Monday, February 23, 2026

El re-descubrimiento del Paradigma Perdido (y el Grano de Mostaza). Spanish, english, french

 

El re-descubrimiento del Paradigma Perdido (y el Grano de Mostaza).

El Paradigma Perdido yace dormido en la conciencia humana y es un tesoro cósmico.

El Paradigma se perdió totalmente  en la “Inflexión Semántica”.  Esta inflexión -tan efectiva como el cambio de agujas en una red ferroviaria- depende de la autoridad total que el hombre le confirió a una entidad legal llamada “la Ciencia”.  Autoridad legal para determinar los parámetros de la realidad en la que el hombre vive y se desarrolla y muere.  En la conciencia humana conviven dos visiones del mundo que son dos dimensiones y dos universos opuestos.  La Ciencia se encarga de simplificar cosas importantes tales como la complejidad de la integración psicofísica y social del animal racional en su entorno planetario y cósmico.

Pero “la Ciencia” cometió un grave error de cálculo hace más de dos mil años.  Este error de orientación cósmica condenó a la humanidad a vagar en el desierto de su propia naturaleza animal y a construir una visión del mundo artificial que hace del error y de la esterilidad la base de las relaciones humanas.  Todo lo cual se declina en el marco materialista de las relaciones cuantitativas que hoy llamamos “Sociedad de Consumo Global”. 

Como es natural, el mundo del arte, tan cercano al espíritu universal, transcribió esta tragedia en muchos mitos y leyendas.  Entre ellos, el mito de Osiris, el de la Esfinge, y la leyenda de la Torre de Babel. 

Tal es la influencia de “la Ciencia” que el hombre no se atreve a sentir (intuición, inspiración, percepción) o pensar por sí mismo (autocrítica), más allá de su fantasía y subjetividad, porque “la Ciencia” se reserva exclusivamente la objetividad científica mediante sus extensiones legales (las universidades e institutos), y editoriales (revistas especializadas) y los medios de comunicación. 

Pero la terrible verdad es que el hombre convive íntimamente con el Paradigma Perdido.  Porque es su propia naturaleza racional. 

Estimado lector, si te parece prosopopéyico el estilo de estas palabras, te equivocas.  Porque el mundo en el que vives es tan inestable e inseguro como una sentencia de muerte.  Los individuos lidian agónicamente entre ellos para  delimitar sus territorios y derechos personales y las naciones sólo coexisten entre ellas compitiendo mediante la coacción (deterrence) y la ventaja de medios de destrucción masivos cada día más rápidos y mortíferos.  Todo esto es el legado, el fruto que cosecha el hombre por delegar su derecho a sentir y pensar, en brujos y sofistas que conocen la realidad mucho menos que él. 

El Paradigma Perdido es el pensamiento y la palabra humanos en su naturaleza primordial.  Se perdió por el engaño y la acción perversa de unos demonios que han extraviado a la humanidad durante mucho más de dos mil años.  Porque para esos demonios, la materia es un fin en sí mismo y no les interesa saber, conocer nada más de la realidad universal. 

El Paradigma Perdido es la naturaleza divina -el tesoro cósmico- del pensamiento y de la palabra.  Superar el fenómeno de la “incorporación” animal (antropocentrismo) es un problema universal para todos los animales racionales en el universo.  Porque se puede obviar la naturaleza triple del universo llevándola, reduciéndola a la  mera manifestación material.  A la manera de esos seres mitológicos, los cíclopes, que sólo tienen un ojo.  Esto simplifica la compleja realidad. Pero a la larga lleva a un mundo cruel y despiadado como el nuestro, pendiente y obsesionado con la destrucción total.  Porque no hay un arquetipo esencial, una razón para la Concordia universal entre los hombres sino intereses materiales y el orgullo intelectual de la segregación nacionalista, lingüista y racista.  La “Inflexión Semántica” refrendada por la Ciencia positiva que surgió del Dualismo nos ha llevado al “cul de sac” atómico del destino.  Pero todavía el hombre puede volver atrás y situarse respetuosamente en ese umbral de los mundos que es el pensamiento y la palabra cuyo núcleo ontológico es el Ser Supremo Universal.  Este umbral da acceso a una concepción del mundo completamente diferente puesto que fundada sobre la realidad de la presencia activa de Dios en el mundo.  Una concepción del mundo, una dimensión, un universo totalmente diferentes puesto que construidos no sobre la materia inerte sino sobre el sentimiento supremo del Ser Omnipotente que ordena todos los procesos y fenómenos materiales en el universo de acuerdo a su preeminencia ontológica.  De su presencia generativa intrínseca tanto en los misterios de la materia como en las fibras etericas invisibles de la vida interior del alma, de la metafísica humana.  Todo en el universo es obra de Dios y si la vida y la conciencia aparecen en el  aquí y allá cósmico es porque Él le dio vida y sentido a la materia universal.  El mundo humano construido sobre la plena conciencia de la realidad es un mundo cualitativo, un mundo de sentimientos refinados en donde todo viene de Dios y todo vuelve a Él.  

