Suite de la Sección II:
La cosmosofía y la visión del mundo de Rudolf Steiner
Mitos-Logos
La cuestión fundamental del Renacimiento concierne la oposición entre la magia y la astrología por un lado (humanización de un cosmos ‘cuerpo-alma-espíritu’), y la ciencia astronómica y matemática por el otro (fragmentación de la realidad, desintegración de la materia). En otras palabras, el antagonismo entre aquello que Victor Turner, hablando del ‘giro postmoderno’ y de la relación entre ‘drama social’ y teatro llamó ‘temporalización del espacio’ y ‘espacialización del tiempo’. [1] Pero no existe esa separación neta entre la ciencia y ‘el instinto oscuro que mueve la hechicería’, tal como lo diría Francis Bacon y ciertos historiadores contemporáneos. Según Eugenio Garin la astrología y la magia forman una unidad: el mitos y el logos están unidos en la concepción del mundo de la astrología judicial y de la magia. Porque el universo y el hombre se asemejan: ambos poseen un cuerpo, un alma y un espíritu.
El contexto global y el paradigma de toda la obra de Rudolf Steiner sería la oposición universal entre el mitos y el logos. La oposición entre la astrología y la astronomía evoca aquel conflicto escolástico entre el realismo y el nominalismo. Vemos bien cómo esas polaridades o aporías fundamentales de la cultura como Dionisos-Apolo o instinto-razón expresan siempre la lucha entre dos mundos diferentes que cohabitan en el ser humano. En el microcosmos humano la dualidad mitos-logos engloba el antagonismo entre el mundo interior del alma individual – con su implicación personal y subjetiva – y el mundo exterior físico de la ciencia positiva y del hecho concreto e impersonal. El objeto de la obra de Steiner es nada menos que alcanzar la armonía entre esos dos polos opuestos o límites del conocimiento. [2]
Esta concepción del mundo sitúa a Steiner en el centro de una aporía de civilización, en un juego de oposiciones y de correspondencias que le conducen, grosso modo, del pensamiento filosófico de Schiller y del principio iniciático del arte de Goethe [3] hasta el ‘individualismo ético’ de su Filosofía de la Libertad a través de la experiencia trágica de ese ‘avatar’ de la dualidad cósmica que parece ser Friedrich Nietzsche, torturado entre el instinto y la razón.[4]
Siempre según Steiner, Nietzsche escribió El origen de la tragedia a partir del principio enunciado por Schiller en sus ‘Cartas’ en donde no encuentra una alternativa a la dignidad del hombre – limitado por el orden natural y el orden lógico – sino en el mundo de las apariencias del arte (‘El hombre no es realmente un hombre sino cuando juega’).[5]
Influenciado por un cierto pesimismo, Nietzsche también quiso elevar el triste destino humano mediante el arte (música, tragedia, mito).[6] También buscó en la ciencia una cierta noción del espíritu pero su devoción por las ciencias de la naturaleza, materialistas y agnósticas, le impidió encontrarla. No alcanzó sino la intuición del espíritu en la forma del mito (Dionisos y Apolo).
Nietzsche perdió el mito del espíritu en su sueño de la naturaleza (el superhombre, el eterno retorno). Pero también presintió la armonía entre el mitos y el logos, entre Dionisos y Apolo, en la persona de un Sócrates músico capaz de reconciliar la lógica científica con el instinto y con el mito. La figura del Sócrates músico sugiere la del iniciado. Quizás porque la solución de la aporía, de la dualidad cósmica que el hombre mismo simboliza, no puede ser concebida sino como un proceso iniciático.[7]
Es así como vemos prefigurada en la genial visión de Nietzsche – el fruto de su trágica experiencia del dualismo – toda la gestión de Rudolf Steiner: 1) la oposición entre el mundo interior del alma (instinto-Dionisos-mito) y el mundo exterior sensible (representación o abstracción-Apolo-logos); 2) el arte en tanto que potencia revitalizante de lo humano; 3) la evolución del hombre a partir de las formas inferiores hasta el ‘superhombre’ y la libertad; 4) la idea del eterno retorno de lo mismo; 5) el Sócrates músico o la armonía recuperada. Steiner transformó este genial enunciado o diagnóstico del alma de la civilización occidental respectivamente en Goetheanismo, antroposofía, una ‘filosofía dela libertad’, cosmosofía y conocimiento del karma humano, y un método iniciático coherente.
