
una visión del mundo artificial que hace del error y de la esterilidad la base
de las relaciones humanas. Todo lo cual
se declina en el marco materialista de las relaciones cuantitativas que hoy
llamamos “Sociedad de Consumo Global”.
Como es
natural, el mundo del arte, tan cercano al espíritu universal, transcribió esta
tragedia en muchos mitos y leyendas.
Entre ellos, el mito de Osiris, el de la Esfinge, y la leyenda de la
Torre de Babel.
Tal es
la influencia de “la Ciencia” que el hombre no se atreve a sentir (intuición,
inspiración, percepción) o pensar por sí mismo (autocrítica), más allá de su
fantasía y subjetividad, porque “la Ciencia” se reserva exclusivamente la
objetividad científica mediante sus extensiones legales (las universidades e
institutos), y editoriales (revistas especializadas) y los medios de
comunicación.
Pero la
terrible verdad es que el hombre convive íntimamente con el Paradigma
Perdido. Porque es su propia naturaleza
racional.
Estimado
lector, si te parece prosopopéyico el estilo de estas palabras, te
equivocas. Porque el mundo en el que
vives es tan inestable e inseguro como una sentencia de muerte. Los individuos lidian agónicamente entre
ellos para delimitar sus territorios y
derechos personales y las naciones sólo coexisten entre ellas compitiendo
mediante la coacción (deterrence) y
la ventaja de medios de destrucción masivos cada día más rápidos y mortíferos. Todo esto es el legado, el fruto que cosecha
el hombre por delegar su derecho a sentir y pensar, en brujos y sofistas que
conocen la realidad mucho menos que él.
El
Paradigma Perdido es el pensamiento y la palabra humanos en su naturaleza
primordial. Se perdió por el engaño y la
acción perversa de unos demonios que han extraviado a la humanidad durante
mucho más de dos mil años. Porque para
esos demonios, la materia es un fin en sí mismo y no les interesa saber,
conocer nada más de la realidad universal.
El
Paradigma Perdido es la naturaleza divina -el tesoro cósmico- del pensamiento y
de la palabra. Superar el fenómeno de la
“incorporación” animal (antropocentrismo) es un problema universal para todos
los animales racionales en el universo.
Porque se puede obviar la naturaleza triple del universo llevándola,
reduciéndola a la mera manifestación
material. A la manera de esos seres
mitológicos, los cíclopes, que sólo tienen un ojo. Esto simplifica la compleja realidad. Pero a
la larga lleva a un mundo cruel y despiadado como el nuestro, pendiente y
obsesionado con la destrucción total. Porque
no hay un arquetipo esencial, una razón para la Concordia universal entre los
hombres sino intereses materiales y el orgullo intelectual de la segregación
nacionalista, lingüista y racista. La “Inflexión
Semántica” refrendada por la Ciencia positiva que surgió del Dualismo nos ha
llevado al “cul de sac” atómico del
destino. Pero todavía el hombre puede
volver atrás y situarse respetuosamente en ese umbral de los mundos que es el
pensamiento y la palabra cuyo núcleo ontológico es el Ser Supremo
Universal. Este umbral da acceso a una
concepción del mundo completamente diferente puesto que fundada sobre la realidad
de la presencia activa de Dios en el mundo.
Una concepción del mundo, una dimensión, un universo totalmente
diferentes puesto que construidos no sobre la materia inerte sino sobre el
sentimiento supremo del Ser Omnipotente que ordena todos los procesos y
fenómenos materiales en el universo de acuerdo a su preeminencia ontológica. De su presencia generativa intrínseca tanto en
los misterios de la materia como en las fibras etericas invisibles de la vida
interior del alma, de la metafísica humana.
Todo en el universo es obra de Dios y si la vida y la conciencia aparecen
en el aquí y allá cósmico es porque Él
le dio vida y sentido a la materia universal.
El mundo humano construido sobre la plena conciencia de la realidad es
un mundo cualitativo, un mundo de sentimientos refinados en donde todo viene de
Dios y todo vuelve a Él.
Después
de tanto tiempo perdidos en el desierto y hartos de las orgías rituales de
adoración a los Baales de madera y de piedra,
ya el hombre no puede siquiera imaginar un mundo diferente al de los
valores materiales. Después de esos “40
años en el desierto” una nueva generación atisba, discierne un nuevo amanecer
de la conciencia humana. Esa intuición
se hará realidad porque detrás de ella trona la omnipotencia del Espíritu. Ese amanecer es la Idea perdida de la
misteriosa integración divina en el mundo.
