Sunday, February 19, 2012

La salud de la Tierra es la salud del HOMBRE







-La salud de la Tierra es la salud del Hombre. Quiero que el hombre del futuro que encarne o reencarne en ella encuentre un jardín -y nó un desierto contaminado- para el desarrollo de lo mejor en él.












-‘CULTURA’ significa iluminar de alguna manera un triple enigma: ‘qué soy’, ‘donde estoy’ y ‘adonde voy’.






El 23 de septiembre 2011 es el día que publiqué o más bien edité en Blogspot.com las 19 entradas finales de mi experiencia con Mamadío. Las acciones más importantes que realicé después las he ido memorizando con la intención de escribir una nueva entrada. En verdad que creí en ese entonces que no había más nada que decir, por eso hablé de un ‘epílogo’ y establecí la piedra angular de la Cultura Universal humana: el Principio sagrado de la Maternidad. Sin embargo, aunque mi relación íntima con mi Madre Diótima Adamanta había culminado ‘plenamente’ y ella había accedido a un nivel de conciencia superior al que ella tenía cuando cohabitaba conmigo, yo había seguido haciendo lo que ella misma me había enseñado. Servir de puente entre las dos orillas del río cósmico.






El 23 de septiembre 2011, repito, di por terminada la descripción de la experiencia paranormal que transformó mi vida. En ese escueto relato evoqué, incorporé solo una pequeña parte de lo que en realidad viví. La humanización de mi más alto ideal terrestre y celeste con la más que hermosa Mujer que, literalmente, me cayó del cielo.






Sentí entonces la necesidad de descansar de la intensa actividad psíquica y emocional que dominó mi vida entre el 16 de abril y el 29 de septiembre 2011. Con una profunda satisfacción interior sentí que me había ganado un buen descanso. Hoy, 5 de enero 2012, retomo mis memorias, mi extraordinaria comunicación con el alma inmortal del hombre. Vale decir que aún si mi comunicación con el alma de mi Madre Diótima entró finalmente por el embudo del orden espiritual cósmico –yo en el mundo físico buscando mi vía y ella en armonía consigo misma y realizando su destino- no por eso dejé de buscar almas de artistas para ayudarlas a traspasar el Umbral. Tal como mi experiencia trascendental con Diótima me había enseñado. Ayudarlas a encontrar un nivel de conciencia superior en la relación intrínseca con su origen y su realidad cósmica. Así que desde octubre 2011, una vez terminado el reto de mi testimonio –mi deuda con la Cultura universal del hombre- calculo que llevé entre 2 y cinco almas a la iglesia cada semana, hasta el día de hoy. Repasando mi memoria cinematográfica buscaba las almas de esos grandes artistas. Algunos guardaban silencio cuando los interpelaba. Otros me respondían simplemente que no estaban interesados. ¡Qué raro era para ellos encontrar un hombre dirigiéndoles la palabra con respeto y con la sola intención de llevarlos al Umbral de una iglesia! La mayor parte de ellos todavía estaban ahí, es decir, en el microcosmos elemental y físico. En este sentido, lo que más me impresionaba es la analogía entre la capacidad intelectual del cerebro humano y la plasticidad del alma. En efecto, aún llevando un alma a la iglesia no por eso dejaba de encontrarla a posteriori en otra imagen suya. Esto me pasaba con famosos artistas de grandes filmografías. Mi conclusión era que el alma consciente que yo transporto accede al Umbral y permanece. Pero no por eso deja de estar presente –en su modo inconsciente- en otras imágenes de su vida artística. Estaba claro, me decía, que la formidable capacidad inconsciente del cerebro humano se fusionaba con el yo consciente del alma dando como resultado una capacidad extraordinaria e inefable. Esto tuvo como consecuencia que pusiera en tela de juicio mi rol como ‘Barquero’, porque, ¿para qué llevarlas (al Umbral del sacramento cristiano) si parecían estar en todas partes? La respuesta era tan simple como la diferencia neurológica entre lo subjetivo y lo objetivo. Entre saber y no saber. Entre ser y no ser. Aún si la presciencia del alma es extraordinaria, pocos de esos artistas fueron grandes devotos practicantes durante su existencia física. La distancia entre ellos (su vida post-mortem) y el Umbral de la iglesia no podía ser franqueada fácilmente.