Después de tanto tiempo perdidos en el desierto y hartos de las orgías rituales de adoración a los Baales de madera y de piedra,  ya el hombre no puede siquiera imaginar un mundo diferente al de los valores materiales.  Después de esos “40 años en el desierto” una nueva generación atisba, discierne un nuevo amanecer de la conciencia humana.  Esa intuición se hará realidad porque detrás de ella trona la omnipotencia del Espíritu.  Ese amanecer es la Idea perdida de la misteriosa integración divina en el mundo.  Cual una ínfima semilla de mostaza plantada en el corazón de la humanidad,  la Idea crece y deviene un frondoso árbol que protege en sus ramas y da sombra a las aves del cielo que vienen y anidan en sus ramas (Mateo 13:31-58). 

 

The Rediscovery of the Lost Paradigm (and the Mustard Seed).

The Lost Paradigm lies dormant in human consciousness and is a cosmic treasure.

The Paradigm was completely lost in the “Semantic Turn.” This turn—as effective as changing points on a railway network—depends on the total authority that humanity conferred upon a legal entity called “Science.” Legal authority to determine the parameters of the reality in which humanity lives, develops, and dies. In human consciousness, two worldviews coexist, representing two opposing dimensions and universes. Science is responsible for simplifying important things, such as the complexity of the psychophysical and social integration of the rational animal within its planetary and cosmic environment. But “Science” made a serious miscalculation more than two thousand years ago. This cosmic misguided orientation condemned humanity to wander in the desert of its own animal nature and to construct an artificial worldview that makes error and sterility the basis of human relations. All of this unfolds within the materialistic framework of quantitative relations that we now call the “Global Consumer Society.” Naturally, the world of art, so close to the universal spirit, transcribed this tragedy in many myths and legends. Among them are the myth of Osiris, the Sphinx, and the legend of the Tower of Babel. Such is the influence of “Science” that humankind does not dare to feel (intuition, inspiration, perception) or think for itself (self-criticism), beyond its fantasy and subjectivity, because “Science” reserves scientific objectivity exclusively for itself through its legal extensions (universities and institutes), publishing houses (specialized journals), and the media. But the terrible truth is that humanity lives intimately with the Lost Paradigm. Because it is its very rational nature. Dear reader, if you find the style of these words grandiose, you are mistaken. Because the world you live in is as unstable and insecure as a death sentence. Individuals struggle agonizingly among themselves to define their territories and personal rights, and nations only coexist by competing through coercion and the advantage of increasingly rapid and deadly means of mass destruction. All this is the legacy, the fruit that humanity reaps for delegating its right to feel and think to sorcerers and sophists who know far less of reality than it does. The Lost Paradigm is human thought and speech in its primordial nature. It was lost through the deception and perverse actions of demons who have led humanity astray for well over two thousand years. Because for those demons, matter is an end in itself, and they have no interest in knowing anything more about universal reality. The Lost Paradigm is the divine nature—the cosmic treasure—of thought and word. Overcoming the phenomenon of animal “incorporation” (anthropocentrism) is a universal problem for all rational beings in the universe. Because the threefold nature of the universe can be ignored by reducing it to mere material manifestation, like those mythological beings, the Cyclopes, who only have one eye. This simplifies complex reality, but in the long run, it leads to a cruel and merciless world like ours, preoccupied and obsessed with total destruction. Because there is no essential archetype, no reason for universal harmony among humankind, only material interests and the intellectual pride of nationalist, linguistic, and racist segregation. The “Semantic Inflection,” endorsed by the positive science that arose from dualism, has led us to the atomic “cul de cul” of destiny. But humanity can still return and respectfully stand on that threshold of worlds which is thought and word, whose ontological core is the Supreme Universal Being. This threshold grants access to a completely different conception of the world, founded on the reality of God's active presence in the world. A completely different conception of the world, a different dimension, a completely different universe, built not on inert matter but on the supreme feeling of the Omnipotent Being who orders all material processes and phenomena in the universe according to His ontological preeminence. This is His intrinsic generative presence both in the mysteries of matter and in the invisible etheric fibers of the soul's inner life, of human metaphysics. Everything in the universe is the work of God, and if life and consciousness appear in the cosmic here and there, it is because He gave life and meaning to universal matter. The human world, built on the full awareness of reality, is a qualitative world, a world of refined feelings where everything comes from God and everything returns to Him.

 

La redécouverte du paradigme perdu (et de la graine de moutarde).