Cual una ínfima semilla de mostaza plantada en el corazón de la
humanidad, la Idea crece y deviene un
frondoso árbol que protege en sus ramas y da sombra a las aves del cielo que
vienen y anidan en sus ramas (Mateo 13:31-58).
The Rediscovery of the Lost
Paradigm (and the Mustard Seed).
The Lost Paradigm lies
dormant in human consciousness and is a cosmic treasure.
The Paradigm was completely
lost in the “Semantic Turn.” This turn—as effective as changing points on a
railway network—depends on the total authority that humanity conferred upon a
legal entity called “Science.” Legal authority to determine the parameters of the
reality in which humanity lives, develops, and dies. In
human consciousness, two worldviews coexist, representing two opposing
dimensions and universes. Science is responsible for simplifying important
things, such as the complexity of the psychophysical and social integration of
the rational animal within its planetary and cosmic environment. But “Science”
made a serious miscalculation more than two thousand years ago. This
cosmic misguided orientation condemned humanity to wander in the desert of its
own animal nature and to construct an artificial worldview that makes error and
sterility the basis of human relations. All of this unfolds
within the materialistic framework of quantitative relations that we now call
the “Global Consumer Society.” Naturally, the world of art, so close to the
universal spirit, transcribed this tragedy in many myths and legends. Among
them are the myth of Osiris, the Sphinx, and the legend of the Tower of Babel.
Such is the influence of “Science” that humankind does not dare to feel
(intuition, inspiration, perception) or think for itself (self-criticism),
beyond its fantasy and subjectivity, because “Science” reserves scientific
objectivity exclusively for itself through its legal extensions (universities
and institutes), publishing houses (specialized journals), and the media. But
the terrible truth is that humanity lives intimately with the Lost Paradigm. Because
it is its very rational nature. Dear reader, if you find the style of these
words grandiose, you are mistaken. Because the world you
live in is as unstable and insecure as a death sentence. Individuals
struggle agonizingly among themselves to define their territories and personal
rights, and nations only coexist by competing through coercion and the
advantage of increasingly rapid and deadly means of mass destruction. All
this is the legacy, the fruit that humanity reaps for delegating its right to
feel and think to sorcerers and sophists who know far less of reality than it
does. The Lost Paradigm is human thought and speech in its primordial nature. It
was lost through the deception and perverse actions of demons who have led
humanity astray for well over two thousand years. Because
for those demons, matter is an end in itself, and they have no interest in
knowing anything more about universal reality. The Lost Paradigm is the divine
nature—the cosmic treasure—of thought and word. Overcoming the
phenomenon of animal “incorporation” (anthropocentrism) is a universal problem
for all rational beings in the universe. Because the threefold
nature of the universe can be ignored by reducing it to mere material
manifestation, like those mythological beings, the Cyclopes, who only have one
eye. This simplifies complex reality, but in the long
run, it leads to a cruel and merciless world like ours, preoccupied and
obsessed with total destruction. Because there is no essential archetype, no reason
for universal harmony among humankind, only material interests and the
intellectual pride of nationalist, linguistic, and racist segregation. The
“Semantic Inflection,” endorsed by the positive science that arose from
dualism, has led us to the atomic “cul de cul” of destiny. But
humanity can still return and respectfully stand on that threshold of worlds
which is thought and word, whose ontological core is the Supreme Universal
Being. This threshold grants access to a completely
different conception of the world, founded on the reality of God's active
presence in the world. A completely different conception of the world, a
different dimension, a completely different universe, built not on inert matter
but on the supreme feeling of the Omnipotent Being who orders all material
processes and phenomena in the universe according to His ontological preeminence. This
is His intrinsic generative presence both in the mysteries of matter and in the
invisible etheric fibers of the soul's inner life, of human metaphysics. Everything
in the universe is the work of God, and if life and consciousness appear in the
cosmic here and there, it is because He gave life and meaning to universal
matter. The human world, built on the full awareness of
reality, is a qualitative world, a world of refined feelings where everything
comes from God and everything returns to Him.
La
redécouverte du paradigme perdu (et de la graine de moutarde).
Le paradigme perdu, latent dans la conscience humaine, est un trésor
cosmique.