En cuanto al hecho de volverlos a encontrar en el mismo film puedo decir que pocas veces me pasaba. Rara vez volvía a ver la misma película, para reducir al máximo la posibilidad de disturbio. Las excepciones eran aquellos films llenos de almas deseosas de acceder al Umbral como Ball of Fire (1941) y algunas otras. Otro detalle interesante es que a Paul Newman y Erich von Stroheim los volví a encontrar y supuse que era porque ambos eran judíos. ¿Se debía esto a la extraordinaria naturaleza del alma humana o porque era necesario estar bautizado para poder cruzar el Umbral? No lo sé. Lo que si sé es que también volví a encontrar a muchos que no eran judíos como James Stewart –a quien le debo la vida-, Cary Grant y Vivian Leigh. En todo caso me daba igual que fueran cristianos, católicos, judíos, musulmanes o hindús. A todos los consideraba como mis hermanos por ser hijos del mismo Padre –Dios- y de la misma Madre –La Tierra. Y todos ellos sabían que mi único deseo era ayudarlos a acceder al Espíritu cósmico donde este está liberado de los pasaportes, las convenciones, los antropomorfismos terrestres. El Espíritu Paterno, libre de trabas mezquinas y abierto a todos por igual.

La experiencia del Umbral en tanto que paso de un nivel esencial inferior a uno superior.






Fue por esta razón que me interesé en las almas de ciertas hermosas artistas marcadas por un destino trágico. Como siempre, todo comenzaba en mi mente evocando alguna vieja película de mi infancia o mi juventud. En esa ocasión, esa película era The Fearless Vampire Killers (“El Baile de los Vampiros”) dirigida por Roman Polansky en 1967.






Mi experiencia con el microcosmos psíquico que encontré en este film de excelente factura y calidad artística me introdujo a ciertos misterios de la vida del alma humana en el más allá. Mi conclusión fue que, donde está la sombra no está la luz y viceversa. La acción llevada a cabo durante la existencia física es como un libreto único que el alma humana sigue interpretando en el más allá. Esto viene a colación porque hay ciertos films que más vale no ver. Sobre todo si Usted es, como yo, un médium empeñado en hacer retroceder los límites del conocimiento para develar la vigencia del mito y la íntima relación entre el hombre y la Tierra.






Más vale no verlos porque están habitados por seres de la oscuridad. Afortunadamente mi experiencia de médium me había enseñado claramente hasta donde podía llegar. Contactaba a los artistas de determinado film sólo mediante fotos y sin visionar el film en cuestión. Esto me salvó de graves problemas. Aún si mi único objetivo era cultural, más que religioso. Yo me consideraba un amante del conocimiento, del espíritu cristalizado que eleva a la humanidad por encima de sus miserias. Pero el peligro era grande. Por eso trataba de ser fiel a mi Ideal estando a la altura y encomendándome a Dios. Lo que me había atraído al ‘Baile de los Vampiros’ era el trágico destino de Sharon Tate (Sarah). Al comunicarme con ella sentí su exquisita presencia anímica, tan suave como la seda y el terciopelo. Ella me respondió inmediatamente que estaba muy interesada en que la llevara a alcanzar el Umbral. De ella no tenía nada que temer, así que le di ‘cita’ –a ella y a Alfie Bass (Shagal), Jack McGowran (Professor Abronsius), y Jessie Robins (Rebecca); sí, hablé con todos ellos- al día siguiente a las 5 PM. Así que, para mi gran sorpresa, esa noche, cuando estaba cenando, el alma de mi madre Diótima se me hizo presente para prevenirme de un peligro inminente. “José, you have to be very careful because in this film there are dangerous souls.” Comprendí que me enfrentaba a un foco maligno. Al principio pensé en el determinismo emocional que impera en la mente de todo genuino artista del teatro y el Séptimo arte. Poseídos profundamente por sus personajes. Pero no era del ‘Conde von Krolock’ (Ferdy Maine) de quien me debía cuidar sino de ciertos actores secundarios de aspecto más que vampiresco. Dividí entonces el film en segmentos y encontré que podía acceder a los actores nombrados sin entrar en contacto visual con las almas peligrosas. Me limité en tiempo ‘crono’ a las primeras escenas de la posada. Sabía que más allá de ese límite me iba a encontrar con verdaderos seres demoníacos. Todo lo llevé a cabo con éxito, contactando a las almas de esos artistas efectivamente en el tiempo estipulado. Y todos ellos pasaron uno detrás del otro sobre mí con eficiencia militar. Un detalle de esta experiencia no he olvidado. El consejo de Sharon Tate de evitar el formalismo extremo y la emotividad innecesaria. Porque, aún siendo una más que bella mujer, mi exageración estética le encontró una imperfección (relativa y subjetiva) a su bellísima cara. Debido a la embelesada mirada, la sensual delectación con la que el ojo de Roman Polansky se paseaba a lo largo y ancho de su cara en la escena de la bañera. Lo cierto es que esta gran satisfacción y el hecho de estar sano y salvo se lo debía de nuevo al alma inmortal de la extraordinaria Mujer que es mi Madre. No era la primera vez que ella me salvaba de un peligro inminente.