Pero el ideal estético de la dignidad del hombre según Schiller, en otras palabras el ideal de la fuerza instintiva del arte trágico y del superhombre de Nietzsche, no son sino niveles inferiores de conciencia para Steiner. Estas dos visiones no conciben la libertad y la dignidad del hombre sino en el mundo de las apariencias. Steiner ya había definido claramente en ‘La Filosofía de la Libertad’ cual debe ser el genuino fundamento de la libertad (individualismo ético).
Para Steiner la vía de la libertad humana toma el camino de la intuición moral del hombre que crea él mismo sus propios objetivos morales independientemente de la tradición. Porque las ideas de ‘verdad’, ‘dignidad’ y ‘libertad’ conciernen directamente la noción espiritual. En el hombre, la cuestión de la libertad es inseparable de la idea del espíritu y contextualiza la concepción estética y espiritual de los Dramas-Misterio.
Todo esto hace aparecer como una línea recta la trayectoria que conduce a Steiner a vuelo de pájaro sobre las nociones de libertad de Schiller y de Nietzsche y sobre el monismo de Haeckel [8] hasta el goetheanismo (la noción fundamental de la metamorphosis) y la antroposofía, y de ahí a la gesta suprema de la libertad en la iniciación la cual es la esencia y el fundamento de sus cuatro Dramas-Misterio.
La cuestión fundamental del Renacimiento concierne la oposición entre la magia y la astrología por un lado (humanización de un cosmos ‘cuerpo-alma-espíritu’), y la ciencia astronómica y matemática por el otro (fragmentación de la realidad, desintegración de la materia). En otras palabras, el antagonismo entre aquello que Victor Turner, hablando del ‘giro postmoderno’ y de la relación entre ‘drama social’ y teatro llamó ‘temporalización del espacio’ y ‘espacialización del tiempo’. [1] Pero no existe esa separación neta entre la ciencia y ‘el instinto oscuro que mueve la hechicería’, tal como lo diría Francis Bacon y ciertos historiadores contemporáneos. Según Eugenio Garin la astrología y la magia forman una unidad: el mitos y el logos están unidos en la concepción del mundo de la astrología judicial y de la magia. Porque el universo y el hombre se asemejan: ambos poseen un cuerpo, un alma y un espíritu.
El contexto global y el paradigma de toda la obra de Rudolf Steiner sería la oposición universal entre el mitos y el logos. La oposición entre la astrología y la astronomía evoca aquel conflicto escolástico entre el realismo y el nominalismo. Vemos bien cómo esas polaridades o aporías fundamentales de la cultura como Dionisos-Apolo o instinto-razón expresan siempre la lucha entre dos mundos diferentes que cohabitan en el ser humano. En el microcosmos humano la dualidad mitos-logos engloba el antagonismo entre el mundo interior del alma individual – con su implicación personal y subjetiva – y el mundo exterior físico de la ciencia positiva y del hecho concreto e impersonal. El objeto de la obra de Steiner es nada menos que alcanzar la armonía entre esos dos polos opuestos o límites del conocimiento. [2]
Esta concepción del mundo sitúa a Steiner en el centro de una aporía de civilización, en un juego de oposiciones y de correspondencias que le conducen, grosso modo, del pensamiento filosófico de Schiller y del principio iniciático del arte de Goethe [3] hasta el ‘individualismo ético’ de su Filosofía de la Libertad a través de la experiencia trágica de ese ‘avatar’ de la dualidad cósmica que parece ser Friedrich Nietzsche, torturado entre el instinto y la razón.[4]
Siempre según Steiner, Nietzsche escribió El origen de la tragedia a partir del principio enunciado por Schiller en sus ‘Cartas’ en donde no encuentra una alternativa a la dignidad del hombre – limitado por el orden natural y el orden lógico – sino en el mundo de las apariencias del arte (‘El hombre no es realmente un hombre sino cuando juega’).[5]
Influenciado por un cierto pesimismo, Nietzsche también quiso elevar el triste destino humano mediante el arte (música, tragedia, mito).[6] También buscó en la ciencia una cierta noción del espíritu pero su devoción por las ciencias de la naturaleza, materialistas y agnósticas, le impidió encontrarla. No alcanzó sino la intuición del espíritu en la forma del mito (Dionisos y Apolo).
