Monday, June 18, 2018

TOTAL RECALL



TOTAL RECALL
DA CAPPO
RECAPITULACIÓN
Estoy contando la gran aventura de mi vida.  No he tenido que inventar nada.  De verdad que esta realidad supera la ficción.  Porque un día descubrí que me era muy fácil comunicarme con el Más Allá.  Debido a mis características psíquicas y supongo también por una grave enfermedad que tuve a los 19 años.   Antes de aquella madrugada de abril 2011 sabía instintivamente que poseía un extraño magnetismo, una “competencia” como diría Chomsky.  Pero siempre traté de ignorarla.  Hasta que me tropecé con Adamanta.  Con ella accedí a un nivel de conciencia superior.  Tomé conciencia de mi responsabilidad como ser racional en el Todo cósmico.  Sí, existe una Realidad inmutable que podría llamar divina y los animales racionales, los hombres, giran en torno a ella como insectos atraídos por la luz.  Animalidad, racionalidad, evolución y reencarnación. 
Aquellos que no saben de qué hablo pueden comenzar leyendo este blog retrospectivamente desde la entrada o capítulo titulado “Amantes de la Tierra”.  Para un lector de Blog puede ser complicado volver a entradas anteriores, por eso generalmente se contentan con leer la última entrada.  Por esta razón voy a recapitular a grandes rasgos el contenido de “Bramido del Intelecto Canto del Instinto”.
Una madrugada del mes de abril 2011, después de haber visto una película de Powell y Pressburger encontré el alma de la mujer que amo y admiro.  Había muerto el año 2007 en medio de la profunda inconsciencia del alzheimer.  Su encuentro conmigo la ayudó a despertar.  ¿Dudan?  Sepan que el alma humana está activa tanto en la vida física como en la vida suprafísica.  Los encuentros con personas sensibles como yo son habituales.  Pero la tendencia es a dejar que la experiencia se diluya en lo subjetivo puesto que el encuentro con las almas tiene lugar en el pensamiento.  Los que saben se callan porque la cultura occidental tilda de loco a quien habla de esto.  La ciencia occidental sólo conoce la materia inerte, matemáticamente cuantificable.  La naturaleza del alma humana sigue siendo un tabú.
Al darme cuenta de mi capacidad, mi don, decidí llevar almas a una iglesia a oir misa y comulgar conmigo.  Primero a la de Sabana Grande en la avenida Francisco Solano, después únicamente en la Chiquinquirá de los padres franciscanos.  Motivado por la fascinación misteriosa de moverme en “Tierra de Nadie”, en el umbral del misterio total del Más allá, no me di cuenta entonces de que actuaba en forma tangencial: primero las almas, mis hermanas, segundo el orden divino.  En verdad  que sólo deseaba ayudar a las almas.  Me invadía un sentimiento de solidaria complicidad.  Porque me había dado cuenta de que casi todas deseaban oír la Santa misa.  Evidentemente eso en algo las ayudaba.  Comenzó entonces mi periplo de idas y venidas a la iglesia.  A los ojos de algún que otro cura yo era otro de esos asiduos feligreses.  Algunos sacerdotes, como el padre Arsenio de la Chiquinquirá no dejaron de reparar en ello tanto que, al saludarlo recientemente un domingo después de la misa no lograba identificarme hasta que de pronto me dijo en su rotundo acento castizo: “Claro, tu eres el que venía a misa todos los días hasta que dejaste de venir de golpe”.
Así que en el 2011 y 2012 llevé a decenas de almas a la iglesia.  Casi todos artistas de cine de renombre internacional cuyas películas bajaba vía “Torrent” a mi PC.  El ritmo era de 2 o 3 por semana porque algunos ‘Torrents’ tomaban días en ‘bajar’.  Hasta que un día decidí parar, convencido de que ya era suficiente.  Porque sabía que pocas personas podrían comprender lo que estaba haciendo.  Porque me colocaba a contracorriente de la racionalista civilización occidental.  En el fondo eso no me preocupaba mucho porque siempre fui un informal.  Un sempiterno estudiante muy temerario.  Pero al final el “Para Qué” ganó la partida.  Me detuve alrededor de un año más o menos.  Hasta que nació en mí la idea del Performance.
Mi tesis de doctorado en Arte Dramático en Paris 8 Saint Denis se fundamentaba en la hermosa dialéctica de la “Antropología de la Espectacularidad” de Víctor Turner.  En esta, la dicotomía lingüística de Noah Chomsky competence-performance devenía en manos de Turner la llave mágica para comprender socráticamente el drama de la creación del sentido.
Qué mayor crisis de civilización que la erradicación del alma humana del escenario razonable humano.  Cuando el alma es paradójicamente la clave del drama humano.  La llave que resuelve el dualismo.  Cuerpo-mente, instinto-intelecto. 
La idea era protestar por la destrucción, la degradación irrespetuosa de la madre de todas las ideologías, la naturaleza.  ¿Qué argumento más contundente que una manifestación pro-vida de la Tierra Madre.  Pero no una manifestación ordinaria sino una con almas –vivientes- de difuntos.  Otra vez el prejuicio.  (La gente ignorante prefiere la noción –muerte- de inactividad total).  Esto era como cerrar un gran circuito cósmico alrededor de la Tierra.  Un gran círculo que implicaba el otro lado de la Luna.  ¿Qué otra perspectiva humana más completa que la de un alma humana reintegrada al universo para dictaminar la absoluta necesidad de proteger y al hijo y a la madre?  ¿O acaso hay individuos tan necios como para considerarse separados –abstracción- de la naturaleza planetaria?
Confiando entonces en mi capacidad psíquica más que probada, ideé una Estrella de David pitagórica.  Este símbolo de armonía entre el mundo interior del hombre y su entorno físico yo lo quería declinar del Número 1 al Número 7.  Siguiendo una gradación numérica que me haría formar un triángulo equilátero: 1 la cúspide  y 7 la base.  En total cada triángulo estaría formado por 28 videos con un total de 140 almas.  El inicio y el fin de ambos triángulos estarían enmarcados en una especie de “circuito trascendente” comenzando por el domingo de Resurrección del año 2014 y terminando el mismo día del año 2015.
Todo lo demás es historia audiovisual presente en Youtube.  Cada uno de esos 56 videos es parte de mi vida.  En la medida de su edición iré describiendo anécdotas del proceso, que nunca faltaron.  Por último un délfico mensaje universalista: “Oh hombre, conócete a ti mismo”.


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