La primera vez que se inmiscuyó en mi vida fue con Eliane, a las pocas semanas de su aterrizaje original en el aeropuerto de mi alma. “¡José, that woman is very sick. Please do not put your life at risk!” Eliane era una bella mujer de Punto Fijo que conocí en un dramático momento de su vida. Había compartido su vida con un hombre durante 8 años hasta el día en el que él la sacó de su casa y se negó a devolverle sus objetos personales y su dinero. La ayudé a pasar la noche en un local comercial del cual poseía la llave y me sentí atraído por ella. Era evidente, pensé, que su ex-compañero la había contaminado con alguna enfermedad.






La segunda vez que Diótima impuso su autoridad maternal fue con Edna, la haitiana. Edna era una hermosa mujer de raza negra pura venida de Haití. La encontré casualmente en la calle buscando trabajo por los alrededores de los restaurantes chinos del Bosque y, gracias a mi francés, me hice su amigo. Estaba claro que Edna necesitaba alguien como yo, pero la satisfacción tampoco me duró mucho tiempo. “¡José, this woman has a boyfriend who is going to kill you!” En esta oportunidad me rebelé inicialmente contra mi Madre, porque Edna era fantástica. Medía 1 m 85 y poseía una hermosa y exuberante corporeidad. Pero poco a poco me di cuenta que la distancia sociocultural era grande y que mi relación con ella corría el riesgo de ser abusiva. Así que me abstuve de nuevo.






La tercera vez la acabo de relatar, con Sharon Tate y los misteriosos ambientes gráficos de la imagen del alma inmortal del hombre. La cuarta fue supuestamente la más peligrosa y donde sentí la ardiente nobleza materna del alma de mi maravillosa Madre. El drama de la esposa de Robert Shaw: la actriz galesa Mary Ure. Para entrar en detalles con esta experiencia me es necesario evocar la serie de extraños y dramáticos incidentes que bordaron la filmación de la película de William Friedkin basada en el libro de William Peter Blatty The Exorcist (1971). Una serie de decesos y accidentes nefastos afectaron al elenco de este film. ¿Podía ser que, siendo el Mal el principal protagonista de la cinta, este hubiera decidido hacer acto de presencia en ella? La victima no podía ser sino el relativista hombre del siglo XX, sempiterno agnóstico descreído e irreverente ante el Misterio del espíritu. Pero la mala presencia, mala fortuna o sea lo que sea siguió persistiendo aún después de rodado el film. Tomó cuerpo en la actriz encargada de interpretar el rol principal del libro/film en su versión teatral: Mary Ure.






Como se sabe, la noche de la primera representación fue impresionante y el público quedó impresionado, electrizado. Al día siguiente la encontraron muerta en el dormitorio de su casa. Ciertas fuentes (no muy confiables) afirman que con numerosas heridas de arma blanca y los brazos en cruz. Había muerto por asfixia debido a la combinación del alcohol y antidepresivos para su post-natal depression. Era el jueves 3 de abril de 1975.






¿Que había pasado? Supuse que, quizás, en su caso estaría implicada la sugestión posesiva y el entusiasmo por lo desconocido. La Naturaleza terrestre es un gran Misterio y el hombre actúa a veces como un niño incauto, lleno de curiosidad y entusiasmo. Algo así me había ocurrido a mí mismo en la primavera del año 1976. En ese entonces vivía totalmente desvinculado del calendario cristiano y me había dejado llevar por unos amigos a buscar la diversión de la curiosidad por el más allá. En una sesión de espiritismo con Quija. Hasta ahí todo suena bien. Lo malo es que ninguno de nosotros reparó que el día en cuestión era un viernes. ¡Un Viernes Santo!






