Thursday, November 07, 2013

Coup d'État Culturel



Coup d’État Culturel
Conocer la magnitud cósmica del alma humana es amar a nuestra Gran Madre la Tierra. 


¿Que sabe el hombre de hoy a ciencia cierta sobre la naturaleza del alma?  Casi nada.  Lo poco que se sabe hoy de ella desde Empedócles, Platón y Aristóteles está envuelto en el grueso pliegue del relativismo.  Dato cultural esencialmente subjetivo.  Por eso mismo quizás esté yo, en este mismo instante, reuniendo más datos que los que toda la Cultura Occidental ha recibido en los últimos 2000 años. 
Porque me comunico con las almas difuntas casi todos los días y poco a poco voy contextualizando el vacío cultural que reina en Occidente desde mucho antes de la Inquisición hasta el presente. 
¡Que vergüenza para el hombre –el arquetipo ‘Hombre’- este abismo de oscuridad abisal que impera en el núcleo mismo de la dignidad humana: el conocimiento de sí mismo.  ¿Por qué este descenso ad ínferos impuesto por el dogma?  El mundo pre-cristiano poseía la clave de la armonía entre el alma del hombre y la naturaleza terrestre.  Durante los primeros siglos de la era cristiana se tildó de hechicería y brujería al conocimiento del alma humana.  Esa ignorancia le abrió las puertas a toda la oscuridad de la Edad Media. 
Jesucristo no vino a abolir ninguna visión del mundo pero sus seguidores destruyeron los restos –ya calcinados por el tiempo- de la bella sensibilidad ecológica de la cosmosofía eleusina y de todas las –ya menguadas- antiguas religiones de Misterios (Cf. Hypatia).
Hoy sólo nos queda la iniciativa personal del hombre libre que no ignora que todos los males de nuestra civilización occidental derivan de la suprema ignorancia de nosotros mismos.  La sádica brutalidad de nuestro mundo nace como un hongo sobre el oscuro detritus de nuestra conciencia. 
Durante 2000 años Occidente ha mantenido un culto por las apariencias.  Sobretodo en lo relativo al conocimiento del alfabeto vital de la especie humana.  Yo no voy a esperar a que mi mundo reviente para constatar que no puedo delegar mi responsabilidad individual en una supuesta institucionalidad estatal o mundial.  Porque el poder establecido en el mundo es –en lo que concierne la preservación de la vida- como un ciego borracho conduciendo a un grupo de enfermos mentales. 
El principio básico de la Cultura universal terrestre es el culto a la Tierra Madre y la devoción por el ‘eterno Femenino’.  Este doble fundamento está integrado a la religión cristiana pues se decanta en la persona de la Madre de Dios.  La activación de esta visión del mundo que debe imperar de aquí a la eternidad depende únicamente de la acción individual.  Del pensamiento, sentimiento y voluntad de cada individuo libre. 
Es en este contexto de la iniciativa cultural del hombre libre que he penetrado en el umbral del ‘más allá’.  Gracias al don que recibí de Dios  he querido hacer realidad el sueño goethiano de unir las ‘dos orillas del río’ (1).  Me he propuesto utilizar mi capacidad de médium para concertar una verdadera cooperación entre las almas difuntas y los seres vivientes.  Toda mi experiencia, descrita con la capacidad limitada de mi competencia verbal, la vertí en este blog con la esperanza de, algún día, difundir y promover la acción individual ante el peligro mortal que amenaza a la Tierra. 
Quizás más pronto que tarde algún intelectual representante del ‘desorden establecido’ o statu-quo cultural me impreque que para Occidente la vida del alma post-mortem es un tema tan tabú que ni siquiera existe.  Quizás otro –más esotérico- exclame que no se deben tirar perlas a los cerdos.  Por abrir una brecha en el Muro de Berlín, la ‘Cortina de Hierro’ que el racionalismo occidental erigió ante el conocimiento de sí mismo.  Alegando el peligro del satanismo, la herejía, la hechicería y la magia (mancia), y la revolución. 
Los racionalistas son como unos cuadrúpedos sin alma, unos burros sabios porque representan el nivel más bajo de sensibilidad ante el ‘Misterio de la Naturaleza’ –así, con mayúscula- que jamás haya hollado este planeta.  Jamás el hombre había descendido a tal nivel de ceguera, sordera, insensibilidad ante las diferentes formas de vida que lo rodean. 
Hoy el mundo es un cubo de basura maloliente y los seres humanos en vez de cuidarlo lo destruyen.  Los individuos libres no actúan alegando que es un problema global, macroscópico.  Las instituciones sólo actúan en apariencia porque la idea establecida es que no es necesario proteger la vida.  Ella se cuida sola.  No es necesario proteger la Tierra porque no tiene alma.  Es sólo materia inerte.  Si eso fuera verdad no habría aquí un solo ser viviente. 
La humanidad depende intrínsecamente del orden natural.  Hoy contempla la degradación irreversible y la considera un hecho natural que no la concierne.  Porque se siente completamente independiente del orden natural y del instinto animal. 
Continuar por esta vía sería un grave error.  En el supuesto de que, de la sutil trama etérica que une los cuatro reinos naturales –mineral, vegetal, animal y racional- desde lo visible hasta lo invisible a través de las esencias elementales, la evolución del hombre dependa de la evolución de la Tierra. 
Finalmente, en lo que concierne la capacidad de comunicación con los muertos, huelga decir que existen diferentes formas de mediumnismo más o menos dependientes de estados psicofísicos alterados (atavismos) o de la pura inconsciencia.  Yo contacto a las almas difuntas sólo en el momento que ellas así lo desean.  Mi conciencia no se altera en lo más mínimo.  La iniciativa viene de ellas puesto que mi único interés es llevarlas al recinto de una iglesia para oír la Santa Misa y comulgar.  Para ellas soy un amigo, un hermano con una perspectiva de la magnitud cósmica del alma y ellas me lo agradecen efusivamente.  Mi gran satisfacción es recordar los epítetos con los que me elogian.  “You are a brave man!” (Wolfgang Preiss); “We all agree with you” (Humphrey Bogart); "We wish you success in your enterprise" (James Stewart); “We are all very grateful”, etc, etc.
Casi todos son americanos o británicos, algunos franceses  y alemanes.  Entre los pocos hispano parlantes que he llevado figura Ramón Valdez, el hermano de Tintán.  Esto se debe a que los films que me atraen por su cualidad artística y técnica casi siempre son americanos, británicos y europeos. 
El principio universal es: el alma participa intrínsecamente de su imagen.  Pero hay que tener una capacidad innata (no aprendida) para hacerlo.  La persona que lo intenta con malas intenciones casi siempre lo paga muy caro.  Porque la fauna de las profundidades siempre está al acecho. 
Soy un universalista goethiano y steineriano cuyo ideal es el de la sempiterna Caballería veneradora del ‘eterno Femenino’. 


(1) Tal como Goethe lo describe en su bello cuento/mito de ‘La Serpiente Verde y la Flor de Lis’ integrado a sus ‘Relatos de los emigrados alemanes’.


0 Comments:

Post a Comment

<< Home