Le paradigme perdu, latent dans la conscience humaine, est un trésor cosmique.

Ce paradigme a été complètement perdu lors du « tournant sémantique ». Ce tournant, aussi anodin qu'un changement d'aiguillage sur un réseau ferroviaire, repose sur l'autorité absolue que l'humanité a conférée à une entité juridique nommée « Science ». L'autorité légale de déterminer les paramètres de la réalité dans laquelle l'humanité vit, évolue et meurt. Dans la conscience humaine, deux visions du monde coexistent, représentant deux dimensions et deux univers opposés. La Science a pour mission de simplifier des choses importantes, comme la complexité de l'intégration psychophysique et sociale de l'être rationnel au sein de son environnement planétaire et cosmique. Mais la « Science » a commis une grave erreur d'appréciation il y a plus de deux mille ans. Cette orientation cosmique erronée a condamné l'humanité à errer dans le désert de sa propre nature animale et à construire une vision du monde artificielle qui fait de l'erreur et de la stérilité le fondement des relations humaines. Tout ceci se déroule dans le cadre matérialiste des relations quantitatives que nous appelons aujourd'hui la « société de consommation mondiale ». Naturellement, le monde de l'art, si proche de l'esprit universel, a transcrit cette tragédie dans de nombreux mythes et légendes. Parmi eux figurent le mythe d'Osiris, le Sphinx et la légende de la Tour de Babel. Telle est l'influence de la « science » que l'humanité n'ose plus ressentir (intuition, inspiration, perception) ni penser par elle-même (autocritique), au-delà de son fantasme et de sa subjectivité, car la « science » se réserve l'objectivité scientifique exclusivement à travers ses extensions légales (universités et instituts), ses maisons d'édition (revues spécialisées) et les médias. Mais la terrible vérité est que l'humanité vit intimement avec le paradigme perdu. Car il est dans sa nature même, rationnelle. Cher lecteur, si vous trouvez le style de ces mots grandiloquent, vous vous trompez. Car le monde dans lequel vous vivez est aussi instable et précaire qu'une condamnation à mort. Les individus se livrent à des luttes acharnées pour définir leurs territoires et leurs droits personnels, et les nations ne coexistent que par la compétition, la coercition et l'avantage de moyens de destruction massive toujours plus rapides et meurtriers. Tel est l'héritage, le fruit que l'humanité récolte pour avoir délégué son droit de ressentir et de penser à des sorciers et des sophistes qui connaissent la réalité bien moins qu'elle. Le Paradigme Perdu est la pensée et la parole humaines dans leur nature primordiale. Il a été perdu par la tromperie et les agissements pervers de démons qui ont égaré l'humanité pendant plus de deux mille ans. Car pour ces démons, la matière est une fin en soi, et ils ne cherchent nullement à connaître la réalité universelle. Le Paradigme Perdu est la nature divine – le trésor cosmique – de la pensée et de la parole. Surmonter le phénomène d'« incorporation » animale (l'anthropocentrisme) est un problème universel pour tous les êtres rationnels de l'univers. Car la nature trinitaire de l'univers peut être ignorée en la réduisant à une simple manifestation matérielle, à l'instar des Cyclopes, ces êtres mythologiques à l'œil unique. Cette simplification de la réalité complexe conduit, à terme, à un monde cruel et impitoyable comme le nôtre, obsédé par la destruction totale. Car il n'existe aucun archétype essentiel, aucune raison d'harmoniser l'humanité, seulement des intérêts matériels et l'orgueil intellectuel d'une ségrégation nationaliste, linguistique et raciste. L'« inflexion sémantique », cautionnée par la science positive issue du dualisme, nous a menés à l'impasse atomique du destin. Mais l'humanité peut encore revenir et se tenir respectueusement sur le seuil des mondes qu'est la pensée et la parole, dont le noyau ontologique est l'Être Suprême Universel. Ce seuil ouvre l'accès à une conception du monde radicalement différente, fondée sur la réalité de la présence active de Dieu dans le monde. Une conception du monde radicalement différente, une autre dimension, un univers radicalement différent, bâti non sur la matière inerte mais sur le sentiment suprême de l'Être Omnipotent qui ordonne tous les processus et phénomènes matériels de l'univers selon Sa prééminence ontologique. C'est Sa présence génératrice intrinsèque, tant dans les mystères de la matière que dans les fibres éthériques invisibles de la vie intérieure de l'âme, de la métaphysique humaine. Tout dans l'univers est l'œuvre de Dieu, et si la vie et la conscience apparaissent ici et là dans le cosmos, c'est parce qu'Il a donné vie et sens à la matière universelle. Le monde humain, bâti sur la pleine conscience de la réalité, est un monde qualitatif, un monde de sentiments raffinés où tout vient de Dieu et tout retourne à Lui.

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