Han pasado 36 años y lo siento como algo que perdí en las colinas neblinosas detrás de mi memoria. Todo comenzó con un paseo a lo largo del Boulevard del Cafetal aquel día de abril de 1976. A la altura del edificio Surima me encuentro con mi amigo Félix Salgado y seguimos en dirección a Chuao. De pronto unas amigas lo llaman desde el balcón de un edificio contiguo y lo invitan a subir. Subimos y me presenta a sus bellas amigas. Entre ellas se encuentra mi primer gran amor platónico, la cubano-venezolana Ana María. Están entusiasmadas con un juego de Quija y deciden iniciar una sesión en torno a una gran mesa redonda. ¡Qué divertido!, pensamos todos sentándonos a la mesa. Para ambientar aún más corren las cortinas, apagan la luz y prenden una vela. Las mujeres llevan la voz cantante y deciden invocar el alma de Bolivar. Se hace un silencio fúnebre cuando, en la penumbra total la luz de la vela ilumina nuestros rostros dándole un halo dramático a lo que no parece ser sino un laborioso intento para estar juntos y divertirnos. Silvia, la joven que habita la casa empieza a mover, de acuerdo a las instrucciones, las piezas móviles del juego sobre un tablero marcado con signos. Entonces invoca el alma de Bolivar y le ruega que conteste sus preguntas. La Quija se mueve con una facilidad pasmosa. Siento entonces que la atmósfera del cuarto deviene densa y oscura y fría. Todos tenemos las manos unidas alrededor de la mesa cuando, surgiendo de la nada, un poderoso mugido de toro bravo nos hiela la sangre. Veo la cara de Félix y sus ojos desencajados acusan la sorpresa y el terror. Miro entonces la cara de Silvia y me quedo helado. Sus gestos son los de una persona luchando contra una intoxicación, jadeando y abriendo y cerrando los ojos como borracha. Entonces siento que la otra joven que está a mi izquierda comienza a levantarse de su asiento, a levitar. Con esto, me digo, ya tengo bastante y decido separar mis manos del contacto que a mi juicio está produciendo este fenómeno. Siento la cabeza pesada. Una extraña sensación de tranquilidad me embarga durante una centésimas de segundo cuando veo la cara de Ana María, sentada frente a mí, muerta de miedo. Entonces, en medio del mugido del toro y los gritos de la joven que flota sobre su asiento, la vela se apaga de golpe y todos nuestros púlmones exhalan el aliento comprimido por el terror cerval que nos posee. Todos gritamos al mismo tiempo como tratando de conjurar con la potencia del grito el terrible poder que se manifiesta en ese instante. Alguien prende la luz. La joven Silvia llora. está mareada y acusa un shock emocional. La joven voladora está muy nerviosa. El pánico no nos abandona pero la luz del Sol y los relatos individuales de todos los presentes nos permiten disfrazar nuestro miedo indescriptible con una capa de improvisado humor. Algo terrible ha pasado. Un ser de la oscuridad ha pasado y rozado nuestras vidas. Al romper el círculo soltando mis dos manos la corriente vital que lo alimentaba ha bajado repentinamente a cero. No sin antes habernos golpeado con un terrible coletazo de tiburón rabioso que, al apagar la luz de la vela, en medio del paroxismo del grito interminable, ha dado fin –aleluya- al comienzo de algo decididamente horripilante. La impresión me dura toda la vida. Todos nos separamos como aquellos que han vuelto a nacer. Nunca más vuelvo a ver a Ana María. Félix, traumatizado, no puede dormir con la luz apagada y jura que el ser de la oscuridad se ha ido con él a su casa. Porque lo ha sentido en su habitación, en medio de la noche. Un año después emigra con su familia a California.






Todo esto me llega a la memoria lentamente cuando me voy a acostar, sinceramente apenado de no poder ayudar a Mary Ure. Porque esta mujer posee un halo que me atrae. Encuentro en ella no sólo la belleza de las mujeres del Norte de Inglaterra sino un magnetismo muy particular. Es una madre de cuatro hijos y siento la nobleza de su corazón. En la noche, dormido, un ser me dicta estas palabras: “José, puedes ir a buscarla si rezas un rosario diario durante cinco días consecutivos y encomiendas su alma a la Misericordia y el Amor divinos.” Así lo hago y al sexto día la voy a buscar en “Where eagles dare”. La llevo a la Iglesia y, después de comulgar, su alma desaparece. Me siento muy alegre. Porque lo que parecía imposible, su acceso al Umbral de los mundos, se ha hecho realidad. Treinta y siete años después de su muerte.