Nietzsche perdió el mito del espíritu en su sueño de la naturaleza (el superhombre, el eterno retorno). Pero también presintió la armonía entre el mitos y el logos, entre Dionisos y Apolo, en la persona de un Sócrates músico capaz de reconciliar la lógica científica con el instinto y con el mito. La figura del Sócrates músico sugiere la del iniciado. Quizás porque la solución de la aporía, de la dualidad cósmica que el hombre mismo simboliza, no puede ser concebida sino como un proceso iniciático.[7]
Es así como vemos prefigurada en la genial visión de Nietzsche – el fruto de su trágica experiencia del dualismo – toda la gestión de Rudolf Steiner: 1) la oposición entre el mundo interior del alma (instinto-Dionisos-mito) y el mundo exterior sensible (representación o abstracción-Apolo-logos); 2) el arte en tanto que potencia revitalizante de lo humano; 3) la evolución del hombre a partir de las formas inferiores hasta el ‘superhombre’ y la libertad; 4) la idea del eterno retorno de lo mismo; 5) el Sócrates músico o la armonía recuperada. Steiner transformó este genial enunciado o diagnóstico del alma de la civilización occidental respectivamente en Goetheanismo, antroposofía, una ‘filosofía dela libertad’, cosmosofía y conocimiento del karma humano, y un método iniciático coherente.
Pero el ideal estético de la dignidad del hombre según Schiller, en otras palabras el ideal de la fuerza instintiva del arte trágico y del superhombre de Nietzsche, no son sino niveles inferiores de conciencia para Steiner. Estas dos visiones no conciben la libertad y la dignidad del hombre sino en el mundo de las apariencias. Steiner ya había definido claramente en ‘La Filosofía de la Libertad’ cual debe ser el genuino fundamento de la libertad (individualismo ético).
Para Steiner la vía de la libertad humana toma el camino de la intuición moral del hombre que crea él mismo sus propios objetivos morales independientemente de la tradición. Porque las ideas de ‘verdad’, ‘dignidad’ y ‘libertad’ conciernen directamente la noción espiritual. En el hombre, la cuestión de la libertad es inseparable de la idea del espíritu y contextualiza la concepción estética y espiritual de los Dramas-Misterio.
Todo esto hace aparecer como una línea recta la trayectoria que conduce a Steiner a vuelo de pájaro sobre las nociones de libertad de Schiller y de Nietzsche y sobre el monismo de Haeckel [8] hasta el goetheanismo (la noción fundamental de la metamorphosis) y la antroposofía, y de ahí a la gesta suprema de la libertad en la iniciación la cual es la esencia y el fundamento de sus cuatro Dramas-Misterio.
[1] Cf. Victor Turner, The Anthropology of Performance, P. A. J. Publications, New York, 1987, p. 76. A este respecto Jean-Marie Pradier ha dicho: “L’apropiación del teatro antiguo por el Renacimiento no ha escapado a la influencia de las tres disciplinas que en ese entonces han contribuido a transformar la forma de ver el mundo, de explorar la vida y de escenificar el destino de los hombres: la perspectiva linear, la anatomía y la astrología. Situadas entre arte y ciencia ellas han significado una alternativa cultural y han instituido un orden sensorial, intelectual y afectivo que ha marcado profundamente la organización y la práctica de las artes en Occidente. La perspectiva le enseñó a los artistas a producir lo falso-verdadero (...) La anatomía ha sumergido a los exploradores de la vida en un viaje sin fin en el interior orgánico (...) En cuanto a la astrología ella ha mantenido por un tiempo la pertenencia de los individuos al gran universo. Su desaparición del lado de lo irracional ha acelerado el proceso de abandono del todo y de la fragmentación del pensamiento.” Jean-Marie pradier, Théâtre occidental – Théâtre et sociétés, in Encyclopédie Universalis, Supplément 2000, Encyclopédie Universalis France, pp. 1039-1044. Sin traducción al castellano.
[2] Para alcanzar su objetivo va a elaborar métodos apropiados para ampliar el campo de acción del conocimiento.
[3] Lo bello es una manifestación de leyes naturales secretas y sin su aparición esas leyes permanecerían eternamente ocultas. ‘Sentences en prose’. Oeuvres scientifiques de Goethe, publieés par Rudolf Steiner. R. Steiner, L’esprit de Goethe, EAR, Geneve, p. 113. No traducido.