Ce paradigme a été complètement perdu lors du « tournant sémantique ». Ce tournant, aussi
anodin qu'un changement d'aiguillage sur un réseau ferroviaire, repose sur
l'autorité absolue que l'humanité a conférée à une entité juridique nommée «
Science ». L'autorité légale de déterminer les paramètres de la réalité dans laquelle
l'humanité vit, évolue et meurt. Dans la conscience humaine, deux visions du monde
coexistent, représentant deux dimensions et deux univers opposés. La Science a pour
mission de simplifier des choses importantes, comme la complexité de
l'intégration psychophysique et sociale de l'être rationnel au sein de son
environnement planétaire et cosmique. Mais la « Science » a commis une grave
erreur d'appréciation il y a plus de deux mille ans. Cette orientation
cosmique erronée a condamné l'humanité à errer dans le désert de sa propre
nature animale et à construire une vision du monde artificielle qui fait de
l'erreur et de la stérilité le fondement des relations humaines. Tout ceci se déroule
dans le cadre matérialiste des relations quantitatives que nous appelons
aujourd'hui la « société de consommation mondiale ». Naturellement, le monde de
l'art, si proche de l'esprit universel, a transcrit cette tragédie dans de
nombreux mythes et légendes. Parmi eux figurent le mythe d'Osiris, le Sphinx et
la légende de la Tour de Babel. Telle est l'influence de la « science » que
l'humanité n'ose plus ressentir (intuition, inspiration, perception) ni penser
par elle-même (autocritique), au-delà de son fantasme et de sa subjectivité,
car la « science » se réserve l'objectivité scientifique exclusivement à travers
ses extensions légales (universités et instituts), ses maisons d'édition
(revues spécialisées) et les médias. Mais la terrible vérité est que l'humanité
vit intimement avec le paradigme perdu. Car il est dans sa nature même,
rationnelle. Cher lecteur, si vous trouvez le style de ces mots grandiloquent,
vous vous trompez. Car le monde dans lequel vous vivez est aussi
instable et précaire qu'une condamnation à mort. Les individus se
livrent à des luttes acharnées pour définir leurs territoires et leurs droits
personnels, et les nations ne coexistent que par la compétition, la coercition
et l'avantage de moyens de destruction massive toujours plus rapides et
meurtriers. Tel est l'héritage, le fruit que l'humanité récolte pour avoir délégué son
droit de ressentir et de penser à des sorciers et des sophistes qui connaissent
la réalité bien moins qu'elle. Le Paradigme Perdu est la pensée et la parole
humaines dans leur nature primordiale. Il a été perdu par la tromperie et les
agissements pervers de démons qui ont égaré l'humanité pendant plus de deux
mille ans. Car pour ces démons, la matière est une fin en soi, et ils ne cherchent
nullement à connaître la réalité universelle. Le Paradigme Perdu est la nature
divine – le trésor cosmique – de la pensée et de la parole. Surmonter le phénomène
d'« incorporation » animale (l'anthropocentrisme) est un problème
universel pour tous les êtres rationnels de l'univers. Car la nature
trinitaire de l'univers peut être ignorée en la réduisant à une simple
manifestation matérielle, à l'instar des Cyclopes, ces êtres mythologiques à
l'œil unique. Cette simplification de la réalité complexe conduit, à terme, à un monde
cruel et impitoyable comme le nôtre, obsédé par la destruction totale. Car il n'existe aucun
archétype essentiel, aucune raison d'harmoniser l'humanité, seulement des
intérêts matériels et l'orgueil intellectuel d'une ségrégation nationaliste,
linguistique et raciste. L'« inflexion sémantique », cautionnée
par la science positive issue du dualisme, nous a menés à l'impasse atomique du
destin. Mais l'humanité peut encore revenir et se tenir respectueusement sur le
seuil des mondes qu'est la pensée et la parole, dont le noyau ontologique est
l'Être Suprême Universel. Ce seuil ouvre l'accès à une conception du monde
radicalement différente, fondée sur la réalité de la présence active de Dieu
dans le monde. Une conception du monde radicalement différente, une autre dimension, un
univers radicalement différent, bâti non sur la matière inerte mais sur le
sentiment suprême de l'Être Omnipotent qui ordonne tous les processus et
phénomènes matériels de l'univers selon Sa prééminence ontologique. C'est Sa présence
génératrice intrinsèque, tant dans les mystères de la matière que dans les
fibres éthériques invisibles de la vie intérieure de l'âme, de la métaphysique
humaine. Tout dans l'univers est l'œuvre de Dieu, et si la vie et la conscience
apparaissent ici et là dans le cosmos, c'est parce qu'Il a donné vie et sens à
la matière universelle. Le monde humain, bâti sur la pleine conscience de
la réalité, est un monde qualitatif, un monde de sentiments raffinés où tout
vient de Dieu et tout retourne à Lui.


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