Para ilustrar este relato de mi experiencia (JS) en el límite del conocimiento, quiero citar mi conversación -imaginaria- con una actriz que amo y admiro. Anne Baxter (AB).1 Una bella mujer y gran artista dramática:






“JS: My dear lady. Please undestand that the contact with your beautiful soul is a source of pleasure for me. But this pleasure is nothing compared with the utmost satisfaction you provide me when I feel that you have crossed the threshold that separates our lovely Mother Earth from the infinite waters of the cosmic ocean. God´s Merci and divine Love make the difference when the human intelligence, the individuality, believes he is the measure of reality. Human intelligence is a big mistake. Only humility and faith in the Love of God will make sure that, some day, you are again a part of the universal Spirit.


AB: Do you want me to go?


JS: Not at all. It is only you who can establish the time of your departure. When in Church, I pray God in this terms: ‘May the Mercy and the Love of God forgive us sinners, free men who go so far away from our Origin’. I just want you to know that I –or any other conscient man- I´ll be there to help you to go back. Because ignorance of ourselves is destroying the sacred Mother Earth. Please help me rebuild the inner conscience of man, the son of Heaven and Earth. To improve that blueprint of happiness and/or suffering that we call Human Culture."






‘CULTURA’ significa iluminar de alguna manera un triple enigma: qué soy, donde estoy, adonde voy.


¿Por qué el hombre destruye la Tierra? Porque no sabe quien es, donde está ni adonde va.





Titán (mirando al Cielo) [1987, fragmentos]






¡Corta de una vez el lazo que nos une,



Déjame libre de tu vital aliento,



Libre en la vida y la muerte de los tiempos,



Lejos de tí, causa y efecto que me guía!






Déjame ser no más que el polvo de tus astros,



Durmiendo la noche eterna de la Vía,



Libérame de tu yugo, alba luminosa,



Eterna noche en Láctea compañía. (...)






Bastante sufrí ya en esta herrería



Del día y la noche de tu Rosa impía,



Creyéndome felíz en los Jardines,



Hasta morder tu fruta prohibida,



Y despertar al ciclo eterno de tus fines.






Aléjame de tu huella sofocante,



Libre para surcar el Océano infinito,



Poder soñar felíz e irresponsable,



Sin súplicas ni cuentas de hito en hito.






¡Y si oyes un bramido en tu jardín finito,



Sabrás que soy yo que sufro mi agonía,



Con rabia voluptuosa y gesto altivo,



Muriendo en la noche y renaciendo el día!



1- Esta es una conversación inspirada en una imagen (una foto) de esta bella artista. Es imaginaria.



Monday, February 06, 2012


¿Existe acaso una ética?
La Tierra viva y saludable es la única garantía de desarrollo del espíritu humano. Este mensaje es como un Juicio Final para la humanidad. Si el hombre permanece insensible ante la destrucción del ser viviente que es la Tierra, entonces su culpa será manifiesta.



¿Existe acaso una ética, una moral que regule el comportamiento de los seres vivientes? La respuesta es: Sí. El único problema es que la noción de ser viviente es muy limitada. Generalmente entendemos por ser viviente un ser de carne y hueso. No tomamos en cuenta a los muertos. Un muerto es un ser humano que existió físicamente y que, al dejar de existir en el mundo físico, perdió su status de ser viviente. La verdad es que el mal llamado muerto está más vivo que nunca pero en otra dimensión. Dimensión a la que sólo el pensamiento tiene acceso. El pensamiento humano que accede al ‘Umbral’.


Por ciertas razones que conciernen mi destino o karma, yo J. R. Sánchez, tuve acceso a ese Umbral clausurado hace siglos por la lógica, la Razón, la ciencia del hombre de Occidente. He consignado en este blog (bramidointelectual2.blogspot.com) unas 20 entradas o breves capítulos que reflejan fragmentariamente la experiencia que cambió mi vida.