[4] Es lo que dice Steiner cuando habla del sacrificio de la intelectualidad (Ifigenia), tal como ya lo hemos indicado en el capítulo sobre su visión cíclica de la historia: “Así fue para toda la corriente de la vida intelectual europea desde la antigua Grecia hasta la época moderna; desde la época en la que Sócrates fue el primero en aislar el pensamiento científico puro de la antigua cultura universal, hasta el momento en el que se desplomó el pobre Nietzsche con el alma extenuada por los tormentos que le causaron los tabiques que separaban a la ciencia, el arte y la religión.” Rudolf Steiner, Merveilles du monde, épreuves pour l’âme, manifestations de l’esprit. Revue Triades, Paris, Supplément # 22, 1965, p. 16. No traducido.
[5] Cf. Rudolf Steiner, Le mystere de la Trinité, Novalis, Paris, 1997, p.74-75. Ver también, de Steiner, Autobiographie, EAR, Geneve, 1979, p. 158-163. No traducidos.
[6] Cf. La citación de Nietzsche de la leyenda de Midas y de Sileno en El origen de la tragedia. Esta leyenda sería de origen órfico.
[7] En este sentido, Sócrates (Nominalismo) y su contraparte imaginaria el ‘Sócrates músico’ (Realismo), personificarían 2000 años de dualismo en la historia de Occidente. También serian el paradigma de los Dramas-Misterio de Rudolf Steiner. Esto es evidente sobre todo en los personajes de Estella, Strader y Capesius por un lado, y Sofía, María y Benedictus por el otro.
[8] Aunque materialista, el monismo de Haeckel compartiría con el monismo espiritualista de Steiner la creencia en el origen de la vida en un principio único. Cf. Rudolf Steiner, Les sources spirituels de l’anthroposophie (Stuttgart, 29-08 al 06-09-1921, GA 78),EAR, Geneve, 1991. No traducido.
[2] Para alcanzar su objetivo va a elaborar métodos apropiados para ampliar el campo de acción del conocimiento.
[3] Lo bello es una manifestación de leyes naturales secretas y sin su aparición esas leyes permanecerían eternamente ocultas. ‘Sentences en prose’. Oeuvres scientifiques de Goethe, publieés par Rudolf Steiner. R. Steiner, L’esprit de Goethe, EAR, Geneve, p. 113. No traducido.
[4] Es lo que dice Steiner cuando habla del sacrificio de la intelectualidad (Ifigenia), tal como ya lo hemos indicado en el capítulo sobre su visión cíclica de la historia: “Así fue para toda la corriente de la vida intelectual europea desde la antigua Grecia hasta la época moderna; desde la época en la que Sócrates fue el primero en aislar el pensamiento científico puro de la antigua cultura universal, hasta el momento en el que se desplomó el pobre Nietzsche con el alma extenuada por los tormentos que le causaron los tabiques que separaban a la ciencia, el arte y la religión.” Rudolf Steiner, Merveilles du monde, épreuves pour l’âme, manifestations de l’esprit. Revue Triades, Paris, Supplément # 22, 1965, p. 16. No traducido.
[5] Cf. Rudolf Steiner, Le mystere de la Trinité, Novalis, Paris, 1997, p.74-75. Ver también, de Steiner, Autobiographie, EAR, Geneve, 1979, p. 158-163. No traducidos.
[6] Cf. La citación de Nietzsche de la leyenda de Midas y de Sileno en El origen de la tragedia. Esta leyenda sería de origen órfico.
[7] En este sentido, Sócrates (Nominalismo) y su contraparte imaginaria el ‘Sócrates músico’ (Realismo), personificarían 2000 años de dualismo en la historia de Occidente. También serian el paradigma de los Dramas-Misterio de Rudolf Steiner. Esto es evidente sobre todo en los personajes de Estella, Strader y Capesius por un lado, y Sofía, María y Benedictus por el otro.
[8] Aunque materialista, el monismo de Haeckel compartiría con el monismo espiritualista de Steiner la creencia en el origen de la vida en un principio único. Cf. Rudolf Steiner, Les sources spirituels de l’anthroposophie (Stuttgart, 29-08 al 06-09-1921, GA 78),EAR, Geneve, 1991. No traducido.


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