Coup d'État Culturel
Coup d’État Culturel
Conocer la magnitud
cósmica del alma humana es amar a nuestra Gran Madre la Tierra.
¿Que sabe el hombre de hoy a ciencia
cierta sobre la naturaleza del alma?
Casi nada. Lo poco que se sabe
hoy de ella desde Empedócles, Platón y Aristóteles está envuelto en el grueso
pliegue del relativismo. Dato cultural
esencialmente subjetivo. Por eso mismo
quizás esté yo, en este mismo instante, reuniendo más datos que los que toda la
Cultura Occidental ha recibido en los últimos 2000 años.
Porque me comunico con las almas
difuntas casi todos los días y poco a poco voy contextualizando el vacío
cultural que reina en Occidente desde mucho antes de la Inquisición hasta el
presente.
¡Que vergüenza para el hombre –el
arquetipo ‘Hombre’- este abismo de oscuridad abisal que impera en el núcleo
mismo de la dignidad humana: el conocimiento de sí mismo. ¿Por qué este descenso ad ínferos impuesto por el dogma?
El mundo pre-cristiano poseía la clave de la armonía entre el alma del
hombre y la naturaleza terrestre.
Durante los primeros siglos de la era cristiana se tildó de hechicería y
brujería al conocimiento del alma humana.
Esa ignorancia le abrió las puertas a toda la oscuridad de la Edad
Media.
Jesucristo no vino a abolir ninguna
visión del mundo pero sus seguidores destruyeron los restos –ya calcinados por
el tiempo- de la bella sensibilidad ecológica de la cosmosofía eleusina y de
todas las –ya menguadas- antiguas religiones de Misterios (Cf. Hypatia).
Hoy sólo nos queda la iniciativa
personal del hombre libre que no ignora que todos los males de nuestra
civilización occidental derivan de la suprema ignorancia de nosotros
mismos. La sádica brutalidad de nuestro
mundo nace como un hongo sobre el oscuro detritus de nuestra conciencia.
Durante 2000 años Occidente ha
mantenido un culto por las apariencias.
Sobretodo en lo relativo al conocimiento del alfabeto vital de la
especie humana. Yo no voy a esperar a
que mi mundo reviente para constatar que no puedo delegar mi responsabilidad
individual en una supuesta institucionalidad estatal o mundial. Porque el poder establecido en el mundo es
–en lo que concierne la preservación de la vida- como un ciego borracho
conduciendo a un grupo de enfermos mentales.
El principio básico de la Cultura
universal terrestre es el culto a la Tierra Madre y la devoción por el ‘eterno Femenino’. Este doble fundamento está
integrado a la religión cristiana pues se decanta en la persona de la Madre de
Dios. La activación de esta visión del
mundo que debe imperar de aquí a la eternidad depende únicamente de la acción
individual. Del pensamiento, sentimiento
y voluntad de cada individuo libre.
Es en este contexto de la iniciativa
cultural del hombre libre que he penetrado en el umbral del ‘más allá’. Gracias al don que recibí de Dios he querido hacer realidad el sueño goethiano
de unir las ‘dos orillas del río’ (1).
Me he propuesto utilizar mi capacidad de médium para concertar una
verdadera cooperación entre las almas difuntas y los seres vivientes. Toda mi experiencia, descrita con la
capacidad limitada de mi competencia verbal, la vertí en este blog con la
esperanza de, algún día, difundir y promover la acción individual ante el
peligro mortal que amenaza a la Tierra.
Quizás más pronto que tarde algún
intelectual representante del ‘desorden establecido’ o statu-quo cultural me
impreque que para Occidente la vida del alma post-mortem es un tema tan tabú
que ni siquiera existe. Quizás otro –más
esotérico- exclame que no se deben tirar perlas a los cerdos. Por abrir una brecha en el Muro de Berlín, la
‘Cortina de Hierro’ que el racionalismo occidental erigió ante el conocimiento
de sí mismo. Alegando el peligro del
satanismo, la herejía, la hechicería y la magia (mancia), y la revolución.
Los racionalistas son como unos
cuadrúpedos sin alma, unos burros sabios porque representan el nivel más bajo
de sensibilidad ante el ‘Misterio de la Naturaleza’ –así, con mayúscula- que
jamás haya hollado este planeta. Jamás
el hombre había descendido a tal nivel de ceguera, sordera, insensibilidad ante
las diferentes formas de vida que lo rodean.
Hoy el mundo es un cubo de basura
maloliente y los seres humanos en vez de cuidarlo lo destruyen. Los individuos libres no actúan alegando que
es un problema global, macroscópico. Las
instituciones sólo actúan en apariencia porque la idea establecida es que no es
necesario proteger la vida. Ella se
cuida sola. No es necesario proteger la
Tierra porque no tiene alma. Es sólo
materia inerte. Si eso fuera verdad no
habría aquí un solo ser viviente.
La humanidad depende intrínsecamente
del orden natural. Hoy contempla la
degradación irreversible y la considera un hecho natural que no la
concierne. Porque se siente
completamente independiente del orden natural y del instinto animal.
Continuar por esta vía sería un grave
error. En el supuesto de que, de la
sutil trama etérica que une los cuatro reinos naturales –mineral, vegetal,
animal y racional- desde lo visible hasta lo invisible a través de las esencias
elementales, la evolución del hombre dependa de la evolución de la Tierra.
Finalmente, en lo que concierne la
capacidad de comunicación con los muertos, huelga decir que existen diferentes
formas de mediumnismo más o menos dependientes de estados psicofísicos
alterados (atavismos) o de la pura inconsciencia. Yo contacto a las almas difuntas sólo en el
momento que ellas así lo desean. Mi
conciencia no se altera en lo más mínimo.
La iniciativa viene de ellas puesto que mi único interés es llevarlas al
recinto de una iglesia para oír la Santa Misa y comulgar. Para ellas soy un amigo, un hermano con una
perspectiva de la magnitud cósmica del alma y ellas me lo agradecen
efusivamente. Mi gran satisfacción es
recordar los epítetos con los que me elogian.
“You are a
brave man!” (Wolfgang Preiss); “We all agree with you” (Humphrey Bogart); "We wish you success in your enterprise" (James Stewart); “We
are all very grateful”, etc, etc.
Casi todos son americanos o británicos,
algunos franceses y alemanes. Entre los pocos hispano parlantes que he
llevado figura Ramón Valdez, el hermano de Tintán. Esto se debe a que los films que me atraen
por su cualidad artística y técnica casi siempre son americanos, británicos y
europeos.
El principio universal es: el alma
participa intrínsecamente de su imagen.
Pero hay que tener una capacidad innata (no aprendida) para
hacerlo. La persona que lo intenta con
malas intenciones casi siempre lo paga muy caro. Porque la fauna de las profundidades siempre
está al acecho.
Soy un universalista goethiano y
steineriano cuyo ideal es el de la sempiterna Caballería veneradora del ‘eterno
Femenino’.
(1) Tal como Goethe lo describe en su bello cuento/mito de ‘La Serpiente
Verde y la Flor de Lis’ integrado a sus ‘Relatos de los emigrados alemanes’.


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