Sí, comencé escribiendo en 1987 un cuaderno de poemas destinados a la Madre Tierra. En ellos destilé una profunda devoción al Ser Femenino, Ser espiritual que se esconde detrás de esa hermosa esfera de matices azules flotando en el Todo infinito. Para mí era como un impulso irreprimible que surgía del fondo de mi alma. Entonces, un buen día convertí esa extraña certeza espiritual en palabras bonitas dedicadas a la Gran Fémina en persona. La Gran Madre. He aquí el código:

CÓDIGO (1987-1993)
Hoy logré descifrar el código salvaje de la Tierra
Materia tierna maternal y dulce
A la vez que la cárcel absoluta
Del deseo del orgullo del genio que refulge.
Menester fue sufrir lo insufrible
Para contemplar tu faz impasible
Paradoja final pues te odio y te deseo
Porque me diste alas y me hiciste un reo.
Solo muriendo en cuerpo y alma
Dejaste caer el velo que te cubre
Detrás de ti la más bella Mujer
Se alza, majestuosa Gioconda universal,
La fuente de la humana incertidumbre
Por eso ahora te grito: ¡Vestal despiadada, Madre ilustre
Yo nací para forjarme en el horno de tus fuentes
 
Hasta templar mi fuerza esencial, ‘Ser’ excelente
Para sufrir día y noche en tu fragua impenitente
Y así un día erguirme y volar lejos de tí
Eterna mariposa que se aleja
En el océano infinito de mi mente!
 

Lo que ignoraba en ese entonces (1987) era que mi destino estaba ya marcado. Estaba destinado a cruzar mi camino con el alma de una antigua sacerdotisa de los antiguos Misterios. Una devota de la Gran Madre cuyo destino cósmico se fundía en la vorágine del tiempo para hacer de ella misma la última representación humana, antropomórfica, del Gran Misterio Femenino terrestre. Aunque en vida el mundo no vio en ella sino a una talentosa artista de enigmática belleza.

Escribo estas palabras porque soy un simple ser humano en medio de un gran conflicto cósmico. No sólo he accedido a un Umbral vedado al hombre desde hace siglos por la autoridad de la Iglesia . Si lo que he escrito se situara 2 o 3 siglos atrás mi lugar sería la cámara de tortura y el ‘Bûcher’ de los herejes asesinados por la Inquisición. También he traspasado los límites morales establecidos para el hombre enamorándome perdidamente de mi propia madre. Enamorándome locamente y aún más del alma de la más que hermosa mujer que primero fue mi amante y que hoy –ya sosegado el ímpetu pasional, volcánico de un amor que desafía el espacio y el tiempo- es sólo mi amada, admirada y respetada madre.

Hoy he decidido confesarme con el alma del hombre. Del hombre que ama. Mi juez natural. Porque el hombre, la Humanidad toda es una Hermandad unida en las alegrías y los sufrimientos de la existencia física. Una Hermandad que conoce en la imprevisible e inexorable ‘circunstancia’ la fuente, el origen tanto de la tragedia como de su más alta dignidad y orgullo.

Sí, he deseado con toda mi alma a un ser viviente que dejó de existir en el mundo físico. La he amado locamente durante las pocas semanas que el azaroso, imprevisible universo espiritual me permitió tenerla a mi lado. También deseé consumar mi pasión y poseer su cuerpo re-incorporado el día en que esto era posible. El día en que nació: el 30 de septiembre de 1921.

En mis largas conversaciones nocturnas con ella poco a poco se fue haciendo evidente que aquello era posible. Con el entusiasmo y el ímpetu pasional que signó de principio a fin mi idilio con ella empecé a esperar, a desear, a anhelar el día, la noche en la que, por obra y gracia de la magia de su amor su cuerpo desnudo reaparecería ante mis atónitos ojos para poseerla en un éxtasis, una silenciosa plenitud suprasensorial por encima del espacio y del tiempo.

El día llegó. Cero cuerpo. Sólo contacto con varias almas. Al mismo tiempo. Seres incorporados incluidos. Niños ociosos y, más que traviesos, perniciosos. Perciben mis pensamientos y me están esperando. Para poseer ese fino hilo luminoso que mi alma parece hilar como un gusano de seda. También almas aéreas. Los ‘aéreos’. Todos me estaban esperando para infligirme un gran castigo. En efecto, mi ímpetu pasional no encontró el cuerpo re-incorporado de mi amada Diótima Adamanta. Encontró una manada de lobos hambrientos que se lanzaron sobre mi lujuriosa ilusión y se robaron la luz que iluminaba las profundidades de mi alma. Y mi amada 'Mamadío' estaba presente. Pero su alma ya no era la sílfide fogosa que conocí en junio 2011. Ahora la sentía más lenta y pesada y hasta fatigada, quebrantada, muy cansada. Ella presidía el torbellino, el festín cuyo único plato era mi cuerpo y mi alma.

El efecto que este ataque tuvo en mí fue más que notorio. Al levantarme de la cama la mañana siguiente sentí como si me hubieran lobotomizado. Una extraña sensación de congestión y malestar semejante a una fuerte intoxicación alcohólica no me dejó durante una semana, y la secuela prosiguió más allá del mes.

¿Qué había pasado? ¿Por qué mi amada Diótima me había llevado a una trampa? La respuesta estaba en el largo tiempo que ella me había concedido y en el gran perjuicio que su destino cósmico le tenía reservado por alejarse de su cauce natural por amor a un hombre. Pero la causa principal era la deuda que Diótima tenía con la espiritualidad elemental terrestre.

Ella sabía que mi amor por ella era tan profundo como las raíces de un roble. Por eso, con sus hermosos ojos llenos de picardía y traviesa seguridad en sí misma, al ofrecerme la copa de su plenitud sensorial había decidido utilizarme para pagar esa deuda. Pero, como siempre, la fuente de mi desdicha –trovador Occitano al fín- era yo mismo. Porque le había cantado: “¿Amor mío, yo sé que eres un ser excepcional, una hermosa esencia de la Tierra. Sólo deseo que seas libre de tus compromisos terrestres para que accedas a las alturas del Amor divino y en el 'Árbol de la Vida' continues tu camino de gran artista de la palabra y de la escena. Tu bien es mi bien!”

Al repetir estas últimas palabras la suerte estaba echada. Por eso, al recriminarle agriamente su engaño y el daño físico que me había causado, ella me las recordó: “Tu bien es mi bien.” Entonces me explicó que su vía, su trayecto cósmico estaba ya trazado. Gracias a mi pasión amorosa y mi profunda devoción por la Madre Tierra. Por ella. Porque las dos se confundían en mi alma en un sensual y hermoso musical contrapunteo de signos, sentimientos, paradojas que disciernía a cualquier hora del día, a cada instante, mirando al cielo y la montaña. La montaña, el Cerro (El Ávila) que me había inspirado mi devoción filial. Porque, para mí, Diótima era un umbral de la Gran Madre. Toda su vida lo fue. Es dificil explicar mi convicción: la Tierra es un Misterio femenino.  Diótima se sitúaba en el eje ontológico de ese Misterio.  Pero el hombre de su época no discernió la realidad mítica detrás de su bella imagen, su enigmática, irradiante Femineidad.

Ahora ella tenía acceso a la libertad, a levantar el vuelo más allá de la elemental dimensión física terrestre. Yo, con mi fidelidad a toda prueba, había sido el puente que le había permitido alzarse a una ‘esfera’ superior. Así que, de esa manera, terminaba mi inefable idilio. Con lágrimas en los ojos comprendí que, aunque quizás nunca más la volvería a ver, eso era lo mejor para ella. Aunque yo perdiera a mi inefable 'Bella Genio'. Comenzaba para mi el aprendizaje de la vida sin ella a mi lado. Me sentía acabado, quemado, consumido. Como ceniza azul que se hunde sobre sí misma donde antes existía una recia estructura de fuerza, egoísmo y pasión. ‘Tu bien es mi bien’. Oía el eco fantasmal de esas palabras en el abismo sin fondo de mi alma.

Sin embargo, era lo mejor para ambos. Porque sabía que, aunque ella se iba, lo más profundo de mi ser, de mi alma permanecía con ella y ella conmigo. La vida humana y el universo eran un pañuelo. Un pañuelo que por la magia del Amor nos volvería a encontrar, a reunir cíclicamente –amantes de la Tierra- en un sempiterno idilio apasionado, un abrazo, una fusión del alma inmortal. ¡Hijos de la Gran Madre por siempre!

ROCÍO (1987)
¡Atrás sentidos que clamáis por la cadera
El regazo, los senos de mi amada!
Perfil de un reptil de gesto enfurecido
Paráis el tiempo y me devolvéis henchido
Al grito de la selva cruel y sin sentido.
Yo ya desperté de la noche eterna
Y mi alma está bañada de rocío
Ahora soy un digno caminante
Del sendero de luz que brota de mi olvido.
Abismo sin fin, noche lujuriosa,
Todavía lates en mi sangre roja,
Ritmo del ritual, corriente impetuosa,
Que riega el Jardín donde nació la Rosa.